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Laicismo y gestación subrogada (Andrés Carmona)


04/03/2017

Antonio y Agustín son una pareja gay y periodistas ambos. Querían tener un hijo, pero las dificultades para adoptar siendo homosexuales eran muchas (1). Conocieron a Nikki Kuska, de Chicago (EEUU). Nikki tenía cuatro hijos ya, y una situación económica mejor que la de los dos periodistas. Se pusieron en contacto a través de una agencia de maternidad subrogada y ella se quedó embarazada del que ahora mismo es su hijo Raúl. Todo el proceso les costó 130.000 euros. (2).


Leire es profesora de español e Ygor es periodista, y están casados. Ella tiene linfangioleiomiomatosis, una enfermedad rara que hace que el embarazo sea de alto riesgo. Ante las dificultades para adoptar, también se plantearon la maternidad subrogada. Se pusieron en contacto con Samantha Aschliman. Sam es profesora de Primaria y también está casada. Tiene dos hijos. Después de conocer a Ygor y Leire decidió llevar a cabo el embarazo que Leire no podía. Antes había rechazado otra oferta de una mujer que se lo había pedido porque no quería perder la figura al quedarse embarazada. Finalmente tuvo gemelos, Miren y Ohian, que son los hijos de Ygor y Leire. Compensaron a Sam con 25.000 euros (más los gastos en viajes a EEUU: unos 75.000 en total les supuso). (3) y (4).

Antonio y Agustín, e Ygor y Leire, tuvieron que acudir a EEUU para hacer lo que la legislación española no les permite: que una mujer geste al hijo que ellos querían tener y no podían. Como estas parejas, unas 1.400 hicieron lo mismo en 2013 (nota 4). EEUU es uno de los destinos preferidos para hacerlo, concretamente California (5). Allí, la mujer que se presta a la gestación subrogada debe cumplir una serie de condiciones: que sea “emocionalmente estable, con una buena posición económica y que no sea primeriza” (nota 2); y más concretamente: tener menos de 38 años; haber sido madre; no querer serlo más, y no tener problemas económicos (nota 4).

Aunque en España la gestación subrogada no es legal, el tema se ha planteado recientemente a raíz de que los partidos políticos españoles han empezado a planteársela, con serias divergencias entre ellos y dentro de ellos mismos. Diversos agentes sociales también se han posicionado al respecto, tanto a favor como en contra. A favor, las asociaciones, agencias pro gestación subrogada y parte del movimiento LGTB. En contra, los sectores más conservadores, la iglesia católica y el feminismo comunitarista, que la califican de “vientres de alquiler”. (6)

¿Tiene algo que decir al respecto el laicismo?

El laicismo se basa en la libertad de conciencia y entiende este derecho humano y fundamental como un derecho única y exclusivamente individual. Un derecho que entronca con la raíz de todo derecho humano: la dignidad y autonomía de los individuos. Siguiendo el análisis que Gonzalo Puente Ojea hace al respecto (Puente Ojea, 2011), la dignidad humana tiene su fundamento en la autonomía individual. Cada individuo es capaz de autodeterminarse moralmente utilizando para eso su capacidad de razonar por sí mismo y darse sus propias normas morales (autonomía moral). Las concepciones morales a las que llegue cada cual por sí mismo pueden ser distintas unas de otras y diferentes también de las que puedan establecerse desde otras instancias (comunidades, grupos, iglesias, religiones o el propio Estado). Pero todas y cada una de esas conciencias individuales son igualmente dignas por ser el resultado de la autonomía de cada individuo, es decir, el resultado de su libertad de conciencia. Aquí la clave está en que la dignidad de la conciencia no se mide en función de su adecuación a un canon o norma moral ya establecida externamente al individuo (por el Estado, una comunidad o una religión) sino por la autonomía del individuo para darse sus propias normas libremente.

Para Puente Ojea, esta concepción de la libertad de conciencia como conciencia libre es lo que coloca al laicismo en las antípodas del clericalismo. Para las religiones, especialmente para la católica, la dignidad humana no se basa en la autonomía moral sino en la adecuación de la conciencia a la revelación divina. Dios ya ha establecido la verdad moral, y la conciencia digna es la “recta conciencia”, esto es, no la conciencia que se da sus propias normas sino la que reconoce y acepta esa verdad revelada y externa a la propia conciencia.

Lo dicho para las religiones y el catolicismo vale para cualquier comunitarismo. Son aquellas concepciones morales que, en vez de tomar a cada individuo como sujeto moral, señalan a una comunidad, esto es, un grupo determinado por alguna característica (religiosa, étnica, nacional, histórica, sexual, etc.) y establecen una serie de principios, valores y normas morales que constituyen la esencia de esa comunidad. Para el comunitarismo, la dignidad individual consiste en la adecuación de la conciencia de cada miembro de la comunidad con esos principios, valores y normas de la comunidad. Para el comunitarismo, pensar de forma autónoma y distinta a la comunidad es el peor pecado o trasgresión. De ahí que comunitarismo y laicismo sean incompatibles: el laicismo pone su punto de mira en el individuo y no en la comunidad, y además defiende el derecho del individuo a traicionar a la comunidad, es decir, a pensar por sí mismo incluso en contra de su comunidad si así lo decide.

Se dan por tanto dos planos distintos: plano uno, el de la libertad de conciencia, y plano dos el de los resultados del ejercicio de esa libertad de conciencia. Dos personas en el plano uno utilizando su libertad de conciencia pueden dar lugar a dos resultados distintos igualmente dignos cada uno en tanto que productos de la misma libertad de conciencia. Por ejemplo, uno puede llegar a la conclusión de que el aborto es moral y otro que es inmoral, uno que la eutanasia es moral y otro que es inmoral, etc. Al laicismo le compete el primer plano: la defensa a que cada persona pueda pensar por sí misma y tomar sus propias decisiones libremente, que podrán coincidir o no con lo que desde otras instancias externas a la conciencia se establezca (ya sean religiones, comunidades, ideologías, etc.). El laicismo no se ocupa del segundo plano porque no le compete: no se posiciona ni a favor ni en contra del aborto, la eutanasia u otros dilemas morales, sino que se mantiene en el primer plano de la libertad de conciencia para que cada cual tome sus propias decisiones al respecto.

Para el conservadurismo, la iglesia católica y el feminismo comunitarista lo anterior es inasumible. Para todos ellos, hay ciertos dilemas morales que no son tales porque para ellos ya hay una respuesta canónica o correcta, una recta opinión u ortodoxia que ya establece lo que es moral o inmoral. El individuo no puede pensar por sí mismo esas cuestiones sino que debe aceptar lo que la comunidad correspondiente (a través de sus intérpretes cualificados) ya ha decidido de antemano. Y si no lo acepta, su conciencia no es digna sino desviada, pecaminosa, alienada o ideologizada. La verdad comunitarista está en la tradición, en la revelación divina o en el ideario feminista, debidamente interpretado por la costumbre, el clero o los expertos en estudios de género y teoría feminista.

En el caso de la gestación subrogada, no le compete al laicismo decidir en el segundo plano si es moral o inmoral, sino defender la libertad de conciencia en el primer plano para que sea cada persona quien decida por sí misma. Si Antonio y Agustín por un lado y Nikki por otro estaban de acuerdo entre ellos en que Nikki gestara al hijo de Antonio y Agustín, si no medió violencia ni hubo daño alguno para nadie, y el resultado es que todos acaban nueve meses después más felices que nueve meses antes, ¿hay alguna razón en términos de conciencia para que el laicismo condene lo que estas personas han hecho o intente impedírselo o dificultárselo? Si Leyre, Ygor y Samantha tomaron sus propias decisiones libremente y sin coacción, sin dañar a nadie, y fueron libres y felices antes, durante y después del embarazo de Samantha, ¿hay alguna objeción en términos de libertad de conciencia que pueda hacerse desde el laicismo?

A mi modo de ver, ninguna. Como no la hay al hecho que de Samantha rechazara otra proposición anterior a la de Leyre e Ygor por parte de otra mujer cuyo motivo para que Samantha se quedara embarazada de ella era no perder su figura. Samantha fue libre: decidió que no en un caso y que sí en otro. Tomó sus propias decisiones por sí misma, decidió sobre su propio cuerpo ella sola, y sus dos decisiones son igualmente dignas, tanto el sí a Leyre e Ygor como el no a la otra mujer. Desde el punto de vista del conservadurismo, el catolicismo o el feminismo comunitarista lo que Samantha hizo con Ygor y Leyre estuvo mal: no se comportó como una verdadera madre, como Dios manda ni como una mujer auténtica porque cosificó y mercantilizó su cuerpo. Desde el punto de vista laico, Samantha simplemente fue libre y después de oír a conservadores, curas y feministas hizo lo que le digo la gana y en conciencia. Y por eso es libre y es una mujer digna.

Los comunitarismos se mueven en un plano distinto del laicismo, en el segundo plano. El problema es que niegan el primero porque para ellos no hay libertad de conciencia. Para el conservadurismo, el papel tradicional de madre es incompatible con la maternidad subrogada. Para la iglesia católica la ley divina también lo prohíbe. Y para el feminismo comunitarista su concepción de la dignidad de la mujer proscribe cualquier práctica que interprete como mercantilización o cosificación del cuerpo femenino incluso en el caso de que la propia mujer se preste voluntariamente a ello. En los tres comunitarismos subyace una moral sexual que se opone, por lo tanto, a prácticas tales como la pornografía, la prostitución o la gestación subrogada. Interpretan que una mujer tradicional, devota o emancipada (cada uno en sus propios términos) no debe prestarse a nada de eso, y no admiten que sea la propia mujer la que decida por sí misma si sí o si no. O dice que no, o no está en sus cabales. Nikki o Samantha, para ellos, no son mujeres libres y autónomas que toman decisiones dignas por sí mismas. Son locas, pecadoras o alienadas por el modernismo, el diablo o el patriarcado que no alcanzan a contemplar la verdad tradicional, divina o feminista.

Frente a estos comunitarismos, el laicismo y otros tipos de feminismo ilustrado coinciden en la libertad individual de hombres y mujeres a la hora de decidir con autonomía en las cuestiones de conciencia, defendiendo el derecho de cada persona a pensar y tomar sus propias decisiones. Asumen el “Sapere aude” kantiano con el que el pensador de Könisberg respondía a la pregunta ¿Qué es la Ilustración?: ser mayor de edad para tomar las propias decisiones sin tutelas.

Dicho lo anterior, otra cosa distinta sería la plasmación legal y jurídica, asunto complejo y para lo que hay muchos modelos de concreción. No es cuestión aquí de entrar en este tema porque nuestro objetivo no era ese sino la cuestión de los principios laicistas aplicados a la gestación subrogada. No obstante, no puede perderse de vista que el camino hacia el infierno está hecho de buenas intenciones. El derecho a la interrupción voluntaria del embarazo no se pensó para que los proxenetas obligaran a sus esclavas sexuales a abortar si se quedaban embarazadas. Pero este riesgo no puede resolverse prohibiendo el derecho de las mujeres a abortar si nadie las obliga. De la misma forma, la pornografía, la prostitución o la gestación subrogada, libre y voluntariamente practicadas por quienes no tienen problemas de conciencia en hacerlo, tienen su lado oscuro, cruel y denigrante en forma de mujeres que son obligadas, forzadas y esclavizadas en vídeos porno, burdeles y “granjas humanas”. Frente a estas aberraciones hay poco que debatir: es condenable y perseguible. La cuestión es cómo hacer que parejas como Antonio y Agustín, como Ygor y Leyre, y otras miles en España, puedan cooperar con mujeres como Nikki o Samantha sin tener que ir a EEUU ni hacerlo clandestinamente, al tiempo que perseguimos y condenamos a quienes oprimen, explotan y esclavizan a otras personas. En eso estamos.

Notas

Bibliografía
Puente Ojea, Gonzalo (2011). La cruz y la corona: Las dos hipotecas de la historia de España. Txalaparta.


Andrés Carmona Campo. Licenciado en Filosofía y Antropología Social y Cultural. Profesor de Filosofía en un Instituto de Enseñanza Secundaria. 

Comentarios

  1. Gracias, Andrés, por tus palabras. Gracias en nombre de mucha gente,pero sobre todo, en nombre de muchos niños y muchas niñas.
    Gracias

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    1. Gracias a ti, Pedro, me alegra que te haya gustado.

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  2. Difundo. Una vez más de acuerdo en todo.

    Pero voy a hacer de abogado del diablo.

    Primero: Las ¿feministas comunitaristas? es la primera vez que leo ese calificativo. ¿Te lo has inventado o viene de algún otro sitio?

    Segundo: Las feministas que se oponen al tema, se denominen como se denominen, dirán que has utilizado la falacia del hombre de paja. Su argumento no es una moral preestablecida por una ortodoxia, o al menos no toma de forma manifiesta esa apariencia.
    Su argumento suele ser negar la verdadera autonomía porque no podemos sustraernos al entorno patriarcal. Este entorno crea una malla de apariencia entre la educación y la costumbre que tamiza nuestra percepción y nos hace ver como libre albedrío lo que consideran que no deja de ser una coacción a la mujer para que atienda las necesidades sociales, en este caso la pulsión reproductora. Supongo (quizás estoy llegando muy lejos en mi intento de meterme en sus argumentos habituales) que consideran esta pulsión perfectamente superable o ilegítima, ... o lo dicho, ya me parece que voy muy lejos suponiendo. En fin el elemento habitual y más o menos estable es que no hay libertad para las mujeres para decidir sobre su cuerpo en la sociedad patriarcal.
    Es decir negarían el primer plano, no por ortodoxia, sino por incapacidad derivada de una deformación cultural.
    Yo mismo me puedo poner a criticar este argumento, porque le veo hacer aguas por todas partes. Pero te lo dejo a tí que seguro que puedes abordar el planteamiento y hasta reformularlo mejor que yo.

    Un abrazo.

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    1. Hola, Pepe:
      Sobre lo del feminismo comunitarista, es solo una forma de referirnos a ciertos feminismos que se ubican en el marco teórico del comunitarismo, principalmente los llamados “de la diferencia”, “radical”, “cultural” o algún otro posmoderno, a diferencia de otros que asumen otras perspectivas distintas.

      Respecto a lo segundo, no parece un argumento sólido porque cae en la falacia del “verdadero escocés” y porque implica un argumento infalsable (por eso mismo). Es como cuando los creacionistas señalan las “pruebas” de la creación y, ante las pruebas de la evolución, dicen que las ha colocado el diablo ahí para confundir a los creyentes. Del mismo modo, las mujeres que aceptan los dictados de la ortodoxia feminista serían mujeres realmente libres, pero las que deciden por sí mismas hacer otra cosa ¿están alienadas por el patriarcado y no hacen lo que dice esa ortodoxia porque realmente no son libres? Entonces la teoría deviene infalsable y falaz. De hecho incurre casi en conspiranoia.

      Aparte de que una argumentación así es elitista: es como decir que hay algunas mujeres “inferiores”, que no son capaces de comprender la ortodoxia feminista, y otras “superiores” que sí son capaces y deben dirigir a las demás, incluso en contra de sus propias decisiones. Otro elemento común con las conspiranoias.

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  3. El aborto no es un tema que se circunscriba a la libertad individual de conciencia: afecta a si una persona ajena vive o no, o a la interrupción del proceso que lleva inevitablemente a crear una persona. Con lo cual afecta a otros, independientemente de moralidades o leyes divinas o humanas.

    Y otro problema es el choque de la conciencia individual con la colectiva, o comunitarismo: ¿queremos estar en sociedad sólo con las normas que coinciden con las nuestras? ¿O aceptaremos lo decidido por la mayoría, aunque no nos guste?

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    1. Estimado Clodoveo11, la problemática de la interrupción voluntaria del embarazo es muy compleja. El punto más difícil es el que tú das por supuesto: el estatuto moral del “nasciturus”, esto es, si el cigoto, embrión o feto es o no es una persona y desde cuándo. Pero ese es un tema distinto al que aquí estamos tratando ahora.

      En cuanto a la segunda cuestión, no se trata solo de dos opciones (o solo aceptar las propias normas o solo aceptar lo que diga la mayoría) sino de buscar un marco común de convivencia en el que se conjuguen de forma óptima (no perfecta) que cada cual pueda vivir de acuerdo a su conciencia y, al mismo tiempo, con normas comunes y respeto al principio de mayorías. Para eso, hace ya mucho que se asume que hay ciertos derechos individuales que por su carácter fundamental no pueden ser sometidos a la regla de las mayorías, entre ellos, la libertad de conciencia y el resto de derechos humanos. La laicidad lo que busca es ese marco de convivencia.

      Gracias.

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  4. Soy Natalio :P ¡¡Que lejos quedó cuando yo te hablaba del Dasein y tú me replicabas con las condiciones materiales!! Veo que las condiciones materiales pasaron a mejor vida. En esto de la “libertad de elección” o de la “autodeterminación” más que laicismo, no veo sino el típico sujeto liberal burgués, esa abstracción ilustrada que nunca nadie encontró. Sin duda, soy más hegeliano que todo eso (y supongo, por ello, también más marxista).

    Los conceptos son herramientas, y a mí me da la impresión de que un concepto/herramienta progresista en su contexto de origen (las guerras de religión) se convierte en un apuntalamiento conservador del status quo y de la omnipresencia del mercado. Un punto de vista neutro en un contexto (ay, las condiciones materiales) injusto avala tal injusticia con su equidistancia. Y esto que digo con respecto a los “vientres de alquiler” vale también para la prostitución. ¿Puede la libertad de conciencia poner algún límite al todopoderoso Libremercado o más bien es su condición necesaria?

    Claro que se trata de cambiar la concepción del bien por otra donde el mercado no pueda entrar en nuestros cuerpos (no estoy de acuerdo ni con la venta de sangre) ni donde los hombres se sientan con derecho a acceder al cuerpo de cualquier mujer. ¿Me convierte eso en comunitarista? Puede ser (desde luego, para un comunitarista pensar de forma autónoma no es “el peor pecado”), pero en la medida en que el laicismo que defiendes no es más que libertarismo.

    La libertad de conciencia es la excusa que ponen todos los neoliberales para cargarse la negociación colectiva y, en realidad, toda concepción del bien común. Ignoran las relaciones de poder existentes realmente (o las condiciones materiales, si gustas), por eso les gusta tanto esa abstracción metafísica: el individuo y su autodeterminación. Por supuesto al libertarismo (o laicismo, ahora mismo no veo diferencias) parece no interesarle el hecho de que mis acciones influyen sobre la vida de otras personas, y en el caso de las mujeres es sangrante: cuando una fracasa es para el pensamiento patriarcal como si fracasase todo el género. No se trata de que mi libertad se vea limitada por la libertad del otro de un modo directo, sino que también de modo indirecto, el ejercicio de mi libertad influye en mi raza, en mi género, en mi nacionalidad, en mi cultura, etc. Todas esas cosas constituyen mi identidad del mismo modo que yo las constituyo en su identidad con mi acción. Cuando un trabajador consiente, “libremente”, condiciones abusivas, todos los trabajadores caen. Cuando una mujer se prostituye “libremente”, todas las mujeres ven expuestos sus cuerpos. Cuando una mujer vende su útero “libremente”, el mercado ha traspasado la última frontera. Nada se le escapa ya.

    Siento no haber argumentado mejor. En esta tarde lluviosa vi tu texto y quise dejar un comentario de izquierdas.

    Saludos.

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    1. Amigo, Natalio:
      Hasta yo sé que las “condiciones materiales” son aplicables a fenómenos sociales, históricos, económicos (a nivel macro) pero no a decisiones individuales (a nivel micro); y que las “condiciones materiales” CONDICIONAN pero no DETERMINAN (eso ya lo decían Marx y Engels contra los materialistas mecanicistas” como les decían). Y más de 150 años después del “Manifiesto Comunista” todo esto hay que verlo en perspectiva y críticamente (porque el marxismo es muy bueno haciendo retrodicciones pero pésimo prediciendo, como demostró el final de la URSS).
      Que en la India haya “granjas humanas” donde mujeres (y hasta niñas) alquilen sus vientres literalmente para escapar de la miseria, con plena conciencia de no querer hacerlo si no fueran pobres, es perfectamente explicable en términos de condiciones materiales y totalmente reprobable, como digo en la parte final del texto. Ahí no tenemos conflicto entre tú y yo.
      Distinto es el caso de Samantha Aschliman, norteamericana de clase media, maestra, casada y con dos hijos, que decide gestar al hijo de Leire y de Ygor. Antes, durante y después del embarazo nadie resulta dañado y todos están más felices que al principio. ¿Dónde está el mal moral? ¿Puede haber CRÍMENES SIN VÍCTIMA? ¿Es Samantha una víctima sin saberlo? ¿Hay que salvarla de ella misma? ¿Está alienada y hay que impedirle POR SU BIEN hacer lo que ella misma decide? ¿Existe una elite (que por alguna extraña razón escapa al poder de la ideología que atrapa a todos los demás) legitimada para decidir lo que es el bien y el mal dada su superioridad moral?
      Me parece que hay un gran paso ilegítimo (non sequitur) entre la denuncia de la explotación de mujeres en el tercer mundo a prohibir a Samantha que haga lo que hizo (lo mismo que cuando la Iglesia dice que si se permite el aborto la gente follará sin control y abortara alegremente después, o que si se legaliza la eutanasia se acabarán matando a los ancianos en los hospitales). Falacia de la pendiente resbaladiza. En este caso la falacia es también del falso dilema: no hay solo dos opciones (a favor o en contra de “mercantilizar” el cuerpo, una buena y otra mala) sino que también hay que tener en cuenta la decisión de la persona (si quiere o no quiere “mercantilizar” su cuerpo). Salvo que asumamos dogmáticamente que “mercantilizar” es malo “per se” (como cuando la Iglesia dice que el sexo prematrimonial es malo “per se”). Pasa como con la legalización o prohibición de las drogas (tema en el que, por cierto, los marxistas estaban en contra apelando a las condiciones materiales también): aparte de que drogarse sea bueno o malo para el cuerpo, hay otro elemento que es el de si quiero o no quiero drogarme. O fumar, que para el caso es igual. Fumar no tiene ningún beneficio en términos de salud personal y sí muchos perjuicios sociales (gasto sanitario). ¿Habría que salvar a los fumadores de sí mismos prohibiendo el tabaco por su bien? ¿Acaso no están ideologizados por la propaganda de las multinacionales y además físicamente adictos? ¿Tiene algún valor su voluntad, acaso son libres? Que una persona se “queme” por dentro ¿no acaso peor que “alquilar” su cuerpo nueve meses?
      A mí, llegar a pensar así me aterra. Llámalo libertarismo o llámalo pensamiento a lo Stuart Mill, pero no quiero un mundo en el que una elite piense por mí, por mi bien y para liberarme de no sé qué ideología, sobre todo si no se hace daño a nadie.
      ¿Es esto neoliberalismo? No. Usar términos como este (o como fascismo o comunismo) fuera de los contextos en los que son apropiados es solo una excusa para no pensar (y además, banaliza el término):
      -neoliberal=malo
      -el conjunto complementario de neoliberal (comunismo, comunitarismo, lo que sea) = bueno.
      -gestación subrogada=neoliberal=malo.
      Las cosas son más complejas. Otra cosa es que alguien viva (y eso sí son condiciones materiales) de publicar libros y dar clases donde tiene que encontrar al neoliberalismo hasta en la sopa y de decirle a los demás: “Sopa neoliberal, sopa caca”.
      Saludos desde la izquierda no prohibicionista ni elitista.
      Andrés.

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    2. Tú análisis se basa en una concepción de la libertad (la de Puente Ojea) que no es más que la libertad negativa de los liberales y que es la que sustenta teóricamente el libre mercado más salvaje. Tal concepción puede leerse tal cual en “Libertad de elegir” del matrimonio Friedman. Lo curioso del asunto es que el laicismo recurra a ese concepto de origen teológico. Para afirmar que somos IGUALMENTE libres el parámetro que permite igualarnos es Dios: somos iguales ante Dios. Es decir, que la libertad liberal (negativa) toma como algo dado la igualdad. Esto, como digo, pudo tener sentido en un momento de guerras de religión y de independencia de las colonias. Por eso es tan afín al pensamiento liberal anglosajón. Pero cuando intenta extrapolarse a otros ámbitos lo único que justifica es la libertad de mercado. Se vacía de potencia crítica (que cuestiona precisamente que exista tal igualdad) y se convierte en una teoría neoliberal de la preferencia individual, justificando el status quo. El resultado opuesto del que esperaba Marx: “La crítica de la religión desemboca en la doctrina de que el hombre es el ser supremo para el hombre, y, por tanto, en el imperativo categórico de acabar con todas las situaciones que hacen del hombre un ser envilecido, esclavizado, abandonado, despreciable” (Marx, Introducción a la crítica del la filosofía del derecho de Hegel, Pre-Textos, p. 61). ¿Hacer de LAS mujeres (el plural importa) “vientres de alquiler las libera o las encadena? Volveré sobre ello.

      Tu postura, aunque lo invoques, está en las antípodas de Kant. La dignidad para éste tiene su fundamente en la autonomía y libertad individual, sí, pero en la libertad para SOMETERSE a la ley moral. Lo contrario, lo que planteas tú en boca de Puente Ojea, es un individualismo de corte relativista. Ese pensamiento está más cerca del pensamiento nietzscheano o postmoderno que del kantiano o Ilustrado. En el planteamiento de Kant hay una referencia inexcusable al resto de la humanidad, yo soy libre de darme, LIBRE DE OBEDECER a una ley UNIVERSAL, que no me es externa en cuanto yo soy, como los demás, un ser racional (y puedo depurar los deseos particulares y las motivaciones empíricas). Lo contrario, como digo, es un “hágaselo usted mismo” cuasi solipsista, típico de las robinsonadas del XVIII que criticó, entre otros, Marx.



      La caricatura (falacia del hombre de paja) que haces del comunitarismo es excesiva. Para aclararnos, como mínimo común denominador le supondré a todo comunitarismo la postura de que la sociedad es anterior al individuo y que el individuo es una abstracción vacía, frente al pensamiento liberal que en encuentra en el individuo el átomo del que se componen las sociedades. Con esto discuto tu afirmación de que el comunitarismo se mueve “en segundo plano”: dada la prioridad ontológica, lógica, histórica, etc. de la sociedad (lengua, costumbres, valores, moral, etc.) el individuo no es más que un producto secundario. Y ello no implica que no haya libertad de conciencia, sino que sólo dice que el individuo no se autodetermina de la nada (concepto teológico sólo atribuible a Dios). Como la paloma de Kant, que no vuela en el vacío, o como afirmaba Marx: “No es la conciencia de los hombres lo que determina su ser, sino, por el contrario, es su existencia social lo que determina su conciencia” (Marx, Introducción general a la crítica de la economía política/1857, Siglo XXI, p.66-7).

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    3. Dado pues que nacemos y crecemos en una sociedad que SIEMPRE YA (que diría Heidegger) nos ha socializado en sus valores, ¿en qué medida podemos hablar de libre elección? Más en concreto, en una sociedad patriarcal y desigual, ¿en qué medida las decisiones de las mujeres (y de los hombres que deben seguir los mandatos de la masculinidad) son libres? Una teoría CRÍTICA e ILUSTRADA debe cuestionar esto y no caer en los brazos del mito neoliberal de la libre elección. El feminismo ILUSTRADO (y por tanto emancipador) lejos de apoyar los vientres de alquiler (o cualquier otro modo de explotación femenina) los critica ferozmente (por ejemplo, con respecto a la prostitución “voluntaria”, léase Ana de Miguel, Neoliberalismo sexual, Cátedra). Son, por el contrario, las posturas queer y “postmodernas” (como te gusta llamarlas), aquellas que defienden la “libre construcción de la identidad”, las que piensan que el porno o la prostitución empodera a las mujeres. Pero el pensamiento ILUSTRADO defiende que esto no es sino la forma que el pensamiento individualista-burgués-patriarcal-liberal-capitalista ha tomado en la sociedad actual para legitimarse.

      Como digo, a ese concepto negativo de libertad se opone, como hace tu Coordinador General, un concepto positivo y republicano de libertad, aquel que piensa que la libertad formal o negativa no hace sino reproducir la desigualdad en tanto se desentiende de los fundamentos materiales de la libertad, por lo que ve con buenos ojos limitarla. “Por ejemplo, para el republicanismo no cabe decir que un individuo no es libre si las normas que rigen la colectividad han sido elaboradas de un modo participativo, aunque lógicamente supongan una interferencia sobre la vida del individuo” (Garzón Espinosa, A., La Tercera República, Península, p. 144).

      Y quiero aclarar que por “fundamentos materiales de la libertad” o por “condiciones materiales” (como me había expresado el otro día) incluyo también estructuras simbólicas (como el patriarcado), es decir, opongo forma-formal a contenido-material. Así que retomo, en una sociedad en la que impera el patriarcado, ¿debemos limitar las decisiones personales que reproducen la desigualdad patriarcal, esto es, que limitan la libertad de mis conciudadanas EN SU CONJUNTO? Lo que aquí se discute es si el punto de vista debe ser individual o colectivo.

      Stico es una película de 1985 en donde el protagonista, un filólogo clásico, decide voluntariamente convertirse en esclavo de un antiguo alumno. La cuestión no es si él, como individuo, puede o no renunciar a su libertad, sino si nosotros, como sociedad, debemos permitir tal cosa. ¿Queremos una sociedad donde las mujeres sigan siendo vistas como meros recipientes para satisfacción de los deseos del mercado, masculino eminentemente? Porque, lamentablemente, lo que hace una mujer (como en cualquier minoría: negros, inmigrantes, musulmanes, etc.) AFECTA SIMBÓLICAMENTE a lo que hacen todas, del mismo modo que el esquirol puede dar al traste con la lucha colectiva. Y aquí está el quid de la cuestión ¿Debemos, como sociedad (y esto implica, claro, una concepción de bien común) aceptar el libre acceso al cuerpo de las mujeres, en plural? Por un módico precio, claro. Y cuanto más barato mejor.

      Porque en el caso que refieres, si nos ceñimos a la “decisión autónoma”, la tal Samantha se llevó 25.000 dólares del ala, “por las molestias”. No fue por el dinero, pero me llevé un buen pellizco. Y el caso es que a mí me falta una psicología de la motivación en todo esto: ¿por qué iba a nadie a poner en peligro su salud e incluso su vida (porque un embarazo no es cualquier cosa) por unos DESCONOCIDOS? ¿Por qué iba a correr el riesgo de dejar viudo y huérfanos a su marido e hijos, respectivamente? ¿Por qué querría darle a sus hijos un hermano que va a criarse a miles de kilómetros de distancia? Tan “libre” y “autónoma” fue la decisión que, en sus palabras, el matrimonio tuvo que acudir a un “consejero” para asegurarse de que hacía lo correcto.

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    4. En resumen, del mismo modo que prohibimos en el siglo XX los duelos a muerte, consensuados y decididos “voluntariamente” (aunque otro modo de decirlo es que venían prescritos por el patriarcado y el mandato de la masculinidad), también tenemos buenas razones, como sociedad, para prohibir el consensuado y “voluntario” alquiler de vientres.

      Saludos, camarada xD
      Natalio

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 Por José María Agüera Lorente Oigo la escueta noticia a través de la radio: Ben Carson, el secretario de vivienda estadounidense, afirma que la pobreza es «un estado mental». Busco en internet qué hay tras lo que aparece en forma de titular en varios medios digitales. Así me entero de que el señor Carson, neurocirujano de oficio, fue el primer afroamericano en ser nombrado jefe de neurocirugía pediátrica en el Centro Infantil Johns Hopkins de Baltimore. Negro, es decir, hombre perteneciente a una minoría que, atendiendo a los datos estadísticos de toda índole, es el grupo de la ciudadanía que más sufre la pobreza en un país de por sí con un importante índice de desigualdad; para ponerlo en cifras, el índice de Gini, que cuantifica la desigualdad en los Estados, se situó en la república norteamericana en 0,48 puntos según informe de 2015, siendo en Es…

Mario Bunge contra la psicología evolucionista

La psicología evolucionista es la ciencia emergente (o protociencia)que investiga la evolución de las habilidades y estrategias cognitivas. En la actualidad, es una disciplina que goza de gran popularidad entre los divulgadores de la ciencia. Muy probablemente su popularidad se deba, en buena medida, a que suele ser el tema de discusión de algunos de los divulgadores y psicólogos más famosos de la actualidad, como Michael Shermer, Jesse Bering, Desmond Morris, Leda Cosmides, Richard Dawkins, Daniel Dennett y Steven Pinker. Pero algo curioso es el hecho de que, paralelo al auge y popularidad de esta rama del saber, también existe un creciente escepticismo sobre la versión popular de la psicología evolucionista, principalmente empujado por filósofos de la ciencia (así como por algunos activistas del escepticismo científico, como PZ Myers y Rebecca Watson).
Algunas de las críticas a la psicología evolucionista, se ha demostrado, son el resultado de no entender qué es lo que investiga (o…