20 de marzo de 2016

Solidaridad versus caridad. Conclusión.


José Luis Ferreira

Termino la serie de solidaridad y caridad. Aquí 1 y 2.

En un pueblo o pequeño barrio, donde todos se conocen, los pobres también son conocidos por todos, y cada uno tiene su pobre a quien dar limosna. Esto es caridad.

En una cuidad grande o en un país entero, donde uno se presenta de manera más anónima en sociedad, no acabamos de saber quién necesita nuestro apoyo y quien no. Consideramos que queremos ayudar a algunos de nuestros conciudadanos y les conferimos derechos a una renta mínima, a unos cupones de alimentación, a una educación gratuita, a asistencia médica,... y creamos instituciones para que así se haga. Esto es solidaridad.

No estaba mal la caridad, cuando uno es responsable de un pobre y no de todos, se resuelve mejor el problema del escaqueado. Cada uno tiene una obligación con su pobre y será muy notorio si no la cumple. No solo para los demás, sino para uno mismo, que sabe que su dejadez no se distribuye entre todos los pobres del país, sino que se sufre por su pobre, a quien conoce.

No está mal la solidaridad, evita que el pobre tenga que aparecer como pobre y sentirse humillado ante sus benefactores, gracias justamente a ese anonimato. También por esta razón la solidaridad permite cumplir aquello de que no sepa tu mano derecha lo que hace la izquierda.

Según la leyenda, alguien dijo algo así. Hay quien recuerda su muerte estos días.

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