29 de noviembre de 2015

Qué es esa cosa llamada ciencia

José Luis Ferreira

Hay algunos seres humanos que en algún momento se proponen un proyecto: entender y explicar la realidad. Lo primero que encuentran es que ese proyecto, así dicho, no está bien expresado. La definición no es operativa y discutiremos eternamente acerca de lo que es entender y explicar.

Así, pues, optan por la siguiente definición, que es la que definirá el proyecto a partir de ahora: encontrar hechos, leyes que generalicen los hechos y teorías (conjunto de leyes primitivas) que expliquen las leyes (excepto las primitivas).

Además, proponen una medida para saber si esas teorías explican o no: si con una predecimos más y mejor los hechos y con ellas podemos interactuar más y mejor con la realidad (usando la ley de la palanca para mover objetos, por ejemplo) que con una alternativa, será esa la definición de mejor explicación.

A partir de aquí buscamos una manera de construir o testar esas teorías. Esto es el método científico (lógico-deductivo-materialista-positivista-legalista-naturalista-o como se quiera llamar).

Con ese método construimos teorías que, efectivamente, con el criterio anterior, ofrecen cada vez mejores explicaciones. ¿Dónde está la circularidad o el suponer lo que queremos demostrar?

A priori nos marcamos un proyecto. A posteriori comprobamos que nos acercamos a él. El que el método permita esto es su virtud, no su defecto.

Podía no haber ocurrido así. Podíamos haber construido teorías que ofrecen mejores explicaciones con el criterio anterior basadas no en el método lógico-deductivo-positivista-..., sino con el método de hacer caso a un maestro, el de la palabra revelada, el de mirar los posos del café, el de la metafísica, el de la dialéctica, you name it. Pero no ha sido así.

Podía haberse dicho: como mi objetivo es acercarme a Bilbao, es redundante decir que me he acercado a Bilbao porque resulta que mido el éxito según si estoy más cerca de Bilbao. Bilbao a priori y a posteriori. Eran mejores las paradojas de Zenón de Elea.

Se ha dicho: por lo menos el fideísta busca una explicación absoluta, y eso tiene de bueno. Por lo mismo podía haberse dicho: por lo menos el fideista persigue una quimera, y eso tiene de bueno. 

De hecho los granos se extirpan sin definiciones perfectas de grano y de extirpabilidad.

Hay una mejor manera de entender y explicar la realidad (según lo dicho antes acerca de esos términos). El hecho de que algunos filósofos no sepan encajarla en sus esquemas mentales dice algo acerca de lo mal formulados que están esos esquemas mentales y nada acerca de esa mejor manera.

Tal vez se refieran a que entender y explicar es otra cosa. Está bien. Pero esto abre dos cuestiones.

Primera: si tienen otra manera de dar una mejor definición de explicar y entender y se mojan con una manera operativa de comprobar si cumplen el objetivo, adelante.

Segunda: aunque no les guste la propuesta del comentario (eso de saber que decir que estamos entendiendo más cuando interactuamos mejor con la realidad) por lo menos podrán hacer el ejercicio de decir "condicionado a ese objetivo proponemos tal y cual cosa que será mejor que ese positivismo".

Como nadie ha conseguido nunca proponer nada distinto y mejor que el método científico yo, como Diógenes ante el discurso de Zenón de Elea, diré que el movimiento se demuestra andando.

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