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Hegel, el gran oscurantista (Gabriel Andrade)

 En mi libro El posmodernismo ¡vaya timo!, fui muy crítico con varios autores alemanes. Pues, postulé la opinión de que, si bien los franceses ganaron la guerra en el campo de batalla, la perdieron en los salones de clase. Tras la Segunda Guerra Mundial, Francia renunció a su tradición ilustrada y racionalista, y se dejó seducir por el romanticismo y la contrailustración alemanas, y esto, eventualmente condujo al posmodernismo. En mi libro, critiqué a Herder, Heidegger, Adorno y Horkheimer, y otros autores alemanes que, a mi juicio, son responsables de haber sido pioneros en una indebida reacción en contra de la ilustración y la modernidad.

            Mario Bunge, el gran filósofo que escribió el prólogo a El posmodernismo ¡vaya timo! siempre ha tenido mucho desdén por Hegel, precisamente por los mismos motivos que él y yo tenemos desdén por Heidegger: es un autor tremendamente oscurantista. Pero, yo no me atreví a criticar explícitamente a Hegel en mi libro. Ahora, me lamento de no haberlo hecho, pues realmente, aún si no se le suele considerar un posmoderno, Hegel incurrió en muchos de los vicios que yo reprocho a los posmodernos.
            A diferencia de los románticos alemanes que explícitamente resistieron la ilustración y la razón moderna, Hegel quiso presentarse a sí mismo como un defensor de la razón. Pero, francamente, sus escritos están muy lejos de exhibir dotes racionales. Su obra es notoriamente incomprensible en su mayor parte. Una persona racional busca hacerse entender, y en ese sentido, defiende la claridad en el lenguaje. Hegel, en cambio, escribió en frases rimbombantes (Napoleón es el “espíritu del mundo montado a caballo”, “el devenir es la síntesis del ser con el no ser") que ha dejado a más de un lector rascándose la cabeza. Autores como Derrida, Lyotard o Deleuze (a quienes no se les entiende casi nada), tienen un precedente oscurantista en Hegel.
            En algunas partes de su obra en las cuales, aparentemente sí se da a entender, Hegel dice cosas tan absurdas, que muchas veces me he preguntado si Hegel más bien tenía un extraño sentido del humor. El sentido común no es siempre de fiar en asuntos filosóficos. Pero, cuando un autor sistemáticamente dice cosas que son totalmente ajenas a lo que una persona común postularía, cabe sospechar que algo está mal con él.
Consideremos, por ejemplo, su famosa idea sobre la relación entre amos y esclavos. Dice Hegel que, en la historia de la humanidad, el espíritu siempre ha buscado la autoconciencia, y eso conduce a una lucha por el reconocimiento. Esta descripción es de por sí sospechosa (¿espíritu?, ¿estará hablando Hegel sobre Gasparín?), pero en fin, por el momento admitamos que, efectivamente, la búsqueda del reconocimiento tiene mucho peso en la psicología humana. Todos tenemos alguna dosis de narcicismo, todos queremos que los demás digan que somos geniales.
En esta lucha por el reconocimiento, sigue Hegel, se da una confrontación que casi desemboca en la muerte. Pero, esta confrontación no puede terminar en la muerte, pues si uno de los partidos en confrontación muere, no podrá reconocer el triunfo del otro, y así, el vencedor se quedará sin nadie que lo reconozca. De nuevo, lo que Hegel dice es plausible, pero no es lo suficientemente claro. ¿En qué circunstancias ocurren estas confrontaciones? ¿Cuáles son algunos ejemplos históricos concretos? En fin, Hegel es más dado a la palabrería que a los datos concretos, pero una vez más, dejemos pasar esto y asumamos que, en efecto, cuando hay confrontaciones por el reconocimiento, a veces no se llega a la muerte, aunque, por supuesto, muchas otras veces, sí hay víctimas fatales.
Hegel se pregunta: en esta confrontación, ¿quién es el ganador y quién es el perdedor? Y, es en estas respuestas donde Hegel ya empieza a decir cosas muy extrañas. Según Hegel, quien prefiere la vida y teme a la muerte, se convierte en esclavo. Y, quien prefiere la libertad y no le importa morir en la lucha por el reconocimiento, se convierte en el amo. Así, en esa lucha por el reconocimiento, el perdedor es un cobarde, y paga su cobardía perdiendo su libertad y convirtiéndose en esclavo.
En otras palabras, ¡Hegel culpa al esclavo por su propia esclavitud! Kunta Kinte estaba tranquilamente en su aldea africana, cuando de repente, llegó un negrero europeo. Kunta Kinte quedó un poco confundido por la llegada de este nuevo visitante, y en un dos por tres, ya tenía los grilletes encima, destinado a ser esclavo en una plantación de algodón en Nueva Inglaterra. Obviamente, para alguien con sentido común, Kunta Kinte es una víctima. Pero, Hegel no lo vería así. Kunta Kinte se buscó su propio destino, al preferir la vida por encima de la libertad en la lucha por el reconocimiento.
Las cosas raras que Hegel dice sobre la relación entre amos y esclavos no terminan ahí. Son de sobra conocidos los suplicios de la esclavitud. Y, cualquier persona con sentido común postularía que, en una relación de esclavitud, obviamente el amo tiene la ventaja. Pero, de nuevo, Hegel tiene una cruzada contra el sentido común. Pues, el filósofo postula que, en esta dialéctica entre amo y esclavo, quien realmente tiene una ventaja es el propio esclavo. Según Hegel, en tanto el amo depende de la labor del esclavo, deja de ser libre. En cambio, el esclavo, a través de su trabajo, se realiza él mismo en su conciencia (nuevamente, vale preguntarse qué es exactamente “realizarse en su conciencia”, pero en fin, dejémoslo pasar), y supera el sentido de dependencia que ahora el amo sí tiene.
Esta idea de Hegel me recuerda un poco al cinismo de los nazis cuando, en Auschwitz, colocaron una infame consigna como cartel de bienvenida a los prisioneros: “El trabajo os hace libres”. Hegel no se conforma con decirle al esclavo que él merece su condición por ser un cobarde, sino que además, su trabajo para el amo es una manera de encontrar su propia conciencia. En otras palabras, Hegel termina por decir que la esclavitud es buena para el propio esclavo.
No quise atacar a Hegel en El posmodernismo ¡vaya timo!, en parte porque, en la universidad me enseñaron su supuesta relevancia. Pero, ahora pienso que Mario Bunge tiene razón: basta que alguien (sobre todo si escribe en alemán) escriba cosas aberrantes o frívolas en un lenguaje rimbombante, para que alguna gente quede hechizada con sus palabras grandilocuentes. Lamentablemente, el propio Marx (un autor con el cual no simpatizo, pero a quien sí reconozco su relevancia y grandeza) aparentemente fue víctima de este hechizo.

Alguna otra gente se dio cuenta de que lo que Hegel enseñaba eran cosas muy extrañas, y trataron de hacérselo ver. ¿Cómo? De la misma manera en que yo estoy tratando de confrontar a Hegel: aplicando una dosis de sentido común, y señalando hechos que no concuerdan con las teorías de Hegel. Ante esos críticos que le señalaban hechos contrarios a su teoría, Hegel supuestamente respondió con esta frase infame: “Si los hechos contradicen a mi teoría, tanto peor para los hechos” (según alguna crónica no del todo confiable, Hegel decía que había siete planetas, debido a la relevancia metafísica del número siete, y cuando le mostraron la evidencia astronómica de que había más de siete, mandó al carajo la evidencia).
Según parece, esta frase en realidad es apócrifa. Pero, sí refleja bastante bien su actitud filosófica general. Una frase que sí está muy bien documentada, en cambio, es aquella que pronunció en su lecho de muerte: “Sólo un hombre me ha entendido… Y ése no me entendió”. Nunca mejor dicho. Quizás ésta sí sea una de las frases más sensatas de Hegel.

Comentarios

  1. Con razón nunca lo entendí. Si quiero leer cosas oscuras leo a Luis de Góngora.

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  2. No tienes idea de lo que estás diciendo. No estás entendiendo a Hegel en lo más mínimo. Lo que Hegel dice es que el esclavo tiene la sartén por el mango. Cuando no se es parte del poder, saber que se tiene la sartén por el mango es más importante que ser el "amo". De hecho, Hegel está criticando y metiendose en el bolsillo la importancia del "amo", porque no es un amo, es un esclavo. Y en efecto, los grandes dictadores, tiranos, han sido siempre seres miserables, dignos de lástima. Puedes hablar mal de Nietzsche y de todos los posmodernos que quieres, pero hablar mal de Hegel es no entenderlo en lo más mínimo.

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  3. Y por favor basta de creer que el tiempo transcurre de adelante hacia atrás, desde el futuro hacia el pasado. Hegel según creo no conocio a Marx, menos a Nietzsche, no fue influido por ellos, ¡ellos fueron influidos por Hegel! Es decir que si las ideas de Hegel fueron distorsionadas, lo fueron en el sentido normal del tiempo, desde atrás hacia adelante, y no desde adelante hacia atrás. Fueron Marx y Nietzsche quienes deformaron o no entendieron las ideas de Hegel, no fue Hegel quien no entendió a Marx o Nietzsche. ¿Cuál es el gusto de creer que Hegel es posmoderno, o que conoció a los posmodernos y fue su amigo, y le dio su visto bueno? Por ultimo, esa frase de Hegel es muy cierta: "sólo un hombre me ha entendido, y ese no me entendio". Cual es la parte que no se entiende, a ver... te lo voy a explicar en simple lemguaje afectivo: Hegel no se sentía comprendido; conoció a un hombre que lo admiraba y decia entenderlo; se sintió comprendido, sin embargo, a su pesar, vio que ese hombre no lo entendía... en otras palabras; conoció a alguien que "lo entendió" (lo admiró, lo apoyó, le consoló en un sentido afectivo, social), sin embargo ese verdadero amigo no lo entendió en un sentido intelectual.

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