14 de febrero de 2016

Los sesgos cognitivos (2)


José Luis Ferreira

En la entrada anterior hablé de tres sesgos cognitivos que mostramos los seres humanos a la hora de tomar decisiones en situaciones de incertidumbre tal como fueron detectados y presentados por Kahneman y Tversky. En esa primera entrada dedicada al tema traté el sesgo de representatividad. Hoy toca el sesgo de disponibilidad.

Es, tal vez, el más sencillo de explicar: tendemos a creer que es más abundante o probable aquello de lo que podemos generar ejemplos más fácilmente.

Son varios los experimentos sencillos que se pueden hacer para ilustrar varias versiones de este sesgo. También he reproducido algunos de ellos en clase con los resultados previstos. No fallan.

1.- (En inglés) ¿Hay más palabras que comienzan con la letra "r", como run, o que contienen la letra "r" en tercera posición, como car? Las opiniones son siempre favorables al primer caso, cuando la realidad es que abundan más las segundas. La razón más plausible de esta discrepancia es que es fácil pensar ejemplos del primer tipo que del segundo. Un ordenador no tendría problemas en encontrar ambos, pero el mecanismo de búsqueda de nuestra mente encuentra mejor unos ejemplos que otros.

2.- En un grupo de 10 personas hay que formar un comité formado por un subgrupo de ellas. ¿Cuántas combinaciones son posibles para elegir uno de 2 personas? ¿Y uno de 8? De nuevo, las respuestas estiman en un mayor número los comités posibles de 2 personas. A nada que pensemos debe quedar claro que deben ser las mismas combinaciones. Cada comité de 2 personas define uno de 8 (los que no se eligen), pero es más fácil pensar en combinaciones de 2 que en combinaciones de 8.

3.- Este es un caso tomado de un experimento hecho por una pareja de psiquiatras: Se presenta a una serie de personas datos sobre varios pacientes mentales ficticios. Los datos son un diagnóstico clínico y el dibujo de una persona hecho por el paciente. Se encontró que se exageraba la correlación entre diagnóstico (p.e., paranoia) y características del dibujo (p.e., una forma peculiar en el dibujo de los ojos). De hecho, se encontraban incluso correlaciones que no existían o que eran justo las contrarias.

Así somos. Es difícil, incluso con entrenamiento, sustraerse a estos sesgos. Un médico puede no solo tener una muestra sesgada del éxito de sus tratamientos (porque la muestra de población que trata es ya sesgada o porque los que están contentos vuelven y los que no, no), sino que además puede recordar más los éxitos que los fracasos. Los éxitos se recuerdan y los fracasos se achacan a razones espúrias o simplemente se olvidan. O no, puede que un médico especialmente raro se acuerde más de los fracasos. Lo que importa es señalar que es casi imposible no estar sesgado en nuestras apreciaciones personales. Para evitar eso se inventó el método científico. No aplicarlo en medicina no es mala práctica, es un crimen.

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