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¿Cuál es el verdadero costo de la moda? (Gabriel Andrade)

La película The True Cost (El verdadero costo), dirigida por Andrew Morgan, muestra con bastante crudeza y realismo los tras bastidores del mundo de la moda. Se expone la forma en que los diseñadores continuamente lanzan nuevas modas, dejando ya obsoletas a aquellas que tienen poquísimo tiempo de existencia. Se muestra la forma en que la publicidad y el glamour manipulan a los consumidores. Aparecen en la película las terribles condiciones de las fábricas del Tercer Mundo, en las cuales se manufactura la ropa fashion. Se documentan los daños ecológicos que la industria de la moda genera en los países que albergan estas fábricas.

            Si bien es admirable la forma en que la película dirige atención a estos graves problemas, no es tan admirable por la forma tan romanticona en que los presenta, así como por su ausencia de propuesta de soluciones verdaderamente prácticas.
            En la película, hay hechos indiscutibles. La publicidad manipula y estimula un materialismo que, psicológicamente, puede ser perjudicial (como padre de una niña de cuatro años, veo ya con preocupación que mi hija esté expuesta a videos de Youtube, en los cuales las adolescentes se jactan de las ropas que han comprado). Y, por supuesto, es indiscutible las terribles condiciones de trabajo en las que se manufacturan estos productos: la película dedica bastante atención al colapso de una fábrica en Bangladesh en 2013, así como el sufrimiento humano de trabajadores en Haití, Camboya e India.
            Pero, la película presenta muchos otros datos cuya veracidad son bastante más cuestionables. Se le da mucha atención a las opiniones de Vandana Shiva, una activista ecologista de la India. Esta mujer ha sido infame por presentar falsa información para alegar que los transgénicos y los químicos que se utilizan para su cultivo, son ecológicamente perjudiciales. Sobre los transgénicos hay mucho debate, pero el consenso entre científicos es que no perjudican el medioambiente.
En la película, se critica el uso de transgénicos para el cultivo del algodón, destinado a la industria de la moda. Podemos convenir en que el algodón destinado a la moda no salva vidas. Pero, los transgénicos sí tienen mucha posibilidad de salvar vidas al aplicarse en la agricultura y la medicina (¡de ellos obtenemos la insulina para diabéticos!, entre otras cosas). La película defiende el argumento de que debemos regresar al consumo de productos orgánicos. Pues bien, la mayoría de los científicos ha advertido que, no solamente la agricultura orgánica es insuficiente para satisfacer la demanda mundial de calorías, sino que también incurre en muchísimos riesgos bacteriológicos que la agricultura transgénica evita. Los transgénicos también previenen en contra de la deforestación, pues al hacer más intensa la producción agrícola, menos necesidad hay de expandir los sembradíos.
La película muestra todo el horror de las fábricas de Bangladesh y otros países, pero no es lo suficientemente analítica, pues no se detiene a considerar el argumento liberal: esas fábricas ofrecen mejores condiciones de trabajo que se le ofrecerían a esos trabajadores, si esas compañías se retiraran de esos países. Dolerá admitirlo, pero es un hecho indiscutible que el capitalismo, aún con su innegable explotación, ha mejorado el estándar de vida a nivel planetario en los últimos tres siglos; Marx habría estado de acuerdo. Un trabajador en una fábrica de Bangladesh en el siglo XXI vive mejor que un campesino súbito del imperio mogol en el siglo XVI (y, precisamente por esta razón, Marx veía con buenos ojos la presencia británica en la India).
La película concede un brevísimo espacio a Benjamin Powell, un autor que defiende estos argumentos. Pero, no se hace suficiente justicia a lo que él expone. Se han hecho múltiples estudios (reseñados en los libros de Powell), por ejemplo, en los cuales se concluye que, en Bangladesh, aquellas zonas en las cuales se han colocado obstáculos a la producción de trasnacionales en fábricas locales, la prostitución infantil ha aumentado significativamente.
Es muy fácil sentir coraje frente a las imágenes de trabajadores asiáticos siendo explotados por capitalistas codiciosos, pero como bien señala Thomas Sowell, ante una política, siempre hay que hacerse la pregunta, ¿comparado con qué? ¿Mejora la situación si se le exige a las trasnacionales más regulaciones y mejores salarios? Si las trasnacionales no quedan contentas con lo que se les exige, se marchan de esos países a otros en los cuales sí se acepten sus condiciones. Y, al marcharse, esas zonas quedan sin oportunidades de trabajo y de generación de riqueza. Esos desempleados terminan prostituyéndose. Es muy fácil jugar a ser Don Quijote y querer salvar el planeta. Pero, los problemas deben analizarse con mucho rigor, y debe evaluarse si las alternativas románticas son realmente las más eficaces.
Lo ideal sería, por supuesto, que Nike, Zara, Adidas, y el resto de los villanos, sean menos codiciosos, y ofrezcan más dignidad a sus trabajadores de ultramar. Lamentablemente, no tenemos una varita mágica para lograr estas cosas. La única forma en que esos villanos ganen menos y permitan ganar más a los trabajadores, es forzándolos. Pero, si los forzamos, dejarán de producir, cerrarán sus fábricas y emigrarán a otro país, y la situación será aún peor.

Por supuesto, algo hay que hacer. Las cosas no pueden quedarse como están. Pero, me temo que The True Cost, como suele hacer la izquierda, es muy hábil en presentar críticas, pero torpe en presentar soluciones. Yo tampoco tengo una solución mágica. Pero, así como The True Cost y su legión de progres, señalan las barbaridades del capitalismo, nosotros los críticos estamos en la obligación de señalar las barbaridades que las alternativas al capitalismo traen consigo. Será necesario encontrar algún balance, y eso lo lograremos, no sólo produciendo películas como The True Cost, sino también analizando los verdaderos costos y beneficios del capitalismo.

Comentarios

  1. "Dolerá admitirlo, pero es un hecho indiscutible que el capitalismo, aún con su innegable explotación, ha mejorado el estándar de vida a nivel planetario en los últimos tres siglos".

    Es un argumento discutible, el capitalismo como sistema de intercambio de bienes y servicios basado en propiedad y consumo no es factor único de lo que podemos acordar como bienestar actual, una aseveración de ese tipo desestimaría la presencia de factores tecnológicos, políticos, sociales (y culturales) y biológicos.

    Me arriesgaría a suponer que este campesino súbdito del imperio mogol en el siglo XVI vivía mejor que un hijo de vecino de la Asia del siglo XI (nótese la misma diferencia de cinco siglos de la otra comparación) y limitar la relación causal a una dimensión exclusivamente económica sería realizar un análisis poco diligente.

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    Respuestas
    1. 1. Hay, por supuesto, muchos factores en las transformaciones sociales. Pero, como el mismo Marx habría dicho, los factores económicos son muy, muy importantes. Mencionas a la tecnología como factor, pero precisamente, la tecnología introducida en India a partir del siglo XVIII es en buena medida atribuible al capitalismo.
      2. Sí, ese súbdito del siglo XVI vivía mejor que el campesino del siglo XI. Pero, nuevamente, no debemos desestimar a la economía como un poderoso factor en estas transformaciones.

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  2. Buena info!.
    Lo que nos ponemos habla de quien somos. Por eso es tan importante saber lo que usamos, quienes lo hicieron, de que materiales esta hecho, etc.
    Ser concientes de ello es el primero de muuchos pasos que tenemos que dar como sociedad.
    Ayer hice un post sobre el documental. En caso de que quieras verlo te dejo el link: http://www.slowfashionuy.com.uy/?p=846

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  3. Buena info!.
    Lo que nos ponemos habla de quien somos. Por eso es tan importante saber lo que usamos, quienes lo hicieron, de que materiales esta hecho, etc.
    Ser concientes de ello es el primero de muuchos pasos que tenemos que dar como sociedad.
    Ayer hice un post sobre el documental. En caso de que quieras verlo te dejo el link: http://www.slowfashionuy.com.uy/?p=846

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  4. Muye buena información y comentario. Personalmente éste documental me ha dejado impactada pero al pensar que sí debemos admitir que éstos trabajadores tienen mejores condiciones que cualquier campesino súbito del imperio mogol en el siglo XVI; pero tambien sería bueno entender que así como todo avanzo, es la manera en la que ese campesino avanzo, es la misma injusticia pero en una nueva era, es lo hubiera sido ese campesino en ese tiempo, no es un avance, es un estancamiento mientras todo lo otro sigue creciendo, ésto es mucho más complejo y profundo. Es inconcebible que en pleno S. XXI sigamos esclavizando a nuestra propia especie a costo de vanidad y moda, perdemos cada vez mas el sentimiento humanista y de fraternidad. No es solo a que costo estamos viviendo, es el costo a lo que muchos otros mueren.

    Muchas Gracias, de todas formas concuerdo en muchas cosas.

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