30 de enero de 2015

"Sensación de poder" o la contrautopía humanista de Isaac Asimov


Isaac Asimov (1920-1992)
 Los estudios de prospectiva -esto es, la descripción de escenarios futuros verosímiles por la extrapolación de parámetros actuales- siempre me han parecido interesantes Y más allá de la utilización de esta herramienta en las "predicciones" de tipo económico, creo que uno puede encontrar un ámbito fecundo para su aplicación en las novelas y cuentos de la mal llamada "Ciencia Ficción" (en realidad, Ficción Científica). Estoy leyendo estos días una compilación de cuentos del maestro Isaac Asimov (Isaac Asimov, Cuentos completos I y II, Colección Byblos, Ediciones B) y he encontrado varios ejemplos magníficos de prospectiva en algunos relatos.

Uno de ellos me ha llamado particularmente la atención. Se trata del relato Sensación de poder (The Feeling of Power, 1958). No voy a contar de qué va la trama argumental, pero diré que la acción se desarrolla en un futuro en el que los hombres han olvidado realizar manualmente operaciones algebraicas sencillas (como multiplicar, dividir o extraer las raíces cuadradas), que son encomendadas a potentes ordenadores. Hasta aquí, un ejemplo "clásico" de prospectiva lineal fundamentada en la creciente potencia e importancia de los ordenadores en nuestra vida cotidiana. Lo original del relato surge con la presencia de un hombrecillo capaz de efectuar multiplicaciones y divisiones sin utilizar máquinas, cosa que levanta una gran expectativa en todo el planeta. La acción, en definitiva, discurre por unos determinados derroteros a través de los cuales Asimov nos presenta una original visión; en este caso, la prospectiva como extrapolación va en aparente "sentido inverso": la capacidad de realizar operaciones algebraicas manuales supone un avance respecto del uso de las máquinas. Los personajes del cuento debaten con entusiasmo la posibilidad de sustituir en buena medida a los ordenadores por operadores humanos, con la consiguiente liberación de recursos económicos con el telón de fondo de una guerra interplanetaria . Escojo un pasaje del cuento:

Ahora contamos con un método para superar el ordenador, sortearlo, atravesarlo. Combinaremos la mecánica del cálculo con el pensamiento humano y así tendremos el equivalente de ordenadores inteligentes, miles de millones de ellos.

Y más adelante:

Cuanto más desarrollemos este proyecto, más podremos desviar nuestros recursos federales de la producción y el mantenimiento de los ordenadores. A medida que el cerebro humano se encargue de ello, podremos encauzar más energías hacia proyectos de paz y el hombre corriente sufrirá menos el acecho de la guerra.

 El valor de este relato no reside sólo en su original visión prospectiva "inversa"; estriba más bien en el carácter de utopía "al revés" o contrautopía que hábilmente se desvela en el proyecto de "desmaquinización" de la guerra. La revalorización del cerebro humano para los cálculos matemáticos puede parecer una vindicación humanista, pero el verdadero sentido, el significado oculto de esa revalorización, reside en el discurso final de uno de los protagonistas, que termina de vincular de manera indeleble la "antiprospectiva" con la "contrautopía":

Por el contrario, un proyectil con uno o dos hombres en su interior, que controlaran el vuelo por grafítica (se refiere a la ciencia de la computación manual), sería más ligero, más móvil, más inteligente. Nos daría una ventaja que podría significar el margen de victoria. Además de ello, caballeros, las exigencias de la guerra nos obligan a recordar una cosa: un hombre es mucho más prescindible que un ordenador (el resaltado es mío). Los misiles tripulados se podrían lanzar en unas cantidades y en unas circunstancias que resultarían imposibles para un buen general si se tratara de misiles guiados por ordenador.
En definitiva, Asimov nos muestra que los escenarios apocalípticos no son únicamente fruto de la deshumanización tecnológica y de la creciente maquinización de nuestra sociedad; a veces, un exceso de "rehumanización" puede también resultar letal.
Manuel Corroza

No hay comentarios:

Publicar un comentario