10 de abril de 2016

Epistemología, ¿para qué?


José Luis Ferreira

La pregunta "cómo conocemos la realidad" tiene desde hace tiempo una respuesta, que es el método científico. No es que sea la única manera, puesto que, sin ciencia, algo también conocemos de la realidad; sino que es la mejor manera de hacerlo, en el sentido de que es la que ofrece más y mejores resultados. La ciencia no resuelve problemas morales o de gustos, aunque puede aportar un par de ayudas. La primera es sobre el origen (evolutivo, social,...) de nuestras preferencias en esos temas y la segunda es sobre la coherencia interna de algunos sistemas de preferencias.

Todo eso está muy bien, pero los filósofos y los científicos quieren también poner orden en su quehacer y quieren reflexionar sobre cómo es posible ese conocimiento, si tiene unos límites, si algunos tipos de conocimiento tienen una base más sólida que otros o si el estatus de las leyes en una disciplina es distinto que en otra, por poner unos ejemplos.

A estas últimas inquietudes está dedicada la epistemología. Una de las primeras cosas que uno aprende es que ningún conocimiento, salvo la existencia propia (e incluso esta puede no ser del tipo que la imaginamos), es fiable al 100%. La parte empírica puede ser un engaño de los sentidos y no hay lógica que pueda demostrar que las cosas no se comportan de manera distinta cuando no las miramos. Lo que vemos de la realidad puede ser muy distinto de la realidad; la sensación de color no es una longitud de onda, ni la sensación de solidez de un objeto es una fuerza eléctrica repulsiva. La parte lógica, con las demostraciones de la lógica y las matemáticas, tampoco es demostrable lógicamente. Un demonio puede meterse en nuestro cerebro para hacernos sentir la sensación de "correcto" cada vez que damos un paso en una demostración.

Lo anterior no es ninguna reflexión científica profunda, sino un toque de atención de Pero Grullo para poder hacer lo que sí es la buena epistemología. Una vez que nada es 100% fiable, ¿qué hacemos? ¿podemos decir algo acerca de las inquietudes con las que plantábamos la querencia de una epistemología?

Antes que nada habrá que plantearse cómo podemos evaluar si avanzamos o no en nuestra epistemología. La respuesta no puede ser: si demostramos al 100% que hemos hecho lo correcto, porque ya sabemos que eso no puede ser. La respuesta tampoco puede ser: como nada es 100% correcto, todo vale y no podemos defender una postura frente a otra y solo queda no hacer nada. Habrá grados de aceptación. Habrá, tal vez, posturas epistemológicas que surjan de las evidencias que acumulamos y otras que requieran complicaciones innecesarias.

Una epistemología será mejor que otra si es capaz de encontrar distinciones relevantes. He aquí una lista con varios ejemplos de cuestiones que, en la medida que se contesten total o parcialmente por una epistemología, servirá para evaluarla y preferirla o no a otra:

  • ¿Hay una diferencia entre la lógica y las matemáticas, por un lado, y las ciencias empíricas, por otro?
  • ¿Qué se puede decir sobre el problema de la realidad exterior y de las otras mentes?
  • ¿Hay una diferencia de estatus entre las leyes de unas ciencias y otras?
  • ¿Por qué unas ciencias parecen avanzar más que otras?
  • ¿Qué conceptos se aplican a los modelos (a las teorías científicas) y qué conceptos a la realidad?
  • Un mismo concepto, ¿tiene significados distintos según se aplique al modelo o a la realidad -por ejemplo, el concepto de existencia-?
  • ¿Cómo se relacionan entre sí los elementos de distintas ciencias? ¿Pueden tener un estatus en unas y otro en otras?
  • ¿Cómo quedan ordenados los cuidados del método científico?
  • ¿Ofrece algún criterio para distinguir ciencia de pseudociencia?
  • ¿Encuentra diferencias entre ciencia, moral y estética que expliquen la distinta manera en que se procede en estos temas?
La epistemología que llevo planteando en este blog, en el mío personal y en numerosas discusiones en otros más, se puede evaluar en estos términos. Otros contertulios proponen epistemologías que no solo no se sabe qué hacen, sino que cuando les pregunto qué quieren hacer se abstienen de contestar, cuando les propongo un plan para ver en qué avanza cada posición me tachan de querer imponer ya una epistemología y cuando les señalo que su epistemología no parece estar dando cuenta de nada contestan que ya pero que qué se la va a hacer, que la mía tampoco da cuenta de nada al 100%.

Si alguien cree que exagero, esta discusión ilustra muy bien lo que señalo.

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