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Mostrando entradas de mayo, 2015

El libre albedrío y la omnisciencia

José Luis Ferreira

Esta vez la discusión fue en el Otto Neurath, magnífico blog de mi amigo y coautor Jesús Zamora (lo digo para presumir). Debatíamos las implicaciones de la paradoja de Newcomb en los conceptos de causalidad y de libre albedrío.
Transcribo (con un poco de edición), la redacción de Jesús Zamora.
“Un ser omnisciente y que siempre dice la verdad nos ofrece dos cajas cerradas, y nos da a elegir entre coger una sola de ellas, o las dos; después de nuestra elección, nos podremos quedar con el contenido de las cajas que hayamos tomado. En la caja A, ha puesto 1000 euros; en la caja B, en cambio, su acción depende de la nuestra: habrá puesto un millón de euros SI ÉL SABE que vamos a coger SÓLO la caja B, y la habrá dejado vacía SI ÉL SABE que vamos a coger la caja A. Naturalmente, nosotros sabemos que el ser nunca se equivoca y que nunca miente.
El problema consiste, por lo tanto, en preguntarnos qué elegir: ¿sólo la caja A?, ¿sólo la caja B?, ¿las dos? Tomar la caja A sólo,…

Lot, Sodoma y Gomorra (Andrés Carmona)

De todos los libros de mitología, yo diría que la Biblia es mi favorito, si bien es cierto que posiblemente se deba a que lo conozco más que a otros como el Corán o los Vedas. Uno de los mitos de la Biblia que más me impresiona es el de Lot y la destrucción de Sodoma y Gomorra. Es conocida la historia en general, pero aquí me centraré en algunos detalles que suelen pasar desapercibidos para quien no ha leído el mito tal cual en la Biblia.

El complejo de Edipo y la teoría de la similitud genética. Autor: Gabriel Andrade

Freud dijo muchas tonterías. Pero, tenía cierto talento para hacer algunas observaciones interesantes, a pesar de que las interpretaciones de esas observaciones solían ser, por supuesto, ridículas. Una de esas observaciones era el complejo de Edipo.
Como se sabe, según Freud, los hombres tenemos el deseo inconsciente de unirnos sexualmente con nuestra madre. Ese deseo procede de la parte irracional de nuestro inconsciente, el ello. Pero, entonces, la parte moral de nuestra mente, el superyó, interviene y reprime nuestro deseo incestuoso. Eso genera un conflicto que se manifiesta en neurosis y, a nivel social, en grandes crisis e insatisfacciones.
Con justa razón, todo esto se ha visto como una colosal estupidez. ¿A cuenta de qué deseamos sexualmente a nuestra madre? ¿Es acaso suficiente con leer un antiguo mito griego para formular esta teoría tan temeraria? Las críticas más agudas de esta teoría suelen venir de la psicología evolucionista. Antes de Freud, ya el biólogo Edward Westermar…

La razón moral y el paternalismo

José Luis Ferreira

La aprobación del plan de salud de Obama dio pie para discutir muchas cosas. En otros lugares más competentes se puede leer una exposición sensata sobre lo que es y lo que no es ese plan.
Aquí me interesa un aspecto lateral. Las encuestas daban distintos niveles adhesión al plan según el momento de todo el recorrido político por el que ha pasado (todavía por terminar). Mi cuestión es la siguiente. Pongamos que es cierto que el plan genera un rechazo mayoritario. Pongamos que los demócratas, el presidente y la gran mayoría de representantes de ese partido, se empeñan en aprobarlo. Pongamos, finalmente que, después de aprobado (tal vez algunos pocos años), el plan tiene, finalmente la aceptación ciudadana. ¿Es esto un buen resultado de la democracia?
Debo decir que el caso del plan de Obama tiene más complicaciones, puesto que los demócratas respaldaron a Obama cuando era candidato presidencial y llevaba el plan en su programa electoral, y con ese programa le eligiero…

McNamara y los rumores de guerra. Autor: Gabriel Andrade

El Marqués de Condorcet es uno de mis filósofos preferidos: racionalista a ultranza, estimó que muchos de los problemas sociales pueden solucionarse evaluando cuantitativamente muchas variables. Y, me parece que en política, es urgente asumir este enfoque tecnocrático. El mejor gobernante no es el que más se parezca al hombre del pueblo (como tanto proclaman los populistas latinoamericanos), sino quien analice técnicamente los problemas, y a partir de ello, encuentre soluciones óptimas.
Uno de los personajes del siglo XX que más se pareció al Marqués de Condorcet fue Robert McNamara, secretario de Estado de los EE.UU. durante la presidencia de Kennedy y Johnson. McNamara fue famoso por implementar un estilo político tecnocrático, en el cual se apela poco a la retórica patriótica populista, y se apela mucho más a la racionalidad, el análisis estadístico, etc.
Con todo, McNamara tomó decisiones que hoy consideramos muy equivocadas (principalmente, la escalada norteamericana en la guerra d…

Corrupción, bipartidismo y ciudadanía (Andrés Carmona)

Normalmente publico los sábados en este blog, pero por ser el sábado 23 jornada de reflexión electoral, prefiero publicarlo unos días antes.

El no-milagro de la hostia roja

por David Osorio (@Daosorios)

La comunidad católica está feliz por un 'milagro' en una iglesia de Illinois: pusieron una hostia en agua y a los cuatro días "se había convertido en sangre y vino". Este 'milagro' ya había ocurrido en Minnesota en 2011.

Esa vez se supo que, realmente, no es ningún milagro:

Un mundo de zombis

José Luis Ferreira

Este es el célebre argumento de Chalmers sobre la necesidad de tomar la consciencia como un elemento primitivo del Universo, como las partículas elementales:
Podemos imaginarnos un mundo con seres como nosotros, que hagan lo que nosotros, pero que no sean conscientes: los zombis (o autómatas).La física no podría dar cuenta de la diferencia.Por tanto, la consciencia (o los qualia, como la sensación de “color rojo”) es una propiedad fundamental y ontológicamente autónoma. ¿Qué tal esto otro?:
Podemos imaginar un planeta exactamente igual que la Tierra, en el que no haya una deformación del espacio-tiempo según la explicación relativista de la gravedad, pero en donde los cuerpos se movieran como en nuestro mundo.La física no podría dar cuenta de la diferencia entre ambos mundos.
Por tanto la gravedad es una propiedad ontológicamente autónoma. El problema está en confundir lo lógicamente posible o lo concebible con lo físicamente posible (en este universo, por lo menos).

PRESUNCIÓN DE INOCENCIA Y JUICIOS PARALELOS (Andrés Carmona)

La presunción de inocencia es un derecho básico en toda democracia que se precie. Lo reconoce el art. 11 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y el art. 24.2 de la Constitución Española. Las personas disfrutan de la plenitud de sus derechos mientras son inocentes, pues precisamente la condena por culpabilidad puede consistir en la limitación de algunos de esos derechos (por ejemplo el de la libertad o la propiedad en caso de cárcel o multa). Resultaría terriblemente injusto limitar esos derechos a un inocente que fuera sospechoso y que después se demostrara su inocencia. De ahí que el principio de presunción de inocencia establezca todo lo contrario: se considerará inocente al sospechoso mientras no se demuestre su culpabilidad. La carga de la prueba (onus probandi) recae, entonces, en quien acusa, y no en quien se defiende.

En defensa del trueque. Autor: Gabriel Andrade

Hugo Chávez fue infame por proponer disparates de toda índole. Sugirió que el hombre nunca llegó a la luna, y también que en Marte había existido una civilización que se extinguió por culpa del capitalismo. Otro de esos disparates que resultaron de antología, fue la propuesta de regresar al trueque: en vez de hacer circular dinero, Chávez propuso el intercambio de bienes y servicios.

Predeciblemente, fue el hazmerreír de muchísima gente. Fue visto como otro de sus ingenuos arrebatos primitivistas. Pero, deseo reivindicar a Chávez en este punto. Venezuela, como todos los otros países del planeta, tiene una economía controlada por el Estado, a través de un banco central. El banco central tiene el control de la moneda, impone tasas de interés, regula precios, y más importante aún, decide el volumen de la masa monetaria, mediante la impresión de billetes. A mediados del siglo XX, los países del mundo acordaron en el tratado de Bretton Woods que la masa monetaria de cada país necesitaría ten…

¿Es machista la ciencia?

por David Osorio (@Daosorios)

En las disciplinas científicas existe una disparidad entre hombres y mujeres (hay más científicos hombres), lo que ha llevado a algunos a concluir que la ciencia es sexista y que, por tanto, se debe buscar la paridad de géneros en las ciencias a toda costa.

Desde hace años, la idea ha sido puesta en tela de juicio. Por ejemplo, un artículo del año 2000 por Constance Holden para Science recogía las opiniones de Judith Kleinfeld, Patti Hausman y Linda Gottfredson (psicóloga, científica social y socióloga respectivamente), en donde explicaban que no había más mujeres en las ingenierías por la bastante obvia razón de que no querían y que, "en promedio, las mujeres están más interesadas en tratar con personas y los hombres en tratar con cosas".

Algunas características del pensamiento escéptico

Por Matías Suarez Holze                       

Nota: En este artículo me referiré con escepticismo al escepticismo metodológico, racional o científico, y no a la vertiente ya casi olvidada del escepticismo radical o sistemático (mal llamado filosófico).

En una cultura donde el pensamiento crítico, paradójicamente, es criticado, es entendible que el escepticismo pertenezca a una minoría. Pocos y nulos son los esfuerzos de los sistemas educativos para promover el escepticismo, y esto se ve claramente en el tipo de sociedad que tenemos: facultades que dan cursos de homeopatía, universidades de psicología repletas de psicoanálisis; librerías plagadas de best-sellers de estilo newage; volantes en la calle con propaganda de psíquicos y astrólogos; intelectuales posmodernos “superestrellas” de la charlatanería como Zizek y Darío Sztajnszrajber; perfiles de Facebook que exhiben bulos y hoax[1] de páginas pseudoperiodisticas y un largo etc. Actualmente se saca grandes provechos de la credulidad…

Cuando la mente padece el Síndrome de Estocolmo

José Luis Ferreira

Linus Carl Pauling fue un premio Nobel por partida doble, recibió el de química y el de la paz. Una mente preclara e inteligente que, sin embargo, se obcecó con la idea de que sobredosis de vitamina C eran poco menos que una receta para la vida sana y longeva.
Luc Montagnier se le otorgó el premio Nobel de medicina por identificar y aislar el virus del SIDA, pero luego se puso a defender la memoria del agua sin mínimas evidencias que poder presentar ante la comunidad científica.
Más cerca de nosotros, Fernando Savater, referente moral y político para muchos, de pronto defiende las corridas de toros cayendo en todas las falacias frente a las que se avisa en cualquier curso de filosofía.
Javier Marías, azote de las malas costumbres españolas en artículos mordaces que nos ofrece cada semana, pasa a defenderlas cuando se trata de la prohibición de fumar en lugares públicos, sin importarle que los países más avanzados y libres nos lleven también la ventaja en esto, para…

Cristianismo fundamentalista y liberal (Andrés Carmona)

Una de las grandes divisiones en el cristianismo es la que distingue entre fundamentalistas y liberales. Dicha distinción surge en el contexto del protestantismo de inicios del siglo XX con la aparición del propio fundamentalismo. Entre 1910 y 1915, el Instituto Bíblico de los Ángeles (EEUU) publica 90 ensayos de 64 autores distintos conocidos como Los Fundamentos: Un testimonio de la verdad, donde se reúnen los “fundamentos” o “creencias fundamentales” de la religión cristiana que todo cristiano debe admitir dogmáticamente. La defensa de esos fundamentos era la reacción de ciertos pastores ante la interpretación que otros pastores y teólogos estaban haciendo de la Biblia. Una interpretación (que se denominará como “liberal”) en la que se relajan y relativizan los aspectos más problemáticos y contradictorios de la Biblia para adaptarlos a los nuevos descubrimientos científicos, por ejemplo, en lo relativo a la creación del mundo y la teoría de la evolución de las especies. Ante este l…

En defensa del animismo. Autor: Gabriel Andrade

A mi juicio, los ateos militantes son demasiado mezquinos con la religión. La mayoría de las doctrinas religiosas son efectivamente falsas (y muchas son absurdas), pero la religión ha tenido una función social destacable a lo largo de la historia de la humanidad, y es menester reconocerlo.
            Asimismo, si bien coincido con estos ateos en que la religión y la ciencia inevitablemente chocan, debe también reconocerse que algunas doctrinas religiosas sí han servido como plataforma para el desarrollo de la ciencia. En esto, el monoteísmo ha tenido un lugar destacado.
            La idea de un Dios trascendente, que no es identificable con un objeto material en particular, ha servido para propiciar la actividad científica. En el panteísmo, todo es Dios, y así, lo sagrado impone una restricción para investigar el mundo. En cambio, en el monoteísmo, hay más disposición para hacer disecciones de cadáveres o investigar fenómenos de la naturaleza, pues si bien se consideran obras de…

Tenemos capacidad crítica, es cuestión de usarla

por David Osorio (@Daosorios)

En gran post donde cuestiona si no hemos exagerado la capacidad crítica del ser humano, mi amigo Martín trae a colación una conversación que tuvimos por Facebook sobre falsos documentales y cómo engañan al público. Creo que lo de los pseudodocumentales está claro, mientras que el tema de la recepción crítica no tanto —y eso que lo he machacado bastante—. Por esto resulta refrescante ver que alguien más lo ponga como tema de conversación.

El artículo de Martín se pregunta si la explosión de pseudodocumentales que cautivan grandes audiencias sería evidencia de que realmente no tenemos capacidad crítica y, además, tiene la valentía ofrecer una respuesta coherente y plausible (spoilers: sí tenemos capacidad crítica):

Es muy difícil ser riguroso sin matemáticas

José Luis Ferreira
Esta es la paradoja de La lámpara de Thompson. Tenemos una lámpara encendida. Al cabo de una hora la apagamos, media hora después la encendemos, un cuarto de hora más tarde la apagamos de nuevo, un octavo de hora después la encendemos otra vez, y así sucesivamente. Alternamos la lámpara encendida y apagada en intervalos cada uno la mitad de largo que el anterior. Todo el proceso acabará en dos horas:
1+1/2+1/4+1/8+1/16+… = 2.

La pregunta inquietante viene ahora. Al cabo de esas dos horas, ¿la lámpara estará encendida o apagada?

Ninguna de las dos respuestas parece adecuada ni preferible a la otra. ¿Qué hacemos entonces?

Ocurre simplemente, que el problema no está bien definido. Parece bien definido porque parece que hemos sido capaces de enunciarlo claramente, pero es solo apariencia. El problema está perfectamente definido para cualquier instante anterior a las dos horas, pero no para ese momento.

Hay quien dice que la indefinición de la paradoja se debe a que esa situa…