9 de agosto de 2015

Las afinidades electivas en la política


¿Cuáles son los factores que nos llevan a simpatizar o antagonizar con los distintos grupos políticos? Me he tomado la molestia de hacer una pequeña lista de pasos que suelen orientar la acción política, la honrada, la de cada uno de nosotros cuando le damos mientes a los problemas que quisiéramos ver resueltos. La lista no es exhaustiva, habrá subdivisiones, solapamientos y otras imperfecciones. Aún así servirá para plantear algunas cosillas.

1. Detectar un problema.

2. Convencer a los demás de que tal cosa es un problema.

3. Diagnosticar las causas del problema.

4. Proponer soluciones.

5. Negociar la solución con otros grupos.

6. Aplicar la política.

7. Reformar, renegociar, enmendar,…

Pongamos que detectamos un problema que nos preocupa (la desigualdad social, las amenazas a la familia, la marginación de una lengua, la pérdida del sentir religioso, la moda de llevar bigote,…), y quisiéramos hacer algo por ello. Sin duda nuestras simpatías serán para aquellos grupos que compartan nuestra preocupación y nuestra antipatía para aquellos que consideran que ese problema no lo es tanto, o no les importa, o no piensan que haya nada que hacer al respecto porque consideran, sin haberlo intentado, que cualquier cambio hará que las cosas sean todavía peores o, simplemente, que, lejos de considerarlo un problema, les parece una cosa estupenda.

Pongamos que alguno de esos grupos que comparten nuestra preocupación hacen, sin embargo, un muy mal diagnóstico de las causas o que, haciendo un diagnóstico adecuado (siempre según nuestras propias opiniones), proponen soluciones disparatadas o no están dispuestos a negociar una solución parcial o son corruptos o incompetentes a la hora de aplicar las políticas, o hacen las denuncias con modos y maneras con las que no estamos de acuerdo. En ese caso nuestras simpatías pueden ser mayores con quien no piensa que ese problema sea tan grave pero está dispuesto a ir negociando algunos posibles avances, o que defiende un sistema de decisión que permita aflorar una solución si es que el problema es percibido como tal por una mayoría de la población.

Pero todo se complica si el grupo que se preocupa por el mismo problema que nosotros y que, a nuestro juicio, aplicaría políticas erróneas en caso de gobernar, no tiene ninguna posibilidad de hacerlo. El entorno de ese grupo podrá estar haciendo cosas (novelas, canciones, sátira, películas,…) que, sobre todo, denuncian el problema. Sus intelectuales serían una especie de Pepito Grillo. Dignos de escuchar en su denuncia, imposibles como gobernantes.

Hay otras complicaciones añadidas. Tal vez ese grupo tenga medidas inoportunas en un nivel de gobierno, pero sensatas en otro nivel (ayuntamientos, por ejemplo).

Todas estas consideraciones me hacen difícil definir mis simpatías políticas, que dependen mucho del problema en consideración y de la posibilidad o imposibilidad de llevar a cabo las políticas de cada grupo.

5 comentarios:

  1. ¿Esto no estaba ya superado con la idea de la ignorancia racional del votante dentro de la teoría económica de la democracia de Anthony Downs? No hay incentivos para informarse sobre los problemas cuando la posibilidad de influencia (un voto entre millones) es mínima.

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  2. ¿Y qué pasa si nos preocupan más de un problema y los distintos grupos combinan propuestas que nos gustan y que nos disgustan en sus propuestas?

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    Respuestas
    1. No entiendo muy bien el sentido de tu primera pregunta. ¿Qué es "esto"?
      La entrada es sobre cómo buscar afinidades políticas por parte de quien quiera hacerlo bien, con información incluida. Si alguien no quiere estar informado lo que se dice en la entrada no es para él.

      Si nos preocupa más de un problema tendremos una complicación más que añadir a la lista.

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    2. No somos el mismo comentarista.
      La complicación a que me refiero es que un mismo grupo puede proponer una buena solución, en nuestra valoración, a la cuestión A, pero puede tener una postura no tan buena en la B, en la C, una intermedia en la D, etc.

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    3. Perdón, seguía una conversación en mi cabeza y no repasé lo que escribí. Por "esto" me refería a la (ir) racionalidad del sistema democrático y su (in)capacidad de tomar decisiones óptimas, a la racionalidad de la preferencia del votante y a la objetividad del sistema de agregación de dichas preferencias. Es que estoy interesado en estos temas a propósito de la reflexión sobre la legitimidad de la mayoría para imponerse sobre la minoría que es donde, creo, confluyen las críticas liberales a la democracia como sistema de gobierno.
      Cité a Downs porque muestra que los votantes no tienen incentivos para formarse y hacer una reflexión racional sobre las decisiones que toman. Como dije, perciben la poca influencia de su voto y las "pérdidas" (es una teoría económica de la democracia) se externalizan. Es una cuestión de incentivos. En definitiva, que lo que describe el post es un comportamiento irracional, además de improbable o, al menos, no generalizado . Especialmente si el votante conoce la paradoja de Arrow. Además puede ser víctima de sesgos tipo efecto bandwagon, etc. Como conclusión no hay que olvidar que los resultados electorales dependen tanto del voto como del sistema electoral y que este hace que, a veces, votar a un partido con el que coincidimos muy lejanamente puede reflejar nuestras preferencias en el resultado y la acción de gobierno mejor que votar a un partido
      con el que coincidamos más (voto estratégico). Ralph Dahrendorf dice que la democracia funciona bien si los ciudadanos no esperan demasiado de ella. En estos tiempos esperamos demasiado.

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