3 de enero de 2016

Podemos, la toma de Granada, y la independencia de Venezuela (Gabriel Andrade)

  La toma de Granada es uno de los acontecimientos más conmemorados por el nacionalismo español. En 1492, los Reyes Católicos conquistaban Granada, el último reino moro de la Península Ibérica. En 711, los musulmanes habían cruzado el estrecho de Gibraltar, y con asombrosa rapidez, conquistaron las tierras ibéricas. Desde Asturias, se inició el proceso que vino a llamarse “la reconquista”, y progresivamente, los reinos cristianos fueron arrebatando territorio a los musulmanes. Finalmente, en 1492, se completó aquella empresa.
            Por supuesto, difícilmente Boabdil, el último rey moro, se consideraba a sí mismo un invasor. Sus ancestros habían llegado siete siglos antes a España, y los musulmanes de Granada estaban tan aferrados a su tierra como cualquier ciudadano lo está hoy con su país. Y, en ese sentido, objetivamente, no es tan fácil pensar en la toma de Granada como una liberación. Fue más bien una invasión de reyes expansionistas cristianos, que conquistaron con atrocidades (sitiaron a Granada por casi un año, y la sometieron a una hambruna), expulsaron a la población judía, e impusieron la conversión forzosa de los musulmanes.

            En la celebración de la toma de Granada este año 2016, el partido político español Podemos ha destacado este revisionismo histórico. Y, en ese sentido, ha protestado en contra de las celebraciones. Podemos percibe las festividades, no solamente como una celebración de hechos vergonzosos, sino también, como una afronta en contra de los actuales españoles musulmanes. De hecho, Podemos no sólo se opone a las festividades, sino que también insta a las actuales autoridades españolas a pedir perdón por aquellos sucesos vergonzosos.
            Me parece muy bien esta sana actitud revisionista de Podemos. Las cosas deben contarse como ocurrieron, y en la toma de Granada hubo atrocidades. Asimismo, rechazo esa idea relativista, según la cual, los parámetros morales de hace cinco siglos no son los mismos que los de hoy. Sitiar a una ciudad para matarla de hambre, expulsar a minorías religiosas, y suprimir la libertad de culto, está mal hoy, y también estuvo mal en 1492. ¿Debe pedirse perdón? Pues, sí. Si Willy Brandt se arrodilló pidiendo perdón por los crímenes nazis en su visita a Polonia, no veo por qué no se pueda pedir perdón por los crímenes que los cristianos cometieron contra los moros en la toma de Granada.
            El problema, no obstante, es la típica hipocresía izquierdista de Podemos. Pues, no es un secreto que Pablo Iglesias llenó su boca de elogios a Hugo Chávez y la revolución bolivariana de Venezuela. En 2010, esta revolución celebró por todo lo alto (con muchísima más pompa que las celebraciones de la toma de Granada) el bicentenario de la proclamación de la independencia de Venezuela respecto a España.
            Los españoles que vivían en Venezuela en 1810, lo mismo que los moros de Granada, tampoco se sentían invasores. La conquista de América había ocurrido ya tres siglos atrás. La expulsión de los españoles de Venezuela fue, como la de los moros de Granada, tremendamente violenta. En 1813, Simón Bolívar emitió un decreto proclamando que, aquellos españoles que no tomaran partido activo en la revuelta, serían ejecutados. A Bolívar no le tembló la mano para ejecutar a dos mil prisioneros españoles en el puerto de La Guaira en 1814. Cuando, finalmente Venezuela selló su independencia en 1824, hubo despojo masivo de propiedades de ciudadanos españoles, y muchos fueron deportados.
            El nacionalismo venezolano trata de endulzar estos eventos, alegando que sí se trató de una guerra de liberación, pues la Corona española imponía condiciones de opresión. Tienen razón. Pero, ¿justifica eso las atrocidades? El reino de Granada, y Al Ándalus en general, contrariamente a lo que proclama la leyenda rosa, no era un paraíso de tolerancia y libertad. Los judíos y cristianos eran ciudadanos de segunda clase, obligados a pagar un impuesto adicional. Si eso no justifica las atrocidades de los Reyes Católicos, ¿por qué la opresión de la Corona española en el siglo XIX sí debe justificar los crímenes de Bolívar?

            En Venezuela, quien se atreva a solicitar al gobierno pedir perdón a España por las atrocidades de los patriotas en la guerra de independencia, enfrenta serias amenazas. Decir que la celebración del bicentenario ofende a los inmigrantes españoles en Venezuela (y, vale agregar que son un colectivo bastante grande), del mismo modo en que la celebración de la toma de Granada ofende a los musulmanes de España, es risible en Venezuela.
            Al final, Podemos participa de la misma hipocresía de siempre respecto a los nacionalismos. Para ellos, el nacionalismo es malo, pero sólo si se trata del nacionalismo español. Si los vascos o catalanes quieren distorsionar la historiografía, contando mentiras que le sirvan de provecho para sus propios nacionalismos, Podemos lo deja pasar. Y, si Venezuela opta por celebrar atrocidades en su guerra de independencia, Podemos se hace cómplice, elogiando a los líderes políticos que promueven estas celebraciones.
En resumidas cuentas, la postura de ese sector de la izquierda es muy sencilla: los latinoamericanos, árabes y africanos, sí tienen derecho a ser nacionalistas; los europeos y norteamericanos no. Si esto no es hipocresía, ¿qué es?

3 comentarios:

  1. ¿Quién tendría que pedir perdón? ¿Los castellanos, los españoles, los católicos, los cristianos, los monárquicos...? ¿o los que reúnan dos o más de esas características? ¿y a quién deberían pedir perdón? (Hágase el mismo ejercicio que arriba)

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  2. Y de verdad no será mejor dejar las cosas como esta?, sinceramente me parece envidiable los países que miran hacia delante y no hacia atras.

    Guerras ha habido siempre, excesos ha habido siempre, hermanos han luchado contra hermanos, vecinos contra vecinos... creo de verdad que lo que ha pasado hace 50 años es historia y ya ni te cuento lo que paso hace 200 o 500 años como son los casos que aqui hablamos.

    Personalmente ni quiero que me pidan perdón por lo que hizo mi tatatatatarabuelo ni por supuesto lo voy a pedir yo.

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  3. Lamentable. Sólo fue una vez, pero me arrepiento de haber tirado mi voto en este partido. Menos mal que me quedan otras opciones.

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