Ir al contenido principal

Gustavo Bueno, in memoriam (Andrés Carmona)


09/08/2016.

            Antes de ayer falleció Gustavo Bueno, uno de los mejores filósofos en lengua española y que merece ocupar un puesto en la Historia Universal de la Filosofía. En lo que sigue no voy a caer en la costumbre de ensalzar al recién fallecido y convertido en la mejor persona del mundo solo por haber muerto, diciendo alabanzas de él que jamás le hubiéramos dicho en vida. Más bien haré algo que seguramente a él le hubiera gustado más: reflexionar sobre su legado de forma crítica y polémica.

            Para empezar diré por qué considero que Bueno fue un Filósofo, con mayúsculas, y justificaré su merecido lugar al lado de los más grandes en la Historia de la Filosofía. La razón principal es que el propósito de Bueno era elaborar todo un Sistema de Filosofía. Es decir, que abordara todas las áreas de la filosofía de forma completa, lógica y sistemática, dando lugar a un conjunto coherente y fructífero, que permitiera a quien lo dominara trabajar en él y obtener resultados. Otra cosa es que lo lograra, o que un propósito así sea posible y viable. Pero haberlo intentado y el resultado obtenido ya justifican la inclusión de Bueno en el panteón de los mejores en ese sentido. Pocos merecen un lugar ahí, pero Gustavo Bueno se lo ganó al lado de Platón, Aristóteles, Kant o Hegel. Los sistemas respectivos de cada uno nos gustarán más o menos, pero el mérito de construirlos y su contribución a la filosofía ya es bastante.

            Lo anterior distingue a Bueno como Filósofo de otros filósofos (con minúscula), profesores de filosofía o divulgadores que no tenemos sistema propio, que trabajan el de otros, que se especializan en un área de la filosofía, o que divulgamos lo mejor que podemos lo que sabemos de filosofía.

            Otro gran mérito de Bueno es su propia definición de Filosofía. Lejos de ambigüedades o formulaciones rimbombantes de aparente profundidad pero totalmente superficiales (del tipo la filosofía es consustancial al ser humano, todos los seres humanos somos filósofos, por qué el ser y no la nada…), Bueno establece que la filosofía es un saber, racional, implantado, crítico, sistemático, polémico, de segundo grado y que se ocupa de Ideas. Esto le permite distinguir claramente lo que es la filosofía de lo que no es, así como mostrar las relaciones entre filosofía y otros saberes, especialmente los científicos. Lo que, dicho sea de paso, tiene enorme valor a la hora de hacer Historia de la Filosofía, pues delimita el objeto (o campo) de estudio de dicha Historia y sus orígenes, desmontando el mito de la filosofía como saber primigenio, madre de las ciencias o tronco del árbol del saber (del que las ciencias serían sus ramas). La filosofía aparece como un saber de segundo grado que se alimenta de otros materiales y saberes de primer grado, alimentación (metafórica) que consiste en triturar (criticar) esos saberes o pseudosaberes buscando y articulando more geometrico la symplokhé (entretejimiento, relación) entre las Ideas que resulten de ellos.

            La orientación materialista del sistema de Bueno es otro mérito en su haber, frente al formalismo, espiritualismo o idealismo de otros sistemas. Así como su dialéctica, distinta tanto de la hegeliana como de la marxista (aunque alimentada de ellas). Resulta así un Materialismo Filosófico (MF) que pretende superar al Diamat (materialismo dialéctico soviético) que siempre tuvo como referencia crítica, así como a otros materialismos (sobre todo monistas).

            Otro punto a favor de Bueno es que el carácter sistemático de su filosofía permite el trabajo colegiado dentro de ese sistema. De esta forma, la filosofía, lejos de ser el producto de la reflexión meramente individual de un pensador aislado, viene a ser el resultado de un trabajo colectivo, activo y coherente entre varias personas con un programa común. De hecho, la filosofía de Bueno ha sido desarrollada por lo que ha dado en llamarse la Escuela de Oviedo o “buenistas”, es decir, todos los discípulos del maestro Bueno que han utilizado su sistema de filosofía aplicándolo por sí mismos y divulgándolo, primero en la revista El Basilisco, y después a través de la Fundación Gustavo Bueno y de internet (el Catoblepas, por ejemplo, o la imprescindible filosofía.org). Como dijimos al principio, otra cosa es que el resultado final cumpla con estas expectativas, pero sea así o no, el mérito es innegable. Lo que coloca al Materialismo Filosófico en la tradición de las escuelas filosóficas junto a la Academia de Platón, el Liceo de Aristóteles, el epicureísmo, el estoicismo, la Escolástica, el hegelianismo o el marxismo.

            El carácter racional, implantado, crítico y polémico que califican a la filosofía, según Bueno, tiene el inmenso valor de poder desmitificar (o mitificar) multitud de mitos existentes, intentando clarificarlos y denunciarlos según sea el caso. Así, Bueno ha procedido a la crítica de los mitos de la Cultura, la Izquierda, la Derecha, la Felicidad, etc. (o &c., que escribiría él). Por otra parte, lejos del “buenrollismo” y el “tolerantismo” de otras concepciones filosóficas, la suya propia ha estado en “guerra” continua con todas las demás, mostrando sus insuficiencias y debilidades desde su propia perspectiva. Ardor guerrero que no ha dejado bicho con cabeza, repartiendo por igual a la religión, la teología, la ciencia y las demás filosofías. Lo que ha dado lugar a que gran parte de su filosofía se haya desarrollado in medias res de esas polémicas, por ejemplo las habidas con Sacristán sobre la propia concepción de la filosofía (que dio lugar al libro El papel de la filosofía en el conjunto del saber (1970)).

            Algo más que hay que reconocer a la filosofía de Bueno es su enorme labor en pro de la filosofía española. El propio Bueno y sus seguidores han realizado un trabajo encomiable en la recuperación y vindicación de los pensadores españoles y sus aportaciones a la filosofía, muchas de ellas ignoradas o atribuidas a otros filósofos extranjeros sin reconocimiento del antecedente patrio de las mismas. Destaca aquí el trabajo realizado en torno a Benito Jerónimo Feijoo.

            La filosofía de Bueno no fue, ni mucho menos, “filosofía de salón” o encerrada en las facultades. Ya no solo porque Gustavo Bueno bajara a la mina a enseñar filosofía a los obreros, ni por sus críticas a la filosofía que se viene haciendo en las universidades. La idea de filosofía como saber implantado obliga a que ésta esté en contacto permanente con los demás saberes, no solo científicos y académicos, sino también mundanos, lo que llevó a Bueno a platós de televisión y a iniciar una labor de divulgación filosófica a través de su propia Fundación, internet, congresos y medios de comunicación. A destacar también su manual de filosofía Symplokhé (1987) para el alumnado de bachillerato, que si bien es una monstruosidad para gente de esa edad (por su complejidad), es absolutamente recomendable para quienes se especialicen en Filosofía años después en la Universidad o preparando oposiciones.

            De todas formas, no todo es perfecto. La filosofía de Bueno, el Materialismo Filosófico, puede decirse que es, ahora mismo, uno de los últimos grandes sistemas de filosofía existentes (el de Mario Bunge podría ser otro), comparable al marxismo, el hegelianismo o el aristotelismo. Pero, como ellos, tampoco es definitivo.

            Visto el haber de Bueno, pasamos brevemente al debe. No sin razón se ha acusado a Bueno de cierta “logorrea”, de hablar y escribir mucho pero no siempre con el mismo acierto. El tener un sistema tan cuidado y depurado le permitía aplicarlo profusamente a cualquier cosa, ya fuera la religión, la bioética o hasta la televisión o el deporte. No obstante, cabría la duda de si realmente el sistema se puede aplicar a todo o si solo se aplica a lo que a Bueno y los suyos les interesa. De hecho, el Materialismo Filosófico tiene muy pocos desarrollos en lo que a Estética refiere, por ejemplo. Por otro lado, también queda otra duda más: si el sistema es capaz de dar de sí para acaparar todo eso, o si en muchos, o algunos casos por lo menos, no se estará metiendo con calzador muchos contenidos en las casillas que les debían corresponder según los parámetros “geométricos” del sistema. No obstante, es cuestión de esperar a ver si los desarrollos del sistema, ahora sin el maestro, dan lugar a resultados satisfactorios en esas y otras áreas y que sean aceptados pacíficamente por sus continuadores.

            Pese al pretendido materialismo del sistema, pretensión sincera sin duda, el resultado a veces es bastante insatisfactorio, crítica que ya realizó en su día el materialista Gonzalo Puente Ojea. En ocasiones, la redefinición de los términos materialismo, formalismo, idealismo, etc., y sus tipologías parecen hechas a propósito de poder “demostrar” que todo lo que no es del agrado del maestro caiga del lado idealista (o de materialismos groseros) por eso mismo, y que sus propias concepciones sean de suyo materialistas solo por proceder de él. En cierto modo, el materialismo de Bueno podría verse como un hegelianismo vergonzante: una reformulación de ideas hegelianas pero en lenguaje materialista como no podía ser menos después de Marx, y que se revela cada vez menos materialista conforme se distancia del marxismo progresivamente. Para Bueno, el materialismo es más bien pluralismo (y el idealismo cualquier monismo). De hecho, Bueno llega a plantearse una revisión de la historia del materialismo en la que la Teoría de las Ideas de Platón se reivindique como materialista por su pluralismo (Bueno. Materia, cap. 7. Pentalfa, 1990).

Otras veces, el MF no deja de ser bastante formalista, con estructuras muchas veces triádicas que procuran buscar y acaban encontrando (“buscad y hallaréis”) esas triadas donde hiciera falta. Así, el espacio antropológico tiene tres ejes (circular, radial y angular), igual que la gnoseología tiene otros tres (sintáctico, semántico y pragmático) y cada uno tres secciones, el cuerpo de la sociedad política también tiene tres capas (conjuntiva, basal y cortical) y cada una tres ramas, la religión se desarrolla en tres fases (primaria, secundaria y terciaria), o la ontología que incluye tres géneros de materialidad (M1, M2 y M3). Por no hablar del lenguaje específico que utiliza el MF, a veces incomprensible, y que dificulta el acercamiento al propio sistema, o genera dudas sobre si es una forma de clarificar o más bien una especie de rito de iniciación cuyo dominio debe demostrar el aspirante a “buenista”.

            El sistematismo del Materialismo Filosófico es encomiable, pero a veces parece fallar en lo relativo a la posibilidad de segregación de su propio autor. En teoría, un sistema debe ser capaz de funcionar por sí mismo, independientemente de quien lo utilice. Dos individuos, trabajando cada uno en el mismo sistema sobre lo mismo, deberían lograr los mismos resultados. Sin embargo, eso es dudoso respecto del sistema de Bueno. Más bien parece, a veces, que el sistema está al servicio de las propias ideas del maestro y que sirve para justificarlas como si fueran conclusiones. Sobre todo, parece que esto es así en lo que a la obra del último Bueno se refiere y sus análisis respecto de la memoria histórica de la guerra civil, la unidad de España, la diferenciación izquierda-derecha, el laicismo, etc.

            Relacionado con lo anterior, y desaparecido el maestro, queda por ver qué pasará con la escuela. Por un lado, hay que tener en cuenta que una de las obras magnas de Bueno, la Teoría del Cierre Categorial (TCC), proyectada en 15 volúmenes, solo ha llegado al quinto. ¿Qué pasará con el resto de la obra? ¿Será posible reconstruirla y publicarla como si el propio Bueno la hubiera escrito? En teoría sí, porque si hablamos de un sistema, cualquiera que lo dominara podría continuarlo en cualquier punto que lo dejara otro (parecido a como un matemático puede continuar resolviendo una ecuación inacabada de otro). A mi modo de ver eso no ocurrirá. La personalidad e ideas propias (incluidas sus filias y fobias) del maestro son parte de su propia obra y sin él es imposible continuarla. Posiblemente se especule con qué hubiera escrito Bueno en tal o cual volumen, igual que se puede especular que habría escrito Aristóteles en la segunda parte de su Poética.

Más allá de la TCC, la propia continuación de la escuela puede verse amenazada por sí misma. Gustavo Bueno ha sido el nexo de unión de la escuela, una especie de Pitágoras para sus discípulos, y quien resolvía la ortodoxia cuando había disensiones (por ejemplo, la polémica entre Bueno y Fuentes Ortega), aunque lo normal no era rechistarle al maestro. De hecho, las producciones filosóficas de la escuela, en muchos casos, son glosas del maestro o repeticiones literales de sus textos. Pero, sin él, es más que probable que las diferencias afloren con más fuerza. Puede incluso que las polémicas internas den lugar a divisiones y rupturas en la escuela, como ha pasado con tantas otras en las que, una vez sin el maestro, la escuela se disgrega en diferentes grupos internos enfrentados entre sí. En la historia de las religiones y las doctrinas políticas es el pan nuestro de cada día: poco después de morir Jesús sus seguidores se dividieron entre judaizantes y paulinos, y después de Marx las divisiones entre los marxistas siguieron un ritmo geométrico (por no hablar de las divisiones entre los trotsquistas después de Trostqui, que dan lugar a que haya más trotsquismos que trostquistas). Cabría ver si la escuela no acaba convirtiéndose (si es que no ha pasado ya) en una suerte de hetería soteriológica, empleando sus propios términos. O si se dividirá en una “izquierda buenista” y una “derecha buenista” como el hegelianismo.

La filosofía de Bueno ha evolucionado, como toda filosofía. Tal vez un punto de inflexión esté en la desaparición del bloque comunista liderado por la URSS. Gustavo Bueno siempre tuvo en perspectiva el marxismo y al Diamat. Podríamos decir que, en cierto modo, su proyecto filosófico pretendía al principio salvar o recuperar lo que hubiera de valioso en el materialismo dialéctico. Posiblemente Bueno confiara en el triunfo del comunismo como civilización y quisiera ofrecerle una filosofía adecuada, ser para el comunismo lo que Tomás de Aquino fue para la cristiandad, Kant para la Ilustración o Hegel para el imperio napoleónico. Pero, desaparecido el comunismo realmente existente, el proyecto filosófico se queda sin referente material, de ahí la búsqueda desesperada de otra plataforma y que Bueno cree encontrar en la comunidad hispanoamericana y la cultura católica (el Imperio católico español) frente a Europa, los EEUU protestantes y el islam. Tal vez por eso su giro derechista, españolista y católico.

En lo político, desaparecida la URSS, Bueno irá alejándose del marxismo y la izquierda política (o por lo menos de lo que el común de los mortales entendemos por eso), para redefinirlos, neutralizarlos y abandonarlos progresivamente. Así, por ejemplo, reniega del socialismo como característica de la izquierda. En “La ética desde la izquierda” (1994), todavía define la izquierda como un “racionalismo socialista”, mientras que, posteriormente, en “En torno al concepto de izquierda política” (2001) ya lo hace como “racionalismo universalista”. En cuanto al marxismo, por ejemplo, no solo redefinirá la metáfora de base y superestructura del materialismo histórico, sino que se apartará de la lucha de clases hacia el estatalismo, el nacionalismo liberal y el imperialismo católico.

El giro españolista y hacia la comunidad iberoamericana, sobre todo después de la conferencia “España” (1998) y España frente a Europa (1999), le terminan de alejar de la izquierda (y marcan su polémica con Fuentes Ortega). Después vendrá una defensa ultramontana del nacionalismo español, el imperio católico español, y contra los separatismos, el PSOE de Zapatero (y lo que llamó su “pensamiento Alicia”), la memoria histórica de la guerra civil y todo lo que pueda ubicarse en la izquierda política (la que esté más allá de la segunda generación de izquierdas definidas o cualquiera indefinida): derechos de los animales, aborto, eutanasia, violencia de género, etc. Al mismo tiempo, se irá acercando a (lo que los demás entendemos por) la derecha política y la defensa de ciertas ideas con tufos casi falangistas (el imperio español que recuerda a “España destino en lo universal”), la defensa de la pena de muerte (ejecución capital o eutanasia procesal, en su propio lenguaje), defensa de la guerra de Irak, etc.

En cuanto a la religión, Bueno comienza con un análisis bastante racionalista (aunque sui generis) de la misma a partir de la idea de religación, sus fases y su origen en los númenes animales (que sirvió para otra polémica más con Puente Ojea). Sin embargo, el racionalismo ateo viene a quedar en segundo plano frente a una vindicación, cada vez mayor con el paso del tiempo, del racionalismo católico de estirpe escolástica, llegando a hablar de “ateísmo católico”. Sin el imperio soviético y abandonado el marxismo ateo, procura así conjugar el españolismo católico de toda la vida (que identifica el catolicismo como esencia de lo español) con sus ideas materialistas y ateas pero reformuladas a la baja. En este contexto de rechazo de la izquierda y recatolización puede entenderse también su crítica del laicismo como idealista y formalista (a su manera de entender el materialismo, el idealismo y el formalismo). El recurso a este “catolicismo ateo” viene, además, reforzado por las amenazas que Bueno cree ver hacia España procedentes del islam y en connivencia con la izquierda (asumiendo el mito de Eurabia).

Según lo dicho, el sistema de Bueno no sería un sistema tal sino más bien la evolución del propio pensamiento de Bueno con apariencia de sistema, donde todo se formula o reformula según convenga. O mejor dicho: el pensamiento del primer Bueno sí sería sistemático y materialista, o lo pretendería, pero luego habría evolucionado hacia otra cosa. Podría ensayarse la idea de si dicha evolución no corresponde a dos Buenos (igual que se habla de dos Marx: el joven y el maduro): uno joven, de izquierda, ateo, marxista, materialista y dialéctico, aunque heterodoxo (respecto del Diamat), y otro maduro, de derecha, ateo pero más católico todavía, con un marxismo ya irreconocible, un materialismo reformulado y muchas veces indistinguible del idealismo y el formalismo, y una dialéctica que sirve para justificar todos estos cambios y los que pudieran venir después, y que es ahora quien marca la ortodoxia dentro de su propia escuela.

Sea como sea, Gustavo Bueno pasará a la historia como uno de los más grandes filósofos, con todo un sistema de filosofía, muy potente e inspirador a pesar de todo. Sus discípulos, sus críticos, los historiadores y cualquiera interesado en la filosofía podrán discutir sobre el valor de su obra y sus aportaciones, pero nadie dudará que, después de él, la filosofía ya no será la misma.


Andrés Carmona Campo. Licenciado en Filosofía y Antropología Social y Cultural. Profesor de Filosofía en un Instituto de Enseñanza Secundaria. 

Comentarios

  1. Para mí lo más interesante, contemporáneo y aprovechable de la filosofía de Bueno es su constructivismo y su crítica al "fundamentalismo científico". Deja discípulos de diversa talla, pero algunos son muy capaces. Su nieto, Lino Camprubí, es un hacha. Y Carlos Madrid Casado también. Además es mucho más agradable escuchar sus conferencias que las broncas del maestro.

    ResponderEliminar
  2. Recuerdo un par de míticos (al menos en mi recuerdo) de programas de Sánchez Dragó Negro sobre Blanco sobre El mito de la izquierda. Uno con Carrillo y otro con un representante del PSOE que no recuerdo. Carrillo y él se guardaron mucho respeto pero al del PSOE casi se lo come, especialmente cuando le respondió con una serie de palabras vacías solidaridad, progreso, etc.) a la pregunta ¿qué es la izquierda?. "Cómo el Papa, detrás de la misma pancarta que el Papa". Supongo que por eso abandonó la izquierda, dejó de existir.

    ResponderEliminar
  3. Muy buena reseña, me parece lo mejor que he leído sobre Bueno tras su muerte, pues abunda la idolatría cansina de sus discípulos y, en menor medida, pero igual de inservible, el menosprecio fundado en la ignorancia de su obra.

    Como bien dices, lo principal es que la talla de Bueno como erudito, como filósofo capaz de analizar problemas y plantear genealogías conceptuales está fuera de duda. Prácticamente no hay corriente de pensamiento que se le haya escapado comprender y analizar bajo su propio sistema, lo que por sí mismo tiene un valor pedagógico que sin dudas quedará. De las críticas, incluso creo que su uso de conceptos, si bien bastante heterodoxos respecto a la tradición filosófica, no es mayor problema en cuanto sus libros se acompañan de glosarios, y él mismo dejó en internet diccionarios y artículos breves donde se explica en detalle sus términos. O sea, tampoco es Heidegger ni Deleuze; con buena disposición sus obras son perfectamente comprensibles, y su sistema se va armando de forma bastante espontánea y explícita.

    El punto que me parece crucial de tu lectura es que la complejidad y profundidad de un sistema no garantiza la razón absoluta. Incluso si concedemos ponerlo a la altura de Aristóteles o Kant (como hacen sus seguidores acérrimos) en el mejor de los casos será por su extensión y alcance teórico, pero su sistema puede verse igualmente superado y refutado por los avances en otras áreas del conocimiento. Sin contar que, de momento, su filosofía está bastante lejos de tener la influencia que tienen los filósofos canónicos con que se le compara, y que ya tenían en su propio tiempo.

    Me parece que la principal debilidad de Bueno fue haber desarrollado algunas de las partes más ambiciosas de su obra (como la TCC) de espaldas a la comunidad científica y filosófica, temiendo por una censura y "corrección política" que pareciera ser más una generalización con que a priori se busca invalidar toda crítica que una persecución real. Así, postulados teóricos que para los discípulos de Bueno son la culminación de la filosofía y la mente humana, como el principio de symploké, no aportan nada nuevo que no se supiera desde el emergentismo y el sistemismo. O su crítica a la democracia realmente existente como arista política de la sociedad de consumo, al ser un "mercado de ideas", es algo que ha sido un tópico en la filosofía del siglo XX, y hasta ha originado estudios en psicología y lingüística relacionada a la política (Lakoff), pues son postulados defendidos abiertamente por teóricos neoliberales como Nozick o Hayek.

    Sobre el futuro de la "Escuela de Oviedo", comparto el pesimismo. Bastaba entrar a los foros de Nodulo para ver el desparpajo de opiniones contradictorias en aspectos prácticos como la homosexualidad o el valor de la castidad (!) donde ni apelar al magister dixit salvaba el disenso que, más que por un sistema, solo se mantenía a raya por la admiración -cuando no genuflexión- al maestro.

    Bueno será una figura extraña, probablemente en Hispanoamérica se le estudiará dada su enorme capacidad de análisis y síntesis de ideas filosóficas, incluyendo el enfoque propio. Pero áreas completas como la epistemología, la filosofía política o la estética serán cultivadas por personas que quizá ni se enteren de su obra, y no por falta de méritos, sino por la posición marginal que, lejos de ser una persecución, fue su apuesta.

    ResponderEliminar
  4. "Pero, sin él, es más que probable que las diferencias afloren con más fuerza. Puede incluso que las polémicas internas den lugar a divisiones y rupturas en la escuela, como ha pasado con tantas otras en las que, una vez sin el maestro, la escuela se disgrega en diferentes grupos internos enfrentados entre sí"

    Ya empezaron ;) parece que es un pecado terrible declararse de alguna corriente de izquierda y no jugar la carta de la "incorrección política"

    http://www.cronicapopular.es/2016/10/critica-a-joaquin-robles-lopez-y-a-marat/

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

El mito de la filosofía oriental (Andrés Carmona)

28/05/2016.
Roberto Augusto ha publicado recientemente un texto provocador criticando la historia de la filosofía estándar por considerarla eurocéntrica en tanto que meramente occidental y que ignora la filosofía oriental. Daniel Galarza ha respondido a su artículo, recibiendo otra respuesta del propio Roberto Augusto.

«La pobreza es un estado mental»: desigualdad y el mito de la meritocracia

«La injusticia siempre exige justificaciones y argucias; las causas justas mucho menos». (Robert Trivers: La insensatez de los necios)
 Por José María Agüera Lorente Oigo la escueta noticia a través de la radio: Ben Carson, el secretario de vivienda estadounidense, afirma que la pobreza es «un estado mental». Busco en internet qué hay tras lo que aparece en forma de titular en varios medios digitales. Así me entero de que el señor Carson, neurocirujano de oficio, fue el primer afroamericano en ser nombrado jefe de neurocirugía pediátrica en el Centro Infantil Johns Hopkins de Baltimore. Negro, es decir, hombre perteneciente a una minoría que, atendiendo a los datos estadísticos de toda índole, es el grupo de la ciudadanía que más sufre la pobreza en un país de por sí con un importante índice de desigualdad; para ponerlo en cifras, el índice de Gini, que cuantifica la desigualdad en los Estados, se situó en la república norteamericana en 0,48 puntos según informe de 2015, siendo en Es…

El pensamiento débil, el pensamiento oscuro, el pensamiento desordenado y el pensamiento crítico

Por Matías Suarez Holze

La finalidad del presente texto pretenderá ser la de analizar cuatro diferentes formas de pensar. Primero, pasaré a realizar un esbozo de las principales características de estas para contrastarlas entre sí, luego las llevaré a un análisis un poco más extenso.

1) El pensamiento débil se caracteriza por el desinterés y/o el repudio al rigor, la argumentación racional, los criterios estrictos de verdad, la evidencia empírica y la falta de búsqueda de la coherencia tanto interna como externa. Tiene la costumbre de dar afirmaciones a priori, sofística y dogmáticamente sin ningún tipo de respaldo. En el mejor de los casos subestima la racionalidad; en el peor la desprecia de forma explícita. La consecuencia de este tipo de pensamiento es el relativismo gnoseológico, o al menos, algo similar. Este modo de pensar es característico de algunos romanticismos y posmodernismos filosóficos.
2) El pensamiento oscuro se caracteriza por ser ininteligible. A diferencia del prime…