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La Esperanza, ¿es un bien o un mal?

 Por Alejandro Miñano



(…) Yo le hice pecar. Yo le hice desear ser más, por mi culpa tuvo esperanza.
Interesado por este asunto, pregunté:
¿Pero no es siempre la esperanza un bien, incluso en este caso y por breve que sea?
No es en mi opinión un bien la esperanza, muchacho, sino un mal y el peor de todo. Cuando Pandora cerró su caja, de la que escapaban todos los males, y la cerró a tiempo sólo al irse a escapar la esperanza, la divina esperanza, guardó en reserva el mal más terrible de todo, el incurable. La incurable esperanza humana de que un día seremos felices, o de que una soleada tarde de primavera, aromada por un lilo de flores blancas en torno a las cuales danzan las abejas, sea colmada alguna vez.
Yo no tengo esperanza, Redkins, porque aún reconociendo que es un bien, es un bien que daña mi instalación en la vida. A mi edad- Declaré solemnemente parándome en medio de la noche- ­ esperanza se reduce a energía vital, a gana de vivir. Y la gana de vivir parece un instante eterno que se colma instante tras instante según va produciéndose.  
Lo que yo quise decir entonces (y que ahora, melancólico, veo con más claridad) fue que como consecuencia de mi juventud, yo hacía aquellos años un elogio ronsardiano de la vida, del disfrutar cada momento por sí mismo y no, como los viejos entonces, como yo mismo ahora, maldisfrutar de este ahora en aras de un presunto mañana mejor. O, sencillamente, dejarme arrastrar por la incurable vertiginosidad del tiempo y no ser capaz de pararme en medio de este ahora mismo y ahí plantarme con tenacidad heróica.
  Así es como yo vivía la esperanza entonces, pero eso no se llama esperanza, ese sentimiento de presencia o, como mucho, de espera. Tener esperanza de un bien me desasosiega, me inquieta, me impide disfrutar del bien que ahora mismo tengo entre manos, por eso, de joven, el lugarteniente Aloof nunca llevó reloj. (…)

Pandora, de J.J. Lefebvre
Ha caído en mis manos el libro de Álvaro Pombo: La previa muerte del lugarteniente Aloof. El texto que hemos leído anteriormente me invita a reflexionar y a compartir con vosotros el siguiente debate: ¿es la esperanza un bien o un mal?
Según Hesíodo (Los Trabajos y los Días), Zeus ordena a Hefesto fabricar a la mujer, “digna de amar”, una mujer que va a enamorar locamente a los hombres. Cada uno de los dioses le dan un talento, una gracia, un atractivo: Atenea le enseña el arte del tejido, Afrodita le brinda la belleza absoluta y el don de suscitar el deseo “que hace sufrir” y provoca “los problemas que os dejan destrozados”. Dicho de otro modo, Pandora será la seducción hecha mujer; Hermes le pone un “corazón de perra y modales disimulados”: es decir, que Pandora querrá siempre, como dice Hesíodo, “bastante más”; esto es lo que significa el “corazón de perra”. Será insaciable en todos los planos: comida, dinero, regalos, siempre necesita más, pero también, claro está, en materia sexual, su apetito tampoco tiene límite. En cuanto a sus “modales disimulados”, significa que puede seducir a cualquiera, porque se le dan bien todos los argumentos, todas las argucias y todas las mentiras más deliciosas.
Zeus pretende que los hombres amen su propia desgracia. Además, regalará una extraña tinaja (“la caja de Pandora”) en la cual Zeus se ha ocupado de meter todos los males, todas las desgracias y todos los sufrimientos que se abatirán sobre la humanidad. Sólo la esperanza quedará encerrada en el fondo de este recipiente funesto. Entonces, Pandora fue enviada como regalo a Epimeteo, hermano de Prometeo, que seducido por su encanto la tomó por esposa, desoyendo los prudentes consejos de su hermano, que le había prevenido contra los regalos de los dioses. En su casa Epimeteo guardaba dicha “caja” que había prohibido tocar a su esposa. Pandora, demasiada curiosa, la abrió en cuanto tuvo oportunidad y todos los males del género humano que allí estaban encerrados escaparon y se extendieron por el mundo. Pandora consiguió cerrar la caja, pero demasiado tarde: sólo quedó la Esperanza (la Eris, para los griegos), tan engañosa a menudo para los mortales. Según otra versión, la caja encerraba todos los bienes que estaban destinados a los hombres, que de este modo los perdieron. Del mismo modo, como la Eva bíblica, el mito de Pandora presenta a la mujer como la responsable de todas las miserias humanas.
Por lo tanto, podemos interpretar de dos maneras el debate aquí presente. En primera lugar podemos pensar que los humanos no tendrán ni siquiera una esperanza a la que aferrarse porque esta última no ha salido de la caja. También podemos comprender que sí les queda la esperanza, pero que no es ningún favor que Zeus les haya concedido. Para los griegos, la esperanza no es un regalo. Más bien es una desgracia, una tensión negativa, ya que esperar es estar siempre en falta de algo, es desear lo que no se tiene y, en consecuencia, estar en cierto modo insatisfecho y ser desgraciado. Cuando se espera sanar es que se está enfermo; cuando se espera un trabajo es que no se tiene, cuando se espera ser rico es que se es pobre, de manera que la esperanza es mucho más un mal que un bien.
Para ahondar más en el tema, analicemos el punto de vista de Hesíodo:
¿Cómo concibe Hesíodo la esperanza: como esperanza de bienes o de males?
La interpretación genérica es que lo era de bienes. Así, Hesíodo querría explicar que en el mundo, junto con los males escapados de la tinaja, hay bienes y alegrías, que pueden prevalecer sobre los primeros si el hombre obra realmente. En suma, que aún quedaría una esperanza, esperanza de bienes. Bajo esta premisa, si admitimos que la esperanza de la tinaja son de bienes, y no de males, debemos tratar de precisar si ella misma es un bien o un mal. En mi opinión, la esperanza tiene dos caras: a veces, aparece concebida en términos positivos; otras, en términos negativos. Todo depende de la actitud que adopte el hombre ante la adversidad. Así pues, puede realizarse como un bien, la buena esperanza, cuando da fuerzas al hombre para seguir luchando en una situación de infortunio. Por el contrario, puede ser un mal, la vana esperanza, cuando lleva al hombre a holgazanear, confiado en que las cosas, independientemente de su actuación, mejorarán. En efecto, en Trabajos y días, Hesíodo nos habla de la vana esperanza, propia del holgazán, que por su imprevisión se ve necesitado de sustento y sin suficiente alimento; como la Eris amarga, esta vana esperanza aparta del trabajo. Pero también hace mención de la buena esperanza. Hesíodo, sin embargo, vive en un mundo donde prevalece la injusticia y tiene la firme esperanza de que Zeus no permitirá esta situación y que, gracias al trabajo, acabarán triunfando el bien y la justicia sobre los males que se dispersaron fuera de la tinaja, representándose como la Eris buena, esta esperanza conduce al trabajo.
En definitiva, la esperanza que quedó retenida en la vasija debió de ser concebida por Hesíodo en términos positivos, de acuerdo con la mención anterior, en la idea de que sería el único instrumento que le queda al hombre para defenderse de los males de los que repletos están la tierra y el mar, aquello que le incita a seguir luchando, con la confianza puesta en que Zeus no permitirá que la situación lamentable en que vive continúe por mucho tiempo.
Pero si la esperanza es un bien, su presencia en la tinaja en compañía de los males parece incoherente. La cuestión es saber si realmente es incoherente o si lo es sólo en apariencia. Por mi parte, es incongruente que en una tinaja en la que había males tuviese cabida un bien. Ahora bien, hay una segunda contradicción: saber si la esperanza es algo reservado al hombre o, por el contrario, algo que le es negado. Una cuestión que está íntimamente relacionada con la función de la tinaja. También, podemos defender que la tinaja presenta una doble función: cuando contiene un mal sirve como cárcel, mientras que, por el contrario, cuando es el recipiente de un bien sirve como despensa, teniendo entonces la aplicación habitual de las tinajas de las culturas primitivas.Esta caja, en cuyo fondo queda la Esperanza, tambíen tiene una interpretación de nuestro inconsciente con todas las posibilidades inesperadas que hay a nuestro alrededor, tanto excesivas, como destructivas o positivas, pero irracionales, si son dejadas a ellas mismas.
No sería la primera vez que se presente el mismo tema; nos referimos al pellejo de buey que Eolo entregó a Ulises (Odisea, Libro X). En él estaban encerrados y atados los vientos que, caso de escapar y soplar, impedirían la llegada de Ulises a Ítaca. En este relato, cuando el héroe estaba cerca de su hogar, sus compañeros, aprovechando que Ulises dormía, desataron el odre y todos los vientos se precipitaron fuera, acarreándoles la desgracia. Pues bien, como en la narración homérica, la tinaja hesiódica contiene algo que no debe dejarse escapar, pues las consecuencias de esta acción habrían de ser funestas. Pero en ambas ocasiones se abre el recipiente y escapa el contenido para desgracia de Ulises y sus compañeros, en un caso, y para la perdición de los hombres, en el otro. Éste sería probablemente el sentido de la historia primitiva. En el caso de Hesíodo, le añade un nuevo elemento: la esperanza. Un bien, que, al quedar encerrado en la tinaja, está a disposición del hombre y recurre a él en caso de necesidad. Sólo al añadir Hesíodo este nuevo elemento adquiere la tinaja esa doble función. De cualquier manera, hoy día, la caja de Pandora ha quedado como símbolo de lo que no se debe abrir y abrirla es siempre arriesgarse.

Y para ustedes, ¿la esperanza es un bien o un mal?

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