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Pensar la navaja de Hitchens

Entre los pensadores de moda de nuestros días, es posible encontrar como destacado al difunto escritor y periodista inglés Christopher Hitchens. Antes de continuar, permítanme aclarar que el que ubique a Hitchens entre los "pensadores de moda" no significa en modo alguno que se le menosprecie (yo personalmente admiro su agudeza, inteligencia y destreza retórica), sino con esto me refiero a que es de los más sonados y citados cuando se presenta algún debate sobre pensamiento crítico, religión y ateísmo.

Hitchens fue un brillante crítico social y un escritor de primera (cuando murió, recuerdo que no faltó el que lo comparó en su genialidad con el mejor escritor de Inglaterra, Charles Dickens), licenciado en filosofía, ciencias sociales y economía; un izquierdista político puro y duro que se opuso a más de una guerra, criticando a figuras idolatradas en su tiempo (y aun hoy en día) tales como Lady Di, la madre Teresa de Calcuta, Henry Kissinger y Benedicto XVI. En fin, Hitchens tiene un lugar bien merecido en el firmamento de los intelectuales anglosajones, junto a otros grandes tales como Bertrand Russell, Charles Dickens y TS Eliot (solo por mencionar algunos). 

Hablar pues, de la obra de Hitchens seguramente será un tema que tocaré seguido en este blog, pues en sus libros, artículos y presentaciones nos dejó pensando en más de un tema sobre política, socialismo, activismo, pensamiento crítico y la defensa militante de los derechos humanos (así como tampoco creo que vaya a faltar alguna crítica necesaria). Pero esta vez nos concentraremos en aclarar una de las ideas pop de Hitchens que circula, sobre todo, entre los allegados al movimiento escéptico y el ateísmo militante: me refiero a la navaja de Hitchens.

La navaja no viene a ser otra cosa que una frase célebre que reza: "No olvidemos las elementales reglas de la lógica, según las cuales, explicaciones extraordinarias requieren evidencias extraordinarias y lo que puede ser afirmado sin pruebas, puede ser rechazado sin pruebas." Para sintetizarlo, es usual encontrar solo la parte en que nos dice que "lo que puede ser afirmado sin pruebas, puede ser rechazado sin pruebas."

Este rasero en realidad, no es una conclusión original de Hitchens, sino que resulta ser una versión inglesa de la frase latina Quod gratis asseritur, negatur gratis. Desde luego, Hitchens nunca afirmó ser el creador de tan breve y precisa norma epistemológica. La navaja es una forma resumida de lo que se conoce en teoría de la argumentación como carga de la prueba. Si uno se encuentra en un debate o confrontación, es el que afirma que X es verdad el que tiene la obligación (o la carga) de demostrar que X es verdadero; su adversario, por el contrario, y por la misma carga de la prueba, no está obligado a demostrar que X no es verdadera.



La navaja nos obliga a presentar pruebas si queremos sostener una afirmación. Si no se tienen pruebas, la afirmación puede ser ignorada o rechazada. Sin embargo, algunos han llegado a sugerir que al invocar la navaja de Hitchens en un debate se comete la falacia a silentio o argumento desde el silencio, en la que:  por el hecho de que la parte opositora en un debate, ignora la existencia de pruebas para sostener la afirmación a la que se opone, se niega la mencionada afirmación. 

La versión en español de la Wikipedia es bastante didáctica con los ejemplos que muestra de la falacia a silentio:
Paco: Sé donde vive María.
Pepe: ¿Dónde?
Paco: ¡No pienso decírtelo!
Pepe: ¡Si dices eso es porque no lo sabes!

En este caso, el hecho que Paco no le diga a Pepe dónde vive María no desmiente necesariamente la afirmación de que Paco sabe dónde vive María. ¿Pasa lo mismo cuando se dice que una afirmación sin evidencias se rechazada sin evidencias? No.

La navaja de Hitchens (y la carga de la prueba en general) no nos dice que la afirmación que no presenta pruebas para sostenerse debe ser negada (o falsa), sino que es desechada por ser irrelevante. No es que la afirmación no pueda ser cierta, sino que no hay razones para pensar que sea cierta. El hecho que no existan evidencias para demostrar la existencia de dioses, hadas, duendes, unicornios y platillos voladores, no necesariamente niegan la existencia de dioses, hadas, duendes y platillos voladores, sino que sencillamente el no tener razones para creer en alguna de esas cosas es una buena razón para no creer en nada de eso, hasta que se presenten evidencias de peso que demuestren la existencia de alguna de ellas.

Aunque Hitchens utiliza este principio epistemológico para rechazar la afirmación de que dios existe, lo cierto es que puede ser aplicable a cualquier tipo de tema o debate que presente una afirmación sin nada que la sostenga. Esto es precisamente algo que los divulgadores científicos y los filósofos saben incluso desde antes que Hitchens escribiera Dios no es bueno (libro donde aparece la navaja). Así es como tenemos a un Bertrand Russell hablando sobre una tetera orbitando Marte y sobre cómo en el futuro bien podrían existir apologistas de la tetera; o también a Carl Sagan recordándonos que las afirmaciones extraordinarias requieren siempre de evidencia extraordinaria. O incluso a un Richard Dawkins quien toma prestada la idea de la navaja para decirnos que si usted debate con él sobre algo que usted mismo afirma, entonces "la responsabilidad está en usted para decir el por qué, y no está la responsabilidad en el resto de nosotros para decir por qué no."

Por Daniel Galarza Santiago.

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