5 de enero de 2017

Elogios y reservas para Dawkins

Reseña de El espejismo de Dios, de Richard Dawkins


El año 2016 se fue tan rápido como percibimos siempre todos los años. En 2016, el famoso biólogo y activista inglés, Richard Dawkins, se festejó sus 75 años cumplidos. Pero no solo eso, también fue el aniversario número 30 de la publicación de su clásico El gen egoísta, libro que en palabras de Matt Ridley, del blog de Nature, podemos comparar en influencia y calidad con El origen de las especies, de Charles Darwin. Pero Dawkins celebró igualmente 10 años de una de sus publicaciones más comentadas (y criticadas). Considerada por algunos dentro de los libros básicos para introducirse al ateísmo y el pensamiento crítico, en 2016 se cumplieron 10 años de la publicación de El espejismo de Dios.

En octubre pasado el sitio web Friendly Atheist recopiló una serie de reflexiones de algunos escritores ateos sobre la importancia intelectual y social del libro de Dawkins. Los comentarios elogiosos de David A. Niose, Robyn E. Blumner, David Silverman, Roy Speckhardt, August E. Brunsman IV, Jerry Coyne, Rabbi Adam Chalom, Herv Silverman, Jason Torpy, Dale McGowan y Daniel C. Dennett se recogen en el homenaje de Friendly Atheist, donde se afirma que "El espejismo de Dios ha creado a más ateos que cualquier otro libro en la historia ... con la única excepción de la Biblia." Sin detenernos en este tipo de afirmación que bien podría investigarse de manera empírica, sería muy tonto restarle importancia a este gran libro en la popularización del movimiento ateo. Si hoy en día se identifica un rostro con el ateísmo, antes que pensar en Nietzsche, Marx o Russell, seguramente le vendrá a la mente el rostro de Dawkins.



¿Por qué es tan importante El espejismo de Dios? ¿Por qué la obra de un biólogo y no la de un filósofo erudito, como el libro de Dennett, o el de un periodista social, como el de Hitchens, resulta ser tan importante para el movimiento ateo? El libro de Dawkins es un proyecto ambicioso y personal, donde su autor busca aclarar a un público temeroso y lleno de dudas qué significa ser ateo, y por qué dicho significado es importante para nuestra civilización. Dawkins ya había publicado otros libros donde mostraba críticas certeras a las creencias religiosas, tal como El relojero ciego, pero ninguna obra dedica exclusivamente para este tema.

¿La hipótesis de Dios?

Su primer capítulo nos habla de esa confusión de ciertas personas a la hora de afirmar que cierto científico es religioso y que por tanto, la fe en Dios se ve apoyada por la ciencia. Dawkins utiliza el famoso ejemplo de Einstein como un científico que a menudo hablaba de Dios en sus conferencias y libros, cuando explicaba su profundo sentimiento de asombro y admiración hacia el universo. Stephen Hawking es otro ejemplo de un científico invocando a Dios. Pero el dios de Einstein y Hawking no es un dios personal, sino una metáfora sobre ese cada vez mayor entendimiento que los científicos tienen sobre cómo funciona el universo. Dawkins llama a esto la "religión einsteniana", el único tipo de religión que considera digna de respeto. El autor observa que existe en algunas partes de occidente una fuerte desconfianza hacia los ateos porque supuestamente no poseen una base moral o son una amenaza para el espíritu de comunidad sustentado en la fe. El libro es una defensa y una invitación a los ateos para que observen que ser ateo no es sinónimo de ser inmoral, malo, loco o antisocial, sino que el ateísmo es un signo, en general, claro de una mente racional.

Pasando hacia el segundo y tercer capítulo es donde comenzamos a tener algunas reservas. Dawkins busca ser lo más preciso posible, buscando definir de manera clara qué es lo que va a cuestionar: la "hipótesis de Dios", definida de la siguiente manera:

No estoy atacando las cualidades específicas de Yahvé, Jesús, Alá o ningún dios concreto como Baal, Zeus u Odín. En lugar de ello, definiré la hipótesis de Dios de un modo que sea algo más defendible: Existe una inteligencia sobrehumana, sobrenatural que creó y diseñó deliberadamente el Universo con todo lo que contiene, nosotros incluidos. Este libro abogará por una visión alternativa: cualquier inteligencia creativa, lo suficientemente compleja como para diseñar algo, llega a existir como el producto final de un dilatado proceso de evolución gradual. (pág. 54, cursivas del autor).
[...]
Resulta necesario dar cuerpo a la sencilla definición de la hipótesis de Dios con la que comencé para que pueda acomodarse al Dios abrahámico. Este no solo creó el Universo; también es un Dios personal que mora en él, o quizá fuera de él (signifique lo que signifique esto), y posee las desagradables cualidades humanas a las que ya he aludido. (pág. 61).
La "hipótesis de Dios", dice Dawkins, nos sugiere que la realidad en la que habitamos también contiene un agente sobrenatural que diseñó el Universo y, según algunos creyentes, interviene en él obrando milagros o violando temporalmente las leyes físicas. Esta "hipótesis", además de ser una hipótesis científica, y por tanto, que puede ser descartada gracias a la investigación científica, es una hipótesis que en la actualidad está descartada gracias a que la visión científica del mundo nos muestra un modelo naturalista mucho más simple y completo de nuestra existencia, de la existencia de la vida y del Cosmos. Dios, en tanto hipótesis, es por lo tanto, muy improbable. No podemos refutar dicha hipótesis, pero sí podemos asegurar, en base a las explicaciones que nos brinda la ciencia (como la selección natural en biología y el principio antrópico en cosmología), que la probabilidad de que sea correcta y que en el mundo existe y/o intervenga una entidad sobrenatural es muy, muy baja. Tan baja como para ni siquiera considerarla plausible. Dawkins también arremete contra el agnosticismo y los magisterios no superpuestos (NOMA, por sus siglas en inglés), propuestos por algunos científicos y filósofos, como Gould y Ruse, donde se mira a la religión o a la "hipótesis de Dios" como algo intocable para la ciencia. Dawkins argumenta con genialidad contra estas posturas que se demuestran como demasiado condescendientes en el mejor de los casos, y dañinamente falsas en el peor. 

Como llega a ser común en muchos divulgadores, Dawkins, seguramente sin querer, entra aquí en un controvertido problema epistemológico. ¿Puede considerarse a los entes sobrenaturales, como Dios, hipótesis científicas? Es muy obvio que Dawkins busca hacer entender a sus lectores que la ciencia nos brinda un modelo del universo más realista por centrarse en la evidencia y la razón, antes que en la fe. Pero su intento por ilustrar esto, Dawkins comete el error de igualar especulaciones sobrenaturales y teológicas, como lo es el dios abrahámico, con las hipótesis científicas, las cuales, poseen ciertas características que las hacen distintas de otros tipos de enunciados que se dice son fácticos. No hay prueba alguna en el libro que nos muestre que Dawkins no está consciente de ello. Al afirmar que Dios es una hipótesis irrefutable, le da la razón a cualquiera de sus críticos que le señale que los dioses no son hipótesis científicas.

Dawkins llega a citar los ejemplos del ratón de los dientes, la tetera de Russell y el Monstruo de Espagueti Volador como ejemplos de creencias igualmente irrefutables, lo que no les da ni un solo punto a favor de su existencia. Si quisiéramos ser lo más amables con Dawkins, podríamos decir que la forma en la que trata a Dios como una hipótesis es una desafortunada, pero irrelevante, metida de pata en un libro por demás espléndido. Pero eso sería menospreciar la base de la argumentación de Dawkins, pues recuerde que, si define a Dios como hipótesis es porque quiere dejar en claro qué es lo que va a criticar en todo el libro. El error no es menor, y muestra una falla argumentativa que muchos otros han utilizado para atacar las tesis de Dawkins.

Aunque muestra todo un capítulo para criticar los argumentos clásicos que los teólogos exponen en favor de Dios, desde las vías tomistas hasta la apuesta de Pascal (algo que le ha valido la crítica de los teólogos sofisticados. Francamente, no encontré sustento para estar de acuerdo con esos críticos), para Dawkins, el mayor argumento contra la existencia de este ser el llamado "argumento de la improbabilidad". Usualmente, los creacionistas del diseño inteligente apelan a la probabilidad de la vida como un argumento en favor de dios, o del diseñador inteligente, sin darse cuenta que, de existir dicho ser, este tendría que ser tan improbablemente complejo que su sola existencia complicaría más el problema en vez de solucionarlo. Si la vida fue diseñada por un diseñador, ¿quién diseñó al diseñador? Como bien explica, ya en la época de la Ilustración, el filósofo David Hume comprendía que de la complejidad y la aparente improbabilidad de la vida no se sigue lógicamente que esta tuviera que haber sido diseñada, aun cuando en los tiempos de Hume no se tuviera una alternativa a la idea del diseñador. Esta ilusión del diseño se vino abajo en 1859 con la publicación de El origen de las especies, de Darwin. Gracias a Darwin, explica el autor, es que hoy sabemos que la complejidad que observamos en la vida es producto de la evolución. Darwin describió y mostró evidencias del mecanismo más poderoso de la naturaleza para hacer que las especies cambien, se adapten y evolucionen a través de los milenios: la selección natural.

La evolución por selección natural deja sin lugar a cualquier agente sobrenatural en la creación de la compleja biodiversidad de la Tierra. Esta teoría es, de acuerdo a Dawkins, un "acicate de la conciencia", es decir, una idea que revoluciona la cultura y la manera en la que vemos el mundo. La teoría de Darwin es una idea tan revolucionaria que muestra el poder explicativo de la ciencia que estimula, despierta la controversia y estimula para a ser audaces y a explorar otros campos. Al igual que la revolución de los proletarios o las críticas del feminismo a un Zeigeist que da total prioridad al hombre, la selección natural sacude la mente de las personas, obligando a ver la vida de otra manera. Dawkins es sin lugar a dudas un maestro de la divulgación al mostrarnos con tan bellas palabras el poder la explicación y el conocimiento científico. Para Dawkins, la teoría de selección natural es una grúa, es decir, una idea capaz de llevar a cabo de modo plausible un trabajo gradual desde la simplicidad hasta una complejidad que de otra manera sería imposible. Se nos aclara también que esta es la grúa de la biología que nos da la seguridad de que es increíblemente improbable que algún dios haya intervenido en el proceso. Dicha grúa, según Dawkins, aún no existe en la física (aunque apuesta por algún tipo de teoría del multiverso), pero el que aún no exista no significa que en la física Dios tenga un hueco en el cual esconderse.

La ciencia sin lugar dudas nos muestran cómo es que las explicaciones naturalistas son muchísimo más fértiles y prósperas que las explicaciones sobrenaturales, pero no por esto podemos ponerlas en equivalencia y asegurar que ambos tipos de explicación son susceptibles de investigación científica.

Las raíces (biológicas) de la religión 

Cruzados los cuatro primeros capítulos Dawkins ahora busca enfocarse en otro tipo de preguntas que con frecuencia se mencionan a manera de reto a cualquier ateo militante: si se acepta que Dios no existe, ¿no sigue siendo útil la religión? ¿No es consoladora? ¿No incita a las personas a hacer el bien? Si no fuera por la religión, ¿no sabríamos lo que es bueno? ¿Por qué ser tan hostiles de todos modos? Si es falsa, ¿por qué todas las culturas del mundo tienen religión?  Verdadera o falsa, la religión es ubicua, así que, ¿de dónde viene? Estas serán las preguntas que busca responder en el resto del libro, y por lo que creo que este libro es importante (si alguien quiere una mejor refutación a la idea de Dios, lea Por qué no soy cristiano, de Bertrand Russell).

Así Dawkins comienza a por buscar respuestas a las preguntas sobre el origen y evolución de la religión en la cultura. Para esto, Dawkins toma una posición darwiniana donde se pregunta qué clase de presión o presiones ejerció la selección natural en un principio para favorecer el impulso religioso. Para un darwinista, resulta muy obvio que rituales, cánticos y sacrificios como los de las religiones arcaicas, no parecen beneficiar en mucho al grupo de primates que las practica, en especial en lugares donde abundan depredadores. Usando las palabras de Dennett, Dawkins nos dice que para un darwinista los rituales religiosos "destacan como pavos reales en un claro soleado", haciendo referencia a que las plumas de la cola de los pavo reales macho son una señal de "coma aquí" para cualquier depredador. Tal vez la cola del pavo real no favorece la supervivencia de su poseedor, pero beneficia a los genes que lo distinguen de competidores menos espectaculares. ¿Pudo el sentimiento religioso evolucionar en el ser humano de manera análoga?

Por lo menos, no en el mismo sentido en que evolucionan las colas de los pavo reales, pues no parece ser que los ritos religiosos, como los sacrificios o las autoflagelaciones, sirvan para perpetuar los genes de la especie. Aquí es donde saltan la teoría de Dawkins por la que se hizo famoso en El gen egoísta y El fenotipo extendido. En este último, Dawkins ofrece una serie de teoremas, entre los que se encuentra el teorema central del fenotipo extendido:

El comportamiento de un animal tiende a maximizar las supervivencia de los genes que "expresan" esa conducta, con independencia de que esos genes se hallen en el cuerpo del animal que la lleva a cabo.(pág. 196).
El teorema central, dice Dawkins, sustituye el término "genes" por el de "replicadores". El que la religión sea ubicua probablemente signifique que ha operado en beneficio de algo, pero eso algo no tiene por qué ser nosotros o nuestros genes, dice el autor. Puede ser en beneficio de las propias ideas religiosas, hasta el punto de que estas se comporten de manera parecida a los genes, como replicadores. ¿Se imaginan hacia dónde se dirige Dawkins con tan extrañas metáforas casi animistas? Dawkins aquí se refiere a los replicadores culturales, las unidades básicas por las que ciertas ideas perduran en la cultura mientras que otras se extinguen: los memes. 

En un capítulo lleno de ideas tan estimulantes, Dawkins primero desecha las hipótesis que sugieren que la religión es producto de la satisfacción humana a la manera de una clase de placebo, así como la controvertida selección de grupo, abogando por el origen del sentido religioso como un subproducto de algo, Tal vez es el subproducto de que en los niños se les siembra el miedo a lo desconocido y la obediencia a la autoridad de un mayor. Aquellos cerebros infantiles que funcionen de este modo presentarán una ventaja selectiva. Un niño de una tribu tendrá más posibilidades de sobrevivir si se aleja de un arbusto que se mueve de manera sospechosa o si no come frutos que no conoce, acatando ciegamente lo que sus padres o el líder de la tribu le ordenan.Al igual que una polilla que muere a causa de seguir las lamparas repelentes como un subproducto de haber evolucionado para guiarse de noche por el brillo de la Luna, la evolución haría que la religión  sea un subproducto de la supervivencia en la tribu.
 La selección natural configura los cerebros de los niños con una tendencia a cree cualquier cosa que les digan sus padres y los mayores de la tribu. Esa obediencia confiada es un valor para la supervivencia de la tribu análogo a cómo las polillas se guían por la Luna. (pág. 208).
Esta hipótesis es similar a la que otros científicos, tales como las ideas que Hinde, Shermer, Boyer, Atran, Bloom, Dennett, Keleman, etc., han propuesto. La religión evolucionó como un subproducto de ciertas conductas culturales. ¿Cómo fue que la religión se perpetúo en todas las civilizaciones? A través de un proceso análogo de selección natural, pero donde las unidades de selección no son los genes, sino las ideas o mejor dicho, los memes. Toda esta idea descansa en el supuesto de que la selección natural aborrece el derroche, cualquier rasgo de una determinada especie debe conferirle alguna ventaja sin la que no habría podido sobrevivir, aunque no necesariamente tenía que redundar en la supervivencia del éxito reproductivo individual. Cualquier replicador lo puede hacer, y los genes solo son el ejemplo más obvio de replicador. Los memes, como unidades básicas de herencia cultural, en teoría, también podrían hacerlo. Dawkins de esta forma aplica su hipótesis de la memética al origen de la religión. De este mismo modo podemos plantear la misma pregunta sobre el origen de nuestras intuiciones morales. ¿Cómo se originaron? ¿Serán el subproducto de algo más? ¿Tiene la moral una conexión directa y necesaria con la religión?

Con una dedicación admirable, Dawkins se enfrenta también a esta pregunta pasando revista por las teorías de la psicología evolucionista. Podríamos profundizar un poco más en el asunto del origen evolutivo de la moral y la religión, pero estos capítulos tan solo sirven para que la argumentación siguiente de Dawkins tenga sentido. Después de todo, si la religión tuviera una clase de origen divino, no podríamos hablar de un libro ateo como El espejismo de Dios. Si la moral dependiera en algo de la religión, creo que sería justo que Dawkins frenara su ataque a ésta en nombre de la correcta moral. Los estudios en evolución cultural suelen ser bastante controvertidos. Sería interesante seguir en el tema, pero eso nos desviaría de la pregunta principal que planeo responder en esta reseña: ¿por qué El espejismo de Dios es una obra tan importante? Con tan solo dos capítulos dedicados a la evolución cultural, esta no puede ser el tema que hace importante al libro.

La moralidad sin religión y el adoctrinamiento religioso

Dawkins no solo argumenta en favor de la separación de la moralidad y la religión, sino que nos demuestra que si la religión fuera de verdad la fuente de la moral, el mundo sería más inmoral de lo que en realidad es. Tome de ejemplo un mundo imaginario donde la moral se fundamente totalmente en la Biblia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. ¿Cómo seríamos capaces de existir en una sociedad laica e ilustrada si esta basara sus valores morales en pasajes tan despreciables como los del Antiguo Testamento con Dios tiránico, celoso, homofóbico, misógino, traicionero y genocida? ¿Cómo podríamos existir en una sociedad que presume la tolerancia, la igualdad y el respeto, con un libro que promueve el asesinato para los infieles, los homosexuales y las personas que trabajen en sábado? El Antiguo Testamento debe ser visto como una prueba del Zeitgeist o espíritu de la época de la Edad de Hierro, pero no puede ser en modo alguno la guía de moralidad moderna alguna compatible con el siglo XXI.

 El Nuevo Testamento no sale mejor parado, con enseñanzas que van contra la integración de la familia, que defiende el sufrimiento basándose en la esperanza del placer en la otra vida, Dawkins no se opone a la preservación de estos textos sagrados como grandes obras de la cultura y la literatura universal; a lo que se opone es a usarlos como fuente de la moralidad. Por fortuna, la mayoría del mundo occidental, aunque se dice creyente en este texto sagrado, no guía sus valores y comportamientos morales en las Escrituras.

La fe absoluta y la moralidad moderna no se llevan bien. Podemos notar esto en los llamados "talibanes cristianos", fundamentalistas que se oponen a la legislación y los valores de avanzada, exigiendo el futuro de una nación cristiana. Así es como los argumentos en contra de los derechos de los homosexuales, la investigación con células madre, el derecho a la eutanasia o el aborto, se ven obstaculizados y satanizados por estos fanáticos en base a argumentos puramente religiosos. Lo peor, es que estos grupos cada vez comienzan a tener mayor poder político en países como EEUU. El fundamentalismo cristiano, para Dawkins es la versión más lógica de tomar la religión como base de la moralidad y la conducta.

Los llamados religiosos liberales o moderados, al adoctrinar a sus hijos y promover la idea de que la fe religiosa se privilegia por encima del pensamiento crítico, dice este autor, solo contribuye a la existencia del fanatismo. Al dedicar un capítulo entero a los peligros psicológicos y sociales que trae consigue el adoctrinamiento en niños y el temor a la amenaza del infierno, hace que cualquiera se estremezca y por un momento piense en que el adoctrinamiento de niños es posiblemente un crimen contra la humanidad que se está llevando justo ahora masivamente. Pero esto es un asunto en el que incluso Dawkins toma mucha cautela (he de confesar, mucha más de la que yo creía que tenía este biólogo). Lo que es más, para Dawkins no importa tanto si a los niños se les enseña o no religión. El contenido de lo que aprendan para pensar no importa tanto. Lo que importa es enseñar a los niños a pensar, para que así sean capaces de desarrollarse de manera normal en su infancia, obteniendo las capacidades críticas necesarias para que, una vez adulto, sea capaz de decidir si adoptar o no algún credo religioso.

El derecho de los padres a decidir cómo deben enseñar a sus hijos es otro tema espinoso, en el que se pone en duda los límites de la libertad religiosa y la libertad de expresión. Pero tampoco es que se prohíba de  modo tajante la religión en la infancia. Antes bien hay que enseñar a los niños sobre la importancia de la religión en la cultura, todo con el fin de acabar con el adoctrinamiento sectario de los fundamentalistas y la intromisión de las iglesias cristianas en la educación pública.

En conclusión

El libro termina en un capítulo titulado "¿Un vacío muy necesitado?" Esta es la pregunta que cualquiera que recién entra en el ateísmo se hace. Si la religión es falsa, no es necesaria para fundamentar la moralidad y no existe ni dios ni vida después de la muerte, ¿no deja todo esto un vacío existencial en cualquier persona? ¿No será mejor preservar la idea de Dios para llenar el vacío? Dawkins, al más puro estilo de Carl Sagan, nos dice que no es necesaria la religión ni ningún ente sobrenatural para llenar cualquier vacío existencial. El descubrimiento y el conocimiento científico, el amor al prójimo, el entendimiento de la biofilia o amor a la vida por medio de acicates de la conciencia como es la selección natural que nos muestra la conexión de todos los seres vivos en el llamado "árbol de la vida", nos ayudan a tener una vida plena, feliz, y sin vacío que alguna religión pueda llenar.

Es más común que las personas, tal vez por alguna clase de sentido común o por la carga cultural de una educación religiosa, sientan que, aunque sean irracionales, las creencias religiosas dan alguna clase de alivio para la vida. Algunos piensan que las creencias religiosas, aún cuando son sinsentidos, proveen cierta esperanza al moribundo en una vida más allá. Esto a veces es cierto para algunas personas, pero no tiene porque ser la regla. Lo que es más, la contemplación de la vida y el saber nuestro lugar en un Universo lleno de manifestaciones complejas de la materia nos puede reconfortar de la misma manera. Nos obliga a valorar esta vida, al ser la única que tenemos, y a dotarla de los propósitos que uno desea darle.

Cuando inicié el libro, debo admitirlo con algo vergüenza, esperaba encontrar una obra con argumentos descuidados y malas valoraciones en lo que respecta a la historia, la antropología y la filosofía de la religión. Esperaba encontrar a un hombre enojado con la irracionalidad religiosa. En vez de eso, me topé con la respuesta a una pregunta que tenía un tiempo haciéndomela a mí mismo: ¿por qué es tan importante El espejismo de Dios de Richard Dawkins? La importancia radica en que, aunque podamos encontrarnos con algunas vaguedades y errores, el libro es un manifiesto que defiende el futuro de la civilización ilustrada desde sus bases: los valores laicos y la educación científica y racional. Este no es un libro para filósofos o teólogos con aires de superioridad, sino para las personas normales que sienten que algo no anda bien con su fe o que le parece injusto el privilegio de respeto del que gozan las religiones. Este es un libro para aquellos que desean cuestionarse honestamente para averiguar en qué pueden creer; es para aquellos que se preguntan si su conducta tiene que depender siempre de alguien que los vigila o si por el contrario pueden ser buenas personas por sí mismas, como personas adultas y racionales que saben tomar decisiones y si está mal pensar eso.

El espejismo de Dios es una obra valiente, lo que no significa que sea incuestionable o que en todo tenga razón. Me gustaría profundizar más en mis estudios sobre evolución cultural para ver si las hipótesis de Dawkins se sostienen más allá de la especulación coherente con un pensamiento darwiniano. El libro de Dawkins es sin duda una escalera para el ateísmo.  Y como toda escalera, se trepa y después se deja en su lugar, reconociendo su valor como escalera, sin exagerar más allá su valor. El espejismo de Dios es un libro por el que cualquiera que desee cuestionar sus propias creencias podría empezar, para después volver a él y cuestionarlo. Eso es de lo que se compone un buen libro, creo yo.

Por Daniel Galarza Santiago.

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