3 de julio de 2016

Qué fácil es saber


José Luis Ferreira

O eso parece a menudo. Veamos, si no:

  • La culpa de todo la tiene la sociedad. 
  • Tal comportamiento no es más que una sublimación de un deseo o el resultado de un trauma. 
  • Hay que equilibrar la energía para estar sanos. Siendo positivos aumentamos las defensas del cuerpo. 
  • Dando dinero a la gente impulsamos la economía. 
Son simplezas y, aunque para alguna de esas afirmaciones se pueda poner un ejemplo que parezca darle la razón, no permiten hacer ningún tipo de análisis más allá de formar un discurso que no sea dar vueltas a datos y argumentos para justificar lo que ya se está postulando. Sin embargo dan la apariencia de conocimiento y, gracias a ellas (o por culpa de ellas) creemos saber de sociología, psicología, medicina o economía, según el caso, hasta el punto de creer que sabemos más que quienes investigan de verdad sobre esos temas. Cada una de esas afirmaciones (junto con otras muchas de ese cariz) está en el núcleo ideológico de un tipo de discurso que engatusa a demasiada gente durante demasiado tiempo.

¿Por qué somos tan atrevidos? Seguramente haya un cúmulo de circunstancias. Ayuda el que ninguna de esas disciplinas o ciencias lo sea con una exactitud o precisión como la física, pero ayuda también el que todos sabemos, por naturaleza y por vivir en el mundo, algo de cada una de ellas. A no ser que hayamos estudiado el tema con cuidado no presumimos de saber física o química. En cambio todos somos un poco psicólogos cuando notamos que alguien está triste, como somos un poco médicos cuando limpiamos una herida, un poco economistas cuando echamos unas cuentas y un poco sociólogos cuando detectamos grupos y diferencias sociales. Tenemos intuiciones más o menos elaboradas a las que nos aferramos demasiado. Se requiere de una gran disciplina para cambiarlas por las ideas basadas en investigaciones que se van formando con lentitud exasperante.

2 comentarios:

  1. Yo digo que todos somos egoistas.... jeje

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  2. Necesitamos creer que sabemos para que no nos paralice el vértigo de nuestra ceguera. Somos tontos pero no lo sabemos. Somos ignorantes pero lo ignoramos.

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