22 de septiembre de 2014

Reseña del libro Qué significa todo eso de Richard Feynman

Reflexiones de un científico-ciudadano es el subtítulo de este libro en el que se recogen las tres conferencias que el físico Richard Feynman dio en la Universidad de Washington en 1963. Tituladas "Ciencia y futuro de la humanidad", "Ciencia y valores humanos" y "Esta era acientífica".

Seguramente te hayas preguntado cómo llegamos a saber las cosas que sabemos acerca del mundo que nos rodea. Por ejemplo, cómo podemos saber que las galaxias -incluida nuestra Vía Láctea- se alejan unas de otras o cómo hemos podido descubrir, desde hace tiempo ya, que la Tierra es (casi) esférica y que gracias a la gravedad se mantiene "unida" al Sol, nuestra estrella, mientras rota a su alrededor. Preguntárselo no es algo banal o estúpido. Los antiguos (y por antiguos me refiero a algunos de los hombres más modernos que jamás hayan existido) pensaban, como explicaba Feynman en la primera conferencia, que la Tierra era el lomo de un elefante sostenido sobre una tortuga que flotaba en un mar sin fondo. Hoy nos parece una chorrada, pero las explicaciones científicas, bien miradas, pueden ser lo más antiintuitivas que imagines. Es cierto, sí, algunas teorías científicas son puro sentido común, pero no la mayoría. Estas reflexiones que Feynman nos transmite parecen ir en contra de aquella reflexión del gran T.H. Huxley:
La ciencia no es más que sentido común entrenado y organizado; se diferencia de este solamente en lo que un veterano se distingue de un recluta. Y sus métodos difieren de los del sentido común únicamente en el modo en que las técnicas de combate de un soldado de élite difieren del modo en que un salvaje esgrime su garrote.
Pero si lo examinamos más a fondo, no existe tal contradicción: Huxley se refería a los métodos de la ciencia, no a sus conclusiones; y Feynman a estas últimas. Las conclusiones pueden ser sorprendentemente antiintuitivas. Hoy el elefante y la tortuga se han desvanecido porque sabemos que la Tierra es una bola que da vueltas y los seres vivos y los objetos nos sostenemos en toda su superficie, y además giramos a una velocidad enorme alrededor de una bola gigante de "fuego" que se sostiene por la misma razón que nosotros. Ambas teorías suenan, si las escuchas así, a que el que las formuló llevaba encima alguna copa de más. No voy a mencionar siquiera lo antiintuitivo de la teoría cuántica. La ciencia no hace más que sorprendernos.

Pero dentro de todas estas teorías hay unas mejores que otras, unas llegan más lejos que otras en la carrera de obstáculos de la empresa científica. Esto es lo que nos intenta explicar Feynman en su primera conferencia, traducida al español con bastante atino como "La incertidumbre de la ciencia". Una de las dos teorías anteriores es mejor que la otra. La de la tortuga nos lleva a una regresión ad infinitum (¿cómo se sostiene el mar?) mientras que la segunda teoría, la gravedad, lo explica elegantemente, sin recurrir a nada más. Las teorías de regresión no explican mucho aunque parezcan hacerlo, si no me crees prueba a leer las vías tomistas de la existencia de Dios.

Entonces, si muchas explicaciones a lo que observamos en la naturaleza se nos muestran como difíciles para la intuición, pues no son lo primero en lo que pensaríamos, cómo puede ser que las hayamos hallado. Pues gracias a la ciencia. Nos dice Feynman que la ciencia se puede entender como tres cosas diferentes, pero interrelacionadas (lo más parecido a una trinidad que tenemos los científicos). Cuando hablamos de ciencia nos referimos a alguna de las tres. Por un lado podemos entender ciencia como el cuerpo de conocimientos acumulados que explican muchos de los fenómenos del mundo. Por otro lado es utilizada también con el significado de producción de nuevas cosas, lo que se denomina tecnología; mucha gente identifica siempre ciencia con tecnología. Y por último, el significado más importante es un método. El método por el que llegamos a saber cosas de la realidad que está ahí fuera. El método por el que hallamos explicaciones o modelos conceptuales más o menos complejos a hechos naturales. Llamamos método al conjunto de reglas experimentales y lógicas por las que los científicos hacen ciencia, no lo entendamos como un método al estilo de una receta en la que si sigues los pasos obtendrás un apetitoso conocimiento científico. Cuando Feynman habla de método lo hace con este significado.

La primera de las conferencias explica cada uno de estos significados de ciencia. La ciencia cómo método para descubrir cosas se basa en un principio muy claro, que separa las ciencias del resto de áreas de conocimiento humano. El único juez de la verdad, para Feynman, es el experimento. Cualquier idea que se le ocurra a un científico sólo puede ser considerada como cierta (o cómo útil) si explica algo que sucede y puede predecir lo que ocurrirá con bastante atino. La pregunta básica en ciencia es "si hacemos esto, ¿Qué sucederá?" Y no sólo eso, sino que la famosa expresión "la excepción confirma la regla" no tiene cabida en la empresa científica. En ciencia esa sentencia deberíamos reformularla, como dice Feynman: "La excepción pone a prueba la regla" o "la excepción prueba que la regla es falsa". A veces una "regla" funciona perfectamente y no obtenemos una excepción hasta tiempo después, cuando -basándose en las propias "reglas"- la segunda parte de la Ciencia, la tecnología, ha construido aparatos que nos permitan descubrir que allá donde el ojo no llegaba, resulta ahora que la "regla" no se cumple, o al revés: la máquina de Atwood fue inventada un siglo después de Newton para demostrar la segunda ley. Si el grito que oímos es: ¡Una excepción! en vez de ¡Eureka!, en ese momento hay que buscar una mejor explicación, una nueva "regla" que abarque lo anterior y el nuevo hecho observado. Una nueva hipótesis, una nueva teoría.

Pero en general, casi íntegramente a lo largo de la historia de la ciencia son cambios finos, pequeños ajustes en las teorías que producen todo un gran salto en el conocimiento y en la comprensión humana; también hay grandes cambios científicos, hay quien los llama revoluciones o cambios de paradigmas, aunque son mucho menos frecuentes. En el libro no se ejemplifica, puesto que son conferencias, cuya característica suele ser la brevedad, pero podemos escenificar el mil veces repetido ejemplo de la órbita de Mercurio. La teoría gravitatoria de Newton y la relatividad general de Einstein son modelos conceptuales que permiten explicar hechos: ambas predicen de manera casi exactamente igual las órbitas de los planetas. Sin embargo se observaba que Mercurio era un poco distinto a los demás, el díscolo del grupo. Al ser el planeta más cercano al Sol sufre los efectos gravitatorios más fuertes. Pues bien, la relatividad general predice que el eje mayor de su elipse debería rotar alrededor del Sol a un ritmo constante. En este detalle, el modelo conceptual relativista funciona mejor que el newtoniano. Un efecto que requiere una observación aguda, pero ya había sido descrito antes de Einstein, solo que no podía ser explicado. Mercurio amanecía cada día como excepción hasta que la mecánica relativista lo incluyó en sus "reglas", sirviendo además como una de las primeras confirmaciones a la teoría de Einstein. Vamos ajustando nuestros modelos conceptuales que nos permiten comprender, en mayor o menor medida, el mundo.

Sin embargo me parece importante advertir que el experimento -la experiencia- que pone Feynman como único juez de la verdad científica, no está solo en su tarea. Me gustaría comentar algo que considero debería incluirse en esta conferencia. La experiencia está lejos de ser el único juez de las teorías científicas en las ciencias experimentales. Las teorías -las "reglas"- se ponen a prueba con los hechos del experimento y con otras teorías. Cuanto elaboras una hipótesis que explique un hecho no lo haces ex nihilo, sino que tu hipótesis se debe sostener sobre ciertas bases (que forman parte del siguiente significado de la ciencia para Feynman: la ciencia como un corpus de conocimientos) de modo que el propio experimento que ponga a prueba la teoría, si tiene éxito, debe proporcionar confirmación tanto de esta nueva teoría sobre la que estamos poniendo la lupa, como de las ya establecidas. ¿Por qué digo que no vale solo con la experimentación? Pues porque la experiencia de la que dispones al examinar tu hipótesis no es indiscutible o exacta: nuevas experiencias pueden mostrar la necesidad de cambiar las previas y porque cualquier experiencia científica es interpretada en mayor o menor grado. De modo que el juez de las teorías es el experimento -como dice Feynman-, pero además necesita un soporte racional -como lo llama Mario Bunge-. Las teorías científicas deben adecuarse a los hechos (sino la ciencia no sería empírica) pero ningún hecho aislado es aceptado a menos que tenga cabida dentro del propio corpus de explicaciones racionales y empíricas previas. Lógicamente esto no es un dogma, es interdependiente, como dijimos antes: el experimento debería confirmar -si es el caso- la nueva hipótesis y las hipótesis ya establecidas. Si no, algo hay que modificar. Creo que Feynman debería haberse extendido para recalcar este hecho, pero es excusable al tratarse de conferencias someras.

Esas reflexiones nos llevan al que, de acuerdo con Feynman, consideramos el otro significado de Ciencia. El cuerpo de conocimientos. Precisamente por lo que dijimos, hay "reglas" o teorías que es muy posible que cambien porque hay algunas excepciones con las que no funcionan o porque todavía no se ha descubierto la excepción que pondrá a prueba la regla; otras son casi seguras y es muy probable que no aparezcan excepciones. El otro significado de ciencia para Feynman es un corpus de conocimientos con distintos grados de verdad. Mediante el método científico (todas las técnicas metodológicas y lógicas que agrupamos en esa denominación, recuerda) la ciencia nos va mostrando cómo funciona la realidad que existe ahí fuera mediante la elaboración de modelos conceptuales que funcionan -pues deben pasar la regla del experimento que mencionábamos antes- permitiéndonos estar cada vez más cerca de la verdad que existe ahí fuera, sea o no esta alcanzable objetivamente. Es por tanto un cuerpo de conocimientos con un grado variable de certezas; no lo sabemos todo, por lo que no debemos afirmar como si lo supiésemos. De esta conferencia me quedo con la importancia de la duda en la ciencia.

¿Qué podemos deducir de estos significados de ciencia que nos ha comentado Feynman? Que la ciencia no es propiedad privada de los científicos, sino que pertenece a la humanidad, pues todos (seamos científicos o no) empleamos la ciencia varias veces al día, no solo los conocimientos incluidos en el corpus, sino mientras examinamos y comprobamos escépticamente las rotundas afirmaciones del vendedor de coches o, mediante hipótesis-ensayo-error encontramos la explicación al por qué la lavadora ha dejado de funcionar. La base es idéntica a la que se usa en grandes centros científicos: un examen escéptico y experimental de las explicaciones naturales propuestas a lo que observamos.

Esto nos lleva a las otras conferencias. Quizás, la idea clave del libro de Feynman podríamos resumirla en aquella frase del propio físico y que nos la recordaba Carl Sagan en El mundo y sus demonios: "Mantén tu mente abierta, pero no tanto como para que el cerebro se te caiga de ella". Me explico. Richard Feynman proclama el valor de la duda y la incertidumbre en la cultura humana. Nos lo acaba de recordar Neil DeGrasse Tayson en el segundo episodio de Cosmos: A Spacetime Odyssey: "No nos asusta admitir aquello que no conocemos, no hay por qué avergonzarse. Lo único vergonzoso es fingir que tenemos todas las respuestas. Quizá alguien que está viendo esto sea el primero en resolver el misterio". Dudar y no estar seguro de algo es bueno, lo peor surge cuando afirmamos algo sin estar seguros (William K. Clifford diría que no sería ético) porque ahí tienen su semilla las afirmaciones religiosas y dogmáticas y las pseudociencias. En su tercera y última conferencia -"Esta era acientífica"- se dedica a destruir por completo la "autoridad", analizando pormenorizado la falacia ad baculum:
Además, por si acaso ustedes estuvieran empezando a creer algunas de las cosas que yo dije antes son verdaderas simplemente porque soy un científico o porque les han dicho que yo gané algunos premios, en lugar de considerar las ideas en sí mismas y juzgarlas directamente -en otras palabras, ustedes tienen cierto respeto hacia la autoridad-, voy a acabar con eso esta noche.
Visto esto, nos surge una pregunta: ¿La era en la que vivimos es una era científica o acientífica? Decir que vivimos en la era de la ciencia es muy común. De hecho, la ciencia nunca ha estado en mejor estado de salud; si entendemos como era científica una era en la que la ciencias se desarrollen rápida y sólidamente, entonces podemos considerar, sin miedo a equivocarnos, el momento en el que vivimos como una "era científica". La ciencia como fuerza importante comienza con Galileo, y por tanto existe desde hace sólo unos tres siglos. Pero la velocidad con la que la ciencia se ha desarrollado en este corto período no ha dejado de aumentar: en biología y medicina, en física y en química, y por supuesto también en la tecnología, o allá donde la vista te alcance, todas las disciplinas científicas han evolucionado a velocidades tremendas; muchas de ellas son incluso disciplinas nacidas dentro del propio desarrollo de estos últimos años. ¿Es entonces nuestra era una era científica? En ese sentido, sí, lo es.

Pero la cuestión no termina ahí. Para Richard Feynman esta, sin embargo, sería una "era acientífica" si entendemos como una "era científica" aquella donde la ciencia desempeñe un papel destacado en las actitudes y conocimientos de la gente. En la "edad heroica" de los griegos se llenaba la literatura de las hazañas de los héroes militares. En la edad media las actitudes de la gente y el arte estaban impregnadas de un profundo punto de vista religioso: una "era religiosa". En este sentido, la ciencia no constituye una era pues no forma parte integral, no toca, como un pulpo con sus brazos, todas las ramas de la cultura humana. Pero también nos dice Feynman que ello a priori no es motivo de pesar. Que algo sea acientífico no implica que sea malo, lo "científico" queda para definir exclusivamente a lo que podemos conocer por ensayo-error, por el método experimental de la ciencia. No es malo que la literatura, la música o en nuestros momentos de diversión no seamos científicos, no hay razón alguna para serlo, nos explica Feynman. El problema de la era acientífica es otro, y sobre ello caerá el peso de la conferencia.

Hay cosas, en su mayoría banales, que son innecesariamente acientíficas y la metodología de la empresa científica es indudablemente útil en otras disciplinas. Con estas dos premisas pasa Feynman a ejemplificarlo: ¿Te imaginas un político que para probar sus afirmaciones no recurra a citas, discursos retóricos -sabiendo que es indudable que forman parte de la política- o a la falacia ad hominen, sino que las contraste con datos certificables y estadísticos? El método de la ciencia debería emplearse en toda empresa humana en que la razón y la experiencia deban ir juntos, creo que es la enseñanza que podemos extraer de esta conferencia. La democracia no debe ni puede ser "científica", pues perdería su sentido, pero hay asuntos y decisiones que necesitan indudablemente a la ciencia y la filosofía, y no se les puede dar la espalda.

Como supongo que notes, la extensión del método científico fuera de la ciencia, nos avisa también Feynman, camina todavía en pañales. Esta es una era acientífica en el sentido de que la gente, aunque mucha de ella conoce -y desde luego usa- los avances más recientes en ciencia, no tiene interiorizado el método (o las herramientas lógicas y metodológicas que lo constituyen). Siguen existiendo personas, que, por usar el mismo ejemplo que Richard Feynman en su conferencia, pretenden probar sus afirmaciones con uno o dos sucesos: "Pepe se curó con estas pastillas o después de tomar tal remedio casero". No, no y no, nos insiste en recordar Feynman, que a esto se refería con "era acientífica": todo tiene que ser comprobado con mucho cuidado. Astrología, adivinos y otras pseudociencias y charlatanes tienen cabida en esta feroz y eficaz -aunque somera- crítica de Feynman.

La tercera y la segunda conferencia -titulada "La incertidumbre de los valores"- se relacionan. En ambas se habla de la metodología científica. Si bien en la tercera, como ya vimos, el problema es que este conjunto de reglas y consejos científicos no están interiorizados en la población, en la segunda habla del conflicto entre el riguroso pero a la vez flexible método de la ciencia y su relación con el dogma, lo opuesto al escrutionio escéptico y experimental de la empresa científica. Feynman habla aquí de la relación entre la ciencia y la religión. ¿Puede ser un científico creyente al mismo tiempo que trabaja escépticamente en la empresa científica? Poder puede. También un político puede clamar contra la corrupción para después ser pillado in fraganti con un maletín de cuero caminando hacia Suiza. O yo mismo puedo recomendar tomar pescado cuando yo, personalmente, no lo pruebo mucho. Puede darse ambos al mismo tiempo: puede un científico ser creyente, pero al menos se le plantean algunos problemas, como los que describe Feynman en el libro. Problemas relacionados con el escepticismo y la confirmación de cualquier afirmación, pertenezca esta al ámbito que pertenezca, máxime cuando hablamos de la respuesta a la pregunta última de la ciencia: ¿Cómo se creó el universo?

Con este libro tienes una oportunidad única: ¡puedes asistir a las conferencias de un genio! El resumen tal vez sea que Feynman nos insta a aprender de la ciencia, no solo sus resultados, sino su metodología, con la que ha conseguido todos sus grandes logros.

Borja Merino.

Este artículo se publicó originalmente en el blog 'Destejiendo el Mundo'.

DATOS DEL LIBRO:
Título: Qué significa todo eso
Autor: Richard P. Feynman
Editorial: Crítica (Drakontos)
Idioma: Español
Fecha de publicación: 2010
ISBN: 9788498921021

BIBLIOGRAFÍA:
  • Bunge, Mario. (2013). La ciencia. Su método y su filosofía. Editorial Laetoli.
  • Chalmers, Alan. (1997). Qué es esa cosa llamada Ciencia. Siglo Veintiuno de España Editores.
  • Dawkins, Richard. (2009). Evolución. El mayor espectáculo sobre la Tierra. Espasa.
  • -. (2000) Hall of mirrors. Publicado en Forbes ASAP. 2 de octubre de 2000. 
  • Feynman, Richard. (2010). Qué significa todo eso. Drakontos.
  • Gross, P. y Levitt, N. (1994). Higher Superstition: The Academic Left and Its Quarrels with Science. John Hopkins University Press.
  • Hawking, Stephen. (2011). Historia del tiempo. Drakontos.
  • Kuhn, Thomas. (2008). La estructura de las revoluciones científicas. Fondo de Cultura Económica.
  • Russell, Bertrand. (1931). El panorama de la ciencia. Revista de Occidente.
  • Sagan, Carl. (1997). El mundo y sus demonios. Editorial Planeta.
  • Sokal, Alan y Bricmont, Jean. (1999). Imposturas intelectuales. Ediciones Paidós. Barcelona.
  • Wolpert, Lewis. (1994). La naturaleza no natural de la ciencia. Acento.

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