12 de junio de 2016

Sobre el nacionalismo (2)

José Luis Ferreira

Continúo el tema del nacionalismo de la entrada anterior.

Decir que uno elige hablar una lengua únicamente por su utilidad como medio de comunicación es manifestar una preferencia propia, no enunciar un argumento apodíctico. Otros tienen otras preferencias. Se trata de qué hacer, políticamente, cuando se tienen preferencias diversas.

Eliminar la parte nacionalista me parece bien. Si uno dice "quiero hablar euskera porque es la lengua del paraíso" será objeto de crítica clara por aquellos que queremos eliminar sinsentidos e invenciones del discurso. Si uno dice "quiero hablar euskera porque gusta, me siento cómodo, o algo parecido" no puede ser objeto de crítica.

Parece, entonces, que la parte nacionalista está en la razón que se alega, no en la preferencia que se manifiesta. En algunos casos posiblemente sea así (como en el ejemplo que he puesto), en otros, definitivamente, no lo es (p.e., las ínfulas de superioridad de lo nacional respecto de la nación vecina o la querencia de dividir o unir a la gente en naciones pre-especificadas). Con todo, en los segundos casos, el no tener la razón esencialista del nacionalismo detrás permite que esas preferencias puedan expresarse en un discurso más racional en el que sea más fácil llegar a acuerdos políticos de convivencia.

Todos cuestionamos los abusos, pero lo que para algunos es abuso para otros puede no serlo. Yo, por ejemplo, puedo pensar que dar muchos puntos por saber euskera puede no ser una buena idea cuando se trata de dar una plaza de cirujano en Bilbao (o, lo que es peor, que sea necesario saber castellano para lo mismo en Madrid). Lo del Senado es simbólico. Un día al año se homenajean las lenguas minoritarias en el Senado. Es un pequeño gesto de saludo y de reconocimiento.

Es posible que en algunos ámbitos el término nacionalista se siga empleando también una vez eliminadas todas las apelaciones a esencias, romanticismos o sentimientos de superioridad. Contra eso no tengo nada que decir. La historia de la lengua dirá qué acepciones van teniendo las palabras. Tal vez habrá que prevenir de no caer en nominalismos o platonismos.

1 comentario:

  1. Los dos discursos son igualmente irracionales, la diferencia es que la expresión de preferencias es un discurso político mientras que el discurso nacionalista es prepolítico. Por eso uno se puede negociar y el otro no. Ahora bien, en general, ese tipo de discursos de preferencias es también nacionalista, en lugar de usar la nación como fundamento, usa la nación como fin. Es el discurso de la construcción nacional. Con las herramientas de un Estado (o algunas de ellas) construyen una nación, una vez la tienen fundan en ella una mayor homogeneización hacia dentro y mayor heterogeneidad hacia fuera. Todos los Estados lo hacen, así que supongo que es una cuestión de grados y de quién sufre la presión, normalmente primero los niños que no votan.

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