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Chocolate para el alma (del periodismo científico)



por David Osorio (@Daosorios)

La semana pasada, John Bohannon destapó los sucios funcionamientos del mundo del periodismo científico — en un artículo para io9 describió cómo diseñó un 'estudio' que 'demostraba' que comer chocolate ayuda a bajar de peso y cómo, prácticamente todos los medios cayeron en la trampa. Una obra de arte al mejor estilo de Alan Sokal.

Esta no fue la primera operación encubierta de Bohannon. En 2013 publicó cómo casi 150 journals de acceso abierto habían aceptado acríticamente sus 'estudios' pésimamente diseñados, sentando un hecho incómodo sobre el proceso de revisión en esas publicaciones. (En honor a la verdad, hay que decir que los journals que publicaron sus 'estudios' eran casi la mitad del total de revistas a las que envió artículos pésimamente diseñados.)

Con ese antecedente, Bohannon fue contactado por los periodistas Peter Onneken y Diana Löbl para que les colaborara con una operación encubierta similar, que aparecerá en el documental sobre los peligros de las dietas de moda en el que están trabajando (parece que ese sí es un documental, a diferencia de los panfletos ideológicos que nos tocan por acá).

Todo el artículo de Bohannon es un asombroso y a ratos sombrío repaso de lo que está mal con el periodismo científico y un llamado de atención a los colegas para que empiecen a hacer su trabajo — transcribo la conclusión del propio Bohannon:

Entonces, ¿por debería importarte? Las personas que están desesperadas por información confiable se enfrentan a una desconcertante variedad de guías alimenticias —la sal es mala, la sal es buena, la proteína es buena, la proteína es mala, la grasa es mala, la grasa es buena— que cambian como el clima. Pero la ciencia lo va a resolver, ¿no? Ahora decimos que la obesidad es una epidemia, la financiación irá a los mejores científicos y todo este ruido morirá, dejándonos con respuestas claras sobre las causas y los tratamientos.

O tal vez no. Incluso la investigación seria y bien financiada sobre la ciencia para bajar de peso es confusa e inconclusa, se lamenta Peter Attia, un cirujano que cofundó una organización sin ánimo de lucro llamada Nutrition Science Initiative. Por ejemplo, la Women’s Health Initiative —una de las más grandes de su tipo— dio pocas ideas claras sobre dieta y salud. "Los resultados fueron simplemente confusos", dice Attia. "Ellos gastaron mil millones de dólares y ni siquiera pudieron probar que una dieta baja en grasa es mejor o peor". La organización sin ánimo de lucro de Attia está tratando de recaudar $190 millones de dólares para responder a estas preguntas fundamentales. Pero es difícil centrar la atención en la ciencia de la obesidad, dice. "Simplemente hay mucho ruido".

Pueden agradecerle a la gente como yo por eso. Nosotros los periodistas tenemos que alimentar a la bestia de las noticias diarias, y la ciencia alimenticia es nuestro cuerno de la abundancia. Los lectores no pueden tener suficientes historias sobre los beneficios del vino tinto o los peligros de la fructosa. No sólo es universalmente relevante —hace referencia a decisiones que todos tomamos al menos tres veces al día— ¡sino que es ciencia! Ni siquiera tenemos que salir de casa para hacer ninguna reportería. Simplemente sumergimos nuestras tazas en el flujo diario de notas de prensa científicas que fluyen a través de nuestras bandejas de entrada. Elegimos una enérgica foto y ya está.

El único problema con el área de la ciencia alimenticia es que es ciencia. Tienes que saber leer un artículo científico — y de hecho tomarte la molestia de hacerlo. Durante demasiado tiempo, las personas que cubren este tema lo han tratado como chismes, haciéndose eco de cualquier cosa que encuentren en los comunicados de prensa. Esperemos que nuestro pequeño experimento haga que los periodistas y lectores sean más escépticos.

Si un estudio ni siquiera enumera cuántas personas participaron en él, o hace una afirmación dietética audaz que es "estadísticamente significativa", pero no dice qué tan grande es el tamaño del efecto, debes preguntarte por qué. Pero en su mayor parte, no lo hacemos. Lo que es una lástima, porque los periodistas se están convirtiendo en el sistema peer review de facto. Y cuando fallamos, el mundo es inundado de mala ciencia.

Hubo un destello de esperanza en esta tragicomedia. Mientras los periodistas solo regurgitaban nuestros "hallazgos", muchos lectores fueron pensativos y escépticos. En los comentarios en línea, hicieron preguntas que los periodistas deberían haber preguntado.

"¿Por qué las calorías no son contadas en ninguna de las personas?", preguntó un lector en un foro de culturismo. "El dominio [para el sitio web Instituto de Dieta y Salud inventado por Bohannon] se registró a principios de marzo, y docenas de blogs y revistas de actualidad (ver Google) difundieron este estudio sin saber qué o quién está detrás de él", dijo un lector bajo la historia en Focus, una de las revistas en línea líder de Alemania.

O como dijo un lector profético en el Daily Express, "Cada día es Día de los inocentes en la nutrición".

Muchos periodistas científicos no se han tomado bien la jugada de Bohannon, pues lo acusan de minar la confianza del público en los medios y, según dicen, esa es la base del buen periodismo.

Yo no puedo estar de acuerdo: la base del buen periodista es ser objetivo, atenerse a las evidencias y toneladas de escepticismo. La confianza del público es una recompensa al buen periodismo; quienes se limitan a copi-pegar comunicados de prensa (o, peor, a avanzar agendas ideológicas, como hemos visto recientemente con los casos del glifosato y del yagé, por ejemplo) no merecen la confianza de la audiencia, pues la han traicionado.

(publicado originalmente en De Avanzada | imagen: Pixabay)

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