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Sobre buenos y malos


José Luis Ferreira

En la mayoría de los sistemas judiciales (no sé si en todos), en cada caso hay una parte defensora y otra acusadora. A cada parte se le dota de incentivos para cumplir su misión lo mejor posible. El abogado defensor se juega su reputación y su dinero. Lo mismo el fiscal. De este antagonismo se espera que salgan a relucir toda la información y pruebas relevantes para que el juez pueda dictaminar con justicia. Sería absurdo decir que el abogado es el bueno y el fiscal el malo, o al revés. Ambos son necesarios para que el sistema funcione según lo esperado.

Imaginemos ahora (síganme aquí durante un rato, luego se pondrá en contexto y se matizará mucho) que la relación de las diversas opiniones en una sociedad responde en por lo menos una parte a la dinámica del párrafo anterior. Por ejemplo, la izquierda propone medidas y lucha por alcanzar objetivos sin tener demasiado en cuenta las restricciones, mientras que la derecha se preocupa por las restricciones y pasa de luchar por ideales (aquí se puede leer sobre esto con más elaboración, en "Ser de izquierdas y derechas: los objetivos y las restricciones"). O por poner otro ejemplo, los nacionalistas periféricos piden más concesiones del gobierno central, quien se ocupa de rechazar las menos realistas o imposibles (más ejemplos de esta dinámica aquí, en "Sé realista, pide lo imposible"). Así, los progresos habidos en la construcción del estado del bienestar desde la segunda guerra mundial son resultado de negociaciones y pactos, pero también de un tira y afloja entre quienes quieren más y quienes quieren menos. ¿De quién ha sido la construcción, de los que más reivindicaban, incluso reivindicando lo imposible o de los más comedidos, incluso siendo comedidos en lo posible? El resultado es fruto de la interacción y la dinámica social. Si la historia es como estoy diciendo, no tiene sentido hablar de buenos y malos, ni de mayor catadura moral de unos o de otros. Claro que cada individuo, adscrito a una de las posiciones, verá claramente la necesidad del papel de él y de los suyos en todo el proceso. Tendrá razón, pero solo la mitad.

Ahora viene la matización a lo anterior y el contexto. No quiero con el párrafo anterior abogar por la tesis de que los avances sociales hayan sido así todos ellos o una parte importante. Tampoco quiero señalar ninguna equidistancia moral entre izquierda y derecha o entre nacionalismo periférico y gobierno central. Lo que quiero señalar es lo siguiente: mucho del lenguaje y del argumentario de gentes de izquierda y derecha (y de otros grupos que se oponen entre sí) parecen responder a la dinámica anterior. Gentes de izquierdas pidiendo lo imposible en temas económicos (políticas sin contrapartida presupuestaria, por ejemplo), gentes de derechas haciendo lo propio (políticas sin análisis sobre su funcionamiento, también por ejemplo). Sindicatos que piden más poder para el trabajador, empresarios que piden más poder para sí mismos, ecologistas que quieren todo 100% natural y renovable (whatever it means),...

Si en estos discursos uno toma la postura de pedir cuanto más mejor para una parte, que ya se encargará la otra de pedir para sí, ese uno estará abandonando la idea de construir un discurso completo, y estará eliminándose como referente para hacer diagnósticos y propuestas sensatas que sirvan para organizar mejor la sociedad y no debería extrañarse de que los demás no den demasiado pábulo a posibles ínfulas de superioridad moral que crea le otorga su ideología.

Comentarios

  1. Continuando con el último párrafo. Si se toma la decisión de ser parcial, que ya otro lo arreglará, se convierte uno en un problema, que otro puede arreglar, o no.

    Se define la identidad como "aquellos que solucionan el problema de los otros". La sociedad se divide, las posturas se vuelven irreconciliables, y las posturas más razonables son percibidas como débiles e ineficaces (para el tira y afloja o para la lucha entre bandos).

    http://pos.org/polarization-showing-no-signs-of-narrowing/

    Lo razonable queda arrinconado, desaparece. El sueño de la razón alimenta al monstruo del hombre masa y la democracia da paso a la oclocracia como profetizaba Aristóteles. La sociedad se radicaliza, se crean feudos basados en el miedo y el odio a "los otros", las estrategias fascistas de manipulación de masas triunfan, y las élites controlan a dos manos a una sociedad dividida.

    Esta dinámica, que puede funcionar en un juzgado, no funciona correctamente para la política de un país, salvo probablemente para unos pocos.

    Es decir, el sistema resultante, sea emergente o diseñado, no es inteligente, no es bueno, ni es aceptable. Así que no cabe llevar la situación con filosofía, sino que hay que cambiarla de raíz, dando las herramientas necesarias (educación) para la transformación de los votantes a personas razonables que rechacen posturas extremistas que sean perjudiciales, por su aplicación directa o por dificultar los acuerdos.

    En resumen, en este planteamiento, hay malos, pero no hay buenos.

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    1. Apuntas una pendiente resbaladiza como hipótesis. No creo que a priori podamos decir que esa sea la dinámica que prevalezca, pero estemos atentos para atajarla por si se da.

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  2. De acuerdo en líneas generales aunque creo que es demasiada simplificación y en este caso, demasiada simplificación puede cegar la visión. En cada tema podemos encontrar posturas opuestas y millones de intermedias y matizaciones. Incluso un total desinterés o distintas intensidades en el interés. Además de todo ese coro desafinado hay otro actor a tener en cuenta en los avances sociales: las instituciones independientes (no sometidas a juicio en las urnas). Una construcción típica de las democracias liberales en las que son las encargadas de producir opiniones de alta calidad técnica introduciendo racionalidad y pausa reflexiva en los debates públicos. Es la interacción mediante disenso de todos ellos la que produce avances. El pluralismo da eficiencia al sistema.

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    1. No voy a negar que una entrada de cuatro párrafos conlleve una simplificación, pero no creo que sea demasiada. No veo que se ciegue a la existencia de gente e instituciones más neutrales. La entrada iba de señalar las más sesgadas. Solo eso.

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  3. Perdón,además de firmar mal me he explicado mal. La contradicción formal existe en el proceso judicial desde hace unos cuantos miles de años y en todos los sistemas penales de las democracias. Sin embargo, funciona de manera diferente según el sistema procesal de cada uno. Es decir, solo se puede entender la pieza dentro de un sistema que busca un fin. Análogamente pasa con la política democrática, las decisiones que llevan a una mejor organización social no nacen de la aceptación de las posturas de parte sino de la interacción conflictiva del pluralismo entre posiciones políticas, instituciones, grupos de voto único y demás actores. Bien entendido que no me refiero a decisiones técnicamente correctas (tecnocracia) sino a decisiones socialmente aceptables (democracia). Por eso hablo de excesiva simplificación, porque es la complejidad (el sistema) la que produce el output, tanto en un proceso judicial como en política democrática.

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