11 de enero de 2016

¿Vale la pena debatir con los “magufos”? Contra la altanería de negar el debate


Por Matías Suarez Holze

      

   Pude observar últimamente como varios escépticos consideran explícitamente una pérdida de tiempo el debate, el dialogo y el consenso con los denominados “magufos” (gente de pensamiento mágico, defensora de las pseudociencias, las supersticiones, los mitos, etc.), alegando que es  imposible hacer que reconozcan errores, claudiquen en su postura y se retracten por ser altamente necios y soberbios.  Claramente no estoy de acuerdo con esta postura, y creo que la labor de todo divulgador y ensayista escéptico muchas veces se sostiene implícitamente en el hecho de que es posible enseñar y lograr consenso racional entre los individuos que piensan mal o están fácticamente equivocados. Eso sí, que hay formas de debatir más eficaces que otras y que algunas veces pueda ser una pérdida de tiempo tal vez no lo suficientemente justificada no lo pongo en duda. Tampoco niego la existencia de los sesgos cognitivos que dificulten y hasta algunas veces imposibiliten a los equivocados aceptar sus errores y retractarse, pero que existan sesgos no quiere decir que superarlos sea algo imposible.

 Creer que todos los “magufos” o los que sostienen ideas y opiniones erróneas son soberbios, necios, incorregibles e irracionalistas absolutos es en sí soberbio, antiracionalista y antihumanista. El racionalismo se basa en parte en la consigna o hecho de que todos los seres humanos mentalmente sanos somos potencialmente capaces de razonar, de reconocer nuestros errores y de aprender, y el humanismo en que lograr eso vale la pena y hay que esforzarse para conseguirlo si queremos una sociedad mejor. Es altamente elitista y altanero creer que los magufos son gente inferior incapaz de pensar correctamente, y a la vez creer esto lleva a justificar la negación del debate (algo dogmático, antiintelectual y deshonesto en la mayoría de los casos) e incluso a una injusta discriminación intelectual que se vuelve desmerecimiento, cosas opuestas al racionalismo y a la ética humanista secular.

 Aunque haya casos particulares de dogmatismo extremo que impidan que una persona acepte que está equivocada, intentar debatir y demostrar racionalmente y con evidencias nunca es totalmente en vano.  Una persona irracional o equivocada por más fanática que sea y por más sesgos que tenga, si ve que alguien tiene razones sólidas para no estar de acuerdo con sus ideas es un poco más posible que si en algún momento duda de sus creencias, pueda afrontar el hecho de que estaba equivocada y cambiar de opinión. Hay muchísimos casos de gente que terminó por abandonar creencias muy arraigadas, desde ex clérigos que se vuelven militantes ateos (como Jean Maslier, John W. Loftus y Dan Barker) hasta destacados autores psicoanalistas que se vuelven antipsicoanalistas al evaluar su falta de eficacia, evidencia y rigor (como Dylan Evans). Estoy totalmente seguro de que eso no hubiera podido ser posible, o se hubiera complicado en demasía, si estos individuos hubieran estado alejados de la crítica y el cuestionamiento externo a sus ideas. Incluso muchos de los que hoy nos consideramos escépticos, fuimos en algún momento magufos, y sin duda que le debemos mucho a los que alguna vez nos refutaron una creencia que sosteníamos con vehemencia. Hay muchas razones para abandonar el pesimismo y abrazar un realismo un poco más optimista. Y de esto estoy seguro, ya que en mi pasado magufo (que no niego) logré superar creencias muy firmes gracias a todos los debates o refutaciones en los que me vi acorralado.

     Es injustificado sostener que un fanático en ningún momento de su vida pueda renunciar a su postura. Y aunque haya personas irritablemente tercas, intentar dialogar con ellas es ético y honesto, mientras que considerarlas inferiores incapaces de razonar y desmerecedores de toda consideración  es inmoral y arbitrario. Todos merecemos consideración y todos tenemos derecho a estar bien educados, así como también es responsabilidad moral, por lo menos para un humanista secular, intentar educar amable y racioempíricamente a los equivocados.   No hacerlo y ser indiferente a la difusión de mentiras es perjudicial, no solo por el hecho de que nunca se sabe qué fatales consecuencias prácticas pueden derivar de una mentira o error, sino que en sí mismo perjudicial aun cuando no posea hasta el momento consecuencias prácticas relevantes. Si deseamos una sociedad basada en el respeto por la realidad, la verdad y la razón no podemos ignorar a los equivocados que insisten en sostener y difundir ideas falsas, debemos intentar de demostrar razonablemente en donde radica su error (siempre y cuando manejemos el tema y seamos honestos y racionales), para de esta manera eliminar las raíces de la mentira, el error y el engaño, y sobre todo, para ayudar a los que posiblemente tengan buenas intenciones pero mala educación.

 Claro está que el debate no es el único medio de combatir la “magufada”, algunos prefieren publicar contundentes ensayos y artículos alegando que vale más la pena al ser más eficaz. No tengo objeción, más allá de que de todos modos, el debate sigue siendo un excelente medio para contrastar información, aumentar el aprendizaje sobre la postura contraria, agilizar la razón, poner a prueba nuestras conclusiones, sistematizar y ordenar conocimientos, establecer el dialogo, superar la intolerancia, etc. Escribir majestuosos artículos contra las denominadas magufadas puede ser una forma más eficaz de administrar el tiempo,   pero el debate no deja de poseer sus ventajas y su encanto especial.

4 comentarios:

  1. Increíble panfleto con miras a "educar" a la población creyéndose superiores. La última que vez que entré al sitio de Círculo Escéptico Argentino, de donde Matt suele escribir, su amigo decidió no publicar mis últimos comentarios.
    Ahora que vuelvo a leer la dichosa bitácora me encuentro con el tal Matt dos comentaristas (Mauricio y simios) le refutaron varios puntos donde crea alarmismo contra la homeopatía.
    Hasta el momento, este escrito de Matt es una pataleta para no responderles a Simios y a Mauricio, y tampoco Matt es capaz de retractarse de sus calumnias.
    Es increíble el grado de ceguera.

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  2. Creo que estamos confundiendo un término como magufo con crédulo (o incluso creyente).

    Magufo fue un neologismo creado para definir a los que viven y venden lo irracional y paranormal, ni siquiera tienen que creer en lo que venden (es más, la mayoría no se creen sus tonterías) como Iker Jiménez por poner un ejemplo.

    Crédulo es alguien que está mal informado y cree una serie de cosas sin cuestionárselas apenas (la homeopatía, las naturipatías, la religión folklorica, etc...).

    Y por último el creyente es el que cree en esas cosas irracionales pero de forma consciente, por ejemplo una persona practicante de una religión que además está comprometida y tal (un sacerdorte, un seglar, un catequista, etc...).

    Así pues ¿debatir con un magufo? pues no, es como debatir con un político corrupto, da igual lo que digas, va a retorcerlo todo puesto que se juega su modo de vida.

    ¿Con un creyente? si, además suelen ser educados, admiten tus puntos de vista, te muestran los suyos pero dificilmente se les puede convencer.

    ¿Con un crédulo? siempre, sus creencias suelen ser más desinformación que otra cosa y aunque no se consiga nada, al igual que los creyentes no suelen ser malas personas.

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    1. Claro, usamos diferentes definiciones de "magufo". Para mi un magufo tambien es un creyente y un credulo.

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  3. Y tu quien eres para juzgar nada!quiza los que crean a pies juntillas no tengan ni idea, pero esta claro que tu tampoco.

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