11 de septiembre de 2016

Acabar una discusión con los papeles intercambiados


José Luis Ferreira

Hay un tipo de discusiones que me gustan especialmente. Ocurren cuando se intercambian los papeles que, a priori, nos había asignado mi interlocutor a él y a mí.

Ejemplo 1: Mi interlocutor defiende un sistema de tasas gratuitas, o casi, para la universidad. Como lo que tenemos, pero con matrículas todavía más reducidas. Yo contesto que otro sistema puede ser mejor, por ejemplo, el cobrar en la matrícula el coste íntegro de la educación y luego dar becas a los estudiantes según notas y según ingresos. Mi contertulio me llama neoliberal por querer cobrar, mientras que él se tiene por muy progresista. Craso error.

Según avanza la discusión y hacemos números queda claro que el sistema de mi ejemplo tiene varias ventajas: (i) es más barato, (ii) permite dar becas salario a los buenos estudiantes sin recursos, (iii) corrige el gasto regresivo que ahora es la universidad (van hijos de ricos en mucha mayor proporción que hijos de pobres) y (iv) permite aumentar la calidad sacando del sistema a los malos estudiantes. Ante tamaña cantidad de argumentos mi interlocutor hace unas confusas apelaciones a (i) el derecho a estudiar gratis en la universidad, (ii) que los ricos ya han pagado sus impuestos en mayor proporción que los pobres y (iii) que los hijos tienen derechos independientemente de la renta de sus padres.

Han cambiado las tornas y ahora soy yo el acérrimo defensor de la igualdad de oportunidades y de la búsqueda de mecanismos que nos ayuden a ello en detrimento de los mecanismos facilones que tienen consecuencias distintas de las que uno podría pensar.

Ejemplo 2: Mi interlocutor dice que es neoliberal eso de aumentar la edad de la jubilación, que (i) es mejor trabajar menos para trabajar todos, (ii) la gente prefiere jubilarse antes y (iii) las pensiones se pueden pagar con el aumento de la productividad futura y con más impuestos a los ricos.

Ante eso argumento que (i) el número de puestos de trabajo no es fijo y que la relación entre contratación y trabajo de mayores no está relacionado con menos trabajo juvenil sino todo lo contrario, (ii) la gente prefiere jubilarse antes si va a cobrar lo mismo, pero que si va a cobrar menos, la gente prefiere jubilarse más tarde, con un aumento del bienestar social (iii) la productividad es irrelevante para el cálculo de la proporción de renta que dedicar a las pensiones a no ser que uno quiera congelarlas y que los impuestos a los ricos no van a generar suficientes ingresos para pagar al doble de pensionistas, que es lo que se nos viene encima dentro de unos años.

Sin adaptarse a este aumento en el futuro las pensiones serán menores que ahora en relación al último salario y en relación al salario medio en ese momento. Previendo esto muchos trabajadores contratarán planes privados.

Han vuelto a cambiar las tornas, ahora soy yo el que propone planes que ayudan al sostenimiento del sistema público de pensiones mientras mi interlocutor se lo carga. Y soy yo el que defiende un balance trabajo/jubilación más acorde con las preferencias de los ciudadanos tal y como se refleja en su comportamiento en la encuesta de presupuestos familiares y otras macroencuestas.

Mi interlocutor no acepta mis argumentos y sigue creyendo que estoy engañado y que quiero engañarle a él porque él sabe que hay sesudos economistas que han hecho mil trabajos que le dan al razón. Al parecer, el no poder encontrar ninguno de esos trabajos no le causa extrañeza. Él sabe que tienen que estar. Si no, no habría tanta gente defendiendo lo que defiende él.

4 comentarios:

  1. Es sobre discriminación racial en Estados Unidos pero Roger Senserrich trata una idea parecida en un post de Politikon titulado "Evidencia, discriminación y activismo". Reproduzco el final: "Bienvenidos al mundo de legislación bienintencionada para combatir discriminación racial que hace exactamente lo contrario de lo que debería. El hecho que sea sobre una ley que es (en parte) culpa nuestra que haya entrado no me hace especialmente feliz. Moraleja: aprobar políticas públicas sin mirar la evidencia empírica es mala idea. Otra vez."

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    1. De ese tema en concreto que sacó Juanmari, le recomiendo a Sowell en "Affirmative Action Around the World: An Empirical Study", que viene a decir lo mismo. Arrollador.

      Por lo demás, buen artículo. El eterno problema medios-fines que pocos acaban de querer entender.

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    2. Sowell dice eso, pero no parece estar bien encaminado:
      http://mappingignorance.org/2013/07/30/the-effects-of-affirmative-action-policies-against-discrimination/

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