27 de septiembre de 2015

Cómo no enseñar filosofía (3)


En el mismo texto de primero de bachillerato que ya ha merecido otro par de entradas (aquí y aquí) leo el capítulo dedicado a la moral. En él se hablan de diversos criterios de justificación moral: la tradición, la religión, la mayoría, la naturaleza,... Se habla también de una corriente que entiende disidente, el relativismo axiológico.

En principio se pone como contraposición a estos intentos de justificación y se explica así:
El relativismo axiológico entiende que pueden ser igualmente "buenas" todas las costumbres y tradiciones, aun cuando ordenen comportamientos diferentes. Para el relativismo axiológico, no existen criterios supraculturales que nos permitan establecer la superioridad moral de la costumbre de una sociedad sobre las costumbres de otra. Lo que significa que todas las costumbres vigentes son buenas para la comunidad que las profesa, y que todas se deben respetar.
Si se quiere llamar relativismo axiológico a lo que responda a lo anterior, que se llame. Pero un texto de filosofía, que debe ayudar a pensar y a considerar alternativas, a la luz de la exposición anterior no puede callarse que es perfectamente posible un relativismo que no entienda que toda moral es igual de buena, sino que no hay criterios objetivos para deducirlas, que no se mete en decir si una moral es moral de una sociedad, sino que lo es del individuo y que de ahí no se deduce ni un respeto por todas las morales ni una inmoralidad. Después de la explicación citada, estos puntos caen por su propio peso.

En fin, que se ocultan las cosas que defiendo en mis entradas sobre la razón moral y que ilustran la visión más razonada sobre el acercamiento a los problemas morales. ¿Por ignorancia o por incompetencia?

2 comentarios:

  1. Bien dicho. Pero no hace falta irse a las barrabasadas habituales de los manuales de bachillerato. En este blog abundan las entradas que cometen el mismo error. Y no te he leído una sola crítica al respecto. Te puedes imaginar cómo nos sienta a quienes percibimos el mismo equívoco en relación al relativismo lingüístico, epistemológico y ontológico. La disolución de los fundamentos absolutos no implica ni justificación ni condena de la tolerancia o la anarquía. Si Dios no existe, lo que está permitido sigue dependiendo de quién seas, dónde estés y a qué estés jugando. El relativista es tan hijo de su padre y de su madre como cualquiera. Y toma partido en lo que le importa, como cualquiera.

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    1. He limitado a propósito mis comentarios en las entradas de los demás autores de este blog. Prefiero que las entradas sean un debate entre cada uno de nosotros y el público más que uno entre nosotros. De todas maneras, si me señalas alguna entrada en particular que creas merezca un comentario en este sentido igual me animo.

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