8 de octubre de 2017

La lucha de clases


Izquierda frente a derecha, proletarios frente a capitalistas, pobres frente a ricos, los de abajo frente a los de arriba, desposeídos frente a propietarios. ¿Cómo no reconocer estas diferencias en la población? Las diferencias de intereses, de ideología y de necesidades son evidentes. Pero esto no es la lucha de clases. O, mejor dicho, reconocer estas diferencias no es lo que define lo que se conoce como lucha de clases desde la perspectiva marxista.

La lucha de clases como explicación de la historia

En principio, la lucha de clases se refiere a que estas diferencias entre clases son el motor de la historia. La lucha de la burguesía frente a la aristocracia nos saca del sistema feudal y nos encamina al capitalismo. La del proletario frente al capitalista nos lleva al comunismo. Esta lucha de clases está en el centro del materialismo histórico. El problema es que los hechos no encajan con la teoría. Para empezar, no todos los grandes acontecimientos históricos se explican como lucha de clases. Segundo, la evolución seguida por los países europeos, que sirvió de referencia a los marxistas, por comenzar ahí la revolución industrial, no es la seguida por el resto del mundo. Tercero, y para desconcierto de los marxistas de la época, las revoluciones comunistas surgieron donde ellos decían que no deberían haber ocurrido, en países sin industrializar o poco industrializados. Por supuesto, para todas las excepciones hubo explicaciones ad hoc y hubo reinterpretaciones de la historia y de la teoría para conseguir encajar las cosas. Y si hubo problemas para entender que el comunismo surgiera en esos países, todavía era peor observar a los países industrializados pasar a ser sociedades con economía de servicios donde toda la teoría se diluía.

Y todo esto sin contar con la propia definición de clase, que no podía ser objetiva, porque tampoco cuadraban los hechos, sino subjetiva: un obrero es de clase obrera y participará en la lucha de clases cuando sea consciente de la explotación a que está sometido. Con esta manera de dar la definición evitamos problemas a costa de no ser falsables. Las clases existen y tú perteneces a esta clase. ¿Dices que no? Es que estás alienado.

La lucha de clases como estrategia política

Vale, la historia realmente existente no encaja con el materialismo histórico, pero podemos proponer la lucha de clases como acción política. Existen los que tienen los medios de producción y los que no. Concienciemos a estos últimos para formar un frente común y cambiar el sistema económico hacia el ¿comunismo? de manera que haremos que se cumpla la profecía de la lucha de clases como motor de la historia. Ahí ya está la opinión de cada cual y sus esperanzas, pero la historia política del último siglo no parece que dé mucha razón a esta política como estrategia, que con sus altibajos cada vez ha tenido menos adeptos. Habrá quien extrapole los casos de Syriza en Grecia y Podemos en España en el último par de años como una tendencia que les da la razón. Se olvidan del resto del mundo y de lo que significa una tendencia.

Entonces, ¿no hay clases? Las hay, pero no en el sentido marxista ni con las consecuencias referidas por sus adeptos. Hay ricos y pobres, propietarios y desposeídos, desde luego. Pero en medio hay demasiadas cosas que no sabemos de qué lado están, y en los extremos también hay diferencias de intereses. Difícilmente habrá un choque revolucionario en las sociedades modernas como el requerido por el marxismo. Más fácilmente se continuará la evolución hasta sociedades más igualitarias con las adecuadas políticas económicas. Para el estudio de esa evolución otros conceptos como grupos de intereses o de presión serán más útiles.

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