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El maltrato animal



En alguna ocasión he manifestado que, mientras haya muchos aficionados a las corridas de toros, no creo que debieran ser prohibidas totalmente, y ello a pesar de la abominación y el atraso cultural que veo en ellas. Creo que hace falta un consenso mayor que una mayoría simple. Tal vez esté equivocado y, tras la prohibición, en pocos años ya nadie se acordaría de lo salvajes que éramos.

Me parece bien que los antitaurinos se hagan oír (por las buenas) y me parece estupendo que algunas autonomías hayan alcanzado suficiente consenso para su prohibición. De hecho, este parece que pueda ser el camino. Empezó en Canarias y ha seguido en Cataluña. Curiosamente nadie apreció problemas en el primer caso, pero sí en cambio en el segundo. Me pregunto qué pensará cada uno cuando sólo queden tres o cuatro autonomías con "fiesta nacional".

A los aficionados a la tauromaquia les diré que yo veo en una corrida de toros lo que ellos seguramente verán en el vídeo que se muestra arriba. Como ellos, tampoco encontraría belleza en la pelea ni indulgencia para quien pueda encontrarla incluso si los canguros fueran criados en una vida regalada y feliz para terminar así.

Claro que veo alguna cosa más, las luces de los trajes, el refinamiento de los movimientos del torero,... , pero lo que veo en el vídeo también lo veo en las corridas, y nada de lo anterior me lo encubre.

Comentarios

  1. El argumento no me convence, José Luis, más que nada porque no lo veo. La prohibición de las corridas de toros, de las peleas de animales o de cualquier otra cosa no puede depender del juicio estético de nadie. Porque, en el fondo, me parece que te refieres a una cuestión de gusto estético. No te gusta ver sufrir a un animal. Bien, pero a otro puede no importarle o incluso gustarle. Sobre esa base no creo que podamos llegar a ninguna conclusión sobre si debería prohibirse o no. Las peleas de gladiadores o las ejecuciones públicas fueron un día del gusto de la mayoría que acudían voluntariamente a verlas como espectáculo. Y no creo que la razón para prohibirlo esté en un cambio de gusto hacia esas cosas. Habrá que apuntar a algo de otro tipo, a alguna razón de tipo moral o político si lo que queremos en reprobarlo moralmente o prohibirlo legalmente (aunque ambas cosas no tienen por qué ir unidas en una sociedad democrática y pluralista: no todo lo inmoral debe ser ilegal, so riesgo de integrismo). El asesinato o la esclavitud no son inmorales e ilegales por cuestión de gusto: no es que nos repugne estéticamente ver morir o esclavizar a alguien (que también puede ser). Es que se trata de un atentado a la dignidad y los derechos de esa persona. La cuestión estará hasta qué punto hay base moral y/o jurídica para prohibir ciertos actos hacia los animales (como podría ser torearlos o ponerles fuego en las astas).

    Otra cuestión es la de la diferencia entre moral y política que he apuntado antes entre paréntesis. Una cosa es que el maltrato animal sea inmoral y otra cosa que deba ser ilegal. La moral depende en gran parte de la conciencia de cada uno y sus criterios éticos. Pero en un contexto político pluralista el objetivo de la ley es que cada cual pueda vivir de acuerdo a su conciencia de la forma más compatible que sea posible con los demás. De ahí que las leyes en un país democrático deban ser lo menos prohibitivas posible en asuntos de conciencia. Pongamos el caso de la pornografía. Para algunos, la pornografía puede ser un atentado a la moral por motivos religiosos, puritanos o feministas. Para otros, nada de eso. Para unos puede ser un placer estético, para otros algo repugnante que no quiere ver ni en pintura. Sea como sea, la ley no puede prohibir la pornografía. Si acaso intentar ponerle límites para compatibilizar la convivencia de unos con otros (por ejemplo, regulando horarios en los que pueda emitirse). Distinto es el caso que decíamos del asesinato o la esclavitud, donde el consenso moral es mucho mayor: ninguna teoría ética actual justifica el asesinato o la esclavitud como derecho (que yo sepa) ni hay un debate social sobre si prohibirlo o no. La cuestión del maltrato animal es difícil porque no hablamos de seres humanos sino de animales no humanos, y no está claro si es un caso más parecido al de la pornografía (si no te gusta, pues no vayas a las corridas de toros o a los toros embolados) o si es más cercano al de los derechos: ¿derechos animales?

    Y otra cosa totalmente distinta es la pura cuestión ESTRATÉGICA de si para acabar con las corridas de toros es mejor prohibirlo directamente o si es preferible concienciar a la población sin prohibirlo (para no reforzar a los taurinos ni convertirlos en víctimas) hasta que simplemente se extinga por falta de público.

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    Respuestas
    1. Gracias por comentar, Andrés.

      No creo haber escrito solo acerca del gusto estético. Cuando digo que veo en las corridas de toros lo mismo que cualquiera ve en el vídeo, estoy diciendo que me parece inmoral. Precisamente mi argumentación, aunque reconozco que tal vez haya sido muy parco en la explicación, es hacer que los taurinófilos se vean cada vez más confrontados a reconocer que en las corridas de toros hay maltrato animal. Siendo que en la sociedad estamos avanzando en contra de este maltrato, será cuestión de tiempo (espero que poco) que se acepte la conclusión lógica.

      No es muy distinto de cómo se han ido aceptando lo que vemos como progresos morales, como en los ejemplos que has puesto: aceptamos la dignidad y los derechos de las personas, aceptamos aunque sea a regañadientes que los otros son también personas, a partir de ahí va llegando el fin de la esclavitud, el sufragio femenino y el matrimonio homosexual, entre otros logros de la civilización.

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    2. Pero sigo sin ver el argumento, salvo que, en lo que has dicho al final de la respuesta, deba entender que consideras (o deberíamos considerar) a los animales como personas, esto es, sujetos de derechos por lo menos morales: derecho a la vida o a no sufrir, por ejemplo. Pero entonces habría que explicar el motivo de por qué considerarlos así. Dicho de otra forma, ¿por qué deberíamos ampliar nuestro círculo moral para incluir, además de a los humanos, a otros animales no humanos (y todas las consecuencias que eso tendría además de las que implica para las corridas de toros)?

      Tu texto y tu respuesta y me ha recordado a tres autores: a Tom Regan, a Peter Singer y a John Fisher. Regan plantea directamente que los animales tienen derechos porque tienen un valor inherente. Singer no se interesa por la expresión “derechos” sino que indica que los animales tienen “intereses” (en no sufrir, especialmente) y de ahí deriva la obligación moral de los humanos a no hacer sufrir a los demás animales. Fisher cambia la perspectiva y apela a las emociones y la empatía: los seres con los que podemos empatizar son aquellos a los que debemos incluir en nuestro círculo moral. Tu texto me parece más cercano a la postura de Fisher: él mismo dice que si fuéramos conscientes del sufrimiento que causamos a los animales en vez de mirar hacia otro lado, nuestra consideración hacia ellos cambiaría.

      A mí me gusta más la postura de Singer. Primero, porque evita el término “derechos” y toda la polémica de si seres no humanos pueden tener derechos propiamente hablando. Respecto de Fisher, porque no creo que la moral deba reducirse a la empatía sino que debe anclarse en algo más sólido, más argumentado. A este respecto, recuerdo una anécdota que cuenta Singer. Estaba reunido con unas mujeres que recaudaban fondos para hogares para mascotas abandonadas o algo así (no recuerdo bien, hablo de memoria) y le habían invitado a él porque sabían que era un defensor de los animales. El caso es que se pusieron a merendar unos sandwichs y le preguntaron por su mascota, y él dijo que no tenía y que además no le gustaban. Ellas se sorprendieron y le preguntaron entonces qué hacía él por los animales y por qué, a lo que contestó: “Para empezar, yo no me los como”. Venía a decirles que su defensa de los animales no se basada en sus emociones o lástima hacia ellos, sino en motivos objetivos (morales) más allá de que a él le diera pena o indiferencia el sufrimiento de los animales. Singer considera que cualquier ser sintiente tiene interés en no sufrir y que es una obligación moral que, quien pueda evitarlo, se abstenga de hacer sufrir innecesariamente a otro ser sintiente, para respetar ese interés. Eso es lo que le lleva a posicionarse en contra de todas las formas de maltrato animal como pueden ser no solo las corridas de toros, sino la experimentación animal, los circos, los zoológicos y la industria cárnica (que le conduce al vegetarianismo como forma de boicot a esa industria).

      La anécdota está sacada de su libro “Liberación animal” y la contraposición de Regan, Singer y Fisher del capítulo sobre la ética y los animales de Lori Gruen en “Compendio de ética” también coordinado por Peter Singer.

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    3. En mi entrada no has visto un argumento de por qué no debemos maltratar animales porque no he hecho ninguno en ese sentido. Mi argumento, si se puede llamar así, era simplemente en señalar una analogía entre lo que se ve en una corrida de toros y lo que se ve en el vídeo, en mi convicción de que esta analogía pueda servir para reflexionar a quien considere las dos situaciones como radicalmente distintas, justificando una y no la otra. Y, a partir de ahí, solo he señalado una especie de "flecha en que se mueve nuestra actitud hacia los animales", sin decir ni cómo ni por qué.

      Por supuesto, no es lo único que se puede hacer sobre el tema, pero es lo que yo he hecho aquí. Me dices que hay más aspectos que considerar y que explicar. Claro que sé, y yo mismo tengo mis opiniones al respecto, pero la entrada no iba de eso, aunque bienvenidas sean esas discusiones en otros lugares, incluidos los comentarios a mi entrada.

      Por solo dar unas pinceladas, diré que esta discusión sobre si derechos de los animales o, simplemente, intereses, me parece semántica. Tendrá su gracia para apelar a los sentimientos morales de los demás, pero no le veo profundidad. Sea lo que sea, al final lo que importa es lo que queramos hacer, y lo haremos según la intensidad de nuestras preferencias por, básicamente, estas cuestiones: (i) cuánto nos importa el sufrimiento animal, (ii) cuánto nos importa ser parte causante del sufrimiento animal, (iii) cuánto nos importa derivar placer a costa del sufrimiento animal y (iv) el coste de tomar decisiones en consonancia con lo que nos importa.

      Los únicos derechos que existen son los que conceden los que tienen fuerza para hacerlo, desde el Estado que te concede el derecho a ser juzgado imparcialmente hasta el dictador que te concede el derecho a la vida, pasando por la aceptación de la multitud al derecho a no ser linchado y, también, el derecho que podemos conceder a un perro a tener una muerte sin sufrimiento.

      Los derechos de los animales (o el respeto de sus intereses o como se quiera llamar) no es más que algo que hacemos porque nos da la gana. Pero la gana no nos viene porque sí, habrá tendencias sociales, razones psicológicas, posiciones filosóficas,... No sé cuál será el aspecto que prevalezca en el futuro, en el presente parece ser que se trata de ampliar nuestras preferencias morales en contra del sufrimiento también a los animales de compañía. A partir de ahí, el círculo se está ampliando a otros, aunque con menos "derechos" que los de compañía, como el ganado para la alimentación, los animales usados para investigación o entretenimiento. En esta ampliación yo he incidido en el punto (iii) de los que he señalado antes: si causamos daño, por lo menos no nos regocijemos en él, que el sadismo nos hace peores seres humanos.

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