19 de julio de 2015

El dilema del tranvía

José Luis Ferreira

Problemas como este del dilema del tranvía me persiguen desde que me dedico a la teoría de los juegos, así que aquí va una entrada para ellos.

Un tranvía está en loca carrera sin frenos a punto de arrollar y matar con toda seguridad a un grupo de 10 personas. La única posibilidad de salvarlos es desviar el tranvía a otra vía en la que solo hay una persona, que también morirá irremediablemente si se hace ese desvío. ¿Qué harías si tuvieras la posibilidad de apretar el botón que active el desvío?

Este tipo de problemas nos muestran que nuestras posiciones morales pudieran no tener una buena justificación.

Esto último es así porque está documentado en experimento tras experimento (mentales, claro, nunca se mata a nadie) que las respuestas a la pregunta crucial depende de variables aparentemente irrelevantes.

Por ejemplo, la respuesta varía si la persona a la que sacrificar es un trabajador de la compañía que hace su trabajo reparando la vía o es una persona que camina irresponsablemente por ella, o si en lugar de desviar el tranvía lo que se puede hacer es arrojar a una persona desde un puente para que caiga delante del tranvía y lo haga descarrilar, o si no se sabe en qué posición está el interruptor que hace desviarse al tranvía, pero se puede dar la orden de que se quede en la que queremos, y así infinitas variaciones del tema.

¿Por qué habría de cambiar la respuesta? ¿Qué tal si esas 10 personas son ciudadanos en un hospital que morirán si no reciben un transplante y la persona que puede salvarlos y morir al donar sus órganos es un ciudadano cualquiera? En todos los casos se trata de 10 vidas frente a una.

Esta es mi postura ante el problema del tranvía. Por una parte debo decir que si el dilema es exactamente como se describe en cada problema, entonces la decisión debe ser la misma en todos ellos. El problema, a mi entender, radica en que no hay manera de pensar ninguno de los problemas en su descripción exacta. Me pasa lo mismo que cuando intento explicar el equilibrio en un juego. Logro ser más convincente cuando exagero hasta el ridículo el contexto del juego: dos personas nacen, juegan el juego, son lo felices que les toque ser según el resultado y se mueren. Ese es todo su universo. En esas circunstancias es más aceptable el equilibrio. Claro que esas son exactamente las circunstancias del modelo, pero es claro también que no existen de esa manera en el mundo real.

Pienso que nos ocurre los mismo con los problemas de tranvías. Tomados al pie de la letra requieren una solución única, tomados en contexto –y cada uno es libre o esclavo de sus instintos de montarse un contexto- pueden estar pidiendo a gritos soluciones distintas.

Una sociedad que sacrifique al azar un ciudadano para donar sus órganos es poco apetecible y poco viable. Sospechosamente, los órganos de los familiares de los ministros o de los médicos se verán poco en el quirófano, los ciudadanos dedicarán grandes recursos a esconderse de las patrullas que buscan donante,... Este tipo de arbitrariedades, con sus costes añadidos puede estar detrás de una regla impresa en nuestro cerebro que diga que es una mala manera de decidir. Otras reglas, tal vez justificadas, tal vez confundidas, pueden estar detrás de reacciones distintas en las otras versiones del problema.

7 comentarios:

  1. La primera decisión moral en estos casos de cálculo sobre vidas humanas es decidir cuando se tiene la suficiente información para tomar una decisión. Rara vez la decisión tomada evita los remordimientos. De hecho, las personas que tienen que tomar este tipo de decisiones (generalmente soldados en un campo de batalla) agradecen enormemente que se positive a priori este tipo de dilemas a través de reglas de enfrentamiento.

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    1. También los protocolos médicos y de actuación en catástrofes tienen esa utilidad.

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    2. Cierto. Gracias por la puntualización.

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  2. La decisiòn es cuantitativa, siempre se sacrificarà lo menor, y se salvarà lo mayor, a no ser que haya un sentimiento de familia u otro de por medio...

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    1. Cuando dices "la decisión es cuantitativa", ¿a qué te refieres? ¿Es una afirmación descriptiva o normativa? Lo primero no es cierto a la vista de cómo reaccionamos ante esos casos. Lo segundo está lejos de ser aceptado como imperativo.

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  3. Siguiendo la ética utilitarista, teniendo en cuenta que hay certezas absolutas (por ejemplo que no queda más remedio para esa solución, que es lo único que se puede hacer etc.) es OBVIAMENTE MEJOR producir el menor daño maximizando el beneficio. Las personas que cambian de opinión depende del contexto solamente les falta información y reflexionar más a fondo acerca del tema. Yo lo veo bastante claro, el problema para mi radica en que en la vida real no hay solamente 2 opciones sino que hay muchas y cuesta saber como resultarán cada una de esas opciones.

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    1. Esa diferencia entre lo que dice el ejemplo hipotético y lo que uno esperaría en cualquier situación parecida en la vida real es lo que quería enfatizar en la entrada.

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