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Todo el mundo al poder


José Luis Ferreira

Soy partidario de que todos los grupos políticos que tengan cierta presencia social más o menos permanente tengan también responsabilidades de gobierno.

No quiero decir que vaya a gobernar quien no tenga mayoría, sino que acaben participando de gobiernos de coalición o gobernando algunas instituciones, como algún ayuntamiento o diputación. Esto de gobernar le acaba dando a uno un baño de realismo y le obliga a entenderse con los demás, algo que no necesariamente pasa cuando se está eternamente en la oposición. Las políticas extremas se acabarán moderando y las utopías pasarán a segundo plano.

Así, me parece estupendo que los nuevos partidos tengan alcaldías o participen en algún gobierno autonómico o, incluso, en el central, de vez en cuando. Lo mismo digo para partidos minoritarios no nacionales y lo mismo digo para partidos o coaliciones más extremistas, como Bildu, Equo o, si llega el caso, Vox.

Personalmente me gustará más o me importará menos que alguno en particular tenga más poder, pero sobre todo me importará que la base social de estos partidos vea que sus posturas no son tan obvias y que a menudo lo que se dice cuando se patalea en la oposición tiene poco que ver con lo que se puede hacer cuando se gobierna. Como habré de convivir con ciudadanos que piensen distinto que yo, prefiero que se hayan pringado un poco. De hecho lo prefiero para mí mismo, que a menudo critico al gobierno de turno.

He hablado sobre representaciones políticas, pero esto vale también para cualquier otro tipo de instituciones, sea la Universidad, una empresa o la familia misma.

Comentarios

  1. En teoría todo eso se aprende haciendo carrera en los partidos políticos. Atraer voluntades, llegar a acuerdos, moderar posturas, etc. Lo que no puede aprenderse en los partidos es la contestación social y los procedimientos burocráticos. Cuestiones a las que un gobernante se enfrenta aun con mayoría suficiente para gobernar, siempre y cuando haya instituciones fuertes.

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