26 de abril de 2015

Un argumento demasiado extendido: agarrarse a un clavo ardiendo


José Luis Ferreira

Los astrólogos dicen: “si la luna influye en las mareas de los océanos, cómo no va a influir en las personas”.

Los homeópatas dicen: “el agua recuerda las moléculas que ha tenido diluidas, este puede ser el mecanismo que hace funcionar a la homeopatía”.

Los grafólogos dicen: “nuestra psicología y nuestra personalidad se traduce en todo lo que hacemos, también en la escritura”.

Los partidarios del diseño inteligente dicen: “hay hechos biológicos que la evolución no explica y que son explicados por un diseñador inteligente”.

La jerarquía católica dice: “hay estadísticas que dicen que promover la abstinencia y la fidelidad en países africanos es mejor que promover el preservativo para reducir la transmisión del SIDA, esto justifica nuestra postura contraria al preservativo”.

La jerarquía de los testigos de Jehová dice: “la transmisión del SIDA por las transfusiones de sangre justifica nuestra postura de que la sangre es sagrada”.

Los lectores del Tarot dicen: “la energía vital influye en todo, por tanto puede influir en la manera de barajar y colocar las cartas”.

Los comunistas dicen: “cada crisis del capitalismo nos da la razón y nuestros fracasos son culpa de los demás”.

Los anarcocapitalistas dicen: “todas las sociedades capitalistas son socialdemócratas, por eso no funcionan como decimos en nuestra doctrina”.

Poco importa que la luna no tenga efectos perceptibles en una piscina, un charco de agua o en un ser vivo, y menos aún que, aunque hubiera ese efecto, eso no diga nada acerca de por qué un signo tiende a ser como dicen que tiende.

Poco importa que la memoria del agua nunca se haya probado, que algún experimento en tal sentido nunca se haya replicado, y poco que, aunque hubiera tal cosa, eso no implique nada acerca de que los preparados homeópatas tengan las propiedades que dicen tener.

Poco importa que la psicología también se debería, entonces, traducir en cómo cantamos, reímos o caminamos, pero que no exista la cantología, la risología o la caminología, y poco que, aunque hubiese tal influencia, eso no muestre que sea de la manera que los grafólogos dicen que es.

Poco importa que ningún hecho biológico sea contradictorio con la evolución y que todos encajen bien en la teoría, y menos aún importa que en ningún momento se haya observado la acción de un diseñador.

Poco importa que las estadísticas en realidad apoyen el beneficio del uso del condón y menos aún que el hecho de que no fuera efectivo para evitar la transmisión de una enfermedad en unas circunstancias nada diga acerca de lo inmoral de su uso como anticonceptivo.

Poco importa que se puedan hacer pruebas para evitar el contagio por sangre contaminada y menos aún que alguien pueda morir por no hacerse una transfusión.

Poco importa que no haya tal cosa como la energía vital, y menos parece importar que nadie entre los tarotólogos se ha preocupado de saber si es verdad o no esa manera de traducir la posición de las cartas en aspectos psicológicos o en futuribles.

Poco importa que no se haya cumplido ninguna de las profecías de los comunistas y que los fracasos todos sus intentos de llevar a cabo sus ideas puedan explicarse por lo desatinado de su conocimiento de la Economía.

Poco importa que las sociedades más socialdemócratas estén mejor en todos los índices de desarrollo humano y económico que las que más se acercan al ideal anarco capitalista.

Lo único que importará es que “mi experiencia de experto me dice que estas cosas funcionan” o que “mi fe me dice que estas cosas son inmorales”.

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