20 de agosto de 2017

Ser de izquierdas o de derechas. Los objetivos y las restricciones.

Hasta el fin de agosto os dejo con reposiciones de mis entradas más leídas en este blog.
Esta es la número 2.


Desde la izquierda se suele pensar que ser de izquierdas es seguir las ideas del progreso, de la solidaridad y de la igualdad, mientras que ser de derechas significa no dar importancia a las desigualdades humanas, asentar los privilegios de los ricos y estar anclado en ideas caducas.

Desde la derecha se tiende a pensar que ser de derechas es abogar por una sociedad ordenada y estable en la que cada ser humano pueda encontrar su sitio, con trabajo incluido. Ser de izquierdas, en cambio, implica diluir la responsabilidad individual y llevar a la sociedad por caminos tortuosos para perseguir utopías irrealizables.

Hoy en día, sin embargo, es muy frecuente oír cómo la derecha rechaza que la izquierda se apropie de las ideas de igualdad, progreso y solidaridad, mientras que la izquierda, a su vez, rechaza que solo la derecha quiera una sociedad ordenada y estable. Ninguna se identifica con la imagen que tiene de ella la otra. ¿Debo aclarar que estoy hablando en términos muy generales y que seguramente no incluya a todo el espectro de derecha e izquierda?

Realmente las distinciones entre izquierda y derecha se han difuminado bastante en los últimos tiempos. Ambas tienen razón en sus quejas sobre su estereotipo negativo propio y sobre el estereotipo positivo del otro.

Creo que hay una componente distinta en lo que es la mentalidad de derechas frente a la de izquierdas. Se trata de una conceptualización que tomo de Binmore y que concuerda con estudios psicológicos, como los de John Jost, sobre la relación que hay entre cómo nos enfrentamos a los distintos problemas de la vida y cómo nos adscribimos políticamente. El modelo es el siguiente.

Cada problema requiere identificar dos elementos fundamentales. El primero es el objetivo que se pretende alcanzar, el segundo los impedimentos que se interponen en el camino de ese objetivo. La solución será acercarse lo más posible al objetivo sin darse de tortas con la realidad. Matemáticamente, se trata de elegir los valores de las variables de control (lo que puede hacer un gobierno, por ejemplo) para maximizar una función objetivo (unos niveles de desarrollo, igualdad,…) sujeto a la condición de que los valores de las variables cumplan unas restricciones (que no se salten la legalidad, pero que tampoco se salten las leyes de la economía -por ejemplo, la que dice que si todo el mundo cobra lo mismo nadie trabajará).

En este esquema podremos decir que una persona de derechas tenderá a enfatizar las restricciones y, por tanto, a ser escéptica en la posibilidad de realizar cambios, por mucho que pueda estar de acuerdo con los fines últimos de algunas propuestas de esos utópicos izquierdosos, que no se dan cuenta de que cada vez que quieren cambiar algo, lo empeoran todo más. Una personalidad poco aventurera ayudará a tener esta disposición.

Una persona de izquierdas, en cambio, enfatizará la función objetivo y tenderá a pensar que las restricciones pueden ser superadas con esfuerzo y voluntad, que es cuestión de proponérselo y no sentarse y estar conformes con el estado de las cosas, como hacen esos conservadores que se asustan por todo. Una personalidad abierta será la que ayude a desarrollar estas preferencias políticas.

Los problemas de las sociedades han ido cambiando con los tiempos, como también lo han hecho las restricciones materiales, legales, costumbristas, tecnológicas y demás. Lo que quiere decir que la actitud frente a la posibilidad de perseguir ciertas metas ha podido variar con el tiempo sin necesidad de variar la mentalidad de acuerdo con el esquema anterior. Si ahora hay menos restricciones para eliminar privilegios sociales, el conservador no tendrá tantos problemas como antes para adherirse a ese proyecto. Si las restricciones para conseguir la igualdad plena en disfrute de bienes y servicios se han hecho evidentes, el progresista puede aceptar que habrá que resignarse a que siempre haya algún nivel de desigualdad y no propugnar una revolución para conseguir lo imposible.

8 comentarios:

  1. La enésima muestra de asepsia, simetría, buenrollismo y corrección política. Una forma muy limpia de no decir absolutamente nada.

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    1. Asepsia: así debe ser un análisis. Las valoraciones, al final.

      Simetría: si quiero que la gente de derechas y de izquierdas (divididas al 50% respecto del votante mediano) se entienda mejor, así debe ser.

      Buenrollismo: ¿?

      Correción política: ¿Por qué? ¿por no insultar a nadie? ¿debo hacerlo?

      Eres libre de pensar que no digo nada, pero a mí me parece que aportar argumentos para entendernos mejor unos a otros es importante. Puedo estar equivocado, pero creo haber dicho algo mejor que lo que se suele oír (la gente tiene que ser tonta para votar a XYZ, por ejemplo).

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    2. Es que si nos ponemos a hablar de progres y fachas terminaremos mal. Y me ha pasado.

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    3. Lo que empieza mal no suele terminar bien.

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  2. Recomiendo este paper de Jost al que te has referido

    http://www.psych.nyu.edu/jost/Political%20Neuroscience_The%20Beginning%20of%20a%20Beautiful%20Friendship.pdf

    Relacionado con nuestras discusiones aqui sobre ideologia y racionalidad (eg, section The Existence of Partisan Bias and Motivated Political Cognition)

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    1. Gracias por la referencia. El abstract se ve muy interesante. A ver si tengo oportunidad de leerlo con calma.

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  3. Me gusto el post, y me pareció original la descripción de como se ve una ideología desde la otra, pero por ambas partes (ya que, quien tiene una postura, generalmente se limita a hablar desde ese lugar), y con respecto a la búsqueda de un objetivo teniendo en cuenta las restricciones de los valores variables, ya que son las reglas del juego. Es cierto también que, ambas partes puedan estar de acuerdo en algún aspecto del objetivo final, aunque no en el proceso. Creo que muchos sabemos que el largo plazo es fundamental tenerlo en cuenta, aunque nos volvemos escépticos debido a la corrupción y optamos por querer ver resultados a corto plazo. No dudo que hayan aventureros honestos, pero si este país los hubiera conocido, hoy la utopía seria una realidad, y no lo que es. Creo que el corto y largo plazo son importantes, hablando en materia de seguridad y economía, sin caer en extremos.. No veo mal un país proteccionista de su economía, pero para ello se debe desarrollar la industria nacional, para ser competitivos a nivel internacional (eso si buscamos dejar el subdesarrollo). Lo vinculo un poco al asistencialismo.. Uno puede invertir en casas, o en negocios. Un negocio bien hecho, te puede dar muchas casas, ademas de trabajo. Una casa va a seguir siendo una casa siempre. Creo que la mejor asistencia que el gobierno puede dar es el trabajo, es decir, invertir en industria nacional, osea, favorecer el desarrollo nacional para ser competentes a nivel mundial. Para la seguridad, combatir la corrupción y mejorar la educación, medida de largo plazo, y a corto plazo, prevención y protección para el "mientras tanto". Todo esto desde el lugar del cual ya estamos, suena como una utopía mas, sin mencionar que la corrupcion seria una constante de la formula matematica, que puede buscarse que "tienda a cero" aunque no llegue nunca, y es cuando uno a veces termina optando por los intereses individuales

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  4. Una pregunta abierta. ¿Cómo afectaría la desvinculación de la religión a la derecha? Y cómo repercutiría sobre la izquierda.
    Muchas gracias de antemano. Tu analísis me ha resultado muy interesante.

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