18 de diciembre de 2016

Tú no eres simio.


José Luis Ferreira

Cuando se estrenó, fui con la familia a ver El amanecer del planeta de los simios (Dawn of the planet of the apes). No voy a hacer ninguna crítica ni recomendación, solo destacar una escena que, advierto, puede ser spoiler.

La acción transcurre con una población humana muy reducida tras una enfermedad apocalíptica procedente de los simios, que los humanos tenían como animales de compañía y de faena. Los simios quedaron libres, genéticamente desarrollados, con inteligencia y formando una sociedad ajenos a los humanos, que creen extintos. La sociedad de los simios es primitiva, pero ya tienen escuelas en las que enseñan a los pequeños una de las ideas que los unen: Ape not kill ape, así escrito, con la gramática y escritura que alcanzan a manejar. Cuando llega el encuentro entre humanos y simios se producen conflictos y división de pareceres. Lo que me importa destacar es cómo un grupo de simios, dirigidos por Koba, pretende acabar con los humanos. Razones no les faltan, desde el trato recibido en la etapa anterior hasta el comportamiento de algunos humanos tras el reencuentro. En ambos bandos hay quien quiere construir una convivencia pacífica, pero las circunstancias se lo ponen muy difícil. Koba lleva la situación al límite y acaba matando a algún simio. Aunque ya es tarde para un arreglo con los humanos, César, el líder pacifista, logra vencer a Koba que, tras la pelea, está a punto de caer al vacío. Solo le sujeta la mano de César. Koba le recuerda la máxima de la sociedad simia para que no lo deje caer. Tras un breve momento de duda, César le contesta: tú no eres simio, y lo suelta. Todos en el cine aplauden.

¿Todos? No todos. Yo no aplaudo. No porque me compadezca de Koba y hubiera preferido un juicio justo y cosas así, sino porque César acaba de generar un mal precedente con una mentira (algo que no es deseable, pero sí realista y permite que la película sea precuela de la serie original). Koba sí es un simio, mal que les pese a quienes creen en las utopías. Negar la condición de simio a un individuo para poder saltarse las reglas morales es un recurso que hemos visto, mutatis mutandi, en demasiadas ocasiones. El bárbaro o el salvaje frente al civilizado, el infiel frente al creyente, el negro frente al blanco, el contrarrevolucionario frente al pueblo, y así en mil ejemplos más. La historia se repite, desde genocidios hasta casos más mundanos de pertenencia a grupos. "No es de los nuestros" puede justificar cualquier cosa.

Afortunadamente, vivimos en tiempos más civilizados y las consecuencias son menos graves, aunque las sigue habiendo. Algunas gentes de izquierda niegan a otras el ser de izquierdas porque no concuerdan con su visión de la izquierda (por ejemplo, hay quien todavía cree que nadie que sea nacionalista puede ser de izquierdas a pesar de toda la abrumadora evidencia en contra). Todos los grupos tendrán sus moderados y sus exaltados, sus racionales y sus irracionales. Son de izquierda tanto los que quieren una revolución de la que nadie sabe cómo saldremos parados como los moderados socialdemócratas o liberales de izquierda. Como también son liberales estos últimos y también los anarcocapitalistas. Como son vascos tanto los de Bildu como los del PP vasco.

Es de destacar cómo en la derecha actual esta negación no se da. No veo a nadie repartiendo credenciales de derechismo. Todos parecen ser bienvenidos, y así está bien unida en España y con buena salud a pesar de su pésima gestión de la crisis y para incredulidad de la izquierda.

Yo mismo he estado tentado de decir que los austriacos no son liberales, o que los escépticos que creen en utopías económicas no son escépticos. Siempre me he contenido y he aceptado las contradicciones e imperfecciones de los grupos humanos. O eso intento.

9 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho. Me gustaría poner un ejemplo extremo para saber tu opinión. ¿Era Hitler socialdemócrata? El ejemplo peca de ser extremo, pero ¿donde se pone la línea?

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    1. Las líneas son difusas siempre, pero en este caso no creo que haya ninguna duda. El nacionalismo totalitario, el genocidio, el belicismo, el uso de mano de obra esclava, la negación de derechos y unas cuantas cosas más ponen a Hitler demasiado lejos de la socialdemocracia como para dedicarle un segundo más a la idea de que sea parte de ella.

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    2. Hitler era socialista, nacionalista y racista. No es una cuestión de lineas, esas tres ideologías actúan en ámbitos totalmente distintos.

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  2. Estoy de acuerdo con las conclusiones pero creo que el caso de César y Koba es distinto. Creo que César actúa desde la ética de la responsabilidad y desde ese punto de vista actúa correctamente. Es una decisión de constitución de una polis, no una decisión moral. Una polis donde el mono que mata monos no tiene cabida. Actúa como líder con un trabajo que cumplir. Digamos que "mono no mata a mono" no es una norma moral sino una constitución militante.

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    1. Una cosa es tener una norma que diga "mono no mata a mono" y otra decir que la razón por la que se puede castigar a un mono a la pena de muerte es "porque no es mono", o justificar que se aparte del grupo a alguien tras "desmonizarlo". El hacer estas cosas es lo que hace malo el planteamiento de César. A pesar de que se pueda pensar que el acto final es correcto, el proceso erróneo que lleva a él (o parte del proceso) lleva también a graves problemas sociales.

      La manera más fácil de justificar un genocidio o la exterminación del adversario empieza por despojar de humanidad al que se quiere aniquilar.

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    2. Lo sé, lo sé y estoy de acuerdo. Y si tuviera que tomar una decisión real dudaría menos que por aquí que me puedo permitir hacer de abogado del diablo. Mis dudas vienen porque es un momento fundacional y porque Kabo incumple la regla constituyente. Es un mono pero no un ciudadano (iba a poner ciudadamono pero no abusemos). Se autoexcluye, es otro, no le echa nadie. "Mono no mata a mono " es una norma constituyente, respetarla te convierte en ciudadano, en miembro de una polis. No es una regla que se pueda incumplir y, una vez purgada la pena, volver a reintegrarte. En términos (+o-)católicos sería un pecado mortal no redimible. Por eso digo que es un momento fundacional, ese crimen funda una comunidad de ciudadanos.

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    3. Entonces es como Moisés, que por su falta no entra en la república prometida.

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    4. Y entonces la película no sería lo que pasó sino el relato mítico-heroico que narra la fundación de la nación. Y Koba es un diminutivo de Jacob. Ahí lo dejo.

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  3. Y ya que hablo de mitos, desde la hermenéutica simbólica que mamé hace años, la película estaría más emparentada con los cuadros de la Virgen María aplastando la cabeza de la serpiente. El triunfo de lo masculino sobre lo femenino (hablo de símbolos no de sexo). César, el nacido por cesárea, sería el arquetipo masculino desde su nacimiento no vaginal, sin contaminación femenina y Koba (Jacob) es el favorito de la madre, el que usurpa la primogenitura y la bendición paterna con los engaños de su madre. El triunfo de la razón, del derecho positivo y del estado frente a caos, el derecho natural y la tribu. No he podido evitarlo ��

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