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¿Necesita el Medio Oriente a un Voltaire? (Gabriel Andrade)

 Recientemente, mi amigo Gendrik Moreno me decía que, a su juicio, el Medio Oriente no necesita a EE.UU., sino a Voltaire. Con esto, supongo, Gendrik quería decir que los cambios en esa convulsa región del mundo no vendrán con intervenciones militares norteamericanas, sino con el incentivo de la racionalidad ilustrada que haga menguar el fanatismo de aquellos lares.
            Desde hace bastante tiempo, muchos comentaristas, tanto musulmanes como no musulmanes, opinan que el Islam necesita algo así como un Lutero. La civilización islámica está anclada en un atolladero, y para salir de él, necesita alguien que promueva reformas, como el monje agustino lo hizo en el seno de la cristiandad en el siglo XVI.

            Yo no opino que la aparición de un Lutero en el Islam vaya a mejorar las cosas. Sí, ciertamente Lutero denunció la corrupción del clero católico, pero en general, sus reformas no fueron muy ilustradas, y no estoy seguro de que hizo al mundo un lugar más digno. Lutero abrió las puertas al fanatismo religioso protestante y llevó a un extremo el literalismo bíblico, y hasta el día de hoy sufrimos las consecuencias de ello.
            De hecho, en el seno del Islam ya hay gente que quiere hacer con esa religión algo parecido a lo que Lutero hizo con la suya, y los resultados no han sido muy óptimos. Los integristas musulmanes hasta cierto punto emulan la reforma de Lutero: quieren llevar su religión a la supuesta época dorada de sus orígenes, y así como Lutero llevó a un extremo el literalismo bíblico, estos fanáticos quieren llevar a un extremo el literalismo coránico.
            Por eso, me parece, Gendrik tiene razón. La salvación del Islam como civilización no está en un Lutero, sino en un Voltaire que, en vez de hacer reformas en nombre de más fanatismo religioso, promueva la secularización, o al menos, el racionalismo y el examen crítico de las doctrinas religiosas.
            El problema es que Voltaire, quien escribió la satírica obra Mahomet, es un trago demasiado grueso para los musulmanes, no solamente por su insolencia, sino porque es representante de la civilización occidental. Para muchos musulmanes, muy sensibles al choque de civilizaciones, una figura como Voltaire es símbolo del dominio imperialista francés, y de la humillación del pueblo musulmán.
            Afortunadamente, no obstante, el Islam ha tenido a sus propios Voltaire; pero lamentablemente, éstos fueron enterrados por el fanatismo hace varios siglos, y hasta el día de hoy, siguen sepultos. En ese sentido, la salvación del Islam no está en la importación de Voltaire, sino en el desentierro de esas figuras voltaireanas, pero no por ello ajenas a la propia civilización islámica.
            Todas esas figuras defendieron el uso de la racionalidad. Averroes, por ejemplo, sostuvo que una doctrina a la cual se llega por la razón, puede sostenerse, aun si contradice los parámetros de la fe. Ibn Al Rawandi fue incluso más lejos, al punto de rechazar la historicidad de los milagros, la veracidad de las historias sobre Mahoma, y la propia existencia de Dios.
            Hacia el siglo VIII, los mutazilíes, una escuela filosófica que exaltaba el uso de la razón (pero, no al punto de abrazar el ateísmo), influyó sobre el califato. Fue la época dorada de la civilización islámica. Pero, tal como lo cuenta Robert Reilly en su libro The Closing of the Muslim Mind, el declive del Islam empezó cuando los mutazilíes perdieron el favor de los califas, y fueron reprimidos, en el siglo X. En su lugar, los asaríes fueron favorecidos. Los mutazilíes se oponían a la doctrina de que el Corán es un libro no creado y eterno (creer que sí es eterno sería idolatría, pues eso haría del Corán un dios en sí mismo, opinaban los mutazilíes), mientras que los asaríes opinaban que el Corán no fue creado. Hasta el día de hoy, la interpretación de los asaríes ha prevalecido. Y eso propicia el fanatismo, pues al considerar que el Corán es un libro no creado y eterno, se considera que es atemporal, y en ese sentido, no es propiamente contextualizable en épocas históricas: es un libro para todas las épocas, y así, debe interpretarse literalmente en su totalidad.

            A juicio de Reilly y otros historiadores, el mayor responsable individual del declive del Islam en el fanatismo, la ignorancia y la barbarie, fue el filósofo Al Ghazali, el máximo exponente de los asaríes. Al Ghazali promovía la idea de que Dios no está sujeto a ninguna ley, y puede actuar caprichosamente. Así, las cosas no suceden porque obedezcan a una secuencia de causa y efecto, sino sencillamente porque Dios decide que cada cosa ocurra. Esta doctrina, que hoy es llamada “ocasionalismo”, básicamente destruye cualquier noción de causalidad: evento X no es causa de evento Y; evento X ocurre porque Dios así lo decide, y evento Y ocurre porque Dios así lo decide. Si Dios quisiera actuar de forma distinta, así lo hará, y es inútil que nosotros tratemos de entender sus razones. Frente a esto, sugería Al Ghazali, no vale la pena aplicar la racionalidad, pues Dios sencillamente no está sujeto a la lógica. Tratar de comprender a Dios y de aplicar la racionalidad al mundo es, pues, la incoherencia de los filósofos (ése es el título de la obra cumbre de Al Ghazali).
            ¿Cuál es la salvación de la civilización islámica? A mi juicio, lo ideal sería que se desentierre a Ibn Al Rawandi, y los musulmanes se den cuenta de que no sólo la suya, sino todas las religiones enseñan tonterías que no vale la pena creer. Pero, si esto es una pretensión muy ambiciosa, al menos podrían intentar rescatar el legado mutazilí, y tratar de entender dos cosas fundamentales: 1) que lo que un comerciante analfabeta recitó hace catorce siglos no es un libro eterno e increado, y que no necesariamente esas recitaciones tienen aplicabilidad en el siglo XXI; 2) que los problemas del mundo se resuelven pensando racionalmente en sus soluciones, y para ello, es necesario deliberar con tolerancia. Un insolente francés del siglo XVIII dijo “ecrasez l’infame!” (¡aplasten al infame!), pero ya desde tiempos medievales, varios musulmanes habían dicho cosas parecidas. Ahí está la salvación del mundo islámico en el siglo XXI.



Comentarios

  1. Desde el título, me recordaste a un escrito de Michael Shermer que no se pregunta cómo se "salvará" el islam, sino por qué el islam es la fuente del fanatismo terrorista mientras que el cristianismo y el judaísmo no lo son tanto. ¿La respuesta? Lo mismo que comentas, básicamente: como el islam nunca pasó por la Ilustración, le hace falta pasar por una para adquirir los valores de la racionalidad y la secularización.

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    1. Aquí el escrito de Shermer: http://moralarc.org/why-islam-of-the-three-great-monotheistic-religions-one-did-not-go-through-enlightenment/

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    2. Ya voy a leer el artículo de Shermer (a quien admiro mucho). Pero, antes de hacerlo, quiero aclarar que, a mi juicio, el Islam sí atravesó por algo someramente parecido a la Ilustración, tal como comento en el blog: la época de los mutazilíes. Todo acabó, no obstante, con el ascenso de Al Ghazali.

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  2. Pregunta. ¿No sería más cierto sostener que si tuvieron su período racional ilustrado y lo que no han tenido nunca es un Adam Smith? ¿La crítica y la tolerancia no necesitan una clase con medios y libertad económica que la defienda?

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    1. Sí, supongo que ése también es un problema. En el Islam no hay siquiera tolerancia al cobro de intereses en la banca.

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  3. Este artículo no pasa a más de ser un postulado Filosófico, o un supuesto de una reflexión temprana...Para qué mandar a un Lutero al Medio Oriente...Si el mismo Islam es propenso a la infiltración y al recrudecimiento de sus leyes. Para qué pedir o mandar un Mártir, a un lugar donde todo se interpreta con la rigidez de sus convicciones centradas en su propio poder...

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  4. Buen articulo, aunque yo soy más ambicioso, más que un Voltaire les hace falta un Bakunin (en el sentido de la dureza critica hacia la religión). Saludos.

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