9 de abril de 2017

La socialdemocracia real (1)


José Luis Ferreira

En los tiempos recientes se ha vuelto a hablar de la Socialdemocracia. Tras los gobiernos de Aznar, la victoria del PSOE con Zapatero se veía como su relanzamiento en España. A esto siguió la crisis económica y, con ella, también la discusión sobre el final del capitalismo o sobre si la Socialdemocracia sigue siendo una alternativa viable. Intentaré decir algo relevante sobre esto último en una entrada posterior, pero antes debemos recordar qué es la Socialdemocracia y cómo ha gobernado allí donde lo ha hecho. Tomaré el caso paradigmático de Suecia.

La Socialdemocracia se origina en el siglo 19 en Alemania con influencias de las distintas versiones del socialismo (reformista, revolucionario, marxista…) y se resume en la idea de avanzar hacia un socialismo democrático mediante cambios graduales. En su comienzo todavía se entendía el socialismo como la propiedad común de los medios de producción, pero ya en el siglo 20 se pasa al socialismo liberal, que admite la propiedad privada de los medios de producción y aboga por una economía mixta favorable a la competencia en los mercados y a la corrección de las desigualdades.

Suecia es el caso paradigmático de Socialdemocracia, donde el partido socialdemócrata ha gobernado durante la mayor parte del siglo 20. El modelo sueco (y, por extensión, el nórdico) se basa en:
  • Impuestos progresivos
  • Educación pública universal
  • Sanidad pública universal
  • Sistema público de pensiones
  • Corrección de desigualdades
  • Economía de mercado
  • Libertad de empresa
  • Control de la corrupción
En la aplicación de las medidas anteriores se hace hincapié también en el uso responsable de la cosa pública. Por ejemplo, la sanidad incluye varias formas de copago y el sistema de pensiones tiene una parte de capitalización de decisión privada.

En los años 50 se introdujo, además, el modelo Rehn-Meidner por estos dos economistas del departamento de investigación y desarrollo de la LO (la confederación sueca de sindicatos) y uno de ellos discípulo del premio Nobel Gunnar Myrdal. Este modelo, sobre todo, se refería a la organización del mercado de trabajo, donde los salarios crecerían con la productividad. El modelo permitió un control de la inflación y, junto con las demás políticas, un crecimiento estable y equilibrado. En los años 70, estos economistas quisieron incluir el reparto de beneficios entre los trabajadores, pero esta propuesta no se llevó a cabo.

La legislación laboral incluye la negociación entre sindicatos y empresas de manera centralizada, pero con la posibilidad de renegociación dentro de una empresa. Desde los años 80, sin embargo, se favorece la negociación descentralizada. No existen salarios máximos o mínimos por ley, aunque los convenios suelen establecer salarios mínimos. Hay un gran esfuerzo en los programas de participación activa de reeducación y preparación de los trabajadores para que sus habilidades estén en consonancia con las que son demandadas. El gasto en estos programas llega a superar a veces el gasto en prestaciones de desempleo. Un factor importante es la confianza mutua entre empresas y sindicatos, que se origina en el acuerdo Saltsjöbaden de 1936, una especie de obligación de negociar pacíficamente y sin interferencia por parte del Gobierno. Con algunos cambios, el acuerdo sigue vigente. La afiliación sindical es muy alta.

El sector público sueco maneja la mitad de la economía del país, pero su mayor acción se circunscribe a los sectores de la salud, la educación, las ayudas sociales, los programas de empleo y las pensiones. Existen empresas públicas (con participación total o parcial por parte del gobierno), pero se rigen por criterios de mercado y de productividad y, normalmente, compitiendo con empresas privadas. Suecia es uno de los países líderes en la liberalización (descentralización y competencia) de sectores como el energético, telecomunicaciones o transporte.

Esquemas parecidos se repiten en los países nórdicos y en mayor o menor medida, en muchos de la Europa continental. De hecho, se podría decir que una parte importante de Europa está organizada como una Socialdemocracia. Por ejemplo, Francia, donde ha gobernado la derecha durante más tiempo, tiene un sector público mayor que los países nórdicos. Tan cierto es decir que la izquierda, cuando gobierna, gestiona el capitalismo, como que la derecha, cuando lo hace en estos países, gestiona la Socialdemocracia.

En Suecia, a mediados de los 90 el sector público empezó a tener un peso exagerado, sobrepasando el 60% de la economía y con problemas de estancamiento. Se dio marcha atrás en algunos sectores (el partido de derechas ganó las elecciones y lideró el cambio de tendencia) y se hicieron algunas reformas. No se ha desmantelado, ni mucho menos, el estado del bienestar. Se ha reducido el estado hasta los niveles históricamente normales. La desigualdad ha aumentado en este proceso, aunque manteniéndose como uno de los países más igualitarios, el crecimiento ha vuelto y se ha campeado la crisis.

(Continúa aquí).

2 comentarios:

  1. Soy consciente de que no tiene mucho que ver con la entrada y pido disculpas por ello pero no debiéramos olvidar que los gobiernos suecos con la connivencia de todos los partidos políticos han llevado a cabo programas de eugenesia racial en aras de un ideal de pureza nórdica durante 2/3 del siglo XX (1936-1996) materializadas en esterilizaciones forzosas, voluntarias y con más o menos coerción.

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    1. Conviene no olvidar la historia, desde luego, pero ciertamente no tiene que ver con la entrada.

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