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La iniciación en el culto contra el miedo a la muerte

Por Alejandro Miñano
“Llegué hasta la línea divisoria que separa la vida de la muerte. En el inframundo traspasé el umbral de Perséfone, y después de haber viajado a través de todos los elementos, emprendí de nuevo el regreso”.
Este texto tiene más de dos mil años de antigüedad y procede de un hombre anónimo que había sido iniciado en los antiguos cultos mistéricos, reservados únicamente a los iniciados, un círculo muy elitista. El hombre creía que iniciándose en los misterios participaría del poder divino y podría sacar provecho de ello en la vida después de la muerte. Todos los que no hubieran experimentado una iniciación a través de los misterios, estarían destinados al Hades.
Lo que les sucedía en la iniciación era una vivencia simbólica o ritual de la muerte. Ésta tenía que ver con la oscuridad, el recogimiento y con un retiro completo,  así que los sacerdotes escenificaban hábilmente la “vivencia”. Los creyentes entendían esta escenificación como su propia salvación tan pronto como se produjera su muerte real. El objetivo es que seguirían existiendo en el más allá, de manera consciente, y no como una sombra, un espectro.
En la antigüedad se originaron diferentes cultos mistéricos, como los Misterios eleusinos en Grecia, explicados en el siguiente enlace: Misterios
El objetivo de la iniciación era adquirir unos conocimientos secretos. Estos conocimientos capacitaban al que participaba de los misterios para distinguir en profundidad lo divino de lo humano, lo terrenal de lo ultraterrenal pero, además, lo capacitaban para que perdiera el miedo a la muerte. En definitiva, al iniciado se le presentaba un camino mejor que al resto de los mortales.
Deméter
Deméter
La iniciación tenía lugar fundamentalmente porque la vida del individuo se hallaba ligada a la de los dioses. Por ejemplo, Deméter se lamentaba porque su hija Perséfone había sido raptada por Hades, dios de la muerte, así, de esta manera, el hombre reconocía en esto que los seres sobrenaturales tenían sentimientos similares a los suyos. De este modo se estrechó el vínculo entre dios y hombre por lo que los hombres se sentían unidos a su dios por encima de su propia muerte. El dios sobre el que se había experimentado en la iniciación se situaba en un plano humano; la persona iniciada se sentía emparentada a este dios en el luto, en el dolor y en el miedo. Esta relación estrecha la experimentaban exclusivamente los iniciados en los cultos mistéricos. A quien no hubiera sido iniciado le aguardaría otro destino lleno de horrores y peligros. Estar muerto significaba tener que vegetar por toda la eternidad como una sombra.
“ Que la iniciación te permita a ti, hombre, perdurar en el tiempo más allá de la propia muerte. Sin embargo, todos los que no hayan sido iniciados, deberán permanecer hundidos en el fango eternamente filtrando agua con una criba. (…) Los no iniciados no pasan por el filtro y son eliminados. A continuación, serán aniquilados por los demonios guardianes de puertas”.
La iniciación en los cultos mistéricos debía de ser sin duda una vivencia única, especial y penetrante. Se cree que al iniciado le aplicaban determinadas técnicas para alcanzar el éxtasis, que le provocaban estados psíquicos hasta entonces nunca experimentados. El éxtasis lo capacitaba para una percepción sobrenatural. En ese estado, el iniciado podía verse cara a cara frente a Deméter. Esta experiencia era percibida como algo completamente real por los iniciados.
Deméter era experimentada del siguiente modo: el hombre embargado por el éxtasis dice: “Yo soy ceniza, la ceniza es tierra, la tierra es una diosa, entonces no estoy muerto”.  La cercanía de la diosa sería felizmente percibida en ese momento. Después el iniciado continuaba: “He entrado en el castillo de la diosa del inframundo”. Él sabía que de estas entrañas brotaría una vida nueva, pues vida y muerte van de la mano. De esta manera, cada iniciado, a través de esta experiencia, se libraría del miedo a la muerte.

Fuente original: animasmundi

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