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Cambiar de rumbo

Por Alejandro Miñano

Uno de los aspectos de la Grecia antigua que más me atrae es el carácter individualista de las personas. Quizás sea porque es lo que nos falta en nuestra sociedad, quizás sea porque hoy día, en nuestras vidas, lo autónomo, lo particular, lo individual está en decadencia e infravalorado, siendo más frecuente que se premie  lo colectivo. Si miramos a nuestro alrededor, nos damos cuenta que ya apenas se aprecia el trabajo individual de uno mismo, la pasión y los sentimientos por lo que uno hace, la libertad para desarrollar un sistema nuevo, un método personal, una idea original, en definitiva, el gusto de crear e imaginar un trabajo con el que podamos sentirnos felices y desarrollados. Todos estos conceptos están en un segundo plano porque no tienen prioridad en un mundo vertiginoso donde las actividades que nos rodean están diseñadas y programadas por una estructura multidisciplinar y globalizada. La música moderna de hoy, por ejemplo, suena de la misma manera y habla de los mismos temas. Con letras poco elaboradas, mucha tecnología y escasa imaginación, el éxito surge al instante pero sus canciones y artistas no tendrán eco en la eternidad. La fama y la fortuna llegan inmediatamente, pero son engañosas. No nos extrañe ver los programas televisivos que exprimen un formato comercial buscando talentos que nunca llegarán a la cima de sus carreras y que dejan un rastro de  artistas pésimos, decadentes, colocando, a su vez, en un mal lugar a aquellos artistas que llevan dentro de sí un diamante en bruto por pulir. Son estos proyectos comerciales, superficiales y materialistas, sin cambios internos ni evolución personal, los que imperan en las cadenas televisivas.  Por ello, tenemos que ser arquitectos de nosotros mismos para poder mejorar y de esta manera, regenerar el mundo que nos rodea.
Se me viene a la mente otro ejemplo: una franquicia conocida a nivel internacional que se dedica a vender muebles y decoración para el hogar. Sus largos pasillos están perfectamente señalados con flechas en el suelo para guiarte por todas sus instalaciones; un cordón humano transitando como “borregos” por esos pasillos donde nadie puede salir de las líneas marcadas, porque de lo contrario, serías una sombra perdida por los recónditos recovecos de esa jaula comercial. Igualmente, para viajar,  es preciso que una agencia de viaje te organice tus vacaciones y te integre en un grupo de turistas marcados por una colectivo (tercera edad, solteros, enamorados, etc.). Estas  rutas están envueltas de tintes comerciales que nunca te dejan ver la realidad del país, sino lo maravilloso y paradisíaco de sus rincones,   cuanto más gente haya a tu alrededor, por metro cuadrado, mejor todavía, porque representa un status de reconocimiento y popularidad. En definitiva, siempre nos muestran  lugares que tengan notoriedad en los folletos turísticos, en las redes sociales, en las webs relacionadas con viajes, excursiones, zona de ocio, etc. También,  para relajarse uno y soltar el estrés, salimos de casa y recorremos las calles céntricas de nuestra ciudad para ver todos los escaparates comerciales y realizar algunas compras…inesperadas. O bien, acudimos a un campo de fútbol para ver a tu equipo favorito y rodearte por miles y miles de personas que insultan y vociferan al rival, o bien buscamos un lugar en la playa donde un mar de sombrillas tapan la arena y un olor característico a tortilla de patatas, filetes empanados, cerveza y vino envuelven tu entorno, mientras leemos la prensa rosa de famosos que viven del cuento y gracias a la sociedad que los ha impulsado a lo más alto de la cima.
Arrecife de la Sirena (A. Miñano)
¿Dónde están los lugares que quedan al margen de la moda como las rutas por la montaña, pueblos del interior con vestigios medievales, los museos o rincones de tu ciudad olvidados por el paso del tiempo pero que tienen un valor histórico incalculable?
En nuestra sociedad, que impulsa el colectivismo, la globalización y formar parte de un grupo social,  es inevitable que el individuo se pierda entre las masas y dilapide la esencia de lo que es, de lo que somos interiormente, de potenciar nuestras capacidades y percepciones que tenemos dentro de nosotros. ¿Para qué si todo está precocinado, prefabricado? ¿para qué calentarnos la cabeza? Lo mejor es seguir por el pasillo con la flecha marcada y no salirte de la ruta. Hemos dejado de lado las buenas conversaciones en familia, las reuniones con los amigos, pasear tranquilamente por la montaña, buscar el retiro individual, leer un buen libro, disfrutar de una película que esté fuera de la lista comercial, de visitar ruinas arqueológicas y recuperar ese pedacito de historia, que también es nuestra historia y forma parte de nuestro legado cultural.
El estilo de vida de los griegos antiguos nada tiene que ver con el nuestro pues tenían muy marcadas las líneas de la esfera intelectual, familiar, lúdica, individual. ¿Es tan difícil apreciar la felicidad estando solo? En el actual modelo social de vida, nadie nos ha enseñado a estar solos con nuestros pensamientos. Es lamentable que la mente esté siempre ocupada, para bien o para mal, y forzamos este estado mental con toxicidades modernas como el móvil, por ejemplo. La mayor parte de las personas no le resulta nada agradable pasar el tiempo a solas con sus propios pensamientos. Les aterra y mucho, por ejemplo, enfrentarse a sus miedos. Por lo tanto, se está perdiendo la capacidad crítica, reflexiva y observadora, ya que nuestro sistema social nos mueve como marionetas: a su antojo. Es una lástima porque una de las virtudes que tiene el ser humano es la capacidad de pensar y reflexionar de manera consciente. Hay que reconocer que nuestra mente pasa a estar fatigada por la dura jornada del día o se queda en babia, como desconectada, en pausa, experimentando una serie de sensaciones, de recuerdos, de planes de futuro…pero poco más. Creo que nos hemos acomodado y es éste el primer síntoma de esta sociedad que duerme en un aletargado sueño con fuertes pesadillas. Tenemos que empezar a despertar, a observar con detalle el mundo que nos rodea. Tenemos que reconocer que nos hemos equivocado de camino. Para eso, hay que empezar por uno mismo…
Añadiré un ejemplo a nivel personal. Siendo de Andalucía, concretamente de Granada, al sur de España,  puedo decir que las tres ciudades que copan la corona de Andalucía son: Sevilla, Córdoba y Granada. Después, tenemos a Cádiz, con su salero, carnavales y sus playas; Málaga, un epicentro de turistas europeos, con ingleses y alemanes como protagonistas principales; Jaén, tierra de olivos, de buenos aceites; Huelva, con su jamón ibérico y conocida también porque Cristóbal Colón partió desde allí para las Américas. ¿Y Almería? Nadie me había hablado de esta provincia, nunca había escuchado algo especial sobre su ciudad y su entorno natural. Para mi sorpresa, ha sido el gran descubrimiento. Me salí de esa flecha que seguían las masas y decidí explorar Almería. ¡Impresionante! Un escaparate natural precioso rodeado de mar, desierto, calas inhóspitas, rincones salvajes, montañas agrestes sin restos de huellas de conglomeraciones de turistas.  La provincia con más luz solar de toda Europa pero desconocida para los ojos de las personas.  
Museo del Cine, Almería (A. Miñano)
  
John Lennon estuvo en Almería seis semanas de estancia para rodar la película “Cómo gané la guerra” (1967) y  conectó con el entorno de Almería, viviendo en un palacete (hoy día es el Museo del Cine)  con vistas al mar, rodeado de naturaleza, jardines y piscina. Fue en este lugar donde escribió la famosa canción “Strawberry Fields Forever”, pues se embriagó de la naturalidad de Almería, de sus rincones más virginales, como sus calas, sus  amplias playas, esos desiertos dorados que el atardecer languidece con la mezcla de colores vivos y naturales. A Lennon le cambió su brújula interior al conocer Almería. Salió de la ola frenética de su Liverpool, de los focos de la fama y se sacudió por varias semanas de sus histéricas fans. En fin, decidió desmarcarse de la flecha impuesta por la sociedad y el resultado fue Strawberry Fields Forever. ¡Asombroso! Un pedacito de la carrera de Lennon está marcada por su visita a Almería, un oasis de calma y paz en medio de la fama y la fortuna.
Clint Eastwood fue otro que tuvo la suerte de que el destino le dirigiera hasta Almería. Su comienzo por Hollywood no fue brillante y nunca tuvo un papel relevante en la meca del cine norteamericano. Hoy, Clint Eastwood, es un aclamado director, actor, guionista, compositor y con un palmarés a su espalda, gracias, en parte, por elegir otro camino y  hacernos ver que el éxito no es cómo empieces tu carrera,  sino como la terminas. Algunos actores y actrices de Hollywood de los años 60 tuvieron un éxito rápido y abrumador y terminaron suicidándose. Es cierto que otros muchos artistas llegaron a la cima del éxito, pero no siempre se alcanza la plenitud por el mismo camino. Clint tuvo que pasar unos años por Almería para relanzar su carrera, dar un giro interior a su vida y convertirse en un referente en el panorama cinematográfico.
Películas como Por un puñado de dólares, La muerte tenía un precio y El bueno, el feo y el malo, dirigidas por un desconocido Sergio Leone, están ligadas a la carrera de C. Eastwood  con Almería, la cara opuesta de la ostentosidad de Hollywood. Al igual que Lennon, la brújula interior fue en sentido contrario a lo esperado, pero  al final del camino encontró el éxito personal, individual y  original de uno mismo. Cabe recordar que Clint Eastwood representaba en sus papeles un antihéroe, un lobo solitario, que se salía de las normas de estilo de películas norteamericanas que normalmente hacían en Estados Unidos con sus películas del oeste salvaje. Al final, el Spaguetti Western triunfó y nuestro Clint pudo impulsar sus futuros proyectos cinematográficos de otra manera diferente, más original y auténtica. Almería y su entorno es un gran escenario de las mejores películas, legendarias como Lawrence de Arabia, Indiana y Jones y la última cruzada, Cleopatra…y ¡cientos más!
Almería guarda con sigilo vestigios de un pasado de tradición árabe. 
Podemos contemplar la Alcazaba, la segunda fortaleza musulmana más extensa en España después de la Alhambra. Parece que el tiempo va más lento que en otros lugares pero que se ahoga en un mar de olvido. Por eso, tenemos que ser muy respetuosos con nuestro legado, cultura y raíces. Hay restos arqueológicos de época romana y musulmana por el centro de la ciudad. Por otro lado, Almería fue una de las provincias que más sufrió el azote de la Guerra Civil española, cayendo 750 bombas, por lo que no tuvieron más remedio que construir unos refugios subterráneos con más de 4 kilómetros de longitud, siendo uno de los mejores conservados de Europa. Pasear por esos refugios es como volver al pasado, o mejor dicho, mirar el presente con sumo dolor porque hoy día, lamentablemente, en muchos países se siguen bombardeando sin escrúpulos.
 Estos pasadizos subterráneos cayeron en el olvido, sellados por la historia, pero, fueron encontrados fortuitamente en el año 2001 al querer construir un aparcamiento subterráneo. Hoy, dichos refugios forman  parte de la red de Lugares de Memoria Histórica de la Junta de Andalucía.
Cabo de Gata, Almería. (A. Miñano)
Para terminar, este texto es una manera de ver que el mundo no es sólo lo que nos pretenden enseñar por televisión o la prensa. Tenemos que buscar nuestra brújula interior y reorientar nuestras vidas para mejorar como personas. Hay muchas “Almería” cerca de nosotros, pero los hilos de la sociedad nos marcan una dirección que creemos que es el único camino para lograr el éxito. No es así. A pesar de que estemos atascados en una sociedad que nos tienen atrapada como una tela araña, tenemos que buscar la salida para encontrar una Almería, un espacio diferente y cálido donde penetre en nosotros una nueva luz y un agua más cristalina. 
Recordar a Lennon y a Eastwood  me hace reflexionar que no hay nunca caminos que nos hagan retroceder en nuestras vidas, sino nuevas oportunidades llenas de aprendizajes que nos impulsan a nuestro destino final. Lo importante en este aprendizaje es estimular un pensamiento reflexivo, crítico y creativo, aprendiendo a filosofar de las cosas cotidianas que vemos en nuestro entorno más cercano. Es cierto que el mundo actual está sufriendo a nivel social, económico y que están saliendo a la luz la desmesura del hombre, la cara oscura de la humanidad, el llanto del hombre por la injusticia y la insolidaridad, pero, después de conocer Almería y reorientar la brújula interior, tal como hizo Clint Eastwodd y John Lennon, pienso que todos tenemos que ver un nuevo día, un nuevo modo de vida y un cambio en la actitud del hombre.






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