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Mostrando entradas de febrero, 2015

San Manuel Bueno y Jebediah Springfield (Andrés Carmona)

Miguel de Unamuno escribió en 1931 San Manuel Bueno, mártir, una novela corta pero inmensa en contenido. En ella, Unamuno presenta al personaje de Manuel Bueno, un sacerdote que ha perdido la fe pero que sigue aparentándola delante de su parroquia. Otro personaje es Lázaro, que durante la obra se transforma de crítico de la religión a seguidor de Manuel Bueno. La novela, como digo, es inabarcable en todo su contenido, pero solo voy a centrarme en el hecho de que el sacerdote es un hombre sin fe pero que la finge para alimentar la de los demás, y que acaba convenciendo a Lázaro de que esa actitud es la correcta. Lo que aquí ponemos en cuestión es precisamente eso y nos servirá de excusa para todo lo que vamos a decir después.

Naturalismo frente a evolución y el argumento de Plantinga: una aproximación crítica

¿Es la evolución biológica incompatible con el naturalismo? A primera vista, ésta parece una pregunta contradictoria. En efecto, si pensamos en el naturalismo como la doctrina filosófica que afirma que los seres humanos se definen íntegramente y se explican por completo desde presupuestos materialistas (en este caso desde los presupuestos de la teoría de la evolución biológica), entonces parece que no hay problema alguno. Y cuando se afirma que la evolución biológica "explica por completo" la realidad humana, se incluyen aquí, por supuestos, las facultades racionales y cognitivas de nuestra condición humana. De este modo -afirmaría el naturalismo- el desarrollo de nuestra inteligencia, de nuestras emociones y de nuestra capacidad de elaborar creencias verdaderas sería una consecuencia de nuestra evolución biológica, esto es, estas disposiciones cognitivas habrían surgido por su valor adaptativo.
Sin embargo, algunos pensadores opinan que, de hecho, evolución …

Humanismo secular y misantropía

Matías Suárez Holze


Debido a los fuertes azotes que la humanidad se da a sí misma,así como el daño que provoca al resto de las especies animales y los flagelos que acomete a su propio planeta, es común encontrar personas que cayeron, y con razones, en la misantropía (como sabemos, la misantropía es la actitud de desprecio hacia la humanidad).
Muchos misántropos, me atrevería a decir que la mayoría, adoptan dicha actitud al observar una especie que se auto-mutila y mutila al resto, que se autodestruye y destruye lo que se interponga en su paso, que lleva la violencia y el egoísmo como estandarte. Y realmente, a veces dicha postura parece algo entendible. Hay en ésta claros problemas de carácter filosófico que merece la pena analizar. Los misántropos desprecian  tanto la humanidad que tortura animales, mata niños de hambre y provoca guerras como la humanidad que crea hermosas obras de arte, se preocupa por el bienestar y busca el desarrollo -aunque dicho sector sea lamentablemente escaso-.…

Los deshaucios y el aborto. Autor: Gabriel Andrade

Hay en España dos temas muy sensibles en la opinión pública: el aborto y los desahucios. Lamentablemente, como suele ocurrir en muchos países, las posturas en torno a ambos temas vienen en paquetes: la izquierda favorece el aborto pero se opone a los desahucios, la derecha se opone a los abortos pero favorece los desahucios. Yo encuentro esto lamentable. Pues, en muchas ocasiones, los mismos principios filosóficos que se usan para oponerse (o defender) a los desahucios, también deben usarse para oponerse (o defender) al aborto.

Hay dos formas de defender el aborto. La primera consiste en señalar que el feto no es una persona. A mí me parece ésta la forma más razonable, y es así como yo defiendo el aborto. Pero, en un creciente sector de gente pro-aborto, se usa el lenguaje feminista de que la mujer tiene derecho a decidir sobre su propio cuerpo. Y, así, se argumenta que, aun si el feto es una persona, la mujer no está en la obligación de mantener a otra persona en su vientre. Quien más …

El teorema de Dostoyevski y el libre albedrío

José Luis Ferreira
La semana pasada enumeraba en dos listas las cosas que pueden dar satisfacción a una persona. Argumentaba también que no había manera de disociar el problema de elegir con la búsqueda de la satisfacción propia.
Al considerar una teoría de la decisión deberemos especificar cuáles son las cosas que proporcionan utilidad a un individuo. El individuo buscará tener de estas cosas lo que el tiempo, la dedicación, el saber hacer y el dinero le puedan proporcionar, y lo hará procurando de cada una de ellas en la manera óptima para su satisfacción.
Nuestra teoría puede se incompleta. Por ejemplo, tal vez habíamos listado que a una madre le proporciona satisfacción dar un caramelo a su hijo y también dárselo a su hija. En una situación en la que sólo tiene un caramelo (pongamos que no se puede dividir) y ha de decidir a quién dárselo, podría ser que esté indiferente en dárselo a cualquiera de ellos, pero prefiere que el mecanismo por el cuál lo lleve uno u otro sea echarlo a …

¿Debe el Estado corregir las desigualdades naturales? (Andrés Carmona)

Hace tiempo, Gabriel Andrade publicaba en este blog una entrada titulada ¿Puede el Estado corregir las desigualdades sociales? En ella partía del libro de Hernstein y Murray, The Bell Curve, acerca de la (supuesta) correlación entre razas e inteligencia, para reflexionar después sobre la relación entre las desigualdades naturales y las sociales y si le cabía al Estado algún papel corrector entre ellas, iniciando así, de paso, un diálogo con la filosofía de John Rawls. La conclusión de Andrade es:

La zorra, el erizo y Mario Bunge

Sostenía Isaiah Berlin que los pensadores y los artistas podían dividirse en dos grandes grupos, de acuerdo con una particular interpretación del fragmento del poeta Arquíloco “muchas cosas sabe la zorra, pero el erizo sabe una sola, y grande”. Así, según Berlin, el grupo de los erizos estaría formado por aquellas personas convencidas de la existencia de un principio ordenador, unificador y sistematizador de la rica experiencia de la vida humana en general, y de sus múltiples manifestaciones sociales, políticas y culturales. En cambio, en la carpa de las zorras estarían todos los convencidos de la imposibilidad de reducir la casi infinita variedad de lo real existente a un único conjunto de categorías genéticas y explicativas. Berlin pensaba que gente tan distinguida como Platón, Hegel o Dostoievski eran grandes erizos, en tanto que catalogaba en el predio de las zorras a figuras no menos célebres, del estilo de Aristóteles, Shakespeare y Goethe.  ¿Qué hubiera pensado s…

Eclesiastés, un libro muy atípico en la Biblia. Autor: Gabriel Andrade