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Renta básica y La Sexta Noche

Desde que Podemos anunció, como una de sus medidas económicas, el establecimiento de una renta básica, el debate sobre la misma no ha hecho más que enredarse. Un ejemplo fue el que se dio en el programa La Sexta Noche, presentado y moderado por Iñaki López, el sábado 1 de noviembre. En él se invitó al profesor de Economía de la Universidad de Barcelona, Gonzalo Bernardos, que analizó la propuesta de renta básica y la discutió con la representante de Podemos, Carolina Bescansa, y el resto de contertulios. En dicho debate reinó la confusión entre lo que es y no es la renta básica, confusión debida, sospechamos, en parte a la ignorancia y en parte a la mala fe. Principalmente en relación a dos cuestiones sobre la renta básica: su incondicionalidad y su forma de financiación.


            Para empezar, hay que decir que la propuesta de renta básica[1] no es original de Podemos, aunque ahora mismo se la relacione con este partido. Tampoco es cierto que sea una propuesta del PSOE, como afirmó el contertulio del programa, y candidato a la alcaldía de Madrid, Antonio Miguel Carmona, que confundió lo que es renta básica con rentas de inserción. La renta básica es una propuesta de los años 80, inicialmente académica[2] y minoritaria, en la cual se interesaron, principalmente, pensadores del ámbito libertariano y del marxismo analítico, destacando sobre todo Philippe Van Parijs[3]. La única formación que la toma en consideración en España es Izquierda Unida y sus partidos y corrientes internas: el PCE y Espacio Alternativo. El PCE publica un libro con varios textos sobre renta básica en 1991 a través de la Fundación de Investigaciones Marxistas (FIM), titulado: Una vía capitalista al comunismo: El salario social garantizado. Espacio Alternativo[4] también publica algunos textos sobre renta básica en su revista Viento Sur[5]. Durante todo ese tiempo, la renta básica no deja de ser un asunto exclusivamente académico por un lado[6], y de debate interno en IU por otro. En 2007, ERC, junto a IU e ICV, presentaron una Proposición de Ley de Renta Básica en el parlamento, que fue ampliamente rechazada por los demás Grupos parlamentarios, entre ellos el Socialista. Finalmente, Podemos recoge esta propuesta[7] y llega al gran debate público este mismo año 2014, mientras que antes había sido una propuesta poco o casi nada conocida.

            La idea general de la renta básica se basa en que, en una democracia, donde el poder corresponde a los ciudadanos, estos deben tener garantizadas las condiciones mínimas de subsistencia y dignidad para ejercer esa ciudadanía. Eso implica, además de derechos cívicos y políticos, ciertos derechos económicos y sociales en la forma de bienes y servicios mínimos: alimento, ropa, vivienda, educación, sanidad... Sin esos derechos, la ciudadanía sería meramente formal, pues en la práctica habría ciudadanos que no podrían ejercer su ciudadanía (por ejemplo, los más pobres no tendrían más remedio que soportar trabajos indignos o humillantes por el chantaje del hambre). Estos derechos deben disfrutarse independientemente de cualquier otra circunstancia social o personal, es decir, de forma incondicionada, solo por ser ciudadanos. Si para disfrutarlos hiciera falta alguna otra cosa, sus beneficiarios no lo serían en razón de ser ciudadanos sino por otro motivo (por ser pobres, por ejemplo). En un contexto liberal, esos derechos mínimos estarían teóricamente garantizados por el mercado que abastecería de ropa, vivienda, alimento… En la práctica, los más pobres no los tendrían en absoluto. Por eso, en un Estado social o del bienestar, el Estado los garantiza a través de los servicios públicos y prestaciones sociales, de forma que quienes no puedan hacerlos efectivos a través del mercado puedan hacerlo a través del Estado.

            Lo que añade la renta básica de ciudadanía a lo anterior son las notas de incondicionalidad absoluta, el carácter monetario de su prestación, y su individualidad. Así, la renta básica de ciudadanía es una renta que se da en forma de una cantidad económica y no en especie (como servicio público), y que se da universalmente (a todos los ciudadanos) de forma absolutamente incondicional, esto es, independientemente de otras formas de renta, ingresos, riqueza, de si se trabaja o no, etc. Tanto el más rico como el más pobre tendrían todos los meses un ingreso en su cuenta corriente de parte del Estado en concepto de renta básica de ciudadanía, tanto si trabajan todos los días como si no trabajan nunca ni piensan hacerlo. Y es una renta puramente individual, sin considerar si el ciudadano vive solo, en pareja o en comuna, casado o soltero, con pocos o muchos hijos[8]. Son estas características las que distinguen a la renta básica de otras propuestas parecidas pero que no pueden calificarse propiamente como renta básica.

            Por un lado, la renta básica es universal e incondicional, no es una forma de completar la renta a los más pobres o a quienes menos tienen. Eso es lo que distingue a la renta básica de otras propuestas como las rentas de inserción[9] o los impuestos negativos. Estas medidas no son universales ni incondicionales: de ellas no se benefician todos y sí requieren de ciertas condiciones para recibirlos. Más concretamente, hace falta tener muy pocos ingresos o ninguno para ser beneficiario de ellos. Pero la renta básica no se plantea para eso. Es un derecho universal e incondicional que, por eso mismo, se distingue de cualquier otro subsidio condicionado: en que no requiere de ninguna condición. Porque su razón de ser no es la pobreza, sino la ciudadanía: se da a todos los ciudadanos, no a todos los pobres. La argumentación básica apunta al concepto de ciudadanía: la ciudadanía como derecho debe ser incondicional, y no puede haber ciudadanos de primera, que podrían conseguir las bases materiales de la ciudadanía a través del mercado (que podrían comprar vivienda, ropa, alimento…), y otros de segunda que al ser pobres necesiten recibirlas del Estado mediante subsidios condicionados. Es decir, sujetos a la condición de ser pobres, lo que implica, además, la obligación de demostrar que se es pobre (lo que es humillante[10]) o fingirlo (para engañar y aprovecharse del bien común[11]).

            Por otra parte, la renta básica es dineraria, es decir, se recibe en forma de ingreso en cuenta y no en especie en forma de servicios públicos. La razón de esto es su relación con la autonomía y la libertad individual: cada ciudadano recibe su renta básica mensualmente, pero luego cada cual decide si efectivamente la utiliza para cubrir sus necesidades básicas de ciudadanía, o si no lo hace (y lo gasta en otras cosas, a saber qué). Eso ya dependerá de su sentido de la responsabilidad o la prudencia. Sin embargo, los servicios públicos en especie no permiten esa libertad y responsabilidad, precisamente por recibirse en especie: una vivienda de protección oficial no puede más que recibirse en forma de vivienda de protección oficial, pero una renta básica puede emplearse para pagar un alquiler o para otra cosa. El argumento para que sea dineraria es que es más compatible con la autonomía del individuo, ya que los servicios en especie implican una desconfianza y una consideración de los individuos como menores o incapaces de tomar las decisiones más adecuadas para ellos, con lo que son prestaciones paternalistas[12].

            Y es una renta puramente individual, pensada para individuos en tanto que ciudadanos, y no para familias, por ejemplo. Eso las distingue de otros subsidios condicionados como las ayudas a las familias numerosas, o por el mero hecho de tener hijos, o los beneficios fiscales para los matrimonios.

            La cuantía de esta renta básica es mínima pero suficiente para cubrir las necesidades básicas: pagar un alquiler barato, comprar alimentos básicos, comprar ropa modesta… En este sentido es compatible con cualquier otra fuente de ingresos que puedan tener los individuos, ya sea en forma de salario, acciones, herencias, etc. No se concibe como una forma de completar unos ingresos insuficientes (que es el leitmotiv de las rentas de inserción) ni como una forma redistributiva de igualar rentas (que serían los impuestos negativos) sino como una forma de garantizar el derecho a esos bienes básicos indispensables de forma universal e incondicional. El cálculo de su cantidad concreta depende de lo que se estime como umbral de pobreza[13], y oscila según diferentes cálculos entre los 400 y los 700 euros mensuales.

            La renta básica de ciudadanía también es independiente del trabajo: se paga a todos por igual tanto si trabajan como si no, tanto si buscan empleo como si no quieren hacerlo. De esta forma se desconecta la ciudadanía del trabajo: ciudadano son todos, trabajen o no, quieran o no trabajar. La argumentación subyacente procura romper con la ideología del trabajo como trabajo asalariado: trabajo no sería solo el asalariado sino también otras actividades socialmente necesarias aunque no estén remuneradas ni sean estrictamente productivas, como serían el trabajo doméstico, el cuidado de dependientes o el voluntariado social. Al desvincular la renta básica del trabajo asalariado, se aumenta la libertad de elección de los individuos, que tendrían garantizada la subsistencia y luego podría elegir con mayor libertad si vivir con esa renta mínima sin trabajar pero disponer de tiempo para poder dedicarse a otras actividades que les realicen más que un empleo (viajar, cuidar hijos, hacer voluntariado…), o aumentar su renta con un empleo a tiempo parcial que siga dejándoles tiempo libre suficiente para esas otras actividades (de esta forma se prestigia el empleo a tiempo parcial pues su salario aumentaría la renta total del individuo y no sería la única fuente de ingresos). Resultaría así mucho más fácil para los trabajadores abandonar un empleo que nos les satisface (desaparece el chantaje del hambre), que sea precario, o compatibilizar vida familiar y laboral. Y la mayoría de individuos preferiría aumentar sus ingresos con empleos remunerados tradicionales. No parece probable que una renta básica desincentivara a gran cantidad de personas para dejar de trabajar y vivir todos los meses con esa cantidad mínima, pero sí que les incentivaría a buscar empleos parciales[14] (que, en muchos casos, se ajustan mejor a las flexibilidades del actual modelo productivo) o a jornada completa para mantener un nivel de vida mucho más alto que el que permitiría la mera renta básica. También estimularía el autoempleo y la creación de empresas en tanto que, en el peor de los casos, el emprendedor no se quedaría en la miseria absoluta y siempre tendría ahí la renta básica.

            El otro asunto espinoso de la renta básica es el de su financiación: su viabilidad económica y presupuestaria. Es en este asunto donde el debate de La Sexta Noche estuvo más flojo, pues faltó un elemento esencial de la renta básica, omisión que pudo deberse a su desconocimiento o a la mala fe de no querer mencionarlo. Tanto el economista Gonzalo Bernardos como la representante de Podemos, Carolina Bescansa, y el resto de invitados, se centraron en la lucha contra el fraude fiscal y la economía sumergida como forma de financiación, debatiendo si con eso era suficiente o no para pagar unos 700 euros mensuales a cada ciudadano en España. La respuesta es clara: no. Pero es que, además, la renta básica no se concibe con esa forma de financiación. La renta básica, según las teorías que la proponen, se financia de dos formas: mediante un fuerte aumento de la presión fiscal, y mediante el adelgazamiento del Estado hacia un Estado mínimo. La renta básica no solo es distinta de cualquier otro subsidio condicionado: ¡es que los sustituye! La renta básica no es un ingreso que se suma a otros que se puedan percibir por parte del Estado del bienestar, es que es una institución que sustituye gran parte del Estado del bienestar y todas sus prestaciones condicionadas. De haber renta básica, tendría que dejar de haber todos los demás subsidios condicionados: prestación por desempleo, pensiones, becas, rentas de inserción, etc. Al desaparecer estos subsidios, desaparece también toda la burocracia del Estado encargado de gestionarlos, comprobar que se cumplen las condiciones, vigilar el fraude, etc. Es decir, el Estado ahorraría millones de euros en tanto que dejaría de gastarlos en esos subsidios, y en cuanto que cerraría multitud de oficinas que ya no tendría que mantener, y despediría a miles de funcionarios (ahorrándose sus sueldos) cuyo trabajo público depende de la gestión de esos subsidios. De esta forma, el Estado que instituye la renta básica se convierte en un Estado mínimo que sustituye servicios y subsidios condicionados por la renta básica incondicional, con lo que es un Estado “adelgazado” respecto del de Bienestar, que sería un Estado “engordado” (burocrático) y derrochador de recursos. Además, este Estado mínimo sería más mínimo todavía porque incentivaría la economía privada mediante desregulación de la misma, eliminando salarios mínimos y otras formas de intervencionismo estatal. Esta desaparición de subsidios públicos condicionados no sería incompatible con otros subsidios privados. Es decir, los ciudadanos podrían contratar seguros privados de pensiones o por desempleo, o préstamos para estudios, etc., estimulando así la iniciativa privada en estos casos. Que, además, sería más compatible con el libertarianismo de eliminar los seguros obligatorios por parte del Estado (por el paternalismo que suponen). La parte que restara para poder financiar la renta básica es la que obtendría con un aumento de los impuestos tanto al trabajo como al capital. Así, la renta básica sintetiza ideas típicamente liberales o libertarianas (el Estado mínimo que no interviene, que desregula, que no presta servicios ni subsidios, no parternalista) con otras más socialdemócratas (como la presión fiscal aumentada para lograr lo necesario para la renta básica o el propio hecho de sea el Estado, y no el mercado, quien da la renta básica a cada ciudadano).

            En el programa de La Sexta Noche nadie llamó la atención al hecho de que la renta básica sustituye a los otros subsidios condicionados y que implica un Estado mínimo (aunque recaudador) en lugar del Estado de Bienestar que ahora conocemos. De hecho, para los teóricos de la renta básica, el Estado del bienestar es algo caduco y fallido, burocrático, que produce más perjuicios que beneficios actualmente, y por eso plantean la renta básica como alternativa, tanto a ese Estado del bienestar, como a modelos puramente liberales de simple mercado libre. Es por estas razones que la renta básica es una idea que no acaba de gustar ni a la derecha (liberal) ni a la izquierda (intervencionista), ya que a la derecha le chirría que el Estado tenga que recaudar y repartir una renta, aunque sea básica, y a la izquierda le escandaliza pensar en sustituir todos los servicios públicos y sociales por una mera paga mensual y encima para todo el mundo (ricos incluidos). El debate en el programa de La Sexta Noche giró en si es posible o no que el Estado garantice una renta básica solamente haciendo emerger la economía sumergida, lo cual es imposible[15]. La imagen que se dio de la renta básica fue la de que era un plus que se añadía a los demás subsidios condicionados, de forma que una persona desempleada tendría, por un lado, la prestación por desempleo, y por otro la renta básica. Pero no, la renta básica sustituiría a los subsidios condicionados: todos, trabajadores en activo o desempleados, recibirían la misma renta básica cada mes, y ningún parado, además, un subsidio por desempleo[16]. De la misma forma no habría becas por estudios, sino que todos los estudiantes, de familias ricas o pobres, recibirían la misma renta básica y ninguno una beca además de esa renta básica. Dicha omisión en el programa televisivo pudo deberse a que los contertulios no conocieran este aspecto esencial de la renta básica, o pudo deberse a la mala fe de no querer decirlo así de claro, por lo impopular de decir públicamente que se quieren eliminar los subsidios condicionados como el del paro, las pensiones, o las becas a cambio de una renta básica y un Estado mínimo. Sea como sea, el caso es que la renta básica es una propuesta económica y política bastante estudiada y trabajada, por lo menos académicamente, y que es la que es, y otra cosa es la valoración ética, política o económica que se quiera hacer de ella. Pero si vamos a debatirla, por lo menos, sepamos en qué consiste con cierto rigor y precisión. Y si lo que se propone es otra cosa, llamémosle de otra forma, pero no renta básica de ciudadanía.

            Para acabar, citemos cómo empezaba el primer manifiesto impulsor de la renta básica (entonces llamada Subsidio Universal) en el año 1986 de la mano de Philippe Van Parijs:

“Suprimamos todos los subsidios al desempleo, las pensiones del Estado, las transferencias de la Seguridad Social, las subvenciones familiares, la reducción de impuestos a personas dependientes, las becas estudiantiles, los planes especiales de empleo temporal, la ayuda estatal a las empresas en crisis. Pero otorguemos cada mes a cada ciudadano una suma suficiente para cubrir sus necesidades fundamentales. Otorguémosela trabaje o no trabaje, sea pobre o sea rico, viva solo o con su familia, en concubinato o en comuna, haya o no haya trabajado en el pasado. No variemos la cantidad otorgada más que en función de la edad o del gravo (eventual) de invalidez. Y financiemos todo ello mediante un impuesto progresivo sobre los otros ingresos de cada individuo. Paralelamente, desregulemos el mercado de trabajo. Abolamos toda legislación que imponga un salario mínimo o una jornada máxima de trabajo. Eliminemos todos los obstáculos administrativos al trabajo a tiempo parcial. Reduzcamos la edad de escolarización obligatoria. Suprimamos la obligación de jubilarse a una determinada edad. Una vez hecho todo esto, observemos qué ocurre”. (Van Parijs, Ph. y R. Van der Veen, “Subsidio universal”, reproducido en Una vía capitalista al comunismo: El Salario Social Garantizado, Fundación de Investigaciones Marxistas, 1991).

Andrés Carmona Campo. Licenciado en Filosofía y Antropología Social y Cultural. Profesor de Filosofía en un Instituto de Enseñanza Secundaria. 

Bibliografía:

Iglesias, José (2002) Las rentas básicas: El modelo fuerte de implantación territorial. El Viejo Topo.

Pinilla, Rafael (2004) La renta básica de ciudadanía: Una propuesta clave para la renovación del Estado del bienestar. Barcelona: Icaria.

Raventós, Daniel (1999) El derecho a la existencia. Barcelona: Ariel.

VVAA (1991) Una vía capitalista al comunismo: El Salario Social Garantizado, Fundación de Investigaciones Marxistas.





[1] A lo largo del tiempo, el concepto de renta básica ha sido conocido con varias denominaciones distintas hasta que finalmente se ha impuesto la de “renta básica de ciudadanía”: Subsidio Universal Garantizado (SUG), Salario Social Garantizado, Ingreso Ciudadano, etc.
[2] El primer texto relevante que propone una renta básica es de 1986, escrito por Van Parijs y Van der Veen titulado “Una vía capitalista al comunismo”. Se publicó en la revista Theory and Society y en España se tradujo y publicó en el nº 46-47 de la revista Zona Abierta en 1988.
[3] En España, los primeros textos sobre renta básica son de los años 90 y se publican en revistas especializadas de teoría política como Sistema, Mientras tanto y similares. En España, uno de sus principales teóricos es Daniel Raventós.
[4] Espacio Alternativo (EA) fue una corriente interna de IU hasta 2007. Anteriormente había sido la Liga Comunista Revolucionaria (LCR) hasta 1995 que se integra en IU como EA. A su salida de IU se convierten en partido con el nombre de Izquierda Anticapitalista en 2008.
[5] Textos sobre todo de Daniel Raventós, entonces miembro del consejo editorial de la revista.
[6] En 2001 se funda la Red Renta Básica con el objetivo de estudiar e impulsar la renta básica de ciudadanía, presidida por Daniel Raventós.
[7] Lo que ocurre porque los dos grupos internos más importantes de Podemos son conocedores de la renta básica. Por un lado, el grupo de los profesores universitarios ligados a Pablo Iglesias, donde la renta básica es un tema de debate en las ciencias políticas. Por otro lado el de Izquierda Anticapitalista (IA). Actualmente hay tensión entre ambos grupos debido a que Podemos debate una propuesta del grupo de Pablo Iglesias para prohibir la doble militancia en Podemos, lo que llevaría a los militantes de Izquierda Anticapitalista a tener que elegir entre abandonar Podemos y seguir en IA o dejar IA e integrarse plenamente en Podemos. Este enlace refleja esa tensión.
[8] En el caso de los menores, se les da la mitad de la renta básica y es administrada por sus padres o tutores legales.
[9] A este tipo de subsidio condicionado se refería Antonio Miguel Carmona cuando habló de la propuesta del PSOE de renta básica, confundiendo ambas.
[10] Otros males derivados de la necesidad de demostrar la pobreza para recibir subsidios condicionados son la estigmatización social y la trampa del paro: el subsidio por desempleo desincentiva admitir cualquier empleo cuyo salario no sea significativamente superior al del subsidio.
[11] Fomentando así la economía sumergida de quienes cobran subsidios y además reciben ingresos en esa economía sumergida.
[12] El paternalismo es una de las bestias negras del libertarianismo que subyace a la idea de renta básica.
[13] El umbral de pobreza es un porcentaje de la renta per capita por debajo del cual se considera que alguien es pobre, habitualmente el 50%.  
[14] Esta otra diferencia importante entre la renta básica y subsidios como el desempleo: el subsidio de desempleo implica que la persona desempleada tiene que elegir entre una oferta de empleo o seguir cobrando el subsidio, con lo que puede caer fácilmente en la trampa del desempleo si el salario no es significativamente superior al del subsidio. La renta básica, al ser incondicional, resuelve ese problema, pues cualquier empleo, por bajo que fuera el salario, siempre se añadiría a la renta básica, sin que haya que elegir entre ambos, lo que podría hacer atractivos empleos que no lo son si para aceptarlos hay que rechazar el subsidio.
[15] Salvo que, además, se elevaran inmensamente los impuestos para financiar los servicios y subsidios del Estado de bienestar y la renta básica conjuntamente.
[16] Podría tenerlo si hubiera contratado un seguro privado que cubriera esa eventualidad, pero no por parte del Estado.

Comentarios

  1. Primero: gracias por la explicación, y segundo, enhorabuena por lo bien redactada y razonada.
    Yo le veo una pega a esta teoría. La renta básica nunca sería suficiente para cubrir los costes básicos en una economía desregulada. Los precios de las mercancías, libres de regulación estatal, sufrirían por la acaparación de los más poderosos, que buscarían el beneficio regulando la oferta. Pensemos en la energía, por ejemplo, necesaria para todos, pero cara y escasa. Si el estado da dinero al ciudadano no habría dinero suficiente para que todos pudieran llenar la cesta de la compra básica. Un mercado regulado exprime a la clase media, enriquece a los monopolistas y beca a los más pobres para que no estalle la revolución. En eso estamos...

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  2. Muchas gracias a ti por el comentario. Sobre lo que dices, y según tengo entendido, la renta básica se mueve en el marco de pensamiento económico liberal-libertariano, y se supone que se aplica en un contexto de total desregulación estatal y libre mercado absoluto, con lo que la competencia en ese mercado evitaría lo que comentas (todo eso en teoría, claro, asumiendo los postulados liberales). En un contexto de economía regulada o intervenida, la introducción de la renta básica no sé qué efectos podría tener. Me parece que ahí tendrían que opinar quienes tengan más conocimientos económicos que yo.

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  3. Muchísimas gracias por el esfuerzo de componer este texto, lo encontré por casualidad y me ha parecido excelente. Me hierve la sangre el simplismo con el que se habla de la renta básica en los últimos meses, y me refiero tanto a partidarios como detractores, creo que es peligrosísimo.

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    Respuestas
    1. Me alegro si te ha gustado. Y te puedo decir que fue ese mismo simplismo quer criticas lo que me movió a escribirlo porque, efectivamente, me parece un tema demasiado complejo y profundo como para tratarlo de la forma en que se está tratando tanto por parte de unos como de otros. Muchas gracias.

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    2. Estoy muy de acuerdo contigo en la crítica a la confusión a la que todos los tertulianos de ese programa de la Sexta contribuyeron sobre el concepto de la RBU. Creo que esto sólo refleja una confusión bastante generalizada en los medios y en la política, atizada además ahora por los oportunismos de Podemos Sin embargo creo también que tu propia exposición sobre ese tipo de propuestas se reduce excesivamente al considerarlas necesariamente asociadas a un "estado mínimo" (como en la cita que haces a Van Parijs, o las que podrían hacerse incluso a Milton Friedman). Creo que la izquierda haría bien en mantener vivo el debate sobre la posibilidad de una RBU (universal e incondicional, por supuesto) integrada adecuadamente en todo el conjunto de políticas económicas y sociales de su proyecto, y realizable paso a paso en combinación con un sistema fiscal progresivo que incluya, en coherencia con un principio de equidad, la inclusión de todos los ciudadanos, tanto para los resultados positivos (aportaciones) como negativos (percepciones). No hay una "bala de plata" para acabar con la hegemonía capitalista, pero parece sensato contar con todas las municiones que puedan ser útiles.

      Manolo Gamella

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