5 de agosto de 2015

El kibutz es anti-natura; la guardería no. (Gabriel Andrade)

  En otro post, he sometido a crítica la crianza comunal de los niños. Casi todos los movimientos comunistas han tenido, en algún momento, la pretensión de abolir la familia y el matrimonio, a favor del amor libre y la comuna. En las pocas ocasiones en que estas cosas se han intentado, han fracasado. Quizás lo más cercano a ser un éxito, han sido los kibutzim de Israel, pero ni siquiera en ese caso se ha evitado el fracaso. Si bien, como documentó Bruno Bettelheim, los niños criados en kibutizim han resultado ser psicológicamente sanos (colocando así un gran matiz a las teorías psicológicas del apego a los padres), eventualmente, los kibutzim tuvieron que disolver su estructura de crianza comunal, porque tanto los niños como los padres preferían conformarse en familias atomizadas. Los kibutzim de hoy mantienen algunas actividades comunales, pero los asuntos más básicos de la crianza son atendidos por la familia.
 
            El fracaso de los kibutzim es fácilmente explicado por la teoría de la evolución: no está en nuestros genes organizarnos de esa manera, y si bien el collar que nos ata a los genes es largo, nunca escaparemos por completo de él. El cuidado de las crías requiere un enorme esfuerzo. En términos evolucionistas, esto es rentable sólo si esa cría lleva una alta proporción de los genes de quienes la atienden. En ese sentido, los padres tienen una predisposición genética a criar a sus propios hijos, y no dedicar el mismo esfuerzo a los hijos de otros. Hacerlo así es dar oportunidad a que otras crías que llevan otros genes, se reproduzcan en mayor proporción. Es por ello que el gen que codifica la crianza de niños no emparentados, no debió prosperar.
Contrariamente a las fantasías de algunos marxistas sobre los orígenes de nuestra especie, la crianza comunal de los niños nunca existió; cada quien cría a su propia sangre. Aquel viejo adagio africano de que “se requiere una aldea para criar a un niño”, es precisamente eso: un adagio sin mucho fundamento, como tantos adagios que pululan en la cultura popular.
            Pero, pueden hacerse algunos matices. En otras especies, se ha documentado la práctica de la crianza complementaria, sobre todo entre hembras. Como cabría esperar, estas hembras tienen un grado de cercanía de parentesco con las crías a las cuales dirigen su atención. Entre los primates, es una práctica muy rara. Las madres chimpancés (la especie más cercana a nosotros) no se despegan de sus crías, y nunca una hembra chimpancé contribuye a la crianza de una cría que no sea la suya propia.
            Entre los humanos, no obstante, esta práctica sí es más común. Las abuelas y tías son de gran ayuda en la crianza. Pero, esto no se limita al parentesco. Quienes ejercen las labores de crianza complementaria pueden no ser parientes (comadronas, compadres, maestros, etc.).
            ¿Cómo explicar esto en términos darwinistas? ¿Qué gana una comadrona en ayudar a traer al mundo a un niño con quien no comparte genes? La antropóloga Sarah Blaffer Hrdy ha hecho renombre ofreciendo explicaciones de este curioso hecho. El altruismo puede obedecer a cualquiera de estos dos fenómenos: la selección de parentesco, o el altruismo recíproco. En la selección de parentesco, ayudar a quienes llevan una alta proporción de mis genes es ventajoso, pues con la ayuda a mis parientes, propiciaré que mis genes se divulguen. Pero, también puedo propiciar que mis genes se divulguen ayudando a no parientes. ¿Cómo es eso posible? La respuesta es sencilla: con la expectativa de que habrá retribución a ese altruismo. En otras palabras, yo te ayudo a rascar tu espalda, si tú luego me ayudas a rascar la mía. Así, ambos nos ayudamos mutuamente, y ese altruismo recíproco hace que la conducta altruista sea provechosa para divulgar mis genes.
            Hrdy hace mucho énfasis en que el infante humano es extremadamente vulnerable durante sus primeros años de vida (en buena medida debido a su enorme cerebro y la dificultad de pasar a través del canal de nacimiento de su madre bípeda). A diferencia de otras especies primates, como los chimpancés, el mero cuidado de la madre no es suficiente para sobrevivir. Se requiere de un inmenso esfuerzo, y en esto, es necesaria la participación de otros adultos. Sólo así pudo sobrevivir la especie humana. ¿Cómo se logró que otros adultos cooperaran en la crianza de los niños? La selección de parentesco contribuyó: los parientes, especialmente los maternos (debido a la certeza de que la cría lleva sus genes), ayudan a la madre, y al favorecer a sus sobrinos y nietos, contribuyen a propagar el gen. Pero, también operó el altruismo recíproco: yo cuido a tu niño hoy mientras tú haces tus otras labores, tú cuidas a mi niño mañana mientras yo hago las mías.
            Por supuesto, esto no elimina el nepotismo de nuestra condición humana. La gente sigue amando más a sus hijos por encima de los hijos del vecino. Pero, al mismo tiempo, a la gente no le importa hacer un regalo de navidad al hijo del vecino, ni tampoco quedarse con el niño unas horas mientras su madre sale a hacer algunas diligencias. De hecho, ninguna madre puede cuidar a sus hijos veinticuatro horas al día, siete días a la semana, ni siquiera con la ayuda del padre (quien siempre tendrá la sospecha de que esos hijos no son suyos, y por ende no le dedicará la misma atención que le dedica la madre).
            Hrdy deriva una conclusión muy sensata de todo esto: la maternidad más óptima se ejerce cuando la madre recibe ayuda de otros. Contrariamente a los delirios comunistas sobre la crianza comunal, nunca estaremos dispuestos a entregar a nuestros hijos para que sean criados por extraños. Pero, al mismo tiempo, recurrentemente las madres necesitan un descanso temporal, pues los niños exigen tanto, que ellas solas no pueden hacer semejante labor. Es una aberración entregar los niños al Estado para nunca volverlos a ver (como pretendía Platón y algunos comunistas de épocas más recientes), pero no es ninguna aberración descansar unas horas mientras otros adultos cuidan a los niños.
En función de esto, Hrdy considera importantísimo el apoyo de guarderías en la sociedad moderna. Si los padres no pueden costearlo, insiste Hrdy, el Estado debe proveerlo. He ahí un ejemplo de cómo, contrario a lo que muchas veces erróneamente se supone, el darwinismo puede favorecer políticas de izquierda. Yo no soy un gran simpatizante del Estado de bienestar, pero concedo a Hrdy que, así como el kibutz es muy ajeno a nuestra naturaleza humana, la guardería no lo es. Y, en función de eso, debemos planificar la sociedad moderna teniendo en cuenta que las madres necesitan apoyo, y que necesitan despegarse de sus niños algunas horas al día.

8 comentarios:

  1. Creo que limitas la influencia de la genética a la simple transmisión de genes. La genética también influye en que los seres humanos nos sintamos atraídos por los ojos grandes y redondos, la frente amplia, la nariz pequeña y que encontremos desagradable el llanto de un bebé y queramos tranquilizarle. Es decir, que el vínculo del cuidador no tiene tanto que ver con la transmisión genética sino con la exigencia que presenta a nuestra genética el aspecto del bebé. Mejor dicho, el aspecto del bebé es la vía que elige la evolución. Basta con pasearse por la casa de un amigo que tenga cachorrillos de perro.

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    1. 1. Los ojos grandes y redondos y otros rasgos faciales, también obedecen a la transimisión de genes. Esos rasgos son atractivos, porque codifican fertilidad, y en ese sentido, son más propensos a pasar más eficientemente los genes.
      2. El vínculo del cuidador SÍ tiene que ver con la transmisión genética, en función de la regla de Hamilton.

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    2. Antes de nada confesar que tengo un sesgo que haría que tuviera que retirarme de cualquier investigación sobre el tema.
      Perdón, me expliqué mal. Me refería a que estamos genéticamente determinados para crear un vínculo con criaturas desvalidas, de ojos grandes, nariz pequeña, etc. Normalmente nuestro hijo. Sin embargo, he leído el estudio de Daly y curiosamente es en niños menores de 2 años donde se da una diferencia mayor de incidencia del maltrato entre padres biológicos y padrastros. He estado mirando las estadísticas de maltrato a niños con síndrome de Down por parte de sus padres biológicos, no hay mucho pero la diferencia no llega a ser 2 veces mayor. Todo parece confirmar lo que dices, incluso el hecho de que los bebés se parezcan tanto entre sí y a ningún progenitor como medio de invisibilizar el parentesco genético y asegurarse el cuidado por parte del padre ¿putativo? Desde luego es un tema apasionante y con muchas vertientes. Gracias por descubrírmelo.

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    3. No es del todo seguro que, el hecho de que un niño no se parezca a su padre, lo haga más vulnerable a ser maltratado. La lógica darwinista diría que sí es así, pero los estudios no confirman eso. Tenemos formas de reconocimiento de parientes, pero no es seguro que el parecido facial sea tan relevante en esto.

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    4. He leído que los bebés no se parecen a sus padres biológicos y que se parecen entre sí, es decir que invisibilizan el parentesco genético (no recuerdo la referencia del estudio, lo siento). Si tenemos en cuenta los estudios de Daly, esa invisibilidad es una ventaja competitiva porque cualquiera puede o podría ser su padre. A medida que van creciendo si se parecen a su padre biológico pero, según el estudio de Daly, hay una correlación negativa entre el maltrato por padrastros y la edad, así que parece que hay un vínculo que se fortalece con el tiempo. Quiero decir, que de acuerdo a la lógica evolutiva la ventaja no es parecerse a tus progenitores sino precisamente no hacerlo.

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  2. Hola. El argumento naturalista vuelve a aparecer, y sigo sin estar de acuerdo con él. Esa forma cientificista de ver las relaciones humanas es muy simplista. Otros animales hacen de nodrizas y cuidan a las crías de otros, incluso de otra especie. El fracaso de la crianza comunal no creo que se deba al cálculo genético a lo dawkins, sino al factor de bienestar y realización que supone criar un niño, tal como plantea el antropologo marvin Harris. La crianza de los hijos llena un vacío afectivo que hace que nos merezca la pena invertir recursos a pesar del esfuerzo que suponga. Los niños que se dan en adopción no se dan porque se quiere que los génesis prevalezcan, sino porque se siente incapaz tanto la madre como posiblemente el padre,de satisfacer las necesidades del niño.
    Es parecido a la necesidad de tener una mascota, solo que la mascota tiene su rango y los hijos pertenecen a otro.

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    1. 1. Sigues sin estar de acuerdo con el naturalismo, pero no me ofreces una explicación clara de por qué. Yo estoy de acuerdo en que la naturaleza no es una guía absoluta para la ética: violar es natural, pero no ético. Con todo, no podemos organizar la sociedad de forma tal que se aleje demasiado de nuestros genes, pues sencillamente, tenemos que conocer nuestras limitantes naturales. De lo contrario, esos proyectos fracasarán.
      2. Cometes un error al asumir que el cálculo genético es consciente. El propio Dawkins ha denunciado este error. ¿Por qué atiendes más a tus hijos que a los del vecino? Obviamente, no haces el cálculo en tu mente sobre la proporción de genes que tu hijo lleva. Pero, inconscientemente, hay algo que te conduce a atender mejor a tus hijos. Ese factor de bienestar que está en criar un hijo, tiene precisamente una base genética.
      3. Si bien Harris puede tener razón en algunos de sus análisis materialistas, es tremendamente ingenuo creer que los genes no desempeñan ninguna influencia en este asunto. Ciertamente la gente puede dar los hijos en adopción por cuestiones económicas. Pero, aún en esos casos, los genes siguen influyéndonos. Por ejemplo, estadísticamente, hay más probabilidad de que un padre adoptivo abuse a su hijo, que un padre biológico (Martin Daly ha ofrecido las cifras relevantes que respaldan esto).

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  3. Una pena que no se haya continuado con ésta mesa redonda, en el mundo actual caracterizado por una lenta sintagmatización, es necesario actualizarse (hacer un rebobinado de nuestras enseñanzas académicas en contraste con las experiencias realizadas), les recomiendo seguir en plática e investigación permanente...

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