15 de mayo de 2017

Mario Bunge contra la psicología evolucionista

La psicología evolucionista es la ciencia emergente (o protociencia)que investiga la evolución de las habilidades y estrategias cognitivas. En la actualidad, es una disciplina que goza de gran popularidad entre los divulgadores de la ciencia. Muy probablemente su popularidad se deba, en buena medida, a que suele ser el tema de discusión de algunos de los divulgadores y psicólogos más famosos de la actualidad, como Michael Shermer, Jesse Bering, Desmond Morris, Leda Cosmides, Richard Dawkins, Daniel Dennett y Steven Pinker. Pero algo curioso es el hecho de que, paralelo al auge y popularidad de esta rama del saber, también existe un creciente escepticismo sobre la versión popular de la psicología evolucionista, principalmente empujado por filósofos de la ciencia (así como por algunos activistas del escepticismo científico, como PZ Myers y Rebecca Watson).

Algunas de las críticas a la psicología evolucionista, se ha demostrado, son el resultado de no entender qué es lo que investiga (o cómo investiga) la psicología evolucionista. Algunas respuestas, como las de Jerry Coyne o de Steven Pinker, suelen servir para despejar estos malentendidos. Si no basta con eso, el artículo de Jaime C. Confer et.al. titulado "Evolutionary Psychology. Controversies, Questions, Prospects, and Limitations" puede servir como referencia básica antes de acusar de cualquier cosa a la psicología evolucionista. Y sin embargo, aún existen críticos de esta protociencia, lo cual es benéfico en cierta manera, ya que es la crítica constante una variable que puede llegar a empujar a una comunidad de investigadores a precisar sus criterios de investigación, metódica y teorización. El hecho de que la psicología evolucionista no haya degenerado en una pseudociencia dogmática puede ser prueba de la evolución de la psicología evolucionista.

En el mundo hispanoparlante, si alguien ha llamado bastante la atención con sus críticas ácidas a la psicología evolucionista ha sido el epistemólogo Mario Bunge. Bunge ha dedicado buena parte de su larga carrera a la filosofía de la mente y la psicobiología, y posee aportes importantes en ambas áreas. Del mismo modo ha invertido mucho tiempo en denunciar las pseudociencias de la mente, tales como el psicoanálisis, la parapsicología y el mentalismo en general (saco en el que también mete el programa computacionalista de las ciencias cognitivas). El resultado de esto es que Bunge es hoy día una fuente de referencia para el estudio filosófico de la mente y de los problemas generales de la psicología. Pero hay una parte dentro de las críticas de Bunge que no ha dejado satisfechos incluso a sus propios seguidores: las críticas a la psicología evolucionista, donde Bunge muestra más un extraño y tramposo enredo de argumentos y falacias.

En su Filosofía de la Psicología (escrito junto a Rubén Ardila), luego de una crítica al enfoque de la modularidad defendido por Jerry Fodor, encontramos lo siguiente:

Casi todas mis críticas a la hipótesis modular de Fodor se aplican también a la de Pinker (1994), quien postula que el módulo lingüístico es institutivo. La única diferencia importante entre Pinker y Fodor es que aquél admite que la mente es lo que hace el cerebro. Pero, pese a afirmar esta hipótesis materialista, Pinker no hace uso de la neurociencia cognitiva. En cambio, adopta la tesis central de la psicología informática*, según la cual todo pensar es calcular (y a las emociones que se las lleve el diablo). Para peor, Pinker (1997) ha tragado ingenuamente el mito del gen egoísta, propuesto por el divulgador Richard Dawkins, y según el cual todo cuanto pensamos y hacemos está programado en nuestros genes, lo que obviamente excluye la espontaneidad y la creatividad. También ha tragado acríticamente las fantasías de los psicólogos evolutivos de moda, en particular Leda Cosmides y John Tooby, según quienes nuestra mente fue "diseñada" por la selección natural para hacer frente a los problemas prácticos que enfrentaron nuestros antepasados remotos. Evidentemente, estas fantasías "explican" cualquier cosa menos el hecho de que la evolución humana durante los últimos 50, 000 años ha sido jalonada por incontables inventos conceptuales, técnicos, artísticos, mitológicos, sociales, etc. Otro escritor popular, Daniel Dennett (1995), ha adoptado las mismas fábulas, además de fabricar su propio mito, el de que la evolución biológica procede en forma algorítmica. (Véanse críticas adicionales en Dover 2000, Lewontin 2000, y Mahner y Bunge 2000). (Bunge y Ardila, 2002, pp.106).
Algunas páginas más adelante, continúa con su crítica:
La psicología evolutiva se ha puesto de moda en tiempos recientes (véanse Barkow, Cosmides y Tooby, 1992; Dennett, 1991; Pinker, 1997). 
Desgraciadamente, su versión popular funda sobre una idea equivocada de la evolución y consiste en especulaciones fantásticas. Aquélla es que el único mecanismo evolutivo es la selección natural, y que ésta solo selecciona las características adaptativas, eliminando las que carecen de valor de supervivencia. Esta opinión, llamada "adaptacionismo", es errada, porque los organismos de todas las especies tienen características no adaptativas, tales como las muelas del juicio, y otras que no son favorables ni desfavorables, tales como el color de los ojos. 
La evolución biológica no se caracteriza tanto por la adaptación como por la reproducción: las variedades más existosas de una especie son las de mayor fertilidad (o adaptación darwiniana). En segundo lugar, todos los animales, en particular los vertebrados superiores, modifican sus ambientes además de adaptarse parcialmente a ellos. Por algo el ser humano ha sido descrito como Homo faber. En tercer lugar, la evolución social tiene que haber enido tanto peso como la natural en la evolución de las capacidades mentales. Baste pensar en el lenguaje como herramienta de comunicación así como de pensamiento. 
En cuanto a las especulaciones fantásticas de los presuntos psicólogos evolutivos, las principales son las de que a] todo "órgano mental" está "diseñado" para resolver problemas específicos, y b] que nuestra mente fue forjada durante el periodo del Pleistoceno (hace unos 50, 000 años), para resolver los problemas prácticos creados por ese medio. Si estas hipótesis fuesen verdaderas, seríamos incapaces de enfrentar problemas nuevos y de forjar el futuro: nos extinguiríamos por creer que todavía vivimos en el Pleistoceno. Pero de hecho la mayoría de los seres humanos vivimos hoy en un ambiente artificial, en el que tenemos que vérnoslas con automóviles y comerciantes deshonestos antes que con leopardos y colegas recolectores y cazadores. Además, la idea del "ambiente del Pleistoceno", como si fuera un medio uniforme y constante, es ecológicamente ridícula: todo ambiente natural es variado y cambiante. 
Esto no es todo: la presunta psicología evolutiva de hoy tiene una respuesta única a todos los problemas posibles: todo lo que pensamos, ansiamos y odiamos sería mero producto de la selección natural, como si fuésemos incapaces de inventar y de seleccionar artificialmente. Como dice Gabriel Dover (2000, p. 46), en manos de esos fantasistas la selección natural se ha convertido en "el cortaplumas del Ejército Suizo de la biología: una solución universal en busca de problemas". (Véanse críticas adicionales en Grantham y Nichols, 1999; Lewontin, 2000). 
La psicología evolutiva, el proyecto iniciado por Darwin en 1871, está aún en su etapa protocientífica. Para peor, este proyecto ha sido secuestrado por un grupo de escritores de fantaciencia, que van a desacreditarlo. Es hora de que el proyecto de Darwin sea tomado en serio por los investigadores en neurociencia cognitiva. Pero para que esto ocurra habrá que empezar por superar la psicología informática y, en particular, la tesis de que los cerebros son computadoras, la que a su vez presupone que carecen de pasado anterior a 1946, fecha de nacimiento de ENIAC, la primera computadora electrónica. 
Por último, las estrategias de investigación están destinadas a ser poderosamente influidas por la adopción de una perspectiva evolucionista. De esta suerte, dado que los seres humanos y las ratas tienen antepasados comunes, la psicología de la rata tiene mucho que decir acerca de la naturaleza humana. Por el contrario, puesto que los seres humanos y los ordenadores no tienen antepasado común, la ingeniería de la información no tiene nada que decirnos acerca de la naturaleza humana. Únicamente un extremado desdén por la biología evolucionista pudo hacer posible la creencia de que el estudio de las máquinas podían ser más útil a la psicología humana que el estudio de las personas y sus parientes en la evolución. Y tan sólo una firma convicción de que el aprendizaje está libre de "constricciones biológicas" -y de que, por tanto, ha de haber sido el mismo desde el surgimiento de los primeros organismos capaces de aprender- pudo haber llevado a los conductistas a buscar exclusivamente los aspectos comunes de las pautas de aprendizaje de diversas especies y a pasar por alto la advertencia etologista de que las diferentes especies podían aprender de diferentes maneras (Bitterman, 1975, 1984). (Ibíd, pp. 170-171).
Encontramos así hombres de paja (como el que la teoría de Dawkins afirma que "todo cuanto pensamos y hacemos está programado en nuestros genes"), puntos en común con otros críticos (como Dover, Lewontin o Grantham y Nichols) e invitaciones importantes para la neurobiología. También es sabido que Bunge llama a la versión popular de la psicología evolucionista abiertamente pseudociencia (y a sus principales popularizadores, Dawkins, Pinker y Dennett, los llama macaneadores). Para un ejemplo más, puede ver la siguiente conferencia:


Para tratar de comprender mejor lo que intenta lograr Bunge, Rafael González del Solar en el prólogo 3 de Las pseudociencias ¡vaya timo! (libro del propio Bunge) nos explica que, entre los blancos de las denuncias de Bunge, se distinguen dos grandes grupos:
El de las pseudociencias "tradicionales" y el de las disciplinas académicas que considera pseudocientíficas o con importantes elementos de pseudociencia. Las doctrinas del primer grupo suelen ser consideradas imposturas por la comunidad científica e incluyen campos de creencias que, como la parapsicología, la astrología y la homeopatía, violan de manera flagrante algunos de los supuestos filosóficos más caros a la ciencia. El segundo grupo, el de las disciplinas que han conseguido hacerse un lugar en la academia, incluye campos menos sencillos de evaluar, que requieren de la participación de los 12 indicadores de cientificidad para ser reconocidos como pseudociencia.* Es cierto, algunas de estas disciplinas, entre ellas el psicoanálisis y las ciencias sociales "humanísticas", presentan menos dificultades, pero otras - tales como las aplicaciones de la teoría del caos y el "tándem biologicista", constituido por la sociobiología humana y su progenie: el enfoque del "gen egoísta" y la psicología evolucionista- resultan especialmente difíciles de juzgar porque parecen formar parte de la inevitable heterogeneidad de enfoques de la ciencia viva. Efectivamente, además de no violar un mínimo de principios filosóficos fundamentales de la ciencia, estos campos utilizan un gran número de técnicas lógicas, matemáticas, estadísticas y empíricas que pertenecen a la panoplia habitual de instrumentos de los que se valen los científicos para hacer investigación. Ello las hace tal vez, a los ojos de Bunge, más peligrosas.
El que existan actitudes, hipótesis o métodos, dentro de ciertas disciplinas legítimamente científicas, que resultan ser reconocidos como pseudocientíficos, es un hecho histórico. Algunas pseudociencias comenzaron como prometedoras líneas de investigación, pero, tarde o temprano, terminaron degenerándose hasta convertirse en campos aislados, dogmáticos, que no aportaban conocimiento alguno. Algunas de estas pseudociencias agujero negro formaban parte de algunas ciencias auténticas o eran hipótesis científicamente aceptadas. ¿Será que la psicología evolucionista "colapse" en una pseudociencia agujero negro? Tal vez no toda.

Volviendo al análisis de González del Solar:
Si dejamos de lado la interpretación literal del egoísmo de los genes (posición que parece aconsejable en vista de las innumerables advertencias de su inventor, Richard Dawkins, de que se trata meramente de una forma de hablar y no de una auténtica atribución de intenciones a los genes), la sociobiología y sus retoños no parecen postular entidades fantasmagóricas (tales como los espectros, los superyó o la mano invisible del mercado en equilibrio). 
En mi opinión, uno de estos retoños de la sociobiología humana, la psicología evolucionista, reviste particular interés. Cabe decir que la psicología de inspiración evolutiva puede verse como todo un campo de investigación, bastante heterogéneo, que se ocupa de estudiar el comportamiento humano desde una perspectiva evolucionista (Buller, 2005) o como un enfoque teórico y metodológico dado dentro del mencionado campo de investigación: Psicología Evolucionista, así con mayúsculas. Vista del primer modo, la psicología evolucionista nació con los trabajos del propio Darwin y es hermana de otras ciencias que indagan en el pasado de la conducta del hombre, entre ellas la arqueología cognitiva (Bunge, 2004, p. 201). Vista del segundo modo, es decir, como enfoque teórico particular, se trata del programa de investigación puesto en marcha por J. H. Barkow, J. Cosmides y L. Tooby**, y que hoy cuenta con numerosos seguidores (véase, por ejemplo, Barkow et al., 1992; Buss, 1995).
Si Bunge también toma en cuenta estos dos modos de hablar de la psicología evolucionista (como así parece ser en Filosofía de la Psicología), su crítica se centra entonces hacia la segunda. González del Solar examina la psicología evolucionista para mostrar la dificultad de sostener una postura como la de Bunge, la cual se aclara mucho más al entender los "dos modos" de esta protociencia, identificando un serio problema con ésta :
Como campo de investigación, la psicología evolucionista no viola ningún principio ontológico clave de la cosmovisión científica bungeana; en particular, es materialista y realista. Además es compatible con el grueso de conocimiento científico pertinente y no está orientada principalmente a la práctica o mezclada -al menos de momento- con algún lucrativo negocio (a diferencia de, por ejemplo, el psicoanálisis, la astrología, la homeopatía y, qué duda cabe, la microeconomía ortodoxa). 
El asunto cambia cuando restringimos nuestra atención a la Psicología Evolucionista. Por cierto, ésta es también materialista y realista, además de compatible con las leyes de la física y la química. Sin embargo, no es sistemista sino reduccionista. Y aquí está el problema. En efecto, ese reduccionismo, también llamado "determinismo biológico", consiste en la tentativa de dar una explicación exclusivamente biológica -y, además, evolutiva- al comportamiento humano, lo cual, desde luego, implica ignorar todos los aspectos adquiridos, en particular culturales, que afectan a la conducta del hombre. En consecuencia, la Psicología Evolucionista pasa por alto algunos resultados bastante sólidos de la propia biología evolutiva, las neurociencias cognitivas y la psicología. Una manifestación de ello es su compromiso adaptacionista. Se trata de un supuesto metodológico -más precisamente, de la hipótesis de que todos o casi todos los rasgos de un organismo son adaptativos- que ha prestado un importante servicio a la biología evolutiva. Sin embargo, como advirtieron Gould y Lewontin (1979) recurriendo a la comparación con los tímpanos de los arcos de la catedral de San Marcos, este supuesto no hace justicia a la complejidad de los procesos evolutivos reales: hay rasgos que no son sino consecuencias del efecto neutral de otros rasgos sometidos a presión selectiva que sí lo son. Peor aún, radicalizado y aplicado especialmente a los seres humanos, el adaptacionismo tiene el poder de bloquear e incluso extraviar la investigación del comportamiento hasta el extremo de inspirar hipótesis tan poco razonables como que ciertas enfermedades mentales o la violación se han mantenido en el repertorio comportamental humano porque resultaban adaptativas. Además del mencionado adaptacionismo, Bunge (2004, p. 201) reprocha a la Psicología Evolucionista otras suposiciones (a saber, su reproductivismo, innatismo, computacionismo, desconexión entre emoción y cognición, y "la teoría computacional del intercambio social"), gran parte o la totalidad de las cuales surgen de su enfoque radicalmente reduccionista. En este caso, como en otros, no es suficiente recurrir a la confirmabilidad o a la falsabilidad para reconocer un enfoque de investigación pseudocientífico. Se requiere el enfoque sistémico, que conduce a evaluar las relaciones existentes entre los contenidos de la disciplina bajo estudio y las ciencias vecinas.
Esto nos deja con lo realmente valioso en las críticas de Bunge que puede ser considerado con seriedad para el debate: el problema del reduccionismo de un tentativo campo de investigación, como la psicología evolucionista, puede hacer que dicho campo pierda rigurosidad sistemática al ignorar el cuerpo de conocimientos existentes que se relacionan con su objeto dentro de otras ciencias, y que demuestran que una explicación puramente adaptativa no brinda una explicación completa y/o adecuada.

Ciertamente hay mucho más que decir sobre este tema, el cual puede ser extendido a los enormes debates sobre el innatismo, el reduccionismo biológico, el funcionalismo vs el sistemismo y el enfoque psicobiológico. Pero mi objetivo para este escrito es bastante modesto: solo separar "el grano de la paja" en las críticas de Mario Bunge, para así continuar con un debate libre de prejuicios y falacias. Algunos ven en Bunge el ejemplo de la crítica vacía, mientras otros lo miran como la vaca sagrada de la epistemología. Espero que con lo aquí expuesto quede demostrado que ambas perspectivas son equivocadas.

Notas al pie

*González del Solar se refiere a la definición de Bunge de pseudociencia SC, entendida como una decatupla:

SC = <C, S, D, G, F, E, P, A, O, M>

Tal que:

1. C es la comunidad de creyentes, no de investigadores.

2. S es la sociedad anfitriona que apoya a C por motivos prácticos (SC es un buen negocio o refuerza la ideología imperante) o tolera a C, aunque la exilia de la cultura oficial.

3. El dominio o universo del discurso D contiene entes imaginarios, o por lo menos, entidades cuya existencia no se puede justificar, tales como un diseñador inteligente, la influencia de los astros, los pensamientos incorpóreos, los superyoes, platillos voladores, memoria del agua y cosas parecidas, a los que C les asigna existencia real.

4. La concepción general o filosofía G incluye:

a) Una ontología que admite la existencia real de entes o procesos inmateriales, tales como fantasmas, percepción extrasensorial, etc, o

b) Una gnoseología que admite argumentos de autoridad, o modos paranormales de conocimiento accesibles solo a los iniciados, o los entrenados para interpretar ciertos textos canónicos, o

c) Un ethos que lejos de ser el de la libre búsqueda de la verdad, de la profundidad y la sistematicidad, es el de la defensa obstinada del dogma, si es necesario con ayuda del engaño o de la violencia.

5. El fondo formal F es increíblemente modesto. SC no siempre respeta la lógica, y los modelos matemáticos son la excepción y, cuando han sido propuestos, han sido incomprobables o falsos.

6. El fondo específico E es muy pequeño cuando no vacío. Una pseudociencia aprende poco o nada de otros campos de conocimiento, y contribuye poco o nada a ellos.

7. La problemática P incluye problemas mal planteados (por tener supuestos falsos) y típicamente (aunque no siempre) prácticos más que cognoscitivos.

8. El fondo de conocimientos acumulado A es pequeño, está estancado y contiene numerosas hipótesis incontrastables o incompatibles con hipótesis científicas bien confirmadas (leyes); en particular no contiene leyes propiamente dicho.

9. Los objetivos O de los miembros de C son, con frecuencia, prácticos en vez de cognitivos, en concordancia con su problemática P. Además, no incluyen objetivos científicos, a saber, el descubrimiento de leyes o su utilización para comprender o predecir hechos.

10. La metódica M contiene procedimientos que no son controlables por medio de procedimientos alternativos (especialmente, de procedimientos científicos) ni se los puede justificar mediante hipótesis adecuadamente confirmadas. En particular, los pseudocientíficos no aceptan bien la crítica.

11. La composición de las ocho últimas componentes de la SC apenas cambian en el curso del tiempo y, cuando cambia, lo hace en forma limitada y de resultas de controversias o de presiones externas, no de investigaciones científicas.

12. SC no tiene parientes próximos, salvo quizá otra pseudociencia, con los que puede interactuar fructíferamente; o sea, SC está prácticamente aislada: no existe un sistema de pseudociencias paralelo a las ciencias.

** Parece que González del Solar confundió las iniciales de Cosmides y Tooby.

Bibliografía mencionada en las citas

*Barkow, J., L. Cosmides y J. Tooby (comps.) (1991), The adapted mind: Evolutionary psyhology and the generation of culture, Nueva York, Oxford University Press.

*Bitterman, M. E. (1975), "The comparative analysis of learning", Science, 188: 699-709.

*------------------ (1984), "Learning in man and other animals", en V. Sarris y A. Parducci (eds.), Perspectives in psychological experimentation: Toward the year 2000, Hillsdale, Erlbaum, pp. 59-70.

*Buller, D. J. (2005), "Evolutionary psychology: the emperor's new paradigm", Trends in Cognitive Science, 9, 6, pp. 277-283.

*Bunge, M (2004), Emergencia y convergencia. Novedad cualitativa y unidad del conocimiento, Gedisa, Barcelona.

*------------ (2011), Tratado de filosofía, vol.3. Ontología I: El moblaje del mundo, Gedisa, Barcelona. 

*Buss, D. M. (1995), "Evolutionary psychology: A new paradigm for psychological science", Psychological Inquiry, 6, pp. 1-30.

*Dennett, D. C. (1991), Consciousness explained, Boston, Little, Brown.

*---------------- (1995), Darwin's dangerous idea: Evolution and the Meaning of Life, Nueva York, Simon & Schuster.

*Dover, G. (2000), Dear Mr. Darwin, Londres, Weidenfeld y Nicolson.

*Gould, S. J. y R. Lewontin(1979), "The spandrels of San Marco and the Panglossian paradigm: A critique of the adaptationist programme", Proceedings of the Royal Society of London, serie B, 205, pp. 581-598.

*Grantham, T. y S. Nichols (1999), "Evolutionary psychology: Ultimate Explanations and Panglossian predictions", en V. Gray Hardcastle (comp.), Where biology meets psychology: Philosophical Essays, Cambridge MA, MIT Press.

*Lewontin, R. (2000), It ain't necessarily so: The dream of the human genome and other illusions, Nueva York, New York Review of Books.

*Mahner, M. y M. Bunge (2000), Fundamentos de biofilosofía, México, Siglo XXI.

*Pinker, S. (1994), The language instinct, Nueva York, Harper Collins.

*----------- (1997), How the mind works, Nueva York, W. W. Norton.

Bibliografía consultada

*Bunge, Mario, y Rubén Ardila (2002), Filosofía de la Psicología, Siglo XXI, Barcelona.

*Bunge, Mario (2013), Pseudociencia e ideología, Siglo XXI-Laetoli, México.

*González del Solar, Rafael (2010), "Prólogo 3", en Bunge, Mario (2014) Las pseudociencias ¡vaya timo!, Laetoli, Barcelona.

Otras críticas filosóficas a la psicología evolucionista

* "Evolutionary Psychology", por David Buller.


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