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Respuesta al artículo “El sufrimiento animal y la violencia entre humanos” (de Gabriel Andrade)

Por Matías Suarez Holze

El licenciado en sociología, maestro de filosofía,  doctorado en Ciencias Humanas, escritor de numerosos y conocidos libros como también uno de los autores de Filosofía en la Red, Gabriel Andrade, recientemente publicó un artículo en dicho blog proponiendo una serie de hipótesis relacionadas al maltrato animal y humano que pretenderé responder:

Andrade empieza proponiendo las conocidas –y correctas- objeciones  de inmoralidad hacia el maltrato animal, luego nos dice:

“El argumento parece de sentido común. El victimario se entrena con la violencia que ejerce contra animales, y al final, la termina proyectando contra la gente que está a su alrededor. Pero, como tantas otras discusiones sobre cualquier forma de entretenimiento violento, cabe también el contra-argumento: los espectáculos violentos pueden servir más bien de catarsis para drenar la violencia, y así evitar que desemboque en otros seres humanos reales. Esto aplica al boxeo, a los videojuegos, a las películas, y a tantas otras manifestaciones de violencia.”

La hipótesis de Andrade es falsa por muchas razones. La “catarsis”, fue propuesta por Aristóteles en su Poética -donde dice que ver obras teatrales trágicas ofrece la oportunidad de katharsis-, popularizada por Freud en su ineficiente y pseudocientífico “método catártico”, y claro, por numerosos escritores de autoayuda. También fue protagonista de varias películas como -la pésima- “Locos de ira”  (2003), Analyze This (1999), etc.  La misma fue y es utilizada en muchas psicoterapias no-científicas -además del psicoanálisis- como ser la “terapia primaria” (Janov ,1970), la “descontructerapia” o la “caja de enojo”, etc. Sin embargo, la catarsis no es más que otro numeroso mito de la psicología popular.  Durante más de 40 años los estudios han revelado que la hipótesis de la catarsis es falsa. Alentar la exposición y expresión de emociones agresivas en forma directa (contra alguien) o indirecta (contra objetos), en realidad fomenta más agresividad (Bushman, Baumeinster y Stack, 1999; Lewis y Bucher, 1992; Littrell, 1998; Tavris, 1988; Hornberger, 1959).  Así mismo practicar y ver deportes agresivos, como el boxeo (que menciona Andrade), resulta también en mayor agresividad. Y sobre esto no solo hay anécdotas, como las conocidas polémicas de famosos boxeadores por sus reiterados actos de violencia (en Mike Tayson y en “La Hiena” Barrios por ejemplo), sino estudios científicos que parecen probarlo (Patterson, 1974). También Andrade menciona los videojuegos violentos como método de catarsis,  otra hipótesis falsa. Los videojuegos violentos se asocian con más agresividad tanto en el laboratorio como en la vida cotidiana (Anderson y Bushman, 2002; Anderson, Gentile y Buckley, 2007). Tanto manifestar violencia como exponerse a ésta, resulta en más violencia. Esto además de comprobación directa –como la de los estudios expuestos-, posee también comprobación indirecta, presente en los estudios sobre la empatía humana, pero de esto hablaré más adelante.  El excelente libro escrito por renombradas autoridades en materia de psicología, filosofía de la psicología, neurociencias y escepticismo científico, 50 Grandes Mitos de la Psicología Popular  (Scott Lilienfield, Steven Jay Lynn, Barry Beyerstein y otros colaboradores) le dedica todo un capitulo al mito de la catarsis donde podrán encontrar tanto el material citado como otros que refuerzan la refutación. Cierra de éste modo: “Coincidimos entonces con Carol Travis (1988), en que “ya es hora de perforar con una bala, de una vez por todas, el corazón de la hipótesis de la catarsis” (p. 197). Pero después de jalar el gatillo, ¿nos sentiremos mejor –o peor- que antes?” (pág. 172, edición en castellano).
   Así que manifestar la ira en violencia y exponerse a ésta no “drena” la ira como expone, entre dudas, Andrade. La evidencia indica que expresar enojo solo es útil cuando se acompaña de una resolución constructiva, no destructiva, de los problemas (Littrell, 1998). La “catarsis para reducir la ira”, por ejemplo rompiendo o algo, o para utilizar el ejemplo de Andrade, matando o viendo matar un animal, puede en algunos casos aparentar funcionar. Sin embargo las investigaciones y la lógica sugiere que esto es solo una falacia post ergo, ergo propter hoc, o  falacia de correlación coincidente, ya que las emociones violentas repentinas, como un ataque de ira, desaparecen en cuestión de tiempo, como también por cansancio físico, y no por la violencia ejercida. 
 Por otro lado, la hipótesis de Andrade también es falsa si se comprende psicológica y neurológicamente la empatía, producida -en gran medida- por las neuronas espejo y con bases en distintas zonas de la corteza cerebral y el sistema límbico[1].  Los sentimientos y pensamientos de empatía (tanto entre humanos como entre humanos y animales) si bien tienen bases neurológicas son susceptibles a la modificación del entorno, la cultura (posee aspectos cognitivos), y obviamente, las enfermedades mentales. Un individuo expuesto de forma constante a la violencia reduce considerablemente su capacidad de empatizar con otros individuos[2]. Mientras que un individuo que no es expuesto a la violencia suele ser más sensible a la empatía, algo absolutamente positivo para la humanidad. Por lo tanto, el maltrato animal así como la violencia entre personas, no solo no funciona como catarsis de nada, sino que desensibiliza, además de producir daños a las personas sensibles que lo observan, de inspirar a violentos patológicos a cometer otros maltratos, y por supuesto, de ser moralmente repudiables en sí mismos.  La desensibilización empática nos priva de una de las mayores “herramientas morales” que tenemos los seres humanos, y fomentar la violencia sea como sea es una aberración en sí misma, además de una semilla germinadora de más violencia. Si bien Andrade menciona más adelante que pueden existir personas que sientan empatía por los animales y no por las personas (algo raro), el hecho de consumir violencia genera violencia. Andrade menciona al comienzo de su texto, antes del párrafo citado, las conocidas tendencias de asesinos en serie y personas ultraviolentas de maltrato animal.  Esto es obvio, ya que las psicopatologías relacionadas con la violencia tienen estricta relación con la incapacidad de sentir empatía. 
 

Pues bien, volvamos al artículo de Andrade. Sigue:

  Si esta teoría de la catarsis es verdadera, entonces cabe preguntarse si la híper sensibilidad por los animales no es más bien una forma de represión que, a la manera psicoanalítica, reprime a la violencia, y propicia que, inevitablemente, esa violencia reprimida termine por dirigirse a otros seres humanos.”

Si bien refutamos la hipótesis, veamos… Andrade es impreciso en todo su texto, abundan frases como “si X es cierto”, “si esto es así”, “si se llegase a demostrar”, “podríamos asumir”, etc., algo curioso a resaltar. Otra cosa curiosa es la mención al psicoanálisis, una pseudociencia que no aporto absolutamente nada cierto a su antítesis, la psicología científica (en cambio sí aporto, y enormemente, al mito del método catártico y al mito de la represión, que tampoco tiene ninguna evidencia a su favor). Por lo que la mención al psicoanálisis desfavorece la exactitud o rigor del texto, algo que evidentemente no buscaba al ser más bien hipotético. Y para inexactitudes un tanto mayores, Andrade pasa a analizar un chiste de una página de noticias falsas con anécdotas parciales: 


“Hace unos años, El Chigüire bipolar (una agencia venezolana de falsas noticias sarcásticas, al estilo de El mundo today, o The Onion), sacó este titular: “Indigente se disfraza de perro callejero para que sifrina [una chica pija, una burguesita] de ONG lo adopte”. El chigüire bipolar refleja muy bien escenas que yo he visto muchas veces en varios países: gente adinerada que tiene una obsesión con rescatar animales abandonados, pero que castiga con brutal indiferencia el sufrimiento de otros seres humanos. Una de estas chicas está dispuesta a dedicar horas a sacar garrapatas a un perro de la calle, pero es incapaz de ir a un barrio a jugar con niños pobres una tarde para hacerlos felices.”

Si bien esto puede ser muy parcialmente cierto es irrelevante. Lo malo es el desinterés por la sociedad en sí mismo, el gusto por los animales no tiene nada que ver. Cuestionar que a ciertas personas les gusten los animales pero no hagan acciones de caridad con las personas es poco serio, como tampoco parece haber una relación entre sí (non sequitur).  La idea principal que subyace se discutirá más adelante en este artículo.

“Hay un cierto tufo aburguesado en la hipersensibilidad por los animales. No deseo entrar en el terreno de las conspiranoias marxistas, de forma tal que no postularé que el movimiento por los derechos de animales es un invento ideológico burgués para evitar reformas sociales. Pero, sí deseo postular esto: la hipersensibilidad por los animales puede en ocasiones tener una relación inversa con la empatía con otros seres humanos. Es posible que el exceso de empatía con los animales desconecte a la gente frente a los sentimientos de otras personas. Quizás no sea tan casual que uno de los primeros gobiernos europeos en prohibir la experimentación con los animales, fue la Alemania nazi (la cual, como en el caso del infame Mengele, más bien promovió la experimentación con humanos).”

Curioso. A mí me parece que también hay cierto “tufo aburguesado” en las agrupaciones de beneficencia (a personas) del estilo Rotary Club, la masonería, u otras agrupaciones filántropas de adinerados que tienen intenciones de ayudar –a humanos-, pero esto es irrelevante (no estoy diciendo para nada, que ayudar a personas esté mal, que ayuden a personas, a animales, o a ambos, aunque sean aburguesados está muy bien). De todas formas en algunas cosas si concuerdo con Andrade, tanto en que la visión marxista de los animalistas es conspiranoica, como en que que no me gusta la actitud de ciertos animalistas de recurrir a la misantropía o la indiferencia social, pero esto lo dejo para más abajo. Si bien la afirmación que menciona a los nazis parece ser cierta, sería un gran non sequitur afirmar con seguridad una relación causal. El gobierno nazi también promovía el deporte, y no por eso hay una relación entre el deporte y la misantropía. Justamente, Andrade menciona la falacia de asociación cuando menciona, más abajo, que Hitler usaba bigotes y que no por ello los bigotudos son asesinos. Por lo que no sé porque sacó a colación el tema (además que recuerda mucho al reductio ad hitlerum y a la “ley” Godwin ).No parece haber ninguna relación causal entre hipersensibilidad por los animales y la misantropía. Si bien es cierto que algunos animalistas extremos coquetean con ésta, y aquí recurriré a la imprecisión, quizá la razón de esto sea que consumen demasiado material de maltrato animal que los deja muy rencorosos (principalmente, porque los difunden como publicidad). De todas formas, la relación entre misantropía y derechismo es muchísimo más interesante, común, preocupante y evidente. Por ejemplo, en esas personas que dicen “Hay  que matar a todos los delincuentes” o cosas por el estilo. Me gustaría ver un articulo de Andrade sobre esto.  Sigamos:

“Hay varias teorías antropológicas sobre el sacrificio animal, pero una que ha resultado bastante popular entre los entendidos (formulada por antropólogos como René Girard, Walter Burkertt, Victor Turner y E.E. Evans-Pritchard, entre otros) es que, en efecto, el sacrificio puede cumplir una función canalizadora de la violencia. Y, de esa manera, el maltrato animal, en vez de alimentar la violencia entre seres humanos, puede más bien contenerla.”


(René Girard es historiador y antropólogo filosófico, permítanme dudar de la comprobación y consistencia de las teorías resultantes de éste método, y Walter Burkett fue –falleció este año- estudioso de mitologías. El resto si, parecen haber sido antropólogos serios.)
 La hipótesis es dudosa, entre otras cosas por la refutación psicológica.  Las tribus que sacrificaban-sacrifican animales lo hacían -y hacen- más bien por cuestiones religiosas y supersticiosas, y permítanme dudar de su pasividad. Culturas pacificas como los inuit en cambio, eran muy respetuosos con los animales. La cultura basada en el sacrificio por excelencia, la Azteca (rica en sacrificios tanto de animales como de humanos), rebosaba de brutal violencia (entre otras cosas eran imperiales, realizaban rituales donde despellejaban gente, etc.). La biblia, en el antiguo testamento, también nos da una idea de una sociedad asquerosamente violenta y con recurrentes sacrificios animales.  Los islámicos, una de las religiones más nauseabundamente violenta de la actualidad, aún continua con la aberrante y primitiva costumbre de sacrificar animales.  En el caso de que ciertas culturas primitivas, efectivamente, usen rituales de sacrificio animal y sean pacíficas no nos permite llegar a la conclusión de causalidad. En cambio, si es curioso que países con alto consumo de violencia como Estados Unidos tengan mucha más violencia que países con menos consumo de violencia como Canadá. En cuanto a corridas de toros, los países donde se practica son principalmente España, Venezuela, Colombia y México. La tasa de homicidios intencionales en dichos países dista de mostrarlos como lugares muy pacíficos que digamos, comparados a otros donde la tauromaquia no existe, por lo que lo que los datos no garantizan que produzca individuos pacíficos[3]. En España el índice es 0.8, más que Austria, Islandia, Singapur, Japón, Hong Kong, etc. En Venezuela es de 53.70 y en Colombia de 27.5 (cifras alarmantes realmente).  Sigamos.

“Hay algunos indicios de que esta teoría puede tener algún grado de verdad. Son mucho más comunes las trifulcas en espectáculos y deportes que no son tan violentos (como, por ejemplo, el fútbol), que en espectáculos violentos como las corridas de toro, las peleas de gallo, o el boxeo. El hecho de que una peña futbolística suele hacer destrozos al terminar el partido, pero que rara vez ocurre así con las peñas taurinas al terminar la corrida, puede ser indicativo de que los hooligans no han drenado lo suficiente su violencia en el espectáculo, pero en cambio, los taurinos sí lo han hecho.”     

De esto ya hablamos pero va… La respuesta a esto es muy clara, ésta parece ser la hipótesis más inconsistente del texto. Para empezar la euforia desenfrenado por el futbol es muy particular, hay una tradición de destrozos por el excesivo fanatismo que no causan los eventos como la tauromaquia. Pocos se emocionan tanto por los toreros como los argentinos por Boca. Además, la hipótesis es exageradamente inconsistente, ya que otros deportes que no son nada violentos como el tenis no generan multitudes destructivas y violentas. Tampoco los hay en las olimpiadas o los bailes de ballet. Otro factor a tener en cuenta es que al futbol recurren masas donde se agrupan fans frenéticos de tal equipo, que salen en grupos multitudinarios. Hay estudios que indican que los comportamientos estúpidos y violentos ocurren con más frecuencia cuando son en grupos masivos[4]. En cambio, en una corrida de toros no se produce esto. Y del mismo argumento se desprende otro factor: el estadio taurino al parecer más grande posee capacidad para 41.000 personas (Estadio Monumental Plaza de Toros, México), la Plaza de Toros de Valencia, para 16.821, y así. La arena de boxeo MGM Grand, donde se realizó la pelea más importante de estos últimos tiempos (Mayweather vs. Pacquiao) tiene capacidad solo para 16.800. En cambio, el estadio de futbol de River Plate posee capacidad para más de 74.000 personas. El estadio del club Boca Juniors, para 49.000. Otros poseen capacidad para 55.000, incluso para 135.000. Parece evidente que a cuanto mayor gente, mayor probabilidad de disturbios. En una corrida para gallos no va ni siquiera un cuarto de público que a un partido de futbol de barrio (de hecho es ilegal en muchísimos países). Además, en los conciertos de música agresiva se producen muchos más disturbios que en conciertos de orquestas sinfónicas.

 Luego, el texto termina sacando conclusiones especuladoras a partir de las hipótesis anteriores, pero nada que merezca la pena responder. Espero que Andrade tome mi artículo a modo de debate racional (aunque no me gustaría iniciar un debate ad infinitum sobre el tema, y menos a través de artículos) y no como una provocación, un insulto, una ridiculización, una desvalorización ni nada por el estilo. Pues a pesar de todo, estamos de acuerdo en  algo esencial, que la tauromaquia es en sí misma inmoral.
                                      




[1] http://www.neurologia.com/pdf/Web/5002/bd020089.pdf
[2]http://ridum.umanizales.edu.co:8080/xmlui/bitstream/handle/6789/377/Mu%C3%B1oz_Zapata_Adriana_Patricia_Art%C3%ADculo_2011.pdf?sequence=4
[3] https://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Pa%C3%ADses_por_tasa_de_homicidio_intencional
[4] http://vozpopuli.com/next/45433-por-que-cuando-estamos-en-grupo-nos-volvemos-inconscientes-y-estupidos

Comentarios

  1. El artículo de Andrade es alucinante.Y más después de saber su curriculum. Yo le comenté lo mismo que aquí: sobre los deportes, los paìses, etc.Si es que es muy fácil comprobar que su hipotesis es falsa. (Por suerte para la dignidad humana) Pero no aprobó mi comentario. Y era un comentario respetuoso. Lo entiendo porque quedaba en evidencia. Me alegro de esta respuesta.

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    1. No sé a qué comentario te refieres. Yo jamás desapruebo comentarios. Envíalo y lo publicaré. Insisto, no sé a qué te refieres.
      De nuevo: escribí eso sólo como opinión exploratoria (algo así como quien opina en un bar), y dejé muy claro que ésa era mi intención. En ningún momento dije algo así como "yo acepto estas teorías". En todo momento, hice el caveat condicional, "si esta teoría es verdadera...", siempre dejando claro que no tengo ninguna convicción firme al respecto.

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  2. Que grande Matías!!! Refutando con argumentos científicos el chamuyo especulativo (valga la redundancia)

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  3. No tomo esto como provocación, y le doy la bienvenida al debate. Es absolutamente cierto que yo usé frases como “si X es cierto”, “si esto es así”, “si se llegase a demostrar”, “podríamos asumir”, y eso precisamente demuestra que, cuando escribí el artículo, yo mismo estaba dispuesto a someter a duda todo lo que escribí. Creo haber dejado bastante claro que, en ese artículo, yo no escribía con la convicción que sí puedo tener en otros temas. Sólo me limité a ofrecer algunas opiniones exploratorias.

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    1. 1. En el tema de los videojuegos, me parece que sí hay más espacio para el debate. Steven Pinker, entre otros, ha ofrecido datos que hacen dudar mucho de que los video juegos violentos incitan a la violencia. Es un tema bastante debatido, entre otras cosas, porque la gente que defiende la relación entre videojuegos y violencia, lo hace en tonos alarmantes con fines políticos de censura, como Dave Grossman..
      2. Me parecen bien las refutaciones, y yo comparto casi todas. Pero, no estoy de acuerdo en que la parte final de mi artículo son "nada que merezca la pena responder". En mi artículo, hago una pregunta muy puntual: si se llegase a demostrar que la teoría de la catarsis es verdadera (es, en efecto, una mera suposición, pero en filosofía se usan muchas veces estas suposiciones en los experimentos mentales), ¿justificaría eso el maltrato animal? A mí me parece una pregunta muy importante, pues coloca de relieve la importancia del debate entre una ética consecuencialista y una ética deontológica.

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    2. En el caso de los videojuegos, dudo mucho que puedan hacer que la gente sea más violenta. Y lo dudo por el elemento de ficción que tienen: quien juega a videojuegos violentos distingue normalmente ficción de realidad. La mayoría de gente que juega a esos videojuegos jamás sería violento en la vida real. De la misma forma que la mayoría de quienes participan en sesiones de sadomaso jamás violaría a nadie fuera de esas sesiones. Ni la inmensa mayoría de quienes ven y disfrutan cine de terror e incluso gore serían capaces de hacer daño a nadie. Otra cosa es que a gentes de por sí violentas les gusten los videojuegos violentos, pero eso es distinto: todos los perros son mamíferos pero no todos los mamíferos son perros.

      Y distinto es también el caso de la exposición a la violencia real, donde ahí sí puede ser que dicha exposición conduzca a la desensibilización y de ahí a ser violento más fácilmente.

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    3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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    4. Esperé ansioso estos comentarios. Al parecer los videos juegos incitan a la violencia SOLO a gente violenta, es un dato importante que me salteé, pero que hubieran encontrado en los estudios citados. Claramente no tiene que tomarse esto en tono alarmista, puesto que a la gente "común" no influye, mas bien influye a la gente que ya esta bastante mal de la cabeza, como ser los autores de las masacres universitarias en EEUU (la de Columbine y Virginia Tech). Puede ser que ciertos videojuegos violentos relajen el stress en algunas personas, y eso les sirva para evitar posibles reacciones violentas (pero es una hipotesis), lo que sí no sirven de catarsis, propiamente dicha. Con "nada que merezca la pena responder" me referí a que no había nada nuevo, eran las suposiciones a partir de las hipótesis por lo que no valia la pena responderlas, ya que las hipotesis estaban respondidas. En el caso muy hipotético en que los espectáculos violentos hagan a la gente realmente pacifica, habría que ver, me cuesta mucho imaginarlo, pero supongo que si, estaría justificado, por lo menos hasta que se encuentre algún reemplazo pacifico y eficaz donde no salga nadie lastimado. Concuerdo en que puede haber una relacion inversa en la que a la gente violenta le gusten los videojuegos violentos.

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    5. Quiero comentar brevemente sobre Hitler. Yo no acepto que la reducción ad hitlerum sea falaz. Y, la "ley" Godwin sólo postula que, inevitablemente, en un debate, la gente apelará a Hitler, pero eso no es indicativo de que es falaz. Apelar al ejemplo de Hitler puede ser un cliché (un tópico, un lugar común), pero no necesariamente una falacia.
      En el caso de los bigotudos, obviamente hay una falacia de asociación: es falaz postular que el ser bigotudo conduzca al crimen, por el mero hecho de que Hitler fue bigotudo. Pero, si con base en los argumentos que yo adelanto (sobre los cuales, insisto, yo tengo muchísimas dudas, y siempre fui claro en eso), nos formamos la idea de que la sensibilidad a los animales es inversa a la sensibilidad a los seres humanos, entonces invocar a Hitler como ejemplo histórico ya no es tan falaz. Muchos psicólogos ilustran sus teorías sobre el impacto del maltrato infantil, invocando a Hitler.
      MacDonald postulaba que el maltrato animal conduce a psicopatías, porque encontró una correlación entre algunos asesinos en serie y su pasado de maltrato animal. Si uso tu táctica argumentativa, yo podría decir que eso es una mera falacia de asociación (del mismo modo en que muchos asesinos en serie son bigotudos, pero no por ello el bigote incita al crimen), y que el maltrato animal es meramente circunstancial. Pero, yo no diría eso: la consideración de la otra evidencia sí hace ese ejemplo relevante.
      Con este comentario, yo no pretendo decir que la sensibilidad a los animales de Hitler sea indicio de que eso conduce a la violencia contra seres humanos (repito, en el propio escrito sometí a duda todas mis opiniones). Pero, sí pretendo afirmar esto con firmeza: invocar a Hitler en una argumentación NO es necesariamente falaz. Y, si bien puede ser un cliché, no me parece inapropiado, pues la singular experiencia biográfica de Hitler sirve como punto ilustrativo para muchos argumentos.

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    6. Concuerdo que no necesariamente es falaz, pero si cliché. lo que si, para afirmar eso necesitas muchisimo mas casos que Hitler, necesitas cientos de ejemplos... y en un estudio. Yo no diria que maltratar animales conduce a psicopatias, sino al revés, que la psicopatía conduce a maltratar animales, ya que puede ser producto de algo congenito del cerebro que incite a la violencia (puede ser congénito o causado por el entorno). La diferencia entre la falacia de asociación con Hitler y la correlación entre psicopatía y maltrato animal es que para lo segundo hay evidencia científica y se sostiene mediante conocimientos conductuales.

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  4. ¿Entonces no hay ninguna diferencia entre ser testigo de violencia durante la infancia en el propio hogar, ver violencia en el entorno de nuestro barrio, ser un niño de la guerra, ver combates de boxeo, ver corridas de toros o asistir a la matanza del cerdo en una granja? ¿ Cualquier visión de violencia ,( independientemente de que su objetivo sea humano o animal, alguien querido o un desconocido, esté o no reglada, tenga un mayor o menor grado de necesidad, sea constante u ocasional, podamos alejarnos de su visión o no tengamos medios de hacerlo, empiece en una edad u otra...), hace que nuestra capacidad empática disminuya y nos hace más proclives a agredir a otros?

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