12 de abril de 2015

Las hipótesis vacías y los castillos en el aire


José Luis Ferreira

Un elemento clave del equipamiento para subir al monte del conocimiento es la formulación de buenas hipótesis. En ciencia se formulan hipótesis continuamente. La mayoría resultarán falsas, unas pocas serán validadas por la realidad, momentáneamente, mientras que explique los datos mejor que las alternativas que se tienen hasta ese momento.

Según el tipo de explicación, la hipótesis no tiene por qué ser tremendamente realista, basta con que lo sea en aspectos relevantes para lo que se va a explicar. Si tenemos dos sospechosos de un crimen, un hombre y una mujer, para conocer quién de los dos es el culpable bastará aceptar o rechazar la hipótesis “ha sido un hombre”, sin más detalles, por ejemplo buscando testigos que recuerden haber visto una persona de uno u otro sexo. Una hipótesis que diga “el culpable puede ser cualquiera” no sirve para nada. No ofrece ninguna línea de investigación, no ayuda a buscar la verdad.

En economía, muchos modelos definen a un consumidor por sus preferencias y su restricción presupuestaria. Algo poco realista, puesto que sabemos que los seres humanos somos más que eso, pero la hipótesis parece abarcar mucho de los consumidores ya que implica ciertas cosas acerca de su comportamiento que se ven reflejadas en la realidad.

Una tierra plana es una hipótesis falsa, pero lo que predice para distancias pequeñas es tan bueno que vale bien para andar por las calles de una ciudad y, si uno no necesita gran precisión, para recorrer las carreteras de un país. También es buena porque nos da pistas sobre qué observaciones o experimentos sirven para confirmarla o refutarla (por ejemplo, observar a ver qué pasa con los barcos que se alejan del puerto).

Incluso en derecho se presentan como adecuadas ciertas otras hipótesis, como que los seres humanos somos iguales frente al derecho, para construir un ordenamiento jurídico. De esa hipótesis se seguirán unas consecuencias y no otras.

Podemos incluso formular algunos modelos sobre ética y moral basándonos en supuestos que podemos aceptar o no, pero que si aceptamos nos llevan a unas conclusiones y no a otras. La literatura de Elección Social está llena de este tipo de modelos.

Hay quien observa este panorama y dice:
“-Vaya, vaya, así que se pueden aceptar hipótesis no probadas e, incluso, falsas, a condición de que sirvan de algo. Se me ocurre entonces proponer que un par de dioses crearon el mundo, que un diseñador inteligente modeló los seres vivos y que los extraterrestres hicieron las pirámides de Egipto. De esta manera explico por qué existe el mundo y la moralidad humana, por qué existe la variedad de vida en la tierra y por qué hay pirámides en Egipto.”
Cómo hay gente que se convence con esta insensatez de argumento es un misterio para mí. Esas hipótesis no explican nada, no permiten concluir unas cosas y no otras. Como en el caso de la hipótesis anterior que decía “el culpable puede ser cualquiera”, estas hipótesis no ayudan a encontrar la verdad. El diseñador inteligente puede diseñar cosas interesantes o chapuzas, no sabemos. Así que para cualquier cosa que encontremos en la biosfera podremos decir “es que el diseñador lo quiso así”.

La existencia de un dios no explica la existencia de la moral humana, ni el bien ni el mal. A la hipótesis del dios habrá que añadir siempre aquello que queremos explicar (que si esos dioses son buenos, que si nos dan libre albedrío,…), nunca se deduce nada de su existencia. Todos los argumentos metafísicos para conectar una cosa con la otra caen en la misma falacia.
-¿Y los extraterrestres?
-Digo de los dioses y del diseñador inteligente lo mismo que muchos creyentes dicen de los extraterrestres.
Las hipótesis vacías y los castillos en el aire. Cuánto intelecto humano desperdiciado.

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