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Hablar es gratis (2)


José Luis Ferreira

En la entrada anterior con este mismo título exponía qué tipo de información sirve para distinguir a una persona de su impostor y cuál no sirve.

Vayamos un poco más allá y apliquemos el mismo análisis a las proposiciones acerca de la realidad.

Uno de los argumentos que me parecen más persuasivos cuando se trata con creyentes en, por ejemplo, cualquier práctica médica sin evidencia empírica es proponer lo siguiente.

1. Existen muchas prácticas médicas alternativas: la homeopatía, la iridiología, la acupuntura, la de los chamanes, la de los hueseros, la ayurvédica, la quiropráctica, la osteopatía, la magnetoterapia, la aromaterapia, la de los vendedores de aceite de serpiente, la de los curanderos, el psicoanálisis, …

2. ¿Crees en todas ellas o hay alguna sobre la que tienes algún reparo total o parcial? Por ejemplo, acaso creas que la iridiología es una patraña o que algunos curanderos son impostores.

3. ¿Por qué no crees en alguna de ellas y en otras sí?

4. Una respuesta adecuada a la pregunta anterior debería incluir algún tipo de evidencia que exista en el caso de la práctica en la que crees y que no exista en la práctica en la que no crees.

5. Evidencia del tipo “hay mucha gente que cree”, “es una práctica consolidada en el tiempo”, “la gente que acude a ella se siente mejor”, “si no funcionara, no tendría tantos seguidores”,  “por qué no va a funcionar”, “la ciencia muchas veces a aceptado cosas que antes no hacía” o “la gente que se dedica a ello ha acumulado mucha experiencia sobre esa práctica y saben que funciona” no es un buen argumento. Cualquier curandero tendrá una fila de gente dispuesta a atestiguar que sus prácticas funcionan.

6. La evidencia debe ser del tipo que permita distinguir las prácticas en que crees de aquellas en que no crees. ¿Qué tal alguna investigación que tenga en cuenta la posibilidad de que estemos ante algún tipo de autoengaño, placebo, sugestión, sesgo cognitivo,…?

7. Habría que aceptar las consecuencias de encontrar que la práctica en la que creemos no tiene argumentos en su defensa que no tenga aquella en la que no creemos.

He dicho que es un argumento que me parece especialmente convincente. En realidad no pienso que haga demasiada mella en alguien ya convencido, pero esa no suele ser la cuestión, sino la de exponer unas dudas a quien no esté plenamente convencido o la de presentar un argumento sencillo en una charla o en una clase sobre el método científico.

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