29 de enero de 2017

Ciencia y democracia


José Luis Ferreira

Pablo Echenique-Robba, científico del CSIC y europarlamentario por Podemos, generó hace un tiempo una polémica tras una entrevista en Materia. Contestó Juan Ignacio Pérez Iglesias, ex-rector de la Euskal Herriko Unibertsitatea, biólogo que ostenta la Cátedra de Cultura Científica de esa universidad. Hubo también dos respuestas en Naukas (una y dos) por parte de Fernando Cervera Rodríguez, biólogo. En todas esas páginas se pueden leer numerosos comentarios tanto por estos tres científicos como por otras personas bien conocidas en el ámbito de la ciencia, su divulgación y del pensamiento crítico. Me pilló el debate en otras cosas y solo acerté a tuitir cuatro mensajes destinados a Pablo y Juan Ignacio.

El debate partió de algunas afirmaciones de Pablo Echenique en el sentido de diferenciar lo que cree como científico (p.e., que los transgénicos son seguros y que pueden ser de gran utilidad) y lo que debe apoyar como representante político (si su partido o la sociedad deciden que no quieren usar transgénicos).

Leo en los textos y en los comentarios posteriores que la discusión se centra en cuál debería ser la postura del científico y cuál la relación entre ciencia y democracia. Por ejemplo, hay quien dice que el científico debe insistir y no aceptar decisiones basadas en la irracionalidad a pesar de ser mayoritarias, ejerciendo oposición dentro del partido o de la sociedad y acusan a Pablo de tener una actitud demasiado permisiva. También se dice, con razón, que las proposiciones de la ciencia no se dilucidan democráticamente. Esto es cierto, pero no es algo que Pablo niegue.

Mi postura, que resumí en aquellos cuatro tuits y que toca temas que apenas he visto vislumbrar en algún comentario, es la siguiente:

1. La democracia nunca es 100% directa y asamblearia, ni lo puede ser, ni creo que la inmensa mayoría queremos que lo sea. Toda democracia tiene una parte de representación y el gobierno tiene siempre una cierta jerarquía.

2. Las leyes tienen también su jerarquía. Para cuestiones importantes y aprobadas por amplias mayorías, como la Constitución, se requieren también amplias mayorías para su cambio. La estructura básica del Estado, los Derechos Humanos y algunas cosas más están aquí recogidas.

3. Incluso dentro de la organización del Estado, la división de poderes supone un límite a lo que distintas mayorías pueden decidir en distintos momentos. El Parlamento no puede decidir por mayoría, ni simple ni cualificada, algo que sea ilegal según el ordenamiento jurídico.

4. Así pues, delegamos en representantes y en jueces ciertas potestades, y nos atamos las manos haciendo que ciertos compromisos sean difíciles de romper.

5. Propongo que, añadido a lo dicho, también existe un acuerdo tácito o explícito en la sociedad sobre cuestiones científicas y técnicas. Por ejemplo, el contenido de los libros de texto no se decide en votación popular, sino que se delega en expertos en cada una de las materias.

6. El contenido de las proposiciones científicas no es democrático, pero el uso de la ciencia y el control de la actividad científica sí lo son. Por ejemplo, la ciencia dirá qué efectos médicos primarios y secundarios y qué coste económico tendrá una campaña de vacunación, pero la decisión de vacunar será política. ¿Cómo se decide? ¿En qué nivel? ¿Debe ser sometido a referéndum? Esto último no lo creo, más bien el derecho de los que no tenemos toda la información o no sabemos bien cómo tratarla o interpretarla es a saber que los efectos han sido investigados de la mejor manera posible y que la decisión está en manos de gente informada y que responderá ante casos de negligencia o abusos en la decisión y que sus preferencias políticas en lo que toca a los fines (no tanto a los medios) se corresponden con las de la ciudadanía.

7. De la misma manera, debe ser parte del acuerdo social no votar si determinado tratamiento sea parte del sistema público de salud y sí lo debe ser el garantizar que los protocolos de atención sanitaria estén realizados con las mejores medidas que garanticen que se obra según la mejor evidencia.

8. Nada de lo anterior quita espacio a la acción política. Democráticamente decidiremos si queremos o no sanidad universal, si queremos o no corregir ciertas desigualdades, si queremos gastar los dineros públicos en más conciertos gratuitos o en polideportivos, por ejemplo.

9. Un político o un partido responsable debe abogar por estas maneras de decidir y no proponer demagógicamente que todas estas decisiones se hagan desde abajo, en asambleas indocumentadas, ni debe escudarse para hacer públicas sus posturas o apoyos políticos en que así se ha decidido en la asamblea.

10. Incluso en el mejor de los casos será imposible evitar que aquí y allá alguna cuestión se convierta de importante para la ciudadanía y que la postura mayoritaria sea contraria a la evidencia científica. Por ejemplo, una mayoría quiere prohibir tal producto o acción por entender que es perjudicial. En ese caso posiblemente se acabará prohibiendo, pero no debe ocurrir sin que todas las salvaguardas contra la irracionalidad hayan estado ahí ni sin que los científicos, expertos y políticos responsables se hayan proclamado en favor de la evidencia.

11. Es análogo al caso en que una mayoría social se empeña en discriminar a un colectivo sobre la base de datos erróneos (como que la adopción por parejas homosexuales es perjudicial para el niño): lo acabará haciendo. Toda la construcción de un Estado de Derecho se basa, o debería basarse, en que este tipo de medidas sin evidencias sean difíciles de tomar, al hacer que la jerarquía en la toma de decisiones, de aplicación de las leyes y de su control favorezcan las discusiones documentadas.

12. Antes de saber sobre qué vamos a debatir, todos querríamos que hubiera este tipo de garantías. Este debe ser nuestro acuerdo básico.

3 comentarios:

  1. Dos conceptos diferentes de democracia. Usted tiene una visión sustantivista y la de Echenique es procedimentalista. Usted cree que la democracia es un núcleo intocable de derechos humanos más las reglas básicas de funcionamiento del Estado mientras que para Echenique la democracia es un procedimiento y que nada queda fuera de él : votar. Lo digo para dejar claro que hablan de cosas diferentes.
    Recordemos una obviedad, la democracia es un procedimiento para tomar decisiones aceptables porque se participa en su génesis y están limitadas en sus efectos. Por tanto, su relación con la verdad es, como mínimo, conflictiva.
    La representatividad y la rendición de cuentas son dos caras de la misma moneda. No se eligen representantes por ser más listos, racionales o preparados sino que se eligen porque es más sencillo (y efectivo) quitarles el poder que decir que los votantes se han equivocado. La identidad del culpable es clara. Por eso lo que necesitan quienes buscan la verdad es independencia, en ningún caso control ni democrático ni de otro tipo. La continuidad de un gobierno depende de la aceptación de los votantes, no de que sus decisiones sean acertadas o no, sin embargo el trabajo de un científico depende (o es deseable que lo haga) de la calidad técnica de su trabajo.
    Lo que expongo no tiene nada que ver con la legitimidad de origen porque creo que tal cosa no existe sino con la eficacia. La democracia funciona, esa es su legitimidad, y funciona bien cuando hay una pluralidad tanto de opiniones como de niveles de calidad en ellas.

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    1. Me cuesta entender qué estás planteando exactamente y qué tiene que ver con la entrada.

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    2. 1)Quería decir que Echenique no estaría de acuerdo en los puntos del 1 al 4 porque él entiende la democracia de una manera procedimental y usted es un sustantivista. Si el poder está en el pueblo se puede votar sobre todo, el pueblo tiene un poder ilimitado, esa sería la postura de Echenique. De ahí lo del eterno constituyente, etc.
      2)Si el trabajo de un científico dependiera de los votantes tendría un conflicto entre su deber de buscar la verdad de acuerdo al método y satisfacer a los votantes a los que la verdad no tiene por qué importarles. Por eso nuestros representantes no buscan la verdad sino que conjugan intereses: los propios (reelección), los de sus votantes y los de sus posibles votantes.
      3) La democracia no toma decisiones correctas ni está pensada para eso sino que está pensada para tomar decisiones aceptables. Si se toma la decisión correcta pero su destinatario no la acepta el resultado puede ser bueno a corto plazo (por ejemplo en las dictaduras) pero a medio y largo plazo lleva a peores situaciones.
      Ejemplo, el hundimiento del Prestige. El capitán quería hacer lo correcto (cuidar, por este orden, tripulación, barco, carga) y embarrancar cerca de la costa. Los técnicos del ministerio dieron su opinión técnica, embarrancar el barco, con lo que queda más protegido, y sacar a la tripulación y el combustible. El ministro tomó la decisión de alejar el barco con el resultado conocido. Ni él ni los votantes que le presionaban tenían ni idea de barcos pero era la decisión aceptable para unos y, por tanto, buena para él. Quiero decir que el técnico puede actuar como técnico porque su trabajo no depende de los votantes. Y el científico igual. La democracia funciona a medio y largo plazo porque las decisiones se toman así aunque a corto tengamos una marea negra. Es imposible que todos sepamos lo suficiente de todo como para juzgar la evidencia. Sin embargo se nos pide opinión sobre todo (y así funciona mejor).
      4) Son cosas muy diferentes las reglas del juego democrático (que sería la parte rígida de la constitución)porque sin ellas no hay democracia que tomar decisiones sobre cualquier otra cosa que no ponga en riesgo la democracia. Aquí prima la aceptabilidad. Si no, la democracia no funciona.

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