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Ironman y la tecnología ¿bendición o maldición?

Tony Stark es un personaje cuanto menos complicado. De todas las facetas que presenta su personalidad aquí nos vamos a quedar con la de genio. Stark se nos presenta como un ingeniero fuera de lo común, con una habilidad sorprendente tanto para el pensamiento ingenieril como para la realización práctica de sus teorías. Stark se dedicaba al desarrollo de armamento, el mejor armamento que se pudiera diseñar. Stark veía su labor como un aporte para mejorar el mundo y combatir el mal. Según creía él su armamento lo desarrollaba para que se usara contra los "chicos malos".

Durante la realización de unas pruebas de su último ingenio, Stark es raptado. En la versión del cómic esto sucede en Vietnam mientras que en la película Ironman(2008) el escenario cambia en un intento de hacer la historia más contemporánea, en este caso la prueba de armamento y consecuente rapto de nuestro protagonista sucede en Irak. Durante el rapto, Stark desarrolla su primera armadura para así poder escapar de sus captores, mientras escapa puede comprobar como las armas que ha desarrollado también son usadas por “los chicos malos”. Desde entonces Stark decide dejar de fabricar armas, concentra sus esfuerzos en ir mejorando la armadura que le ayudo a escapar. La intención no es otra que usar su genio y talento para fabricar una armadura cada vez mejor que le permita combatir la injusticia.

Esta historia de los inicios de Ironman nos pone sobre la mesa unos cuantos asuntos filosóficos relacionados con la tecnología. Don Ihde, uno de los filósofos de la tecnología más importante, ha señalado que la tecnología afecta dramáticamente a nuestra existencia, particularmente en las maneras en las que entendemos el mundo y nuestra propia humanidad. Hoy en día el término tecnología se asocia casi automáticamente con ordenadores, teléfonos móviles, software etc. Pero lo cierto es que la tecnología no es sólo eso, por ejemplo, la rueda, la polea o un bifaz son tecnología. Aunque el término tecnología es más o menos reciente, se acuñó a principios del siglo XIX, la realidad es que la tecnología ha acompañado a la humanidad prácticamente desde sus inicios, y las reflexiones filosóficas sobre la misma han corrido la misma suerte. Entre los griegos ya se podían encontrar esas reflexiones, claro está, que ellos no usaban el término tecnología sino que  hablaban de las artes aplicadas en todas las esferas de la actividad humana, que es a fin de cuentas lo que viene a significar la palabra tecnología. Por ejemplo, para Platón y Demócrito la tecnología aprende e imita a la naturaleza. Aristóteles compartía ese punto de vista, pero además añadía que la tecnología también podía complementar a la naturaleza llevando acabo aquello que la naturaleza no ha podido realizar.
Uno de los primeros temas que suele surgir cuando se reflexiona sobre la tecnología es si la tecnología es una bendición o una maldición para nosotros mismos y nuestra existencia. En el cine suele ser una temática recurrente el ver un mundo en el que las máquinas y los humanos están en pie de guerra. Frente a esta visión tecnofóbica se encuentra la opuesta, aquella  que defiende que la tecnología es lo mejor que nos ha podido pasar. Y esta dicotomía tampoco es algo de nuevo cuño. El filósofo A.C.Grayling resume esta situación así:
Algunos albergan lo que otros consideran una confianza exageradamente optimista en la capacidad de la tecnología para hacer del mundo un lugar mejor, para hacer mejores a los humanos y, correlativamente, para resolver todos los problemas, incluyendo los que ella misma crea. A los creyentes acérrimos en la tecnología se les denomina a veces tecnistas, y a su confianza en ella, tecnismo. En el ala opuesta están quienes se muestran pesimistas con respecto a la tecnología -como los luditas ingleses  y otros-, a la que ven como una amenaza a los puestos de trabajo, o a la libertad, o al medio ambiente, o a la inteligencia, o incluso a la propia naturaleza humana. Blake se lamentaba de las <<sombrías fábricas satánicas>> de  la Revolución industrial, que expoliaban el campo; los luditas, también en la Inglaterra de la Revolución industrial, destrozaban la maquinaria de las fábricas que les despojaban de sus industrias artesanales.(1)
Esa actitud de los luditas sigue existiendo hoy en día. Sus herederos en este aspecto son parte del movimiento ecologista. En su caso no cargan contra la maquinaría sino contra la biotecnología, realizando actos violentos como la quema de cultivos transgénicos, no les vendría mal algo más de conocimiento y pensamiento crítico. No obstante, como ya he mencionado, esta doble visión sobre la tecnología no es nueva. Ya en 1627 Francis Bacon en su obra de ficción New Atlantis presentaba una opinión muy optimista del avance de la tecnología, en cambio dos siglos más tarde Samuel Butler en Erewhon, presentaba una completamente pesimista. En esta ficción el fabricar máquinas está prohibido porque de hacerlo eso daría lugar a una raza de máquinas que acabarían por dominar y reemplazar a la humanidad. Como vemos, las temáticas de películas como Terminator o Matrix no son ciertamente originales.

La historia de nuestro protagonista ilustra a las mil maravillas esta dicotomía sobre la influencia de la tecnología sobre nosotros y el mundo en el que vivimos. Al principio, la tecnología desarrollada por Stark, a pesar de lo que él cree, no ayuda ni mejora al mundo y a las personas, después, tras la catarsis del personaje, esta situación cambia, Stark desarrolla su armadura, se convierte en Ironman y consigue combatir eficazmente la injusticia en el mundo.

Una de las visiones más extendidas a la hora de abordar las implicaciones éticas de la tecnología consiste en defender que la tecnología es amoral, depende de nosotros si se usa para bien o para mal(2), es decir, la tecnología no tendría consecuencias éticas eso dependería del uso que hagamos de ella. Este punto de vista es cierto a medias. Por un lado, la tecnología si que tiene consecuencias éticas, es decir, no es amoral, pero al mismo tiempo como vamos a ver, eso depende de los que hacen tecnología, en nuestro caso depende de Tony Stark.

Pensemos primero en la ciencia. La ciencia si es ciertamente amoral, ya que lo que hace es generar conocimiento, en que empleemos ese conocimiento es decisión nuestra. Haciendo ciencia se ha descubierto, por ejemplo, la ley de la gravitación universal, pero de ello no se deriva ninguna implicación ética. En cambio la tecnología presenta una diferencia sustancialmente importante con la ciencia. La diferencia radica en la intención con la que se hace. La intención con la que se hace ciencia es adquirir conocimiento, pero con la que hacemos tecnología depende de aquello que queramos hacer. Si queremos curar enfermedades desarrollamos la tecnología necesaria para así hacerlo, pero si queremos matar gente también podemos desarrollar la tecnología para hacerlo. Este propósito implícito en la tecnología la saca de la esfera amoral en la que se encuentra la ciencia. Dicho de otro modo, la tecnología se hace en base a unos fines y esos fines pueden tener consecuencias éticas. Por lo tanto la tecnología no parece ser aséptica en cuestión de ética sino que desde el momento en el que empezamos a desarrollarla ya podemos reflexionar sobre las implicaciones éticas que tendrá dicha tecnología.

Una vez que hemos reflexionado un poco nos damos cuenta de la diferencia sustancial que hay entre ciencia y tecnología en lo que a las cuestiones éticas se refiere. Vemos que la tecnología desde el momento de su concepción ya tiene implicaciones éticas, lo cual pone el foco en aquellos que se dedican a desarrollar tecnología.

La conversión de Stark en Ironman nos recuerda que la tecnología no es aséptica en cuestiones morales, lo cual es algo que Tony Stark descubre de forma amarga. Ahora el foco de la cuestión ética se centra en Stark, ¿era ingenuo o simplemente pasaba del tema? O por otro lado ¿falló en su juicio ético sobre las implicaciones de su tecnología? De todo esto hablaremos en otra ocasión.

Entrada publicada originalmente en superfilosofia.com
Para pensar más:
(1)Ideas That matter de A.C. Grayling
(2)Thinking about technology: foundations of the philosophy of technology
Philosophy of technology: An introduction 
¿Quienes eran los luditas?
Ironman(2008)

Comentarios

  1. Buen artículo, Ismael, aunque haría algunas matizaciones:

    1. Técnica y tecnología.
    Identificas (o eso parece) “técnica” y “tecnología”, lo que, a mi modo de ver, no es correcto. Dices: “la rueda, la polea o un bifaz son tecnología. Aunque el término tecnología es más o menos reciente, se acuñó a principios del siglo XIX, la realidad es que la tecnología ha acompañado a la humanidad prácticamente desde sus inicios”.
    No estoy de acuerdo. Técnica es τέχνη (techné) mientras que tecnología es τέχνη pero también λóγος (lógos) en el sentido de ciencia. Una técnica es un conjunto de instrucciones o reglas para hacer algo, por ejemplo, una rueda, una polea o un bifaz, o un baile o un sacrificio, pero la tecnología no es solo eso, ya que la tecnología implica la aplicación consciente de la ciencia para lograr esa serie de instrucciones o reglas para hacer algo, por ejemplo, un microondas o un frigorífico. Puede haber técnica sin ciencia, perfectamente, pero no tecnología sin ciencia. No es entonces casual que el término tecnología no aparezca hasta el siglo XIX cuando las ciencias están más que desarrolladas y se busca su aplicación consciente en la producción industrial (que, en este sentido, se contrapone a las técnicas de la producción artesanal). Dicho de otra forma: una técnica comienza por ensayo y error, y puede transmitirse por imitación sin comprender las causas de por qué funciona, incluso puede incorporar pasos innecesarios precisamente por eso. Por ejemplo, la técnica de pescar de una tribu puede incorporar como uno de sus pasos hacer una plegaria. La tecnología, sin embargo, comienza con leyes científicas a las cuales se les busca una aplicación práctica, evitando los pasos innecesarios y, es más, buscando la máxima eficiencia en esos pasos. De modo que técnicas habría desde que el ser humano es humano (de hecho, desde que aprendió a usar y hacer herramientas, y en ese sentido hasta los monos que usan ramas para comer hormigas tienen técnica) pero tecnología solo habrá en aquellas sociedades que hayan desarrollado por lo menos mínimamente la ciencia y comiencen a aplicarla conscientemente.

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    1. Hola Andrés, creo que tienes razón con la distinción entre tecnología y técnica. No obstante, de los ejemplos que enumero, no sé si convendrás conmigo que la polea es más tecnología que técnica.

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  2. 2. Ciencia, tecnología y valores.
    Dices: “Pensemos primero en la ciencia. La ciencia sí es ciertamente amoral, ya que lo que hace es generar conocimiento, en qué empleemos ese conocimiento es decisión nuestra. Haciendo ciencia se ha descubierto, por ejemplo, la ley de la gravitación universal, pero de ello no se deriva ninguna implicación ética. En cambio la tecnología presenta una diferencia sustancialmente importante con la ciencia. La diferencia radica en la intención con la que se hace. La intención con la que se hace ciencia es adquirir conocimiento, pero con la que hacemos tecnología depende de aquello que queramos hacer”.
    Tampoco estoy de acuerdo. Tanto la tecnología como también la ciencia son morales, la tecnología no es amoral, pero la ciencia tampoco. Subyace a lo que dices una noción de ciencia como mero conjunto de proposiciones acerca de la realidad (las leyes científicas), pero eso solo es una parte de la ciencia: la ciencia como resultado final de todo el proceso en el que consiste la ciencia. La ciencia es mucho más: la ciencia es un proceso que básicamente consiste en los pasos del método científico y que comienza con la determinación de un problema, la recogida de datos y su cuantificación, la elaboración de hipótesis, la experimentación y la publicación (simplificando mucho). El resultado final sería la ley o teoría científica que resulte de todo eso. Pero todo ese proceso también es ciencia, y en él hay que tomar muchísimas decisiones, y todas y cada una implican valores y valoraciones por parte de los científicos, lo cual convierte a la ciencia en una praxis y, por tanto, susceptible de valoración ética y necesitada de reflexión ética. Por ejemplo, el científico tendrá que decidir qué problema quiere resolver (qué quiere investigar), por ejemplo, una enfermedad rara, o los satélites de Júpiter, o el homo antecessor. Y eso implica unos valores sobre qué es para él más importante, más valioso, etc. A la hora de hacer experimentos, tendrá que tomar más decisiones: ¿con animales o sin ellos?, por ejemplo, lo que implica también valores y valoraciones relativas a sus posibles derechos, al valor de su sufrimiento, entre el mal de hacer sufrir y el bien de obtener conocimiento, etc. Por no hablar de toda la ética contenida en todo el proceso relativa a no plagiar, no falsificar, no mentir, etc. De modo que, tanto el científico como el tecnólogo se las tienen que ver con cuestiones éticas y morales en su quehacer como tales científicos y tecnólogos.

    Jo, este texto me ha resultado tan inspirador que posiblemente escriba en mi próxima entrada sobre esto mismo:

    Gracias, Ismael.

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    Respuestas
    1. Aquí estamos de acuerdo. Cuando he dicho que la ciencia es amoral, no me estaba refiriendo al proceso de investigación científica sino a su resultado, conocer la relatividad general, o conocer la estructura de una proteína, ese conocimiento es amoral. Dicho conocimiento no implica ningún acto moral. En cambio, la tecnología es distinta, no solo tendrá una ética en la investigación y desarrollo tecnológico sino que al hacer herramientas con una finalidad precisa estás pueden tener consecuencias morales, era eso lo que quería señalar, con poco éxito como se puede ver.

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    2. No, Ismael, con mucho éxito, pues ha generado un debate y, en mi caso, otro texto.

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