5 de abril de 2015

... y de los pocos errores


José Luis Ferreira

Con frecuencia encuentro más ilustrativo hablar de los errores que de los aciertos para distinguir una ciencia de una falsa ciencia. La ciencia comete errores, la falsa ciencia no. O por lo menos, no errores que reconozcan sus practicantes.

Cuando a comienzos de los años 80 del pasado siglo apareció una extraña y mortal enfermedad hubo que hacer mucha investigación antes de dar con el agente que la causaba. Se formularon distintas hipótesis: causas ambientales, bacterias, hongos, … hasta que se dio con el HIV. Las causas de transmisión fueron también objeto de muchos estudios y también se desterraron hipótesis que todavía los ignorantes temen. La posible cura avanza todavía más despacio.

Atrás han quedado hipótesis erradas, vías muertas de investigación que no llegaron a ninguna parte, experimentos fracasados, pruebas que solo sirvieron para decir que la verdad no estaba por ese lado. Aquí un experimento resultó estar mal diseñado, allá se tomaron resultados provisionales por conclusiones bien asentadas, en otra parte un investigador poco escrupuloso manipula unos datos para alcanzar fama. Por cada avance hay literalmente miles de errores. Miles de pruebas, miles de errores, apenas un acierto. Eso es la ciencia. Es difícil y es cara.

La homeopatía, en cambio, no muestra una historia similar. Cuando se habla con un practicante o creyente de una pseudociencia siempre tienen alguna respuesta acerca de su verificación. Que si la experiencia de los practicantes, que si lo a gusto que se quedan los sujetos sobre las que se practica, que si los años de historia,…

Yo prefiero preguntar por los fracasos. ¿Dónde están sus errores? ¿Cuáles son las líneas de investigación fallidas? ¿Qué hipótesis se manejaron que luego hubo que desterrar? ¿Qué preparado se pensó que funcionaba bien, pero que estudios más completos demostraron ser placebo?

Haced la prueba a formular estas preguntas. Obtendréis un elocuente silencio del que será más fácil sacar algo en claro. Errores no hay. O bien se inventan, o bien se acepta que la tal pseudociencia es infalible. Ambas cosas dejarán en bastante mal lugar al interlocutor. Poco margen tendrá para atacar a la ciencia por arrogante y otras acusaciones absurdas.

Lo que dijo Hahnemann, el que se sacó la homeopatía de la manga hace 200 años, sigue vigente. Si acaso se hablará de que ahora hay más preparados homeopáticos, pero todos lo son porque siguen el método de preparación de Hahnemann, dado por válido apriorísticamente. El método es el siguiente: se detecta una sustancia que produce un síntoma. Se diluye esa sustancia en agua hasta que no quede una sola molécula de esa sustancia y se vende esa agua como remedio para ese síntoma.

Se dirá también que hay avances, que el señor Edward Bach hizo una escuela aparte con sus flores. Pero no habrá en ninguna parte una documentación sobre los estudios que hizo Bach para dejar de un lado los preparados de Hahnemann y preferir los suyos.

Lo mismo pasa con las teorías de Freud y sus seguidores con escuela propia, como Jung. Lo mismo con las distintas astrologías o las distintas acupunturas. Eso es pseudociencia, es fácil y barata.

Antes de pedirme que me fíe de ti, háblame de tus errores.

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