19 de junio de 2016

Sobre el nacionalismo (y 3)


José Luis Ferreira

Que uno esté contra el nacionalismo, entendido como ideología que parte de esencialismos a priori, no quiere decir que acepte cualquier argumento antinacionalista. (Aquí y aquí he hablado de ello). Por ejemplo, uno de los argumentos más repetidos contra el nacionalismo me parece uno de los más errados. Se trata de ese que dice que uno nace por casualidad en un pueblo y que, por tanto, preferir en algún sentido ese pueblo, o esa identificación con ese pueblo es un acto irracional.

Es errado porque lo mismo podríamos decir que nacemos por casualidad en el seno de una familia y que, por tanto, identificarnos con ella o querer a nuestros padres es también un acto irracional. De haber algo de cierto en la conclusión cuando se trata de un pueblo y que no lo es cuando se trata de la familia implicaría que nos faltan premisas en el primer argumento, pues solo con la así expuesta no podemos llegar a esa conclusión.

Yo no veo nada irracional en identificarse en alguna medida con las idiosincrasias de un pueblo, como no lo hay en sentirse a gusto en el grupo de amigos en los que, también por casualidad, aunque con gran parte de elección, hemos caído (entiéndase esto de manera muy laxa, el pueblo puede ser eso, un pueblo, una ciudad, un clan, una tribu, un país, una nación, una tierra chica o patria provinciana,... y la identificación puede tener muchos niveles). Al fin y al cabo, le pasa a la mayoría de la gente y, mientras no se use para ejercer de chovinista o xenófobo, no tiene por qué ser nada malo.

Pero igual que no hay nada irracional en lo primero, tampoco hay nada irracional que otras personas tengan más limitado (o tal vez debería decir más ampliado) ese sentido de identificación. Hay quien se siente más identificado con todo el género humano, con la gente de los países por los que ha viajado, con una ciudad donde por cuestiones de trabajo le ha tocado vivir, y así podemos seguir con una variada casuística. Pessoa decía que su patria era la lengua portuguesa, conozco gente que se identifica con la vida universitaria y se siente en su casa en cualquier universidad del mundo (reconozco que soy un poco así).

Las divisiones territoriales y los distintos grados de gobierno con sus distintas competencias deberán ir en la dirección de compaginar todas estas maneras de sentirse en el mundo. Durante un buen rato todavía seguiremos teniendo naciones estado, con organizaciones supra e infra estatales y con algunos casos de fusiones o separaciones de territorios dentro de estos estados. Lo importante es que huyamos de pretensiones de hacer homogéneos los territorios en sentidos que no aceptan las distintas identificaciones que libremente puedan tener los individuos que los componen.

2 comentarios:

  1. Se podría argüir que un individuo conoce a su familia pero la idiosincrasia de su pueblo (sea lo que sea) se la explican. Creo que podríamos hacer algo parecido con la xenofobia como ideología que parte del sentimiento de odio al diferente. Un sentimiento tan extendido como el amor a lo propio y que en cuanto tal sentimiento no tiene nada de irracional, o se tiene o no se tiene. Y la mayoría de la gente lo tiene, en distintos grados e intensidades. Los sentimientos pertenecen a la intimidad y mientras se queden ahí, no hay problema. Ahora bien, lo propio del nacionalismo es tomar un sentimiento como fundamento de derechos. Eso sí está sujeto a la crítica racional y sí se puede decir que es irracional.

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    1. Excelente reflexión. Al igual que puedo nacer en una familia, pongamos de hondas creencias homófobas y no justificar la homofobia por ello ni querer a mi familia.

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