16 de agosto de 2016

El veganismo a examen (I) (Andrés Carmona)

Peter Singer, defensor de una ética favorable a los animales
16/08/2016

            La semana pasada hablábamos de las dietas veganas y si sería conveniente que los padres veganos alimentaran a sus hijos de acuerdo a su misma dieta. Vamos a intentar ahora hacer un repaso un poco más general del veganismo y no solo en lo relativo a la dieta, lo que por su extensión haremos en dos entregas (1ª parte y 2ª parte).

            Lo primero es aclarar algunos términos. Aquí entendemos por vegano a quien no consume ningún producto de origen animal, no solo en la dieta (carne, pescado, huevos, leche, miel…) sino tampoco en forma de cuero, piel, lana, seda, ni otros en los que, para su elaboración, se hayan utilizado animales (como ingredientes o en forma de experimentación animal). No nos referimos a quienes solo excluyen algunos productos de origen animal de su consumo, por ejemplo, a quienes no consumen carne pero sí pescado o huevos, o sí se visten con cuero o lana.

            También nos referiremos a quienes adoptan el veganismo por motivos de conciencia ética, y no a quienes lo hagan por motivos religiosos o de mera preferencia. Es decir, no nos referimos a quienes no consumen productos animales por razones religiosas (por ejemplo, ciertas formas de hinduismo y el jainismo). En lo que sigue procuraremos razonar y argumentar, y eso es imposible con la religión, en tanto que parte de revelaciones divinas o iluminaciones místicas que se creen por fe, pero en donde no hay lugar para los hechos o las razones. Es como el musulmán o el judío que no comen cerdo porque su dios lo prohíbe: pues poco más hay que hablar. Tampoco consideramos a quienes son veganos por gusto, por moda, porque no les gusta la carne o les gusta más la verdura, o simplemente porque les da la gana. Estos están en su derecho y tampoco hay mucho más que decir.

            Aquí nos centramos en los veganos éticos, es decir, en quienes afirman que el veganismo es una conducta ética. Por ética entendemos, así dicho muy en general, la obligación de hacer el bien y/o evitar el mal. Vegano ético es quien considera que hace bien o evita males no consumiendo nada de origen animal.

            Previo a todo esto estaría la cuestión de si el veganismo es viable. Cualquier opción ética, para serlo, debe ser posible o viable. Si lo es, después habrá que ver si es deseable o no, porque si es imposible, lo demás da igual. Ir a África, concentrarse mucho, y hacer que broten pozos de agua potable de la nada sería fantástico, pero es imposible. En el caso del veganismo, asumimos que es viable, queriendo decir que una dieta vegana bien realizada (pese a su dificultad, por lo menos comparada con las dietas no veganas) es saludable (aunque sea más que dudoso en el caso de los niños, pero aquí nos centraremos en los adultos que libre y conscientemente la adopten, y no en sus hijos a los que obligaran).

            Tampoco haremos un análisis exhaustivo del veganismo, sino más bien ofrecemos algunas reflexiones sobre algunos de sus aspectos, más para fomentar debate que para otra cosa. Concretamente, nos centraremos en tres asuntos o argumentos veganos: relativos a la salud, al sufrimiento animal y al medio ambiente (y otros relacionados con estos).

            Un argumento a favor del veganismo es que es más sano que otras dietas que incluyan ingredientes animales. El argumento me parece flojo. Por la sencilla razón de que, si fuera cierto, toda la población sería vegana. Y no por cuestión de voluntad, sino de selección natural. Si las dietas veganas fueran más saludables, quienes las adoptaran tendrían más éxito reproductivo que los omnívoros, y en los miles de años de evolución humana ya se habría extendido a toda la especie. Sin embargo, ni es ni ha sido así. De hecho, el paso de la dieta vegana a la omnívora (incluyendo carne) fue decisivo en el proceso de hominización y de constitución del género Homo y de nuestra especie como tal.

            De todas formas, lo anterior no significa que la dieta vegana no sea saludable (ni mucho menos que sea insalubre o peligrosa, siempre que esté bien hecha, claro, pero eso pasa con cualquier dieta, también las omnívoras). Es posible vivir perfectamente con una dieta vegana: la mera existencia de veganos sanos e incluso longevos lo demuestra. Lo importante en la alimentación es lograr todos los nutrientes necesarios en las proporciones adecuadas. Eso es mucho más fácil (y fue mucho más fácil para nuestros antepasados) mediante carne que sin ella. Años de evolución han hecho que, en contextos en los que dichos nutrientes se obtenían de la carne porque era más accesible que otras fuentes (como las algas), nuestro aparato digestivo (incluyendo la dentadura) se haya adaptado a la dieta con carne (en vez de habernos dotado de varios estómagos para rumiar la hierba como las vacas). Pero esto no excluye que, sabiendo y pudiendo obtener todos los nutrientes de fuentes no animales no podamos hacerlo, y más en el siglo XXI y en el primer mundo. Desde luego es mucho más difícil, pero no imposible. Aquí el error sería caer en la falacia naturalista de que, por el hecho de que estamos biológicamente adaptados para consumir carne, debemos consumirla. También estamos biológicamente adaptados para tener una docena de hijos y no solo uno o dos como ahora (por eso las mujeres tienen unos 30 años de vida fértil), y no por eso debemos tener tantos hijos. Es posible vivir sano comiendo carne y sin ella, y es más fácil con carne, pero la elección es de tipo ético y no biológico: dependerá si ese coste (esa dificultad) queda justificada éticamente.

            También hay que evitar otros dos errores: ni la carne es tan mala como dicen los veganos, ni tan buena como dicen los carnívoros. Que no es tan mala no solo lo demuestra nuestra propia historia evolutiva, dentadura y aparato digestivo, sino el hecho de que con el paso de los años hasta ahora, la población mundial, la esperanza de vida y los índices de salud han aumentado geométricamente, y también el consumo de carne. No será tan mala si no ha obstaculizado ese crecimiento.

            Ahora bien, tampoco es tan buena. La dieta con carne permitió a nuestros antepasados homínidos acceder más fácilmente a proteínas, minerales y vitaminas que de otra manera hubiera sido más difícil o imposible en su contexto (contexto muy distinto al nuestro actual, no lo olvidemos). Pero esa adaptación consistía en un acceso esporádico a la carne y, ni mucho menos, cotidiano. Principalmente se trataba de pequeños roedores y, excepcionalmente, de grandes mamíferos cazados en grupo. De esta forma complementaban los nutrientes vegetales que constituían su dieta general procedentes de la recolección. Es así que el cuerpo humano se adaptó para almacenar las grasas a modo de reserva para las épocas difíciles. Sin embargo, el cada vez más fácil acceso a la carne y otras fuentes de grasa (y la vida sedentaria) ha desequilibrado lo anterior, produciendo obesidad y otras complicaciones. Ni el cuerpo humano está evolutivamente preparado para prescindir totalmente de la carne (por lo menos sin dificultades) ni para consumirla como plato principal todos los días (por lo menos sin riesgos).

            En consecuencia, la justificación para consumir o no productos animales no depende ni de la biología ni de la salud. Dietas veganas u omnívoras pueden ser perfectamente saludables siempre que, cualquiera de ellas, contenga todos los nutrientes de forma equilibrada (independientemente de que sea más fácil o difícil el acceso a ellos: por ejemplo, es más fácil acceder a carne que a ciertas algas para obtener el yodo necesario en la dieta. Eso sí, esa facilidad no solo facilita el yodo sino también la obesidad). La disyuntiva no es dieta con carne o sin carne sino dieta equilibrada o desequilibrada:


Con carne
Sin carne
Equilibrada
Sana
Sana
Desequilibrada
Obesidad
Deficitaria

            Lo que reconduce el debate a si una de las dos equilibradas es más ética que la otra o no.

            El argumento contra el consumo de animales o productos derivados de ellos que me parece más débil de todos es el de la sacralidad de la vida. Tiene origen (o por lo menos parecidos muy grandes) con el hinduismo y el jainismo, y viene a decir que la vida es el valor supremo (o sagrado) y que, por lo tanto, debemos proteger y respetar toda forma de vida (incluidos insectos y plantas). Aquí sí se da el caso de que resulta una exigencia ética imposible o muy difícilmente viable (pensemos que los jainistas, por ejemplo, se colocan una mascarilla para no respirar bichos y que barren antes de caminar para no pisarlos). Si pretendiésemos vivir sin acabar con ninguna otra forma de vida deberíamos abandonar toda actividad industrial, ganadera y agrícola, y vivir en los bosques comiendo exclusivamente los frutos silvestres (dieta frutariana). Dicha forma de vida puede ser perfecta para nuestros parientes gorilas u orangutanes, pero no para nosotros los chimpancés (según Jared Diamond, los humanos somos el tercer chimpancé, junto al chimpancé común y el bonono: Diamond, J: El tercer chimpancé, 1992). Incluso asumiendo (lo que es mucho asumir) que la dieta frutariana no fuera deficitaria para humanos actuales, esta involución a nuestro pasado australopiteco supondría una reducción drástica de la población humana en miles de millones de habitantes, hasta los poquísimos (comparados con la población actual) que pudieran alimentarse de frutos silvestres sin agricultura, ganadería ni industria. Por no hablar de la reducción en la calidad de vida: para empezar, ni yo podría escribir esto ni nadie leerlo, no ya porque no habría ordenadores, sino ni tan siquiera el papel que procede de seres vivos como los árboles.

            Por otra parte, las teorías que veneran la vida olvidan algo fundamental de la biología evolutiva: que la muerte y la vida forman una unidad, como una moneda con sus dos caras. Para que haya vida debe haber muerte, igual que las extinciones posibilitan la especiación (si no se hubiesen extinguido los dinosaurios, por ejemplo, no podrían haber evolucionado como lo hicieron los mamíferos, y nosotros entre ellos). Esto no significa, claro está, que debamos matar seres vivos o extinguir especies así como así, tan solo muestra la falta de perspectiva global o la miopía de estas teorías.

            De lo anterior resulta que, si el consumo de productos animales fuera inmoral no será porque los animales son seres vivos, ya que las plantas también (y los hongos, protozoos, bacterias y arqueas), sino por otro motivo. El paso de la consideración moral de toda forma de vida (sin exclusión) a tan solo los animales exige un cambio de criterio: de la vida a otro distinto. Los animalistas suelen utilizar el del sufrimiento. Consumir productos animales es inmoral porque implica sufrimiento a los animales. Consumir productos vegetales no es inmoral porque las plantas y otras formas de vida no tienen capacidad de sufrir.

            Aquí hay que señalar dos cosas muy importantes. Una, que matar a un ser vivo no resulta siempre inmoral solo porque estaba vivo (dependerá de qué ser vivo y por motivos distintos o añadidos al mero hecho de estar vivo: autoconciencia, dignidad…, lo veremos más adelante); y dos, que no todos los animales pueden sufrir, sino tan solo aquellos dotados de un sistema nervioso central (SNC) adecuado. Así, según esto, la utilización de animales sin capacidad de sufrir no sería inmoral.

            Por lo tanto, estrictamente, la inmoralidad de consumir productos animales dependerá de si ha habido, y en qué grado, sufrimiento a la hora de elaborar ese producto para su consumo humano. De esta forma, la inmoralidad de un filete de carne no estará en que haya que matar a un animal para obtenerlo, sino en la forma de vida llena de sufrimiento diario que ha tenido de vivir ese animal en una granja industrial para eso (si es que ha sido así el caso).

            Hay que matizar que el sufrimiento será inmoral en tanto que sea innecesario o injustificado, no cuando sea inevitable o con motivo suficiente. En el caso de los productos animales, si no hubiera más remedio que producirlos con sufrimiento para sobrevivir, ese sufrimiento sería justificable. Sería el caso de los inuit, que difícilmente podrían sobrevivir en la tundra ártica sin pescar. Sin embargo, no es ese el caso (por lo menos en el primer mundo): si las dietas veganas son sanas y si es posible fabricar pieles sintéticas, entonces consumir carne o producir cuero (criando para eso animales en condiciones de sufrimiento) sería inmoral, por lo menos en principio.

            Según estos criterios, habría casos difíciles en los que habría que ponderar. Por ejemplo, aquellos en los que hay beneficios y perjuicios. El sufrimiento, malo en principio, podría estar justificado por beneficios mayores: por eso las vacunas no son inmorales pese a que el pinchazo duela, porque evitan sufrimientos mayores que se derivarían de las enfermedades que curan (digan lo que digan las supersticiones antivacunas). De esta forma, sería debatible el asunto del sufrimiento animal y el beneficio humano por utilizarlo. Todo dependerá de la ponderación que se haga del sufrimiento causado a los animales y el sufrimiento humano (en forma de esfuerzo, trabajo, tiempo…) que supone utilizar alternativas a los animales (más difíciles de obtener que las fuentes animales directamente). Pensemos en el jamón de Huelva, obtenido de cerdos que viven toda la vida sin sufrir, libres, en la dehesa, alimentados y protegidos por humanos de otros depredadores. Pensemos en que además son sacrificados sin sufrir, de forma rápida e indolora. En principio (suponiendo que matarlo no sea inmoral, que lo veremos después), por el argumento del sufrimiento, comer ese jamón no tendría nada inmoral. Lo mismo podría decirse de los peces, que tan solo sufrirían en el momento de ser pescados: alguien podría ponderar que ese sufrimiento es asumible moralmente por los beneficios humanos que reportaría en forma de alimento (fuente de proteínas, minerales, vitaminas…) alternativo a otros vegetales más difíciles de obtener. Por lo mismo, la carne de mamíferos procedente de granjas industriales implicaría un sufrimiento diario excesivamente alto para esos animales que no se vería compensado por sus beneficios, y más habiendo otras alternativas. No pasaría así con los productos animales (en forma de carne, huevos o leche) obtenida de granjas tradicionales o de aquellas en las que se minimice al máximo el sufrimiento animal (los huevos de gallinas de corral comparados con los de gallinas criadas en jaulas).

            Puede verse de otra forma. Algunos humanos sufren (en forma de trabajo) para producir bienes que venden o intercambian con otros, lo que justifica ese sufrimiento. De la misma forma, el sufrimiento mínimo que pudieran padecer ciertos animales (tomadas las medidas necesarias para que sea efectivamente mínimo) se compensaría con el sufrimiento humano necesario para alimentar, cuidar y proteger a esos animales en las granjas (y que evita que esos animales sufran para alimentarse, si se dañan o frente a depredadores).
           
            Nótese que de lo dicho se deriva que es muchísimo más grave (en términos de sufrimiento) comer carne de granjas industriales (o el uso de animales en circos) que las corridas de toros. El toro vive una vida sin sufrimiento (además de cuidado y protegido), y por mucho que sufra en los minutos de corrida, no es nada comparado con el sufrimiento diario y constante de cerdos, corderos o terneras en las granjas industriales para carne. Dicho de otra forma, si (y solo si) no hubiera nada más que dos opciones, ser toreado o vivir en granjas industriales, toros, vacas, cerdos, corderos, etc., preferirían ser toreados. De ahí la inmensa hipocresía de quien pone el grito en el cielo cuando hay una corrida y después se come un bocata de mortadela. Lo que no justifica las corridas de toros, pero sí pone en su sitio al antitaurino carnívoro que usa el argumento del sufrimiento (no al que use otros argumentos distintos).

            El dilema respecto a los experimentos con animales entraría en estos casos de ponderación: habría que ponderar si los beneficios de dicha experimentación compensan el sufrimiento ocasionado a esos animales.

            Todo lo anterior viene a justificar, siempre en función del argumento del sufrimiento, dietas sin ciertas carnes (sobre todo de mamíferos), pero no excluye absolutamente el consumo de pescado, huevos, leche o miel, por lo menos si la forma de obtenerlos evita o minimiza el sufrimiento animal implicado. Es decir, el veganismo, que rechaza totalmente cualquier producto animal, no se justifica por el argumento del sufrimiento. 



Andrés Carmona Campo. Licenciado en Filosofía y Antropología Social y Cultural. Profesor de Filosofía en un Instituto de Enseñanza Secundaria.

7 comentarios:

  1. Hola,
    en mis 76 años de vida, nunca he conocido a un vegano (o si alguien lo es, no me lo ha dicho) y sólo una vez coincidí en una mesa con un joven vegetariano, pero no hablamos del asunto, de manera que lo que sé sobre sus ideas es por lecturas ocasionales. Me extraña que no se planteen el hecho de que las plantas son seres vivos. Y algo más, según parece ... Te cuento unas experiencias vividas, aunque me salga un comentario algo largo:

    Hace ya varios años leí en algún periódico o web que en una universidad italiana se había hecho un estudio con plantas, según el cual se demostraba que, al cortar una de ellas, sus "hermanas vecinas" se encogían como doliéndole también. Publicado que fue, la UE decidió que se hiciera uno con mayor muestra estadística y en varios países, según creo recordar.

    Visito habitualmente un blog divulgativo de ciencia llamado "La ciencia de Amara", bióloga investigadora del CSIC en Granada. Al leer esta entrada:

    http://lacienciadeamara.blogspot.com.es/2014/10/dia-mundial-de-la-alimentacion-2014.html

    me llamó la atención la postdata:

    PD: Me quedé a cuadros cuando me enteré que el Prof. Beyer se está interesando en un nuevo tema de investigación basada en... ¡lacomunicación entre plantas! Os suena? ;-)

    Lógicamente le escribí contándole lo que había leído y que cito arriba por si me podía ampliar datos. Me contestó (copio y pego):

    Encantada de conocerte Manuel y un GRACIAS enorme por tenerte como lector en el blog.
    He estado buscando el artículo que me dices pero tengo poca información. Intuyo los autores pero al no saber el año exacto me cuesta encontrarlo. Se está estudiando la mecanorrecepción en plantas y hay muchos artículos muy interesantes sobre el tema.
    He encontrado estos 3. Te los paso por si te resultan de interés, vale?

    psb-7-1346.pdf
    pone.0037382 (1).pdf
    1-s2.0-S1360138512000544-main.pdf

    Más adelante publicó esta entrada, en la que trata el asunto:

    http://lacienciadeamara.blogspot.com.es/2015/02/dicen-que-no-hablan-las-plantas.html

    Recomiendo leer lo que hay al final, ver el vídeo y el enlace con la entrevista a Mancuso.

    Concluyo con dos experiencias personales:

    mi esposa era muy amante de macetas y plantas de todo tipo. Una vez tenía en el salón dos macetas iguales (misma planta) y decidió sacar una de ellas a la terraza; pues bien, la que quedó dentro empezó a marchitarse, volvió a poner a su lado la otra y la marchitada se repuso.

    Ella, profesionalmente, siempre trabajó como directora de un centro público. Una usuaria le regaló un poto espectacular que colgó en su despacho y le hacía los cuidados necesarios. Cuando se jubiló teníamos previsto mudarnos de piso un mes después, por lo que, para evitarle al poto el traslado en camión de mudanza, lo dejó allí al cuidado del conserje, pero cuando fuimos a recogerlo, ya mudados, el poto andaba mustio. Fue llevarlo a casa y colgarlo en el cuarto de estar, recibir los cuidados de mi esposa y se repuso. Ella falleció quince meses después y, pese a que lo cuidábamos igual, a los dos meses el poto ... murió también.

    Saque cada cual sus conclusiones.

    Gracias por la atención y aprovecho para decirle que sigo sus entradas desde hace tiempo y muchas las difundo entre mis contactos.

    Manolo Buenosdías.

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  2. Ser vegano en este tiempo, y màs en los paìses pobres no es misterio, sino herencia de pobreza y necesidad. Habrà algunos, que son veganos por salud, otros por convicciones varias, pero no hay nada de sobrenatural en ello...Solo una pequeña decisiòn a no comer animal sacrificado...

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  3. La práctica del veganismo se basa del sensosentrismo, y se trata llevar una vida que cause el menor sufrimiento posible. Algunas empresas justifican que los animales en sus industrias fueron «sacrificados humanamente». El hecho es que no hay una forma «humana» de matar, como no hay una forma «humana» de violar, torturar o explotar. Esto es un oxímoron, una palabra contradictoria en sí misma.
    Comer animales es inmoral en el caso de tener alternativas viables (económicas y al alcance de todos). No sólo por el hecho de que este acto causa sufrimiento a un ser vivo sintiente. Sino también porque matar a un animal, ya sea no-humano y/o humano, si la intención de éste es vivir, es inmoral.
    No se debe juzgar la capacidad de autoconciencia, o raciocinio de un animal para justificar si este debe vivir o no. Hacer esto sería caer en el especismo, puesto que la inteligencia de estos animales, es similar y en algunos casos superior a la de nuestras mascotas (e incluso bebés humanos).
    Algunas personas se justifican de consumir carne, lácteos y huevos diciendo que las plantas sufren y por lo tanto los veganos están equivocados. Lo cierto es que no hay ningún experimento bien fundamentado que pruebe estas afirmaciones.

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  4. Es una cuestión de respetar a los demás y de dejar de discriminar arbitrariamente a quienes no son humanos, es decir, de dejar de ser especistas.
    http://www.respuestasveganas.org/2006/08/argumento-animales-existen-para_4936.html

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  5. No soy verano ni vegetariano, pero no estoy de acuerdo con tu análisis crítico. Es cierto que el veganismo como opción propia por estar en contra del sufrimiento animal y beneficios para la salud no se sostiene, teniendo principalmente opciones de productos derivados de animales que han sido tratados sin tanto sufrimiento de por medio. Sin embargo no creo que podamos defender y medir éticamente los pros y contras del sufrimiento animal por su trabajo-beneficio. Hacer sufrir a cualquier ser de una manera innecesaria como dices es inmoral, pero nuestra sociedad, al menos el primer mundo, tiene herramientas y mecanismos para paliar ese sufrimiento sistematizado por las cadenas de producción de productos animales. Lo veo como una decisión política. A estas etapas de nuestra civilización es posible eliminarlo. También los toros, que viva una vida buena para luego sufrir no me parece comparable ni justificable de ninguna manera si sirve a un propósito lúdico, religioso o cultural cuando éste puede ser evitable. Siempre digo que el problema con el veganismo y el vegetarianismo es que tienen razón: se necesita una regulación de derechos de los animales. Supongo que erradicar la matanza globalmente queda un poco largo, pero sí una regulación, vida y muerte digna y sin sufrimiento, etc.

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  6. Creo que el título del ensayo sería erróneo o engañoso. No se está examinando el veganismo. En realidad, lo que se hace es analizar determinados criterios para ver si podrían justificar el veganismo. Pero esos criterios no forman parte del veganismo como tal. Ni la "sacralidad de la vida" ni el utilitarismo son parte del veganismo.

    Veamos, ¿el veganismo se podría sostener como principio apelando a la filosofía del utilitarismo? Es evidente que no. El caso de Peter Singer es representativo de cómo el veganismo y el pensamiento utilitarista no con compatibles, tal y como explica en este artículo el profesor Gary Francione:

    http://enfoqueabolicionista.blogspot.com.es/2006/11/peter-singer-apoya-la-viviseccion-por.html

    El utilitarismo acepta que los individuos sean utilizados como simples medios para aumentar el bienestar general o para reducir el sufrimiento. Por tanto, la doctrina utilitarista no puede justificar el veganismo como principio ético, ya que el veganismo señala que los animales no humanos no deben ser usados como medios para los fines humanos, sin importar el modo ni el propósito.

    El problema es que algunos utilitaristas se autodenominan "veganos", sólo porque su consumo es predominantemente vegetal, pero no son veganos. Ni siquiera lo son desde el punto de vista práctico ya que continuamente hacen excepciones a su no-consumo de animales por cualquier motivo que les convenga, según su capricho personal o excusándose con argumentos utilitaristas.

    Definir el veganismo como la práctica de no consumir productos de origen animal, ni participar en actividades de la explotación animal, lo convierte en algo arbitrario si no tiene un fundamento que lo justifique razonadamente. Sin embargo, resulta que el veganismo fue definido en sus comienzos, pero no como una práctica sino como un principio ético que coincide con el ideal de lo que hoy entendemos por liberación animal, es decir, la idea de que los demás animales tienen derecho a vivir libres de nuestra dominación. Se puede comprobar en este ensayo, con fuentes a los documentos originales de la Vegan Society en sus primeros años:

    http://filosofiavegana.blogspot.com.es/2013/06/veganismo-es-etica-contra-la-opresion.html

    Esto conecta al veganismo con la noción moral de que los individuos no deben ser tratados como simples medios para conseguir un fin, como si fueran objetos o recursos, sino que deben ser respetados como fines en sí mismos, es decir, como personas. Si nos atuviéramos a la definición original de veganismo no existirían esas controversias ni nos encontraríamos a utilitaristas diciendo que son "veganos", cuando realmente no lo son si nos atenemos a su definición original.

    El veganismo no se opone a la existencia del sufrimiento como tal, como sí hace el utilitarismo, sino que sólo se opone a la explotación de los animales no humanos. No hay nada que conecte al veganismo con el utilitarismo. Sólo se da circunstancia de que algunos utilitaristas dejaron de consumir animales habitualmente porque entendieron que era una herramienta para reducir el sufrimiento en el mundo. Pero no son veganos, según el significado original del veganismo, aunque se llamaran así.

    En conclusión, el análisis parte de dos errores comunes: [1] creer que el veganismo es una mera práctica, y [2] que está asociado a pensamientos biocentristas, o utilitaristas, o de cualquier otra clase que en realidad no tienen que ver con el fundamento moral del veganismo, que es el respeto moral a los seres sensibles como personas. Aunque entiendo que son errores muy extendidos, y promovidos por muchas personas, y es difícil advertirlo cuando se no investiga sobre la historia y el significado del veganismo.

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  7. Hola a todos.

    Lo que comenta el señor Luis Tovar es erróneo, pues el intenta imponer su marco ético "deontologista" en el veganismo y en el respeto a humanos. El "deontologismo" se rebate al reconocer que también existe una relación causa-efecto entre elegir "no hacer nada" y lo que ocurre debido a dicha elección, lo explico aquí: http://www.respuestasveganas.org/2011/06/argumento-los-humanos-no-debemos.html

    Respecto a la definición de "veganismo", lo que ocurre es que el señor Tovar usa una definición posterior a la del creador del veganismo (Donald Watson), de tal manera que el señor Tovar separa al veganismo de la Ética, llegando a decir que "explotar y matar humanos no contradice el veganismo pero sí la ética". Para quienes no quieran ser manipulados por este señor y por su blog Filosofía Vegana disponen del siguiente artículo en el que explico qué es y qué no es el veganismo: http://www.respuestasveganas.org/2015/12/definicion-de-veganismo.html

    Saludos.

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