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El Marxismo vs la Economía moderna (2)


José Luis Ferreira

En la entrada anterior vimos cómo tratan el marxismo y la economía moderna las ideas de "valor", "excedente" y "explotación" y cómo el marxismo erraba por la base. Sigamos con "pobreza", "desigualdad" y "lucha de clases".

4. Pobreza

El marxismo llega a la conclusión de que los trabajadores cada vez serán más pobres. Esto es un error doble: (i) no se deduce lógicamente de las premisas de la teoría marxista, (ii) empíricamente no ha ocurrido ni se espera que ocurra. La Economía moderna muestra que la complementariedad entre trabajo y tecnología permite a los trabajadores ser remunerados por una productividad cada vez mayor. Aquí los seguidores de Marx empezaron a decir cosas como que la razón de no observar la depauperización del proletariado es porque las empresas occidentales se expandían por el Tercer Mundo, donde sí había esa depauperización. La Economía moderna muestra que tanto con esta expansión como con el desarrollo de empresas propias en el Tercer Mundo lo que se produce es la posibilidad de que los países pobres puedan salir de su pobreza (si toman las políticas económicas correctas y están libres de calamidades como guerras y sátrapas). Esto último es lo observado históricamente.

5. Lucha contra la desigualdad

El marxismo propone "a cada uno según sus necesidades, de cada uno según sus posibilidades". Maravillosa teoría, pero para la especie equivocada, como dijera E. O. Wilson. ¿Quién decide cuánto puedo trabajar o qué tan bien o mal sé tomar decisiones de dónde hacer nuevas inversiones de recursos? ¿Quién decide mis necesidades? Han sido las maneras absurdas de responder a estas preguntas las que han llevado a los regímenes comunistas que en el mundo han sido al fracaso, y no tanto enfrentamientos, guerras frías o bloqueos. Todo eso puede haber contribuido, pero en todos esos países, cada vez que introducían alguna apertura económica en el sentido que marca la Economía moderna, lograban avances y cada vez que volvían a la ortodoxia volvían también al estancamiento. Ha ocurrido en la URSS, en Cuba, en China y en todos los demás países.

La Economía moderna dota de mejores herramientas para luchar contra la desigualdad a un gobierno que quiera hacerlo. Primero, la competencia es una gran disciplina contra las desigualdades. Una empresa que gane excesivamente verá cómo le nacen competidores como setas. Un trabajador especializado que cobre grandes salarios verá cómo otros intentan ser como él. Segundo, el Estado puede corregir desigualdades sociales mediante políticas de igualdad de oportunidades (mediante programas de salud y educación universales) y mediante políticas que palien la desigualdad de resultados (transferencias de rentas, p.e.). La Economía moderna dice, por ejemplo, cómo las políticas de renta son, en este sentido, mucho mejores que las políticas de precios o de cuotas. Los países que han aprovechado estas ventajas son los que han conseguido las sociedades más igualitarias que ha conocido la Historia (tal vez no la Prehistoria).

Todo es mejorable, y en este blog se han criticado muchas cosas de cómo se lleva la Economía en España y Europa y se han apoyado unas cuantas medidas para mejorarla.

6. Lucha de clases

El marxismo distingue básicamente entre los que tienen la propiedad de los medios de producción y los que no. Como los primeros viven de parasitar sobre los segundos (según la teoría de la plusvalía) su primer interés es que las cosas sigan así, mientras que los segundos deben hacer desaparecer a esa clase parásita. Pero la realidad tiene la costumbre de ser más complicada, por ejemplo, qué diremos de los pequeños empresarios, los autónomos, dueños de medios de producción, pero no especialmente ricos, o qué de los asalariados que cobran grandes cantidades. Ante esto los marxistas han añadido complicaciones ad hoc como "lo que define es a quién se sirve", "lo que importa es la conciencia de clase", etc. que acaban de hacer de su idea de clase una hipótesis no falsable. Al final la definición queda al arbitrio de quien la hace, pero lo importante es qué análisis se hace con este concepto (en la definición que sea) y ya hemos visto que parte de un concepto equivocado.

Las explicaciones de procesos históricos con el concepto de lucha de clases marxista caen, además, en el problema del funcionalismo. El que al grupo X le convenga la medida A no quiere decir que los individuos del grupo X hagan nada al respecto; hay por una parte un problema de acción colectiva, y, por otra, el de lograr convencer a las autoridades para conseguir esa política. Historiadores marxistas más sofisticados hace mucho tiempo que abandonaron ese funcionalismo infantil (por ejemplo, David Abraham en su libro El colapso de la república de Weimar).

La Economía moderna permite hablar de ricos y pobres y de estratos intermedios y permite integrar conceptos como "grupo de presión", mucho más versátil que el de clase y, desde luego, dispone de herramientas para no caer en el funcionalismo señalado. No todos los propietarios de grandes empresas tienen los mismos intereses, ni todos los trabajadores. Pero en la medida que algún subgrupo de ellos tengan intereses comunes podrán ser un grupo de presión. La teoría económica, al tener una medida de la retribución por productividad es capaz de dirimir si un grupo de presión es, efectivamente, más poderoso que otro y puede complementar a análisis sociológicos y políticos para analizar influencias, connivencias y corrupciones.

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