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La delgada línea para "poder" expresarnos.



Primero que nada le expreso, amable lector de Filosofía en la Red, una disculpa profunda tras una ausencia larga y considerable de publicaciones. Algunos compromisos y contratiempos hicieron imposible mantenerme al día con ellas pero prometo ser, desde hoy, semanalmente activo con mi colaboración agradeciendo de antemano a Roberto Augusto su paciencia y oportunidad de colaborar con ustedes. 

Mi primera columna en éste blog fue precisamente sobre la libertad de expresión. En esa ocasión el discurso se centró en los atentados hacia la revista sátirica Charlie Hebdo -el siete de enero del dos mil quince- y la consecuente solidarización del mundo hacia con ellos en pro de la libertad de expresión. 

Con el paso de los días el hashtag #JeSiuisCharlie [#TodosSomosCharlie] se volvió la bandera de apoyo a las víctimas -de los atentados- pero, sobretodo, se convirtió en un grito mundial en pro de los derechos democráticos frente a grupos o ideologías fundamentalistas. 

Éstos últimos días Charlie Hebdo ha vuelto a ser atención mundial. ¿El motivo?: la publicación de una viñeta que se mofó de las víctimas del sismo del veinticuatro de agosto [dos mil dieciséis] de seis puntos dos grados de magnitud en Italia que dejó, entre otras muchas cosas, más de trescientos muertos. 

¿Seguimos siendo todos Charlie Hebdo?

La reacción en cadena que provocó el semanario francés no se hizo esperar. El mundo se cuestiona sobre qué tan políticamente correcto fue hacer dicha mofa, si la libertad debe de tener un límite... y si al ponerlo se caería en la tentación de censurar. 

Quise hacer esta introducción -quizá fuera de contexto pero al mismo tiempo parte de- para dar pauta a un caso que sucedió en mi país, México, en donde se nos dice que tenemos libertad de expresión. 

En días recientes [el veintiocho de agosto, dos mil dieciséis] falleció un artista, cantante, autor y, sin duda, un representante de la música mexicana: Alberto Aguilera Valadez, mejor conocido como Juan Gabriel. En mi blog hablé sobre él y sobre la doble moral que la sociedad mexicana ha encarnado: 

¿Por qué? Porque un país que marcha en contra de los derechos de los homosexuales se rinde en homenajes y honores, incluso en el Palacio de las Bellas Artes, a un cantautor abiertamente homosexual. Y en televisión nacional. 

Y este país que vive con la muerte de Juan Gabriel una etapa bipolar con respecto a miembros de la comunidad LGBT defiende a capa y espada a su Divo muerto. Tan es así que luego de una publicación de Nicolás Alvarado, quien fuese director por ocho meses de TV UNAM [canal de televisión pública de la máxima Casa de Estudios del país], éste tuviera que renunciar a su cargo. 

¿La causa?: haber ofendido a Juanga, como le decíamos de cariño. 

En la polémica columna, que a mi gusto personal fue malinterpretada, el autor calificó al difunto artista como un letrista torpe con una vestimenta que le irrita no por jota sino por naca.

Según Felipe López, ex director de Radio Unam, las lamentables declaraciones -así dijo- no son un tema de libertad de expresión [...] pero viniendo de un director de una televisora pública que pertenece a la máxima casa de estudios del país [...] para algunos sectores las palabras serán discriminatorias por el tono de naco o jotas [...] porque están en contra de los principios objetivos [...] que tienen que estar basados en la tolerancia, respeto y defensa de los derechos humanos. 

Y la pregunta del millón... ¿ser funcionario público, ó al serlo, te quita el derecho de expresar tu opinión personal? Creo que no. 

Todos tenemos el derecho de expresarnos libremente. Y aunque el artículo diecinueve de la Declaración de los Derechos Humanos expresa que al ejercerla [la Libertad de Expresión] no debemos de violar los derechos o reputación de los otros ésta no se debe de censurar ni restringir. 

¿Costarte tu trabajo? La respuesta, amable lector, para mí es que tampoco. Aunque tengas un cargo, cuál sea que éste fuere, no renunciamos a nuestra identidad y firma personal. Podemos -y debemos- expresarnos como nosotros y, cuando firmemos o declaremos en nuestro cargo, evidentemente, limitaremos nuestro hablar a las políticas de la institución a la que pertenecemos. 

Nicolás Alvarado publicó como Nicolás Alvarado no como director de TV UNAM. Y así como criticamos a los fundamentalistas islámicos de no tolerar burlas hacia Alá y su profeta defendiendo a Charlie Hebdo debemos aceptar que aunque raye en lo indecente la burla al sismo de Italia, a un ídolo como Juanga o a una tragedia como el accidente de Malaysia Airlines... la libertad no debe de ser acotada porque aunque es una línea muy delgada se tiene el riesgo de censurar, y por tanto, en caer en totalitarismos. 

Y eso sí sería una verdadera desgracia. 



La imagen del artículo es original del Periódico Tiempo

Comentarios

  1. ¿Es una entrada de broma?

    Apenas publican una de tu compañero David Osorio el mismo que se queja de que le llamen maniqueo y fraude (que lo es), y va a quejarse de que todo es mentira menos lo que él dice.

    Ahora, eso de la censura es un grave problema que tienen en varios blogs del tufo seudoescéptico. Naukas, la ciencia y sus demonios, la mentira está ahí fuera, magonia, censuran comentarios. Y lo saben, y de eso no dicen nada.

    Tu entrada es una vil hipocresía. Espero que el día que Hebdo publique burlas al movimiento que tanto defiendes o del pederasta Randi (ahora por fortuna investigado por el FBI por más de tres décadas), te rías y no vengas a quejarte.

    El día que salgan viñetas burlándose del fraude de "De Avanzada" o de Diplotti o de otros, te rías y no te hagas en ofendido.

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