24 de diciembre de 2014

Enseñar todo sobre religión a los niños

"Aún más importante que la educación de los jóvenes sobre la ciencia, es la educación sobre la religión." Daniel Dennett.

Uno de los principales aportes (creo yo, positivos) del nuevo ateísmo es el de identificar el adoctrinamiento de niños como la principal fuente de irracionalidad y fanatismo en las nuevas generaciones, y como el causante de la perpetuación de tonterías en la cultura (tales como la superstición, la intolerancia, la discriminación y el fundamentalismo).

Los nuevos ateos, tales como Richard Dawkins o Sam Harris, abogan incesantemente porque los padres ya no enseñen a sus hijos la religión en la que creen, ni que los obliguen a formar parte de una congregación religiosa. Para Dawkins, el que un niño sea identificado como cristiano o como musulmán le parece tan absurdo como el que se dijera que existen niños capitalistas y niños comunistas. La analogía de hecho es correcta y válida.

El adoctrinamiento infantil es visto por sus críticos como uno de los más atroces crímenes contra la humanidad, el cual debería de ser prohibido. Los defensores argumentan que la educación religiosa en una edad mentalmente vulnerable (como lo es la infancia, etapa fundamental en la que se definen buena parte de la conducta y el modo de pensar del individuo) puede provocar que el niño sea incapaz de diferenciar entre afirmaciones verdaderas y falsas, teniendo un desarrollo pobre de sus capacidades de análisis crítico (este punto parece estar bien respaldado por la evidencia actual). Lo que es más, adoctrinar a los niños con creencias inhumanas e inmorales como las de los textos sagrados (los cuales en su mayoría, fueron redactados en la antigüedad, con costumbres y concepciones éticas radicalmente diferentes, basadas principalmente en el pensamiento mágico) resulta contraproducente y hasta peligroso. Por estas razones, se nos dice, el adoctrinamiento de niños es una forma más de abuso infantil.

Esta postura ha sido ampliamente cuestionada tanto desde opiniones religiosas como desde opiniones seculares, pues, si realmente consideramos que inculcarle la creencia religiosa a un niño resulta un abuso, más del 90% de los padres en el mundo son abusadores en la actualidad. Muy probablemente, a usted también le fue inculcada alguna creencia religiosa. ¿Considera que sus padres abusaron de usted por esto?
Daniel Dennett piensa que la solución al adoctrinamiento religioso es una buena educación sobre las religiones, tanto desde la familia como desde la escuela.
Dejando de lado la (posible) exageración de catalogar como abuso infantil al adoctrinamiento religioso, lo cierto es que el adoctrinamiento sí atenta contra la libertad individual, ya que la religión es implantada en los niños mucho antes que puedan ser capaces de decidir por sí solos si están de acuerdo o no en pertenecer a ésta, de modo que el adoctrinamiento a una edad muy temprana puede verse como inmoral. ¿Debería prohibirse la enseñanza religiosa que se llega a dar en la familias?

Esta última pregunta es la que se ha planteado varias veces el filósofo y escritor Daniel Dennett. En 2008, Dennett participó en una asamblea de escepticismo en China en la que (junto a otros ponentes como el difunto humanista Paul Kurtz), resumió su postura sobre el tema: no se debe prohibir que se les enseñe religión a los niños, sino todo lo contrario. Se debe enseñar la religión a los niños, pero no solo las creencias que se inculcan tradicionalmente y las supuestas virtudes de la religión en la que creen los padres, sino que también la historia, aportes (buenos y malos) culturales, mitos y contradicciones de las religiones, para que así, con toda la información disponible, el niño sea capaz de discernir críticamente entre lo que es real y lo que no, y entre lo que quiere creer y lo que no.

La propuesta de Dennett no solo se refiere al núcleo familiar, sino que también es una propuesta para la educación escolar. Es necesario acercar a los niños a la historia de las religiones para que así la posibilidad (siempre latente) del fanatismo llegue a ser la menor en la comunidad, permitiendo que el niño forme sus propias conclusiones basadas en los hechos.


"La toxicidad de la religión depende de la ignorancia forzada de los jóvenes.
[...]
Propongo que les enseñemos acerca de los hechos de su propia religión que sus mayores no quieren que sepan [o que tampoco saben].
[...]
Así ellos no serán víctimas de la religión de sus padres. Creo que hay que abrir las compuertas. Enseñar a los niños acerca de las religiones del mundo."
Muchos padres de familia (sobre todo aquellos que consideran un deber moral el inculcar a sus hijos en la fe propia) podrían llegar a considerar esto como algo impensable y como un verdadero crimen contra la educación de sus hijos. Para esas personas, tal vez deberían considerar una importante cuestión: ¿Qué es más importante para usted? ¿Que sus hijos sean capaces de crecer como adultos maduros y racionales que sepan enfrentarse al mundo real con conocimiento fidedigno de éste, u obedecer el mandato de su capilla, con el latente peligro de provocarle un daño a su hijo en su educación, y por tanto, en su desarrollo como persona? No necesita callar su fe, todo lo que necesita es dejar que su hijo conozca más allá de la fe que usted le quiere compartir, y así pueda decidir por él mismo.




7 comentarios:

  1. No es tan sencillo. De entrada estoy de acuerdo con Dawkins, pero ¿dónde ponemos el límite del abuso? ¿Lo es reprender al niño porque se ha metido con una persona que ha muerto? Hacerlo no es más que seguir una forma más de pensamiento mágico, que trata de propiciarse algo tan tabú como la muerte. El pensamiento mágico no es privativo de los pueblos antiguos, sino que sigue impregnando cada aspecto de nuestras vidas, privadas y públicas (hasta lavarse las manos es un ritual mágico que, por mucho que nos neguemos a verlo, resulta del todo prescindible y tiene mas que ver con lo mental que con lo físico).

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    1. Estoy parcialmente de acuerdo contigo, sin duda son interesantes cuestiones las que presentas.

      No estoy de acuerdo en que el pensamiento mágico impregne cada aspecto de la vida (privada y pública). Si bien es cierto que muchas prácticas cotidianas son realizadas desde tiempos antiguos, y que en ese entonces estaban cargadas de valores sobrenaturales, de ahí no se deriva el que no sean necesarias o que sean solo superstición o derivados de pensamiento mágico.

      El caso de lavarse las manos, por ejemplo, aunque pudo haberse originado en medio de superstición, es una práctica higiénica cuya utilidad está más que demostrada. El que haya surgido en un ambiente religioso no le quita esa eficacia, ni la hace dependiente de su origen. Hay que tener cuidado con eso que se conoce como falacia genética.

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  2. Daniel, primero de todo, te pido disculpas por haber sido uno de los que ha pasado por alto tu enlace en fb.
    Me parece bien expuesto el problema, y la propuesta de Dennett muy equilibrada... pero utópica.

    Viendo los esfuerzos denodados que hacen los fundamentalistas, y hasta los que lo son un poco menos, por frenar cualquier atisbo de cortapisa a su "libertad de imponer" sus creencias, ¿crees que algo tan revolucionario como enseñar los claroscuros de la propia religión va a colarles?
    Y si eso pasa en los países de tradición cristiana y budista, que son, por decirlo rápido y mal, más civilizados, en la parte del mundo mayoritariamente islámica/hinduista, mucho peor.
    Sin hablar de la callada expansión de la secta cristiana más nociva, y de todos los activismos quasi religiosos de unos años a esta parte.

    Me sabe mal ser pesimista, pero lo veo así.

    @Jose: ¿lavarse las manos es un ritual mágico que, por mucho que nos neguemos a verlo, resulta del todo prescindible y tiene mas que ver con lo mental que con lo físico?

    Me he quedado a cuadros. Aparte del dualismo implícito, ¿no tiene que ver con una básica orma de higiene, para no tragarnos a la hora de comer, todo lo que nuestras manos tocan durante el día?
    Al menos, si se trabaja en según qué oficios, es recomendable, sea por uno mismo, o sea por los demás.


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    1. Sí, arrancaboinas, y no es una idea mía (aunque debido a que yo me las lavo compulsivamente, ya lo había pensado hace tiempo). Puedes encontrarla en el libro "The 7 Laws of Magical Thinking", escrito por el psicólogo Matthew Hutson (nada magufo, y sí muy ateo desde la pubertad), que defiende que hasta Richard Dawkins está totalmente dominado por el pensamiento mágico (a propósito de un documental suyo en el que expresa su emoción de tener en las manos el mismísimo original de "El origen de las especies", como si ese ejemplar contuviera una especie de espíritu que lo hiciera distinto de cualquier réplica).

      Bueno, yendo al grano: ¿crees que de verdad te va a pasar algo por no lavarte las manos antes de comerte un huevo frito? ¿No es un miedo irracional que hemos aprendido de nuestros padres? Llevamos los genes, desde hace millones de años, de homínidos que se comían del suelo lo que encontraran. Naturalmente sí estoy de acuerdo contigo en que después de determinados trabajos sí es necesario hacerlo.

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    2. Jose, es cierto. Desde hace millones de años, nuestros ancestros homínidos comían del suelo lo que encontraban. Hasta fechas no tan lejanas, en el "mundo civilizado" se seguían normas poco higiénicas... y por eso (junto a otros factores) es que en tiempos pasados el promedio de vida no pasaba de los 30 años. Hoy, gracias (entre otras cosas) a las prácticas básicas de higiene y primeros auxilios, es que los estándares de salud y promedio de vida se ha extendido hasta los 70 años.

      arrancaboinas, te disculpo y sí. Es un plan algo utópico pero que no por eso no puede aplicarse. Muchos padres que de verdad tomen consciencia sobre el tema pueden aplicarlo, y es posible sugerir un modelo educativo en las escuelas en las que se integre la educación sobre la religión. Será lento y tal vez serán minorías, pero es un avance el que al menos un porcentaje de la sociedad llegue a aplicar una propuesta como esta.

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  3. Si me permites, creo que tu error está en "por eso (junto a otros factores)". En mi opinión, deberíamos decir "no por eso, sino por otros factores, como la falta de vacunas, la insalubridad de las aguas y en general la ausencia de medicamentos". La gente se lavaba las manos en la época de Enrique VIII y los hijos de éste y los de cualquier noble caían como moscas. El autor del libro que menciono se refiere a una anécdota de su época de estudiante: no tocaba los objetos que su compañero de piso había rozado después de hacer sus necesidades en el baño, ya que no se lavaba las manos al terminar. Reconoce que sus escrúpulos eran (y son) puramente mágicos.

    Si hasta evitamos escribir "cagar", sólo porque el término (que nada tiene que ver con el acto) es tabú. De nuevo magia.

    Ojo que no estoy negando la inutilidad de las medidas higiénicas, pero una cosa es lavarse las manos antes de comer y después de haber andado con estiércol, y otra muy distinta hacerlo sólo porque te lo han inculcado (cosa que yo sigo haciendo).

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  4. Hola, muy bueno el articulo, gracias. Me gustaría saber si fuese posible, de qué artículo o libro has sacado lo que piensa Daniel Dennett, ya que me ha gustado la idea para añadirla en mi trabajo de fin de grado de la universidad. Pero sin un articulo del autor o libro no me es posible meterlo.

    Muchas gracias

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