Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de julio, 2018

El retorno de la historia

Por José María Agüera Lorente
Dejó escrito Nietzsche, con esa pluma suya de estilo dinamitero, que ser filósofo es «ser momia», es decir, «representar el monótono-teísmo con una mímica de sepulturero»; y lo puso entre signos de admiración seguramente para que se oyera su voz indignada en la plaza pública de una civilización que no estaba aún en disposición de prestar oídos a tan irreverentes pronunciamientos. Esas palabras las podemos leer en el capítulo titulado «la "razón" en la filosofía» perteneciente a su libro (concebido para la minoría) El crepúsculo de los ídolos publicado por primera vez en 1889 también con el título alternativo de Cómo se filosofa a martillazos. Entre los ídolos que el intempestivo y radical filósofo ataca con furia intelectual no se halla la historia; sí –como es bien sabido– la ciencia, la religión, la filosofía, la moral, pero no la historia. El porqué de su ausencia del repertorio de dianas de su crítica furibunda viene expuesto justo al princ…

La gloria de Europa (un discurso fúnebre)

Pero la época de la caballerosidad ha pasado. La de los sofistas y los economistas la ha sucedido, y la gloria de Europa se ha extinguido para siempre.
(Edmund Burke) Por José María Agüera Lorente
Sí, ya sé que además de un territorio que se extiende hacia oriente, Europa es sólo una idea o ya puede que sólo un espejismo. Una utopía en sus mejores momentos, por más que a muchos ideólogos de la concepción bárbara de la libertad –es decir, la que se reduce al puro ejercicio individualista del deseo y el interés, alérgica al compromiso y la solidaridad– no le guste esa palabra, y hasta le parezca démodé. Un fantasma para los románticos o un zombi para los distópicos modernos. Concedámonos, empero, la excentricidad poética de personificarla en una dama entrada en años, esa princesa raptada por el toro Zeus que nos cuenta el mito de Europa, si se quiere ya en el otoño de su vida, perdido el lustre de la lozanía aunque curtida por la experiencia de los años; desmemoriada, eso sí, segurame…